25 julio 2013
Lo que no debes hacer (o sí) para ser escritor
06 marzo 2013
Silvio y barra libre
23 abril 2012
Pack apocalíptico
Errata Naturae, 2012. Colección "El pasaje de los panoramas"
ISBN: 978-84-15217-17-6
216 páginas
19,90 €
Traducción de Carmen Torres García
Revolver
11 noviembre 2010
Apunte del natural
Viaje a la Palestina ocupadaEric Hazan
Errata Naturae, 2010
ISBN: 9788493 714581
128 páginas
13,50 €
Traducción: Sara Álvarez Pérez
Ilya U. Topper
Este libro es exactamente lo que pretende ser desde la portada: las notas de un viaje a la Palestina ocupada. Apuntes por orden cronológico, impresiones sobre el terreno, personajes que el viajero se va encontrando, entrevistas breves con las típicas figuras a las que uno visitará cuando recorre Cisjordania para tomarle el pulso a la situación: alcaldes de Hamás, diputadas de Fatah, defensores de derechos humanos, libreros marxistas, activistas feministas. Un cuaderno de viajes en estado puro, apenas retocado, tal vez nada retocado. Leer este libro es lo más cercano a hacerse un viaje relámpago a Palestina sin salir de casa.
En realidad debería poner fin a la reseña aquí, porque no hay más. Es esto. ¿Debería haber algo más? Bueno... Considerando que el autor, Éric Hazan (París 1936) es hijo de madre palestina apátrida y padre judío, tal vez uno se esperaba algo más. Algo así como un conflicto de dos personalidades en el pecho del autor, un desgarro de emociones, un choque entre la conciencia del derecho internacional y la ‘causa judía’ que eleva Israel ―único hogar seguro ad eternam― por encima del bien y el mal.
Pero no. No sé si Éric Hazan tiene una filiación política conocida, no sé si alguna vez en su vida se ha declarado marxista, anarquista o qué sé yo, pero es obvio que es un hombre que piensa, y que piensa muy claramente contra el poder, contra bastantes poderes, incluso contra la cómoda democracia liberal en la que todos vivimos. En otras palabras: sería ridículo esperar de Hazan, simplemente porque su padre era un judío egipcio, que se sintiera vinculado a un proyecto de conquista de tierras a favor de una raza determinada, justificada a través de mitos religiosos, como es el sionismo.
Eso sí, dedica un breve capítulo a la imagen que del Holocausto, es decir de la persecución de judíos en la Alemania nazi, tienen los jóvenes palestinos, y encuentra que hay mucho mito, y muchas ganas de no creer en él, o al menos no en las cifras avaladas hoy por leyes anti-negación, porque el holocausto es la pieza esencial que justifica la opresión israelí de los palestinos. También se encuentra con que nadie se sorprende ni nadie cambia de actitud cuando él se declara judío.
Lo que tal vez sí me hubiera esperado de un intelectual ―médico y editor― que lleva cincuenta años en la brecha (recordemos que se afilió en la década de los 50 a las redes clandestinas del Frente de Liberación Nacional que combatía por la independencia de Argelia) era algo más de reflexión personal, algún aforismo válido para cualquier tiempo y espacio, una visión que vaya más allá de Palestina.
Hazan hace como si llegara por primera vez a los territorios palestinos: observa atentamente, toma nota de todo, no comenta, no juzga. Recurso elegante (ya en los 70, Hazan fundó la asociación médica franco-palestina, y ha traducido y editado obras de Edward Said), que permite también al lector primerizo, el que poco sabe de Palestina, acercarse al terreno sin ser abrumado por análisis de experto.
La otra cara de la moneda es que el cuaderno no aporta mucho más de lo que usted puede leer en la prensa diaria o dominical, si se esfuerza un poquito en abrir regularmente las páginas de ‘Internacional’. En la prensa española, quiero decir. No sé si la prensa francesa mayoritaria ofrece la misma imagen realista y cruda de Palestina (la alemana o norteamericana no lo hace, por ejemplo) o si allí el libro ofrece toda una visión rompedora.
