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09 abril 2013

Dioses de papel


José Martínez Ros

Supergods. Héroes y mitos del cómic

Grant Morrison

Turner, 2013. Colección "Noema"

ISBN: 978-84-7506-786-5

510 páginas

29,90 €

Traducción de Miguel Ros



Si hay un autor legitimado para escribir este libro es, sin duda, el guionista escocés Grant Morrison, autor de varias obras maestras del cómic como All Star Superman, Animal Man o Batman: Arkham Asylum. El contenido de este ensayo se resume a la perfección en el subtítulo de la edición norteamericana: “qué es lo que los vigilantes enmascarados, los mutantes milagrosos y el dios solar de Smallville pueden enseñarnos acerca del ser humano”. 

Supergods es una peculiar mezcla de:


a) Una historia del cómic superheróico articulada en cuatro grandes fases: La Edad de Oro -la época de los pioneros, antes de la Segunda Guerra Mundial, con la creación de sus personajes iniciáticos, Superman, Batman, Wonder Woman-; La Edad de Plata, centrada en la revolución en el medio provocada por una nueva editorial, Marvel, capitaneada por los legendarios Jack Kirby y Stan Lee; La Edad Oscura, en los ochenta y noventa, en la que los talentos combinados de un joven guionista y dibujante norteamericano llamado Frank Miller (Daredevil Born Again, El regreso del Caballero Oscuro, Ronin, Sin City) y un puñado de increíblemente brillantes autores británicos reclutados por una DC en proceso de renovación, como Alan Moore (Watchmen, From Hell), Peter Milligan (Enigma, Blanco humano, X-Force), Garth Ennis (Predicador, Punisher Max), Mark Millar (The Ultimates, Kick Ass), Warren Ellis (Planetary) o Neil Gaiman (The Sandman) llevaron el género a su plenitud artística y, por paradójico que resulte, casi a su extinción, a base de inyectarle dosis masivas de realismo, complejidad, deconstrucción, violencia y sexo descarnados; y por último, El Renacimiento (la fase en la que, según Morrison, nos encontramos): cuando tras los traumáticos acontecimientos del 11-S y la Guerra contra el terrorismo, deseamos volver a creer en héroes que representen lo mejor y más valioso de nuestra especie, lo que somos y a lo que debemos aspirar. Esta historia del cómic se completa con detallados análisis de algunos hitos como fueron el número 1 de Action Comic (el origen de Superman), tratando de explicar la extrañeza que debieron sentir sus primeros lectores, Watchmen (en la que se percibe su relación de amor/odio con la fastuosa y milimétrica obra de Moore) o The Authority de Warren Ellis, que de acuerdo a Morrison significó un nuevo comienzo del género adaptado a las condiciones del siglo XXI. 


Y b) una extravagante autobiografía en la que Morrison nos relata su infancia en la que los cómics eran su principal refugio de una realidad bastante hostil, sus esfuerzos por abrirse camino en el mundillo y su temprano triunfo, que le llevó a una larga y alucinógena etapa de viajes por todo el mundo -con una experiencia mística en Katmandú, incluida, y una enfermedad casi mortal- y, por último, a su madurez artística en la que, finalmente, encuentra su fe definitiva en el género superheróico: "Las historias de superhéroes se destilan en los niveles supuestamente más bajos de nuestra cultura, pero contienen en su interior todos los sueños y miedos de generaciones enteras, en forma de intensas miniaturas. Creadas por unos trabajadores que a lo largo del tiempo han sido marginados, ridiculizados, explotados y convertidos en cabeza de turco, siempre logran ofrecer una línea directa con el subconsciente cultural y sus convulsiones. Nos dicen dónde hemos estado, qué temimos y qué deseamos, y hoy en día son más populares y están más generalizadas que nunca, pues siguen hablándonos de lo que de verdad queremos ser”. 

En ambas líneas, Morrison nos conduce por donde quiere gracias a una prosa febril, llena de ritmo, sobrecargada de imágenes e ideas. Uno de los libros del año, en resumen. Imprescindible para cualquier amante del noveno arte.



Saga. Capítulo Uno

Brian K. Vaughan y Fiona Staples

Planeta DeAgostini, 2012

ISBN: 978-84-684-7887-6

168 páginas

16,95 €

Traducción de Diego de los Santos



Saga se ha convertido en el nuevo gran éxito de Image, la editorial adalid del cómic independiente norteamericano, sobre todo desde que Robert Kirtman consiguiera un descomunal éxito con The Walking Dead. El guionista Brian K. Vaughan -curtido en obras de culto como Y, el último hombre y en series de televisión como Lost- y la magnífica dibujante Fiona Staples nos presentan una versión galáctica del inmortal mito shakesperiano de Romeo y Julieta, reconvertidos en Alana y Marko, representantes de dos razas alienígenas enfrentadas en una guerra que se desarrolla a lo largo y ancho del universo, y que además acaban de ser padres.

En este Capítulo Uno que recoge los primeros seis números publicados en Estados Unidos, conocemos a otro puñado de muy carismáticos personajes, la mayoría de ellos empeñados en frustrar la huida de la pareja en compañía de su retoño, pero que en ningún caso se pueden reducir a simples “villanos” arquetípicos. Todos ellos, incluyendo los protagonistas, están plenamente diferenciados y resultan seres imperfectos, llenos de aristas y claroscuros, ya sean una cazadora de fugitivos arácnida, un miembro de una casta nobiliaria con una televisión por cabeza o el fantasma de una niña destripada; y es casi imposible, al cerrar el tomo, no sentir el urgente deseo de saber más de sus andanzas. 


Entre las múltiples virtudes de este cómic hay que citar un muy inteligente uso del narrador, que le da un curioso aire de fábula intemporal, el ya citado, pero no por ello menos maravilloso trabajo gráfico de Staples y unos estupendos diálogos, tan naturalistas como empáticos, que terminan de encariñarnos con las creaciones de este par de grandes artistas. Si quieren disfrutar del siguiente gran hito del cómic independiente norteamericano, tras los muertos vivientes de Kirtman, aquí lo tienen.

