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27 junio 2013

Objetivos cumplidos y preguntas abiertas


Cada cual y lo extraño

Felipe Benítez Reyes

Destino, 2013

ISBN: 978-84-233-4655-4

170 páginas

18 €




Juan Carlos Sierra

Cada cual y lo extraño, el nuevo libro de relatos de Felipe Benítez Reyes -en adelante FBR-, llama en primer lugar la atención por el reto que propone en cuanto a su estructura: escribir un relato para cada uno de los meses del año. No se trata de una tarea fácil, ya que si bien existen meses con un marcado significado en el inconsciente colectivo y en los usos y costumbres mayoritarios, hay otros más insulsos a los que hay que arrancarles una historia casi a regañadientes.

En este sentido, la mayor parte de los relatos incluidos en este almanaque literario cumple con su objetivo y los que parecen estar al margen como, por ejemplo, el dedicado a septiembre -"El brigada ilustrado", una historia sobre el servicio militar- se sostienen por sí mismos sin necesidad de excusas temporales. No obstante, quizá sea "Segundas rebajas" -febrero- el más forzado aparentemente, el que de forma más tangencial relaciona el mes elegido, lo narrado en él y la excusa del hábito comercial de las rebajas -por cierto, últimamente tan ubicuo-; sin embargo, FBR resuelve esta supuesta inconexión con una historia que va más allá de la mera anécdota temporal para, en clave casi alegórica, hacer que todo cuadre, que el título extienda sus redes semánticas sobre todos los meses y todos los años de toda una vida, la de la tía Ana, protagonista del relato.

Por otra parte, si un cuento, entre otras condiciones, ha de sobrecoger al lector y zarandearlo con un final contundente, sorprendente, pero verosímil con la historia narrada, el conjunto de los recogidos en Cada cual y lo extraño también cumple con esta premisa. Especialmente elocuentes al respecto son los titulados "El mago y los ojos" -enero-, "Un examen de química" -marzo- y el ya mencionado correspondiente al mes de septiembre "El brigada ilustrado". Como es natural, no vamos a desvelar nada de ellos; solo pretendemos advertir al potencial y futuro lector de su potencial y su futuro placer en caso de que decida acercarse a ellos.

Con estos dos datos técnicos, quizá algo fríos -arquitectura externa e interna-, aun tratados con absoluta corrección por FBR, no basta para construir un libro solvente, porque sabemos que, por poner un ejemplo análogo, un constructor de versos perfectos no es un poeta. Es algo más lo que hace de un libro correcto un buen libro. En el caso de Cada cual y lo extraño ese extra imprescindible se puede rastrear en el peculiar y muy personal estilo de FBR, especialmente en el cuidado para elegir el adjetivo más expresivo e inesperado -o expresivo por inesperado- y una sintaxis de naturaleza paradójica y juguetona -o paradójica por juguetona, y viceversa-.

Y con todo ello la vida narrada en los relatos de Cada cual y lo extraño, por sencilla que parezca, se convierte en fantasmagoría, en un ejercicio de funambulista, en un truco de "birlibirloque" y el mundo, por consiguiente, es algo difícil de explicar, sorprendente y ridículo al mismo tiempo, con su punto esperpéntico en lo que se ha convenido en llamar "la normalidad" y, por tanto, supuestamente tiene apariencia de "normalidad" -sea eso lo que sea-.

Recuerdo vivamente un poema de FBR llamado "Estampa matinal", de su libro del año 2000 Escaparate de venenos, que finaliza con la misma pregunta que le queda sostenida en la mente al lector de este Cada cual y lo extraño: “¿Y qué es la realidad? / ¿Y qué es / la realidad?”. Aquí quedan planteadas las preguntas; que cada cual, si puede, encuentre sus respuestas.

08 abril 2011

La vida de papel


Las respuestas retóricas [Entradas del blog Mercado de espejismos]

Felipe Benítez Reyes

La Isla de Siltolá, 2011. Colección "Álogos"

ISBN: 978-84-15039-13-6

175 páginas

14 €

Prólogo de Carlos Marzal


Juan Carlos Sierra


Por lo que voy comprobando al observar el nivel de la balanza que pesa la literatura en formato digital y la –digamos- tradicional, me temo que se le está poniendo difícil la cosa a los apocalípticos que preparaban los funerales del papel. Es más, me da la sensación de que, al contrario de lo que ocurre con otras manifestaciones de la cultura de masas, el formato libro le sigue ganando por goleada a la red o, dicho de otro modo, lo que al final no pasa por la imprenta no existe.

Hablando de blogs o bitácoras, entiendo que hay mucha y muy buena literatura en este universo inabarcable, como también hay páginas muy prescindibles, igual que sucede con la edición de libros en formato tradicional. Independientemente de la calidad de la infinidad de blogs que existen, creo que se puede afirmar que muchos de ellos constituyen en sí un nuevo género literario que, paradójicamente, no ha alcanzado un prestigio cultural lo suficientemente elevado como para subsistir por sí mismos, a pesar del número de lectores que en potencia atesoran.

Si me he permitido esta digresión es para buscarle una explicación a un fenómeno novedoso: la transformación del blog en libro, el paso del formato digital a la galaxia Gutenberg; y, más concretamente, para referirme a la aparición de una colección como "Álogos", de La Isla de Siltolá, entre otras iniciativas anteriores de la misma naturaleza.

Dentro del irregular catálogo publicado hasta el momento por esta colección, su responsable Javier Sánchez Menéndez ha acertado de pleno transformando en libro algunas de las entradas del blog Mercado de espejismos del gaditano de Rota Felipe Benítez Reyes.

El volumen aparece bajo el título de Las respuestas retóricas, un encabezamiento también muy acertado de acuerdo con los asuntos que circulan por este volumen: respuestas que no necesitan preguntas, como sus hermanas en el espejo "viceverso", respuestas que no responden a preguntas concretas, sino a las grandes cuestiones que siempre han inquietado e importunado al ser humano, pero vestidas con ropajes aparentemente intrascendentes; respuestas a la gran pregunta que planteaba Benítez Reyes en su poema "Estampa matinal", del libro Escaparate de venenos (1996-1999): “¿Y qué es/ la realidad?”.

La vida y sus contradicciones circulan por las venas de tinta de este libro –y antes por los píxeles de la pantalla del ordenador- en toda su crueldad, en toda su estupidez, en toda su fantasmagoría, en toda su carga azarosa, en todo su absurdo. Y es precisamente en este punto donde Benítez Reyes da su do de pecho literario, donde exhibe la prosa poderosa, saltimbanqui, abracadabresca, irónica, tiernamente cínica,… a la que tiene acostumbrados a sus lectores, especialmente desde que se topó con el inefable Walter Arias de su novela de 1998 El novio del mundo.

Pocos blogs acaban mereciendo realmente la pena, como ocurre con sus hermanos mayores, los libros de papel. Las respuestas retóricas, sin embargo, es un buen libro que invita a seguir una buena bitácora. Pásense de vez en cuando, si les apetece, por el Mercado de espejismos de Benítez Reyes en la red si quieren asistir al espectáculo de la literatura de calidad en dosis digeribles para curarse de la enfermedad de ir viviendo.