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09 abril 2013

Dioses de papel


José Martínez Ros

Supergods. Héroes y mitos del cómic

Grant Morrison

Turner, 2013. Colección "Noema"

ISBN: 978-84-7506-786-5

510 páginas

29,90 €

Traducción de Miguel Ros



Si hay un autor legitimado para escribir este libro es, sin duda, el guionista escocés Grant Morrison, autor de varias obras maestras del cómic como All Star Superman, Animal Man o Batman: Arkham Asylum. El contenido de este ensayo se resume a la perfección en el subtítulo de la edición norteamericana: “qué es lo que los vigilantes enmascarados, los mutantes milagrosos y el dios solar de Smallville pueden enseñarnos acerca del ser humano”. 

Supergods es una peculiar mezcla de:


a) Una historia del cómic superheróico articulada en cuatro grandes fases: La Edad de Oro -la época de los pioneros, antes de la Segunda Guerra Mundial, con la creación de sus personajes iniciáticos, Superman, Batman, Wonder Woman-; La Edad de Plata, centrada en la revolución en el medio provocada por una nueva editorial, Marvel, capitaneada por los legendarios Jack Kirby y Stan Lee; La Edad Oscura, en los ochenta y noventa, en la que los talentos combinados de un joven guionista y dibujante norteamericano llamado Frank Miller (Daredevil Born Again, El regreso del Caballero Oscuro, Ronin, Sin City) y un puñado de increíblemente brillantes autores británicos reclutados por una DC en proceso de renovación, como Alan Moore (Watchmen, From Hell), Peter Milligan (Enigma, Blanco humano, X-Force), Garth Ennis (Predicador, Punisher Max), Mark Millar (The Ultimates, Kick Ass), Warren Ellis (Planetary) o Neil Gaiman (The Sandman) llevaron el género a su plenitud artística y, por paradójico que resulte, casi a su extinción, a base de inyectarle dosis masivas de realismo, complejidad, deconstrucción, violencia y sexo descarnados; y por último, El Renacimiento (la fase en la que, según Morrison, nos encontramos): cuando tras los traumáticos acontecimientos del 11-S y la Guerra contra el terrorismo, deseamos volver a creer en héroes que representen lo mejor y más valioso de nuestra especie, lo que somos y a lo que debemos aspirar. Esta historia del cómic se completa con detallados análisis de algunos hitos como fueron el número 1 de Action Comic (el origen de Superman), tratando de explicar la extrañeza que debieron sentir sus primeros lectores, Watchmen (en la que se percibe su relación de amor/odio con la fastuosa y milimétrica obra de Moore) o The Authority de Warren Ellis, que de acuerdo a Morrison significó un nuevo comienzo del género adaptado a las condiciones del siglo XXI. 


Y b) una extravagante autobiografía en la que Morrison nos relata su infancia en la que los cómics eran su principal refugio de una realidad bastante hostil, sus esfuerzos por abrirse camino en el mundillo y su temprano triunfo, que le llevó a una larga y alucinógena etapa de viajes por todo el mundo -con una experiencia mística en Katmandú, incluida, y una enfermedad casi mortal- y, por último, a su madurez artística en la que, finalmente, encuentra su fe definitiva en el género superheróico: "Las historias de superhéroes se destilan en los niveles supuestamente más bajos de nuestra cultura, pero contienen en su interior todos los sueños y miedos de generaciones enteras, en forma de intensas miniaturas. Creadas por unos trabajadores que a lo largo del tiempo han sido marginados, ridiculizados, explotados y convertidos en cabeza de turco, siempre logran ofrecer una línea directa con el subconsciente cultural y sus convulsiones. Nos dicen dónde hemos estado, qué temimos y qué deseamos, y hoy en día son más populares y están más generalizadas que nunca, pues siguen hablándonos de lo que de verdad queremos ser”. 

En ambas líneas, Morrison nos conduce por donde quiere gracias a una prosa febril, llena de ritmo, sobrecargada de imágenes e ideas. Uno de los libros del año, en resumen. Imprescindible para cualquier amante del noveno arte.



Saga. Capítulo Uno

Brian K. Vaughan y Fiona Staples

Planeta DeAgostini, 2012

ISBN: 978-84-684-7887-6

168 páginas

16,95 €

Traducción de Diego de los Santos



Saga se ha convertido en el nuevo gran éxito de Image, la editorial adalid del cómic independiente norteamericano, sobre todo desde que Robert Kirtman consiguiera un descomunal éxito con The Walking Dead. El guionista Brian K. Vaughan -curtido en obras de culto como Y, el último hombre y en series de televisión como Lost- y la magnífica dibujante Fiona Staples nos presentan una versión galáctica del inmortal mito shakesperiano de Romeo y Julieta, reconvertidos en Alana y Marko, representantes de dos razas alienígenas enfrentadas en una guerra que se desarrolla a lo largo y ancho del universo, y que además acaban de ser padres.

En este Capítulo Uno que recoge los primeros seis números publicados en Estados Unidos, conocemos a otro puñado de muy carismáticos personajes, la mayoría de ellos empeñados en frustrar la huida de la pareja en compañía de su retoño, pero que en ningún caso se pueden reducir a simples “villanos” arquetípicos. Todos ellos, incluyendo los protagonistas, están plenamente diferenciados y resultan seres imperfectos, llenos de aristas y claroscuros, ya sean una cazadora de fugitivos arácnida, un miembro de una casta nobiliaria con una televisión por cabeza o el fantasma de una niña destripada; y es casi imposible, al cerrar el tomo, no sentir el urgente deseo de saber más de sus andanzas. 