07 marzo 2013

Icono


Wonder Woman

Brian Azzarello y Cliff Chiang

DC Cómics, 2012

ISBN: 978-84-1552098-6

160 páginas

8,95 €

Traducción de Francisco San Rafael Simó



José Martínez Ros

Wonder Woman, uno de los pilares del cómic de superhéroes y, desde luego, su personaje femenino más famoso, nació en 1940. Su creador fue William Moulton Marston, un abogado y pedagogo de ideales (para la época) bastante progresistas que intentó crear un personaje que sirviera de heroína a las jóvenes de su época, una heroína adaptada a los cambios que estaba experimentado la sociedad de la época y, en especial, la condición de la mujer, un personaje -según sus palabras- que “fuera tan fuerte como Supermán”, decidida y valiente, pero que, al mismo tiempo, conservara lo que él consideraba los valores “femeninos” más valiosos, como son la entereza, el pacifismo y la paciencia. Desde entonces, se han publicado miles de cómics de Wonder Woman, pero se han conservado los detalles básicos de su biografía de ficción ideada por Marston.

Diana -el auténtico nombre de Wonder Woman- nación en la mítica isla de Themyscira, que no ha pisado jamás ningún hombre, hija única de la reina de las amazonas Hipólita, que permanecen allí desde hace siglos en una especie de utopía femenina igualitaria (y muy guerrera), bajo la protección de los viejos dioses griegos. De todas las etapas desde su creación, sin duda la más recomendable empezó en 1987, cuando se hizo cargo de la colección uno de los más legendarios dibujantes (y también excelente guionista) de la historia del cómic, el cubano-estadounidense George Pérez, que escribió y dibujó a Wonder Woman durante varios años, desarrollando uno de los cómics más sorprendentes y hermosos, a nivel visual, de todos los tiempos, y que resulta perfectamente comparables a clásicos norteamericanos del género como el Spirit de Eisner, el Spiderman de Stan Lee o los X-Men de Chris Claremont. No obstante, a partir del abandono de la colección por parte de Pérez, decayó rápidamente y, a pesar de que su imagen, como icono del cómic, ha permanecido presente hasta la actualidad, ninguno de los sucesivos equipos de dibujantes y guionistas que ocuparon su puesto consiguió dar con la tecla que devolviera al personaje a sus momentos de gloria. 

Al menos, hasta ahora.

En el 2011, aprovechando un remozado general de sus diferentes líneas de cómics, DC encargó una de sus series más importantes, y hasta la fecha de peor suerte, al guionista Brian Azzarello, en lo que fue una decisión bastante controvertida por los fans, ya que Azzarello era conocido, ante todo, por sus trabajos en el género negro, destacando por encima de todos su célebre y conspiranoica 100 Balas, y a un estupendo dibujante, Cliff Chiang, especializado en personajes femeninos. Las dudas no tardaron en disiparse, y pronto ha quedado demostrado que el tándem Azzarello-Chiang ha reinventado la mejor amazona que han podido leer (y ver) los aficionados al cómic en décadas. Azzarello, desde un primer momento, decidió prescindir del denso universo superheroico de DC y, ambientar la serie en una versión actualizada y contemporánea de la riquísima mitología helénica. Así, Diana tendrá que enfrentarse no a alienígenas decididos a erradicar a la humanidad o a payasos psicópatas, sino a dioses que se comportan justamente como aparecen en los mitos -violentos, astutos, lascivos, dispuestos a jugar por sus propios fines con las frágiles vidas humanas- y se verá envuelta en una vasta trama casi shakesperiana que número a número crece en complejidad y ambigüedad: Zeus ha desaparecido, dejando el Olimpo vacante, y al mismo tiempo anuncia que uno de sus descendientes acabará con el resto… Y una muchacha de la América profunda, una auténtica 'redneck', Zola,  parece que está embarazada del ausente Zeus… lo que provoca la cólera divina de su esposa, Hera, y el temor de los otros dioses que se disponen a asaltar el trono. 

Precisamente, uno de los puntos fuentes de este “renacimiento” de la amazona ha sido el rediseño de los personajes: como lector de cómics -y antiguo estudiante de mitología-, no me será fácil olvidar la presentación de Ares como un viejo cansado y nihilista en medio de alguna de las eternas guerras africanas; la de Discordia, que parece extraída de un videoclip de Depeche Mode de los noventa; o la de un Hades, transformado en un niño aterrador. Lo mejor de la historia es que ninguno de los personajes se nos presenta como un simple “malvado” o como el colmo de la bondad: todos persiguen sus propios objetivos y están, para conseguirlos, dispuestos a aliarse o traicionarse según les convenga, lo que es enfatizado por los magníficos y elípticos diálogos de Azzarello, que define perfectamente a cada uno de ellos por su modo de expresarse y por lo que sugieren más que por lo que dicen, mientras que el gran dibujo, de trazo limpio y clásico, de Chiang le da a la historia un perfecto acabado visual. 
Quizás el mejor cómic de superhéroes que publican actualmente las dos grandes editoriales del medio, Marvel y DC.

Para fortuna de los lectores, y disfrute de sus fanáticos, la Wonder Woman del siglo XXI ya está en los quioscos y librerías.


28 diciembre 2012

En mi familia no se dijo nunca "te quiero"

¿Eres mi madre?

Alison Bechdel
 
Reservoir Books, 2012

ISBN: 978-84-397-2605-0
 
304 páginas

19,90 €
 
Traducción de Rocío de la Maya
 



Rafael Suárez Plácido

Lo que más sorprende y atrapa es la sinceridad. Ya al principio del libro, la protagonista de la historia, que se supone que está en pleno proceso de escritura del propio libro, se dice desesperada: “No se puede vivir y escribir al mismo tiempo.” Y ahí se resume una buena parte de las dificultades del proceso de creación, y no sólo de creación sino de vida, del autor contemporáneo. “No se puede vivir y escribir al mismo tiempo”, porque uno ha de ser vivir con la losa de haber opinado o fijado una opinión o, simplemente, contado su versión de los hechos de una historia, y más si se trata de su historia. He tomado de José Luis Piquero, uno de los pocos poetas contemporáneos que conozco, el verso que he usado para titular esta reseña. También aclarar que he utilizado el adjetivo “contemporáneo” al usar la terminología de Agamben, que a su vez toma de Nietzsche, que dice que “sólo lo intempestivo es actual” (o contemporáneo). Efectivamente, para cualquier creador contemporáneo, la presencia en el mundo que va a reflejar en sus obras es más un problema a solucionar, que una facilidad. El caso es que la mayoría de los autores que publican sus libros actualmente no son, en ese sentido al menos, contemporáneos y se sitúan al margen de la historia. Ser un autor contemporáneo exige un precio muy alto. No todos los autores o artistas están dispuestos a asumirlo. Alison Bechdel sí que lo hace. Ya lo hizo en su aclamado libro anterior, Fun Home: una familia tragicómica (Reservoir Books, 2008) y vuelve a hacerlo de nuevo, aun más si cabe, con este ¿Eres mi madre?, que se acaba de publicar en esta misma casa editorial.

