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10 enero 2012

Jugar con la mierda



Ventajas de viajar en tren

Antonio Orejudo

Tusquets, 2011. Colección "Andanzas"

ISBN: 978-84-8383-363-6

160 páginas

14 €




Fran G. Matute

El libro de Antonio me ha gustado mucho. Trata de una mujer que encuentra a su marido con un palito meneando su propia mierda y, claro, lo termina metiendo en un manicomio. Y de vuelta en el tren se encuentra con un señor muy pesado que le cuenta su vida y le dice que es médico del manicomio y que lo que escriben los locos está muy bien, etcétera. La idea es muy original y me ha gustado. Sobre todo porque incluye en el libro los supuestos relatos escritos por los locos. Algunos son un poco asquerositos y eso.

El lenguaje que utiliza es muy rico y variado abundando los nombres comunes o sustantivos, los adjetivos calificativos y los verbos como mirar, decir, pensar, etcétera, por ejemplo.

También me ha gustado la foto que pone, aunque parece mayor de lo que dice. Y se ha cambiado el nombre, porque este libro ya salió hace un montón de años (fíjense que habla de Míchel y todo) y el autor tenía más apellidos entonces. No sólo pierde cabello sino apellidos. Yo lo conocí en la presentación del libro en Sevilla (que la condujo estupendamente nuestro compañero José María Moraga) y me pareció un chaval muy simpático y dicharachero, que estaba de acuerdo conmigo en todo y luego me invitaron a cenar y me puse morado, la verdad.

Luego nos fuimos a un bar de copas con otras personas del mundo de las letras (allí estuvieron las chicas de Edere, los poetas Braulio Ortiz Poole y Pepe Serrallé y los estadistas Alejandro Luque y Manolo Haro, entre otros). Sólo decir que nos lo pasamos requetebién, aunque me sentaron mal las croquetas.

Análisis del contenido: decir que como hoy la falta de tiempo es un problema de todos y todo el mundo va con prisa a todos los sitios, como el trabajo, la universidad, a comer, etcétera, me pienso que el libro es cortito por eso. De hecho el autor dijo algo al respecto en la presentación, porque también es profesor y se le quedan los alumnos dormidos en sus clases cuando son muy largas. Por eso este libro, dice él, le gusta a los jóvenes.

Los personajes son muy reales, teniendo mucha entidad psicológica, que parecen totalmente extraídos de la más cruda sociedad. La protagonista no sabría decir si es individualista o no, pero no me parece que tenga buen corazón porque metió a su marido en un manicomio (esto ya lo hemos dicho antes). El marido no sale mucho en la novela, por lo que yo creo que no era importante para ella.

Mi opinión personal en resumen es que el libro está bastante bien y trata problemas actuales (como, por ejemplo, el tráfico de órganos o la violencia de género) con un lenguaje rico y variado como he mencionado.

P.D.: Hoy es mi cumpleaños. A ver si el autor me regala algo por esta lúcida crítica hecha con hondura, rigor y sensibilidad.

22 febrero 2011

El mundo es un 'kleenex'

Un momento de descanso

Antonio Orejudo

Tusquets, 2011. Colección “Andanzas”

ISBN: 978-84-8383-297-4

241 páginas

17€


José María Moraga

Enfrentarse a la última novela de Antonio Orejudo es una cosa muy seria, menos mal que ya está él para quitarle hierro con su prosa, servida con humor de guarnición. Las expectativas sobre este autor han de ser altas, no en vano hace quince años dio a la imprenta el mejor libro español de los años 90 (al menos el más divertido): Fabulosas narraciones por historias (1996). Siguieron las también excelentes Ventajas de viajar en tren (2000) -un esfuerzo menor en comparación- y Reconstrucción (2005), que hizo mucho ruido por tratar el tema de la (in)tolerancia religiosa.

Ahora nos propone Orejudo Un momento de descanso (2011): un nuevo viaje por la memoria, la escritura y el juego entre realidad/ficción, historia/literatura… temas comunes a sus anteriores obras, que le sirven siempre como leitmotiv. Y el humor, el verdadero pegamento de todo esto, ese tono cómico que empieza como una grietecita en la distancia irónica y acaba desbordando el embalse en una inundación de astracanadas. Si su anterior novela larga no contenía tanto humor, Orejudo recupera aquí sus fabulosas barbaridades por gracejadas, como una profesora de literatura que colecciona fotos de glandes de escritores famosos, un fraile centenario que fuma canutos o una desternillante escena con el manuscrito del Mio Cid que no desvelo para no aguaros la fiesta (no deja de tener su morbo: en 2007 Antonio Orejudo participó, junto con Luisgé Martín y Rafael Reig, en aquella revisitación del clásico cantar de gesta titulada ¡Mio Cid!).

El momento de descanso al que alude el título es doble: se conoce al final del libro, pero tampoco quiero adelantaros eso porque, como ocurría en sus otras tres novelas, Un momento… es también una novela de misterio, con sorprendentes revelaciones. Cual un Vila-Matas con sentido del humor, Orejudo es capaz de sostener el juego posmoderno de demoler lo que acaba de contar en el anterior capítulo para volver a establecerlo en el siguiente, etc, perpetuando así la eterna goma de borrar entre las fronteras de lo real y lo imaginado.

En esta novela el autor da un paso más en el camino de la metaficción, al incluir un personaje llamado Antonio Orejudo, filólogo hispánico, ex profesor en los Estados Unidos y novelista (cuyas obras coinciden en título y contenido, fíjese usted, con las del Antonio Orejudo de carne y hueso que nació en Madrid en 1963) y ahondando en el proceso de construcción de la propia novela. Esta toma la forma de una narración por parte de la voz del autor, quien nos va contando una serie de episodios que a su vez nos llevan a otros para, burla burlando, servirnos una novela como Lope cocinaba un soneto.

Se agradece el soplo de incorrección política que campa por el libro. Un momento de descanso puede leerse a varios niveles: como simple historia cómica, como novela “de campus” (en la tradición de un David Lodge o un Lucky Jim) o como advertencia contra los integrismos de la corrección política y la memoria histórica. Así, en el libro asistimos a la descacharrante descripción del departamento de Español de una universidad de medio pelo USA (con sus miserias, su postestructuralismo y sus investigaciones nimias) -incluido un caso kafkiano de denuncia por racismo-, somos testigos de un tribunal de oposición universitario patrio, del cínico discurso de un catedrático mediocre…

La excusa que pone en marcha la trama es la aparición de “un fantasma”: Arturo Cifuentes, antiguo amigo y compañero en la facultad y en USA del Antonio Orejudo narrador, que recién regresado a España intenta desenmascarar, con la ayuda de una serie de documentos imposibles, una trama de imposturas alojada en la universidad española al calor de la República y el franquismo. La universidad española durante el franquismo sale muy malparada, tras sufrir el “atroz desmoche” (Laín Entralgo ‘dixit’) que constituyó la depuración de centenares de sus miembros tras el triunfo del Alzamiento.

Historia, memoria, realidad y ficción se entremezclan continuamente en el relato de unos sórdidos hechos que los protagonistas intentan aclarar, mientras se topan una y otra vez con la desmemoria y el sutil juego de espejos que suponen los intereses creados tres cuartos de siglo después. Por si esto fuera poco, Orejudo el narrador envuelve su novela en una capa extra de fabulación al contarnos una disparatada explicación de cómo se hizo escritor, y baste decir que si el Orejudo real no es el mejor novelista que hay ahora mismo en España sí comprometo mi prestigio en afirmar desde los tejados que es –con mucho- el más interesante.