En este cuaderno, el veterano intelectual combativo Éric Hazan desaparece para dejar el espacio a la gente, en parte anónima, que le hablan. Sólo a veces aflora su posición personal en contra de un troceado Estado palestino y a favor de un Estado único palestino-judío, en contra de las interminables negociaciones, ya casi ficticias, de la Autoridad Palestina, y a favor de una renovada resistencia popular. Aunque no nos dice ―porque no sabe, porque nadie sabe― en qué podría consistir esta resistencia, si puede o debe ser violenta o pacifista, y a qué resultado podría llevar.
La traducción, bien. La edición, bonita, aunque la atribución de “Diseño de portada e ilustraciones” a David Sánchez omite aclarar que los numerosos esbozos ―esquemas, mapas, planos― con palabras explicativas en francés, así como las fotografías, pertenecen, con una probabilidad rayana en la certeza, al autor.
22 octubre 2010
Lo (no) grandilocuente
Tríptico Santos que yo te pinte
Julián Rodríguez
Errata Naturae, 2010
ISBN: 978-84-937889-3-3 y 978-84-937889-4-0
48 y 64 páginas
5,90 y 7,90 €
Carolina León
“Lo que nos supera, nos aniquila”; "Mujeres que dejan atrás las pesadillas cuando se convencen de que son amadas"; “Así lo digo: sin la televisión, la soledad habría sido peor”; “Querer, una palabra insondable”; “Posiblemente tengas razón. Siempre la tuviste”; “Vaguedades como las palabras de amistad sucedánea, y el amor sucedáneo, y el tiempo sucedáneo".
He visto todas estas frases anotadas una junto a la otra, convocándome para escribir una reseña, y se ha despertado en mí algo antiguo, un reclamo de otros tiempos, de la adolescencia incandescente o de la juventud desbocada, de los primeros descubrimientos literarios -quizá los únicos verdaderos. He creído recordar cómo leía en aquellos tiempos: sorbiendo cada frase, tratando de descifrar los sortilegios, maravillada por la guerra interior de toda prosa.
Porque eran otros tiempos, quizá más inocentes. Ahora las cosas no nos arrebatan igual -y perdonen la crítica inmanente, ombliguista-. ¿Y entonces? ¿Tiene sentido hablar de ímpetu, de juventud, de ardor, para escribir sobre estos pequeños volúmenes de Julián Rodríguez, cuatro textos dependientes-independientes, de los que nos dicen que fueron escritos alrededor de 1998 y reescritos durante años hasta hoy? Tiene sentido, y me explico. Son relatos antiguos, sometidos a reescritura exigente a lo largo de los años. Se dan por primera vez a la lectura después de esa larga rumia, en dos libros separados: Santos que yo te pinte es un relato autónomo, Tríptico contiene, como su nombre indica, tres cuentos que se anudan por algunos de sus cabos. Viven del "entonces" y viven del "mientras tanto", así como de este momento.
El primero repta como una alimaña, inquieta por su discurso ensimismado, por la falta de referentes que aqueja al lector y las capas de significación que se amontonan en su prosa aparentemente liviana. El segundo, el Tríptico, es un retablo al estilo gótico, que en lugar de invocar episodios bíblicos tiene los pies narrativos bien pegados al suelo, a las "cosas del mundo". Se narran interrelaciones, incomunicaciones, ausencias, vacíos, deseos inacabados. Parejas que ya no se entienden, progenitores ponzoñosos e interlocutores no especificados. Brevedad, densidad, intensidad: en un primer recorrido alcanzamos a intuir que no hay ni una coma al azar y la palabra esconde mucho más de lo que muestra. ¿De qué "cosas" se está hablando, a las cuales nos referimos por medio de pedazos abstractos de grafías entrelazadas, significantes aislados?