La apuesta editorial era arriesgada. El subgénero gay-lésbico aún no ha tenido demasiados éxitos en el cómic en nuestro país. No hay un personaje “normal” en nuestro universo cultural, que sea gay o, muchísimo menos, lesbiana. Obviando el nombre pionero de Robert Crumb y las “poco atractivas” aportaciones de algunos autores pornográficos, no hay demasiadas referencias en nuestro 'mainstream' cultural (series, películas, cómic, música, novelas cuyos protagonistas o autores sean gays o lesbianas que militen como tales: artistas o personajes con esa tendencia sí los hay, claro), lo que en Estados Unidos es muy diferente. Pero es que lo más interesante de estas dos obras que nos han llegado hasta el momento de Alison Bechdel es que la inclinación sexual de sus personajes no es más que un elemento anecdótico, un rasgo más de unas biografías poco ortodoxas que, a veces, toma cierto protagonismo, aunque nunca es lo esencial. Lo cierto es que Fun Home lleva ya publicadas varias ediciones en nuestro país y ha obtenido un considerable éxito crítico que ha transcendido del universo del cómic, para entrar en ese otro mundo a veces tan impermeable que es el literario. Y también es cierto que la expectación que ha generado este ¿Eres mi madre?, no se conocía, excepto quizás en las obras de Art Spiegelman.

La novela gráfica está viviendo un periodo de casi esplendor en nuestro país. Los nombres pioneros quizás sean Will Eisner, Osamu Tezuka, Guido Crepax, y Art Spiegelman. A partir de ahí cada año aparecen autores nuevos (Craig Thompson, Daniel Clowes, Frederick Peeters, David Lapham, Jiro Taniguchi, Joe Sacco) cuyos libros logran una cierta repercusión. Alison Bechdel viene a unirse a este grupo con estos dos libros. Si Fun Home, era el retrato de una familia y, especialmente, de la figura del peculiar padre de la autora, aquí el foco va centrándose en la relación entre ella misma y su madre. Algunos de los recursos que destacaban en el primer libro (dibujos muy cuidados a dos tintas, con máxima atención a los detalles, textos interpolados de autores clásicos que leían el padre y la niña, constante presencia de la voz en 'off' en primera persona de la narradora, alternancia pasado-presente en la historia, exposición explícita de todos los detalles necesarios y más rasgos que conseguían que el lector se sintiera como un habitante más de esa clase media, con gusto artístico y cultural, de una Norte América casi actual) se repiten en este segundo, con una importante presencia onírica, cada capítulo se inicia con un sueño, en homenaje a esa importante disciplina del Psicoanálisis que es la interpretación de los sueños.
 
Todo es más fácil o mejor, más gratificante, para el lector que coincida en su gusto o lecturas con los autores que se citan en este libro: Virginia Woolf, la que más, sin duda una pista a seguir a la hora de tratar de entender la estructura del libro, por su narrativa y sus diarios. Todo el libro se estructura en torno a la bipolarización que se da entre la propia autora y su madre, que prácticamente no coinciden en nada, más que en el cariño -amor sería más exacto- que se tienen. La hija es lectora de Virginia Wolf y la madre de Silvia Plath, por ejemplo. La hija es lesbiana; la madre se ha casado –con hombres- varias veces. La hija dibuja una tira cómica con protagonistas lesbianas; la madre es, además de madre, profesora, reseñista de libros y actriz. La hija lleva una vida sexual promiscua, aunque casi siempre tiene pareja y esa promiscuidad no está permitida ni por ella misma ni por su pareja; la madre es siempre fiel a su pareja del momento. La hija lleva más de veinte años tratándose con psicoanalistas; la madre hace cada día el crucigrama del New York Times de papel, y así podríamos seguir la interminable lista de matices que las separan. Pero me quedo con que esas psicoanalistas que trataban a la hija han sido algunas de las pocas personas que la han entendido de veras en su vida (es imposible no adorar a Jocelyn, la figura de la madre que nunca ha tenido). Y esta necesidad creada le ha llevado a estudiar con interés a algunos de los principales autores de este tipo de pensamiento, para llegar a comprenderse así mejor a sí misma y a su madre: y, claro, junto a Freud, aparece el nombre a través del cual discurre toda la obra: Donald Winnicott.
 
Winnicott es un psiconalista inglés, el creador de la teoría de los objetos transicionales. Fue un personaje bastante excéntrico que también tuvo cierta relación con el grupo de Woolf, aunque estos no se llegaran a conocer personalmente. Estas casualidades o pequeñas e inexplicables coincidencias son muy del gusto de la autora para explicar por qué trae un personaje a escena. No lo hace, como pudiera parecer, por falta de cohesión o necesidad de estructurar el libro. No sería necesario. Más bien tiene que ver con una cierta teoría de los vasos comunicantes, según la cual todo lo que se nos viene a la cabeza o lo que nos ocurre tiene una explicación y algún motivo. Cuando no lo encontramos es porque, simplemente, no lo hemos buscado lo suficiente. Las obras de Alison Bechdel tienen una estructura aparentemente caótica pero, realmente, muy cerrada que atrapa al lector. Hay muchos modos de llegar a cualquiera de sus libros, pero lo que es más difícil es salir de ese universo misterioso que nos atrapa: el de las relaciones con nuestro entorno más próximo. Dice Bechdel que este libro le ha costado más que el primero. Lo dice porque la otra figura retratada es su madre, la persona más importante de su vida, que aún está viva y a la que admira, aunque no recuerda que en su familia se dijera nunca “te quiero”. También la presión de haber alcanzado con Fun Home tanto éxito le mantuvo paralizada durante un tiempo. Deseaba hacer otra obra que mantuviese la altura de la primera. Acérquense a cualquiera de las dos. Es, como toda la buena literatura, una manera impagable de conocer más a los que nos rodean, de conocernos más a nosotros mismos.

29 noviembre 2012

Periodismo "a Sacco"


Reportajes

Joe Sacco

Reservoir Books, 2012

ISBN: 978-84-3972-511-4

168 páginas

20,90 €

Traducción de Marc Viaplana



Alejandro Luque

Responda a esta sencilla pregunta: ¿Estaría ud. dispuesto a leer un cómic como si fuera un periódico o una revista? Es decir, ¿aceptaría un periodismo servido en viñetas? Tengo la sospecha de que la inmensa mayoría de los participantes en esta encuesta responderían que no. Y la razón principal, sospecho también, sería la suma de un prejuicio –los tebeos como género menor, cuando no como divertimento de niños– y de una convicción muy extendida, según la cual la fotografía o la prosa periodística merecen toda nuestra credibilidad, mientras que el dibujo es un medio potencialmente mentiroso.

Quienes así piensan se olvidan de que, muchos antes de la difusión de la fotografía, los periódicos y revistas se nutrían esencialmente de dibujantes. Hasta hace apenas una década, quizás menos, el propio ABC seguía ilustrando muchas noticias con dibujos, casi siempre retratos de personalidades. Quienes así piensan se olvidan de que también una imagen fotográfica puede mentir, y de que un texto es, por naturaleza, una elaboración literaria más o menos fiel a los hechos. Quienes así piensan, en fin, no han leído a Joe Sacco.

Estos Reportajes, aparecidos en medios diversos y felizmente reunidos por Reservoir Books de Mondadori en una impecable edición, pueden ser una inmejorable puerta para adentrarse en la obra del autor estadounidense nacido en Malta. El volumen empieza, la verdad sea dicha, con poca fuerza, con trabajos menores como Crímenes de guerra –cobertura del proceso contra el genocidio de los Balcanes– o Una mirada a Hebrón y La guerra subterránea en Gaza, dedicados a una zona que Sacco ha abordado ampliamente en proyectos magistrales como Palestina o Notas al pie de Gaza.

Sin embargo, apenas comienza el capítulo dedicado al Cáucaso, los ecos del gran periodismo empiezan a retumbar por las cuatro esquinas del papel. Una mirada a un tiempo atenta a los detalles y preparada para abrir el foco en cualquier momento, capaz de atender al contexto histórico como al drama personal, es de entrada un atributo envidiable para cualquier profesional de la información. Tomarse el tiempo y el esfuerzo para contrastar fuentes, para consultar las versiones oficiales y patearse luego los escenarios y ver con los propios ojos, resulta casi una excentricidad en la era de la información "light", hecha de comunicados y las ruedas de prensa sin preguntas. Si a eso le añadimos una mano excelente para el dibujo, tanto de arquitecturas como de personas, dotada especialmente para expresar emociones, se entenderá por qué los fans de Joe Sacco empezamos a ser legión.

También parece encomiable el interés del autor por asomarse a la realidad de los grandes perdedores, de las víctimas de todas las guerras, de aquellos que rápidamente pierden sus nombres y sus rostros para pasar a ser un número, una estadística. La invasión de Irak (genial el relato sobre la instrucción de irakíes por parte de los marines), la muerte de los emigrantes africanos en el Mediterráneo o la miseria de la India son algunos de los asuntos que Sacco aborda con una dedicación extraordinaria, como si temiera –y no faltan razones para temerlo–que en el momento en que el periodismo se olvide de algunos pueblos, nadie se molestará en ocuparse de ellos.

Luego hay otros puntos que pueden ser discutibles. Por ejemplo, Sacco gusta de retratarse dentro de la noticia, algo que no todos los periodistas defienden. En su caso, sin asomo de narcisismo, es un modo de subrayar un hecho central: estuvo allí, habló cara a cara con los personajes –es decir, las personas– de su relato, pasó calor y frío, se sentó en jergones inmundos, percibió el olor del moho en un refugio checheno, del azufre en las escaleras del campamento estadounidense o el de los cigarrillos de dos entrevistados en un hotel de Times Square.

Otra cuestión controvertida es la objetividad. Cada vez que concluimos la lectura de uno de sus trabajos, creemos saber si Sacco toma partido por uno u otro bando. Él mismo lo reconoce: "Si un bando dice una cosa y el otro bando dice otra, ¿acaso la verdad radica necesariamente en “algún lugar entre los dos”? El periodista que dice “He conseguido cabrear a los dos bandos, así que debo de ir por el buen camino”, probablemente se engaña. La ecuanimidad no debería ser usada para encubrir la desidia", afirma. Y concluye: "El periodismo tiene tanto que ver con “lo que dijeron que vieron” como con “lo que yo mismo vi”. El periodista debe empeñarse en descubrir qué pasa y contarlo, no castrar la verdad en nombre de la neutralidad".

Hago hincapié en este hecho porque, en tiempos de profunda crisis de los medios, el propio público debería hacer una seria reflexión crítica sobre la información que consume y los canales que se la proporcionan. También para eso sirven los cómics de Joe Sacco. 

07 noviembre 2012

Breves reseñas comiqueras

José Martínez Ros

Historias cortas

Satoshi Kon

Planeta DeAgostini, 2012

ISBN: 978-84-15480-07-5

424 páginas

25 €

Traducción de Marc Bernabé




Es probable que, para buena parte del público, el nombre del reciente y prematuramente fallecido Satoshi Kon no les diga nada, lo cual constituye, sin duda, una importante injusticia. Kon inició su carrera en los ochenta como 'mangaka' y discípulo del ya célebre Otomo, autor del monumental Akira (quizás ha sido la película de animación japonesa que ha causado un mayor impacto en Occidente) para pasarse, luego, como su maestro, al anime, dirigiendo unas cuantas cintas extraordinarias, tanto por la belleza de su diseño como por la desbordante creatividad de sus historias. Siempre a la caza de ideas ajenas, Hollywood no tardó en fijarse en sus obras hasta el punto de rozar el plagio: sólo tienen que comprobar las múltiples similitudes que existen, por ejemplo, entre dos animes de Kon, Perfect Blue y Paprika, y dos películas tan alabadas -por su supuesta originalidad- y premiadas como Cisne negro y Origen.