Lo que pasa en ellos, en sí, no es importante, lo es la sensación de que la prosa lo contiene todo. El efecto que crea esta ebanistería tranquila, paciente, de la prosa es el de dar luz a esos huecos de la existencia, ese absurdo profundo que nos invadía cuando éramos jóvenes y teníamos menos armas -o menos cansancio- para entender. Lo que hace Rodríguez en estos libritos (que son, por utilizar una imagen enológica, "crianzas" que han envejecido muy bien, pero no precisamente por haber quedado inmóviles al fresco) es dar categoría filosófica a esos huecos. Un trabajo, una filigrana semántica y temporal que estamos más acostumbrados a encontrar en la poesía, pero que tiene grandes referentes en narrativa (pienso en Mario Levrero o en Natalia Ginzburg, por decir ejemplos que tengo fresquitos). No es que lo "cotidiano" entre aquí en categoría de nada, no es que ontológicamente se llene de "ser", puedo intuir que se trata de una materia cualquiera, como podría haber sido "el asesinato de Julio César" -y que hace involuntariamente de vehículo para otro tipo de cuestiones.
Sin embargo, en su germen está ese ardor que el escritor ha querido trascender a base de elaboración. Por eso pienso en la lectura gozosa y desprejuiciada de los años adolescentes. Pienso en el asombro constante. Y pienso en los abismos, en el sinsentido derrumbado que uno sentía en cada aspecto de su vida, la de verdad, y la muy acogedora y reconciliable sensación de protección, de perfección que deparaba una canción pop cuando no entendíamos nada de nada. ¿Capricho de reseñista? Santos que yo te pinte es un tema de Los Planetas, Rodríguez menciona A letter to Elise de The Cure en una de las notas finales, yo no puedo dejar de pensar en No hay nada como tú de Esclarecidos.
Así que me es fácil imaginarme a las muy afortunadas lectoras adolescentes del 2010 con estos libros en las manos -que bien pueden pedir como regalo al novio que pronto se les irá-. Si bien en el interior de estos cuentos sus personajes están desencontrados y ausentes (el mundo es así), cualquiera puede sucumbir a la belleza de las palabras, al "desdén de la grandilocuencia" inmanente en su prosa, a su condición insondable: traicioneras como son, las palabras en relatos como estos cuentan con espesor suficiente para rellenar vacíos. Algunos, al menos.
29 junio 2010
Después de Auschwitz
Fuck AmericaEl sueño americano muestra su verdadero rostro de pesadilla. El miedo cambia de asiento, pero no se deja conjurar. El superviviente arrastra consigo la culpa de la salvación, la sombra de “los Seis Millones” pesa demasiado en la conciencia. Pero las urgencias de Bronsky en 1952 son de otra índole: no se come un rosco y tiene dificultades para almorzar caliente. Así, la prosa cruda de Fuck America, su tono macarra y sus fantasías sodomitas, van conduciendo al lector hacia un giro final deslumbrante, donde el diván pondrá orden y sentido a tanto caos vital, como si Woody Allen y Wladislaw Szpilman se fundieran en un inesperado abrazo.
Adorno certificó la imposibilidad de escribir poesía después de Auschwitz; Hilsenrath –quien vierte en este texto no pocas experiencias personales– viene a demostrar que, por el contrario, escribir es precisamente lo único que se puede hacer, oponer al espanto al menos un montón de palabras obscenas, febriles, alucinadas y, lo que resulta más sorprendente, nada autocompasivas y hasta cargadas de humor.
23 diciembre 2009
La televisión hace pensar
Los Soprano foreverAntimanual de una serie de culto
VV.AA.
Errata Naturae, 2009
ISBN: 978-84-937145-4-3
168 Páginas
16,90 €
¿Tiene una serie de televisión categoría suficiente para estimular a los pensadores de la estética y la filosofía modernas a crear en torno suyo? Frente a un libro como éste (y hay otro reciente en los estantes de “novedades”, Los Simpson y la filosofía), algunos pondrán una ceja en alto con toda la suspicacia del mundo.