Planeta DeAgostini ha tenido el acierto de traernos una amplia antología de su obra inicial dentro del mundo del manga, en la que se perciben ya muchas constantes de su estilo aplicado, en este caso, a un buen número de argumentos distintos: personajes desvalidos y desorientados, en muchos casos jóvenes, situaciones enigmáticas y, en ocasiones, irresolubles y -ante todo- una extraordinaria imaginación. Así nos encontramos con fábulas infantiles (El pequeño beisbolista) e idilios adolescentes (Verano de nervios), una sombría -y tremendamente hermosa a nivel visual- parábola sobre la violencia y el honor ambientada en el Japón feudal (Waira), una imaginativa y muy melancólica y divertida variación acerca de la clásica historia de “casa encantada” (Los visitantes) y, por último, dos impresionantes historias de ciencia-ficción. Por un lado, la breve y magnífica Carve, que parece destilar en unas pocas páginas las miles que su maestro, Otomo, dedicó a su genial epopeya postapocalíptica; y, por otro, Cautivos, el relato más extenso, y que tiene una especial importancia, ya que fue su primer manga publicado y el que le abrió las puertas de la industria del cómic japonés y en el que ya nos encontramos una narración 'made in' Kon con un protagonista perdido en un universo artificial similar, pero muy anterior cronológicamente, al descrito en Matrix.

King City

Brandon Graham

Debols!llo, 2012. Colección "Best Seller"

ISBN: 978-84-99896-588

192 páginas

9,95 €

Traducción de Manuel Viciano Delibano



Del cómic independiente americano, nos llega King City (Debolsillo), de Brandon Graham, un joven autor que se está consagrando actualmente en Estados Unidos con una de las series más interesantes que ha producido el 'mainstream' comiquero en los últimos tiempos y que -no deja de resultar curioso- no es sino un 'remake' de un olvidado título de acción de los ochenta: Prophet, una de tantas historias de la época acerca de mercenarios cargados con pistolones gigantescos, que el talento de Graham ha convertido en una exploración cósmica con ecos de la magistral Solaris de Stanislaw Lem y que también esperamos ver en España muy pronto.

En King City, una de sus primeras obras, nos presenta de nuevo un mundo propio, una ciudad futurista plagada de tentadoras sirenas, individuos misteriosos con aún más misteriosos injertos genéticos, bandas de ninjas, ejecutivos caníbales y veteranos de guerras zombi en la que Joe, un ladronzuelo, “amo de gatos” y contrabandista de información, se ve envuelto en una conspiración que no deja de crecer en complejidad y surrealismo. Graham recrea este ámbito lleno de toques 'pulp' y humor con un dibujo con trazos aparentemente sencillo y, al tiempo, muy detallista (uno de los muchos atractivos de este cómic es detenerse viñeta a viñeta para apreciar la enorme cantidad de objetos y personajes extraños y desconcertantes que ha desparramado por todas partes su inventivo autor) en la que se percibe la influencia de uno de los más grandes maestros del noveno arte: Moebius. Por momentos, esta King City nos parece trasladar a los fantásticos (y añorados) universos de Arzak el vigilante, El Incal y El garaje hermético. No se me ocurre un mayor elogio.

23 abril 2012

Pack apocalíptico

José Martínez Ros

Entre los archivos del distrito

Kenneth Bernard

Errata Naturae, 2012. Colección "El pasaje de los panoramas"

ISBN: 978-84-15217-17-6

216 páginas

19,90 €

Traducción de Carmen Torres García




Errata Naturae nos trae esta semidesconocida novela de culto del también semidesconocido Kenneth Bernard. Su trama nos conduce al clásico futuro diatópico en el que la individualidad, simbolizada por el protagonista, un individuo solitario y huraño que pasa su vida de forma banal, dedicado a la observar los pequeños cambios que se producen en el mundo que le rodea, está a punto de extinguirse bajo el peso de una opresión constante y silenciosa. 

La receta es sencilla: tomamos algo de Kafka, en este caso, la existencia de una burocracia omnipresente e inaccesible que vigila la vida de todos los ciudadanos, que rinden cuenta ante ella por medio de todo tipo de procedimientos absurdos; algo del Canetti de Auto de fe: un personaje aislado y obsesivo, que ocupa todo su tiempo con sus pequeños rituales cotidianos, mientras trata de evitar a los diversos malhechores que florecen en una sociedad podrida; y por un último, un buen chorro del 1984: como en la gran novela de Orwell -como en Brazil de Terry Gilliam, como en El cuento de la doncella de Margaret Atwood, otras dos hermanas mayores de esta obra- el anónimo protagonista decide llevar a cabo una minúscula rebelión sin esperanzas de éxito. Recorrida por un humor oscurísimo, Entre los archivos del distrito funciona mucho mejor como descripción de un universo gris y apático que como canto a la libertad personal, pero no deja de ser una curiosa novela y una lectura agradable.






Revolver
Matt Kindt
Norma, 2012
ISBN: 978-84-679-0691-2
192 páginas
22,50 €
Traducción de Ernest Riera





Imagina que tu vida se escinde: por un lado, el mundo real, levantarse temprano, ir a la oficina, donde te espera un trabajo alienante, una jefa tiránica, una novia insustancial; al otro lado del espejo, cada vez que te duermes, un mundo en el que todo se colapsa aceleradamente, el gobierno bombardea las ciudades, se producen atentados terroristas a diario, una terrible pandemia empieza a extenderse... y en el que, paradójicamente, te siente mejor; vives una existencia azarosa, llena de peligro y experiencias traumáticas, pero, al menos, vives. Los personajes que conoces también están allí, al otro lado del espejo del sueño, pero sus roles también han cambiado; y quizás allí, puedes ser, incluso, un héroe… ¿En cuál de los dos mundos preferirías residir permanentemente?

A esa disyuntiva se enfrenta John, el protagonista de Revolver. La clave de esa existencia dual parece estar en manos de un misterioso personaje asentado en San Francisco, y tanto en sus "sueños" como en la "realidad", parte en su busca… Editada por Vertigo, la división de DC enfocada a un público más adulto en la que han explotado algunos enormes talentos, como Grant Morrison (El asco), Alan Moore (V de Vendetta) o Neil Gaiman (Sandman), Revolver está a la altura de sus antecesoras y es la novela gráfica más impactante que este humilde reseñista ha podido leer en mucho tiempo. Con un dibujo esquemático y efectivo, Kindt diferencia hábilmente ambas realidades sin que la transición entre una y otra se vuelva nunca mecánica y nos sumerge en una historia borgiana, claustrofóbica y misteriosa. Revolver, representa, asimismo un gran homenaje al imaginario de uno de los más grandes escritores del siglo XX, Philip K. Dick -piensen en Ubik o El hombre en el castillo, obras atravesadas por el temor a no saber reconocer lo que no es "real", a vivir en universos ficticios-, lo que también nos recuerda a la última (y muy recomendable) sensación del cine 'indie' norteamericana, la inquietante Take Shelter. Si van a leer un cómic -al menos, uno- este año, Revolver sería una magnífica elección.

18 abril 2012

'Sitcom' en viñetas

Memorias de un hombre en pijama

Paco Roca

Astiberri, 2011

ISBN: 978-84-15163-31-2

140 páginas

16 €


Joaquín Blanes

Existen tantos nombres para la historieta o el cómic que es difícil saber a cuál de ellos aferrarse para describir determinadas obras de este género. Si narrativa gráfica, como proponía Will Eisner, por ser un arte secuencial; si viñeta por dibujarse en este tipo de marcos; si tira cómica, por su gracia; si TBO, si la madre que parió al cordero. En cualquier caso, lo que importa es el contenido de la obra y no su definición exacta, que es más cosa de semióticos e ínclitos entusiastas de catalogarlo todo, como hace mi madre con los 'tuppers' que guarda en el congelador.

A la espera de que el próximo 20 de abril publique su última obra con Astiberri: El juego lúgubre, hacemos un repaso al último libro publicado hasta la fecha por Paco Roca: Memorias de un hombre en pijama.

Esta historieta o cómic está diseñado al estilo de las tiras cómicas que solían publicarse en los periódicos anglosajones. Un ofrecimiento del periódico Las Provincias y que después Astiberri recopiló para transformarlo en libro. No hay nexo entre una historia y otra, no existe una continuidad narrativa, son situaciones cotidianas, autobiográficas, en la vida de un dibujante de cómics que celebra la ofrenda del día laboral en pijama. De hecho, en la presentación del libro, Paco Roca acudió con esta prenda de vestir que tanto le gusta.

Existen, eso sí, un sinfín de estereotipos propios de un hombre madurito, entrado en los 40, cuyas situaciones cotidianas las refleja con una imaginación y un humor que simpatizan con el lector y hace que, los que andamos en esa ominosa etapa de madurez, nos veamos reflejados con facilidad, sonriendo con agrado ante ciertas situaciones de nuestra vida que, por alguna cuestión, todos hemos vivido. Porque todos tenemos un amigo Aries que pasa las noches de soltero acodado a una barra buscando presa fácil, todos nos hemos reunido alrededor de una mesa con viejos amigos para descubrir que la alopecia es una dolencia común entre los hombres, que los que tienen hijos tienen toque de queda, que el ardor de estómago después de una comilona y dos copas de más es un paradigma incuestionable y que, como decía Ambrose Bierce, embriagarse, no es más que "celebrar con ceremonia apropiada el nacimiento de un noble dolor de cabeza".

Y esto es sólo el principio, porque luego están ellas, las mujeres, también con sus estereotipos reconocibles. Porque cuando hacemos oídos sordos a los que nos aconsejan nuestra señora, aunque parezca más bien un mandamiento, después recibimos la consabida sentencia de: "¿Ves como te lo dije?".

Podemos tomar como ejemplo las 'sitcoms' americanas, desde Friends hasta Reglas de compromiso, elaborar un listado de idiosincrasias de cada uno de los personajes y nos daremos cuenta de que si algo así sigue funcionando, es porque los estereotipos son tan ilustrativos como necesarios para tomarse la vida con un poco de sentido del humor y aligerar el peso de los años.

Este libro es un excelente muestrario de esas situaciones habituales y comunes en todos nosotros y si no en nosotros mismos, siempre podremos identificar a Piscis, Aries, Virgo o Acuario con alguno de nuestros conocidos.

Las virtudes de Paco Roca no son puntuales, nada más lejos de la flauta y el asno. Con Arrugas obtuvo el Premio Nacional de Cómic en 2008, porque esa obra, ahora adaptada al cine, posee la dignidad de mostrar una enfermedad como el Alzheimer con un delicado sentido del humor que hace de la obra una joya indispensable para todo aquel que guste de este mundillo de carboncillo y tinta china. Aunque también es cierto que es una historia a la que muchos no han podido acercarse por el miedo a recordar lo que con frecuencia rodea a nuestros abuelos.

Con El invierno del dibujante, realizó una obra bastante digna y con estas Memorias de un hombre en pijama, por poner un par de ejemplos, Paco Roca demuestra que nada es gratuito, que detrás de sus obras hay un trabajo de observación y dedicación muy envidiable. No existe en él un acierto aislado, porque tiene la sensibilidad, el humor y el ingenio de actualizar los roles para potenciar las situaciones cotidianas en los que las cuestiones más elementales de convivencia y trato entre pareja y amistades son tan reales que uno se ve reflejado en ellas sin acritud, asintiendo mientras sonríe al verse en el espejo de las relaciones humanas. Arrugas fue un éxito merecido, El invierno del dibujante debería haber tenido más repercusión de la que tuvo, Memorias de un hombre en pijama parece haber funcionado bien, y a la atenta espera de El juego lúgubre, deseamos que el trabajo de este valenciano no decrezca en calidad y su reconocimiento siga creciendo y no caiga en el olvido, que es lo que suele pasar tiempo después de recibir un honroso Premio Nacional.

No existe la suerte, existe el esfuerzo, el devanarse los sesos continuamente por sacarle punta al lápiz (permítanme esta metáfora tan pueril tratándose de un cómic) y establecer un diálogo continuado con el lector de estas viñetas que puedo asegurar resultan como ese amigo gracioso que todos tenemos que cuente lo que cuente, sólo por el modo en que lo narra, ya nos produce una risa llena de camaradería.

29 diciembre 2011

Que toda la vida es sueño y los sueños, ¿sueños son?

The Sandman

Neil Gaiman y varios dibujantes

Planeta DeAgostini, 2010. Volúmenes 1 a 7

ISBN: 978-84-674-9133-3 /9134-0/ 9135-1/ 9136-4/ 9137-1/ 9138-8 y 9139-5, respectivamente.

496, 496, 344, 416, 400, 528 y 504 páginas, respectivamente.