Esos, en todo caso, son los que no han recorrido los ochenta y seis capítulos de Los Soprano (y probablemente ninguna de las muchas temporadas de series ya imprescindibles en el imaginario audiovisual reciente, véase Six Feet Under, The Wire o Mad Men). Con Los Soprano, como mundo televisivo, producto cultural que juntó a muchos miles de personas delante de sus pantallas por varios años y revulsivo de un género completo con varias décadas de historia (el cine negro y, dentro de él, el subconjunto de las películas de mafiosos), no sorprende lo más mínimo que críticos de la cultura como Noël Carrol increpen a los creadores de la serie desde puntos de vista como la moral, las trampas de la identificación con los criminales, la estética posmoderna, la psicología, las distintas interpretaciones del mal o el nihilismo.
El volumen diseñado por la editorial Errata Naturae es una selección (o disección) de algunos de los textos de otro volumen, norteamericano él, (The Sopranos and philosophy: I kill therefore I am, 2004), que aquí se cocinan en otros caldos. Los del mencionado Carrol, Peter H. Hare o Kevin L. Stoehr, profesores y eminencias en disciplinas humanistas en universidades del gran país, han salido de aquel otro libro para reunirse con artículos entregados por algunos de los señores más importantes de nuestras universidades: Iván de los Ríos, Fernando R. Lafuente, Ignacio Castro Rey o Fernando Castro Flórez, quien se marca un ensayo de sesenta páginas con ¡125 notas al pie!
Y es que dentro de una serie como ésta, donde se pusieron en entredicho muchas cosas dadas por sabidas, se pudo ver reflejado cualquier tipo de clase media (sin necesidad de dedicarse al contrabando, la trata de mujeres o las extorsiones) de cualquier ciudad del “primer mundo”, pudimos conocer la degradación existencial del mito del mafioso elegante y cool inmortalizado por Coppola en la persona de un inmenso (en todos los sentidos) Tony Soprano, y donde los tipos humanos más corrientes, tan parecidos a nuestros vecinos (esa Carmela con preocupaciones de andar por casa y remordimientos por la forma en que su marido gana el dinero, esos viejetes verdes en chándal deformante...), ha dado y dará para pensar mucho. Para tratar de desentrañar sus secretos.
Y, dentro de Los Soprano forever, hay espacio para divagaciones más o menos pertinentes, pero en cualquier caso se pueden encontrar ideas sabrosas y estimulantes. Como en “Mitología y desencanto: una introducción a Tony Soprano” (Iván de los Ríos), en que las lecturas se cruzan hacia el corazón del personaje que condujo la serie, tratando de entresacar una tipología del criminal dentro y fuera de la pantalla. El extenso, y sabio, ensayo de Castro Flórez, intensísimo en referencias y contactos con Freud, Lacan, Baudrillard, Bataille y otros muchos, en una apasionante exploración al interior de las relaciones de los individuos representados en la serie, en sus roles y en su visión de sí mismos (si es que un personaje puede tener autoconciencia), que funciona como el más abarcador análisis de los que aquí se pueden leer. Como el de Ignacio Castro Rey (“Vivir puede matar”), el más crítico con los conceptos de televisión y entretenimiento de entrega semanal, que abre muchas cuestiones en torno a la mitificación de la serie: si realmente se puede comparar con la historia del cine o si merece la pena dedicarle 86 horas de nuestra vida a su visionado.
Pues mi respuesta incondicional es que sí. Que hay que pararse a degustar despacito y con buen sofá bajo las posaderas (o, como dice Rodrigo Fresán al término, “mudarse a vivir a la casa de New Jersey”) toda la serie, para poder después entrar en el libro. Que el segundo es un conjunto de reflexiones desde lo modesto a lo más interesante, pero que no podrían existir sin el artilugio creado por David Chase y compañía. Buon anima!
20 noviembre 2009
La biblioteca infinita
Las bibliotecas de DédaloISBN. 978-84-937145-2-9.