210 € (30 € cada volumen)

Traducción de Diego de los Santos


Fran G. Matute

Una deidad encerrada en una urna de cristal. Un ser superior apartado de su reino y despojado de su dignidad por un hombre común que juega a ser Dios. Y mientras tanto, toda la humanidad sufre en pesadillas. Así comienza The Sandman (1989-1996), una de las obras capitales del llamado octavo arte, calificada por el New York Times como una de las lecturas esenciales del siglo XX. Resulta difícil escribir ahora sobre semejante pináculo cultural cuando todo ha sido dicho ya. Pero la flamante reedición de lujo perpetrada por Planeta DeAgostini -en siete volúmenes elegantemente facturados en cartoné- nos invita a seguir aplaudiendo uno de los cómics más influyentes de nuestra era. Uno de los cánticos a la imaginación más contundentes que se han creado nunca.

"Sueño", "Deseo", "Delirio", "Destrucción", "Desesperación", "Destino" y "Muerte", son los títulos de cada uno de los volúmenes que conforman esta nueva edición de The Sandman, pero también son los miembros de la familia de los Eternos, verdaderos protagonistas de la saga creada por Neil Gaiman junto a Mike Dringenberg y Sam Kieth. Pero junto a los Eternos encontraremos a Lucien, el bibliotecario del Reino de los Sueños; Mervin, el espantapájaros; el hada Nuala; Matthew, el cuervo; Cain y Abel; el Corintio; los demonios Choronzon y Azazel; Unity Kinkaid y su nieta Rose Walker; al señor Nimrod... todos ellos forman parte del complejo y extraño universo de The Sandman, del mismo modo que William Shakespeare, Calíope y Orfeo o César Augusto. Fantasía, mitología, historia y cultura. Son los pilares básicos sobre los que se construyó este monumento a la imaginación, en el que tienen cabida por igual personajes históricos y mitos, dioses y demonios, animales y objetos vivientes, ciudades del mundo y reinos del más allá. Hablar de "cosmogonía" es quedarse corto cuando nos referimos al imaginario ideado por Gaiman.

¿Y qué hace posible la perfecta conjunción de todos estos elementos? El hecho de que el Sandman de Neil Gaiman sea, en realidad, el Príncipe de los Sueños y su Reino el lugar en el que todo tiene cabida; pasado y presente, realidad y ficción. El mundo de los sueños es ese lienzo en blanco sobre el que pintar y construir lo que a uno se le antoje. Todos soñamos y no existen límites en la ensoñación. No existen límites en la mente de Neil Gaiman. Pueden soñar los gatos, pueden soñar los grandes artistas, pueden soñar los emperadores y reyes, pero también los ciudadanos de a pie, los mendigos... Y si bien es cierto que el protagonismo de la saga recae, evidentemente, en Sueño -probablemente el personaje más complejo y mejor perfilado por Gaiman de entre todas sus criaturas, el más frágil de todos ellos, el taciturno, el equánime, el insobornable...- no es siempre el protagonista verdadero de todas las historias de The Sandman, pues Gaiman sabe poner el acento en las miserias humanas y da más relevancia a lo mundano que a lo celestial, motivo por el cual el texto de esta obra es tan rico en matices y profundidades filosóficas, superando con creces las expectativas que el formato viñeta solía ofrecer históricamente.

Así, The Sandman entra en la categoría de obra magna del cómic, a la altura de Watchmen (1986-1987) o El regreso del caballero oscuro (1986), con la pequeña diferencia de que la obra de Gaiman se expande a lo largo de 75 números, por lo que supera en envergadura y complejidad a cualquiera de las grandes referencias oficiales de la novela gráfica contemporánea. Pero es que ha sido gracias a esta primorosa edición de la obra completa de The Sandman que hemos comprendido, de verdad, el origen de tanta excelencia, de la mano de los profusos textos e ilustraciones complementarias incluidas a lo largo de los distintos volúmenes. No sólo hemos aprendido la forma de trabajar de Gaiman gracias a los bosquejos de sus guiones, sino que a través de numerosas entrevistas hemos podido comprobar el enciclopédico conocimiento de este genio británico, que reconoce como primera fuente de inspiración tanto la ciencia-ficción de autores como Roger Zelazny o Samuel R. Delany como el estudio de múltiples leyendas mitológicas e históricas, que Gaiman gusta de desarrollar de forma intrínseca en sus historietas.

Evidentemente, siendo ésta una edición de las obras completas de The Sandman, junto a los ya clásicos números como "24 horas" (que siempre he pensado que haría las delicias de Quentin Tarantino), "Las mil y una noches" (el único cómic que ha ganado el prestigioso World Fantasy Award), "Ramadán" (con su preciosa ruptura de los cánones gráficos), la "Historia de dos ciudades" o la serie titulada "Las benévolas" (con la que se pone fin a la historia de Sueño, que en nuestra opinión es otro de los activos de esta saga: tiene un final claro y conciso), se nos aporta material adicional casi igual de inabarcable que la propia obra: sentidas introducciones de admiración por parte de artistas importantes como Stephen King o Harlan Ellison, memorabilias varias, y todos los textos y dibujos imaginables asociados al mito de Sandman, incluyendo las subyugantes portadas creadas por Dave Mckean.

Podríamos llegar a discutir que el dibujo de The Sandman, o incluso su estética, haya podido quedar un tanto trasnochado. El baile de dibujantes que ha acompañado siempre a esta saga no creo que haya aportado mucho valor a la misma. Ese Sueño. Espigado, pálido y huesudo. Gótico. Como sacado de un cuadro de El Greco o una portada de The Cure, quedaba mejor bajo la pluma de Malcolm Jones III que la de Kevin Nowlan, por poner un ejemplo. Pero mucho me temo que no es por el lado artístico por el que The Sandman se ha convertido en la obra seminal que es. Todo el crédito debe darse a esa mente privilegiada que es Neil Gaiman, probablemente uno de los grandes literatos de nuestro tiempo. Así que si estabas todavía buscando un regalo para estas Navidades con el que sorprender a alguien, no te lo pienses más. Busca esta edición de lujo. Te dolerá adquirirla, pero el retorno, será mayúsculo. Nadie debería dormir el sueño de los justos sin haber leído The Sandman.

26 diciembre 2011

Nostalgia de la aventura


Joe el bárbaro

Grant Morrison y Sean Murphy

Planeta DeAgostini, 2011

ISBN: 978-84-684-7547-9

208 páginas

16,95 €

Traducción de Bittor García



José Martínez Ros

Hace poco se estrenó en cines Super 8, una película que jugaba abiertamente en el campo de la nostalgia ochentera y la nostalgia hacia las películas realizadas en esa época para un público juvenil, cuentos de hadas más o menos sombríos que en la mayor parte de los casos estaban inspirados en el imaginario de ese gran hacedor de relatos fantásticos contemporáneos que es Steven Spielberg, y que, sin duda, tuvieron su papel en la educación sentimental de una generación. Me refiero a cintas como Los Goonies, Una pandilla alucinante, Dentro del laberinto, Regreso al futuro, El secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes), y muchas otras que todos recordamos (y probablemente añoramos), aunque en su composición había bastante de fórmula.

Solían incluir, en primer lugar, una cinefilia intensa (si quieren descubrir el origen de la actual generación 'friki', repasen esos títulos y atérrense), un protagonista infantil o, mejor aún, adolescente confuso y solitario, una familia moderadamente desestructurada (un divorcio por aquí, una viudez por allá, tal vez un ligero alcoholismo o una subsanable falta de recursos económicos), un pequeño cuadro costumbrista de una comunidad suburbana y, por supuesto, no olvidemos lo más importante: el elemento fantástico y/o extraterrestre que impacta contra la vida cotidiana del protagonista/protagonistas y convierte su vida rutinaria en una aventura con generosas dosis de épica que (muy a menudo) incluye un amigo -digamos- sobrenatural. Todo esto viene a cuento porque el afamado guionista escocés Grant Morrison parece haber tenido muy en cuenta esas referencias en su última obra llegada a España, Joe el bárbaro.

Morrison es autor de algunos de los cómic más impactantes y vanguardistas de las últimas décadas -echen un vistazo a El asco, recientemente reeditado en España para comprobarlo- y miembro destacado de la llamada “invasión británica” que precisamente en los ochenta cambió la faz del cómic norteamericano gracias una importación masiva de cultos guionistas de las Islas Británicas -que, por su parte, huían de la gris Inglaterra tacherista- y que produjeron unas cuantas obras maestras del arte secuencial (nombremos, por ejemplo, a Sandman, The Authority, Watchmen, Los invisibles, Hellblazer o Predicador), así que, en un primer momento, uno supone que sus inquietudes personales van por otro lado y que Joe el bárbaro es un producto meramente alimenticio.

Pero, por fortuna, nada más lejos de la realidad. Morrison nos relata con su convicción habitual la epopeya doméstica de Joe, un chico cuyo padre ha muerto en Irak, que padece diabetes y sufre cuando se encuentra en casa -con la única compañía de su mascota, un ratón, Jack- un ataque de hipoglucemia y su mente viaja a un universo paralelo donde sus miedos adolescentes y los traumas causados por la situación de su familia tomarán cuerpo para que se enfrente a ellos de una vez por todas. El cómic, a pesar de cumplir con todos los tópicos del género anteriormente citados, es excelente, y nos quedamos prendados de la ensoñadora experiencia de Joe, que también evoca al clásico de Michael Ende, La historia interminable, en más de un aspecto. Por último, hay que destacar el tremendo dibujo de Sean Murphy: Joe el bárbaro es uno de los cómics más bellos visualmente con los que me topado en mucho, muchísimo tiempo. Una pequeña joya.

14 octubre 2011

Joder el Status Q.


El asco

Grant Morrison y Chris Weston

Planeta de Agostini, 2011

ISBN: 978-84-684-0247-5

320 páginas

28,50 €

Traducción de Bittor García



José Martínez Ros

“¿PARA QUÉ SE USA EL ASCO? Este cómic se utiliza para tratar todo tipo de desórdenes, incluida la adicción a la pornografía por Internet, el insomnio, la pena, la crisis de los 40, la esquizofrenia, la ignorancia del samsara y la tristeza del siglo XXI, especialmente en pacientes cuya ansiedad milenaria y paranoia generalizada aún no ha respondido a los tratamientos normales…”


Precisamente el atrevimiento que echamos en falta en Pekar y compañía en The Beats lo tienen de sobra los autores de El asco (The Filth, en el original) el guionista escocés Grant Morrison, famoso precisamente por su tendencia a la narrativa no lineal, la hipertextualidad compulsiva, la metaficción y su interés por temas que no suelen aparecer en cómic corrientes, como son las drogas -absolutamente todas las drogas-, la reencarnación , las diversas teorías de la conspiración, las formas no convencionales de religiosidad, etc, etc (para más información el excelente documental Grant Morrison. Talking with Gods), y su equipo de dibujantes, encabezado por un genial y desatado Chris Weston. Una de las mayores influencias de Morrison es, sin duda, Burroughs (además de Thomas Pynchon, Philip K. Dick, Cronenberg o Alan Moore, con el que mantiene desde hace años una conflictiva relación de mutua admiración-odio), que se habría sentido encantado con esta obra, que tanto debe a su novela Nova Express.

Su bizarrísima trama nos presenta a un pobre desgraciado, adicto a la pornografía, pero fiel amante de los gatos, Greg Feely, quien descubre -tras una intensa sesión de sexo- que todo lo que sabe de sí mismo no es más que una parapersonalidad, un conjunto de datos falsos, y que en realidad pertenece a una organización policiaca interdimensional denominada La Mano ("Que tiene jurisdicción sobre todas las agencias terrenales. La Mano da y quita. La Mano golpea. La Mano emite. La Mano acaricia. La Mano invoca. Protegemos Status Q"), encargada de eliminar todas las amenazas que ponen en peligro la realidad. O como dice uno de los personajes: “nuestro trabajo es limpiar el culo del mundo”.

Entre los miembros de su sumamente desquiciado equipo destaca con luz propia Dimitri, el Camarada 9, un chimpancé comunista, empedernido fumador de marihuana y mejor asesino del mundo ("Soy el chimpancé que mató al primate alfa Kennedy"), el almirante Nixonnoxin, con su equipo de delfines malhablados o la oficial superior Suciedad Madre y tendrán que enfrentarse a diversas amenazas que incluyen un revolucionario que secuestra al presidente de Estados Unidos y le implanta pechos de silicona o un magnate del porno decidido a fecundar a todas las mujeres del planeta y otros variopintos personajes empeñados en acabar con el “Status Q”.

Señores y señoras, desconozco qué efectos tendrá en su psique la imaginación desenfrenada de Morrison y su policía surrealista. Si trastoca algún valor moral que creen fundamental o afecta a su noción de lo que es real o no, no me pidan explicaciones. En todo caso, la elección es suya: “Vamos, toma partido. Tú escoges. ¿En qué mundo quieres vivir? Pero recuerda… La Mano jamás olvida, La Mano jamás te suelta.”