Entre las múltiples virtudes de este cómic hay que citar un muy inteligente uso del narrador, que le da un curioso aire de fábula intemporal, el ya citado, pero no por ello menos maravilloso trabajo gráfico de Staples y unos estupendos diálogos, tan naturalistas como empáticos, que terminan de encariñarnos con las creaciones de este par de grandes artistas. Si quieren disfrutar del siguiente gran hito del cómic independiente norteamericano, tras los muertos vivientes de Kirtman, aquí lo tienen.

26 diciembre 2011

Nostalgia de la aventura


Joe el bárbaro

Grant Morrison y Sean Murphy

Planeta DeAgostini, 2011

ISBN: 978-84-684-7547-9

208 páginas

16,95 €

Traducción de Bittor García



José Martínez Ros

Hace poco se estrenó en cines Super 8, una película que jugaba abiertamente en el campo de la nostalgia ochentera y la nostalgia hacia las películas realizadas en esa época para un público juvenil, cuentos de hadas más o menos sombríos que en la mayor parte de los casos estaban inspirados en el imaginario de ese gran hacedor de relatos fantásticos contemporáneos que es Steven Spielberg, y que, sin duda, tuvieron su papel en la educación sentimental de una generación. Me refiero a cintas como Los Goonies, Una pandilla alucinante, Dentro del laberinto, Regreso al futuro, El secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes), y muchas otras que todos recordamos (y probablemente añoramos), aunque en su composición había bastante de fórmula.

Solían incluir, en primer lugar, una cinefilia intensa (si quieren descubrir el origen de la actual generación 'friki', repasen esos títulos y atérrense), un protagonista infantil o, mejor aún, adolescente confuso y solitario, una familia moderadamente desestructurada (un divorcio por aquí, una viudez por allá, tal vez un ligero alcoholismo o una subsanable falta de recursos económicos), un pequeño cuadro costumbrista de una comunidad suburbana y, por supuesto, no olvidemos lo más importante: el elemento fantástico y/o extraterrestre que impacta contra la vida cotidiana del protagonista/protagonistas y convierte su vida rutinaria en una aventura con generosas dosis de épica que (muy a menudo) incluye un amigo -digamos- sobrenatural. Todo esto viene a cuento porque el afamado guionista escocés Grant Morrison parece haber tenido muy en cuenta esas referencias en su última obra llegada a España, Joe el bárbaro.

Morrison es autor de algunos de los cómic más impactantes y vanguardistas de las últimas décadas -echen un vistazo a El asco, recientemente reeditado en España para comprobarlo- y miembro destacado de la llamada “invasión británica” que precisamente en los ochenta cambió la faz del cómic norteamericano gracias una importación masiva de cultos guionistas de las Islas Británicas -que, por su parte, huían de la gris Inglaterra tacherista- y que produjeron unas cuantas obras maestras del arte secuencial (nombremos, por ejemplo, a Sandman, The Authority, Watchmen, Los invisibles, Hellblazer o Predicador), así que, en un primer momento, uno supone que sus inquietudes personales van por otro lado y que Joe el bárbaro es un producto meramente alimenticio.

Pero, por fortuna, nada más lejos de la realidad. Morrison nos relata con su convicción habitual la epopeya doméstica de Joe, un chico cuyo padre ha muerto en Irak, que padece diabetes y sufre cuando se encuentra en casa -con la única compañía de su mascota, un ratón, Jack- un ataque de hipoglucemia y su mente viaja a un universo paralelo donde sus miedos adolescentes y los traumas causados por la situación de su familia tomarán cuerpo para que se enfrente a ellos de una vez por todas. El cómic, a pesar de cumplir con todos los tópicos del género anteriormente citados, es excelente, y nos quedamos prendados de la ensoñadora experiencia de Joe, que también evoca al clásico de Michael Ende, La historia interminable, en más de un aspecto. Por último, hay que destacar el tremendo dibujo de Sean Murphy: Joe el bárbaro es uno de los cómics más bellos visualmente con los que me topado en mucho, muchísimo tiempo. Una pequeña joya.

14 octubre 2011

Joder el Status Q.


El asco

Grant Morrison y Chris Weston

Planeta de Agostini, 2011

ISBN: 978-84-684-0247-5

320 páginas

28,50 €

Traducción de Bittor García



José Martínez Ros

“¿PARA QUÉ SE USA EL ASCO? Este cómic se utiliza para tratar todo tipo de desórdenes, incluida la adicción a la pornografía por Internet, el insomnio, la pena, la crisis de los 40, la esquizofrenia, la ignorancia del samsara y la tristeza del siglo XXI, especialmente en pacientes cuya ansiedad milenaria y paranoia generalizada aún no ha respondido a los tratamientos normales…”


Precisamente el atrevimiento que echamos en falta en Pekar y compañía en The Beats lo tienen de sobra los autores de El asco (The Filth, en el original) el guionista escocés Grant Morrison, famoso precisamente por su tendencia a la narrativa no lineal, la hipertextualidad compulsiva, la metaficción y su interés por temas que no suelen aparecer en cómic corrientes, como son las drogas -absolutamente todas las drogas-, la reencarnación , las diversas teorías de la conspiración, las formas no convencionales de religiosidad, etc, etc (para más información el excelente documental Grant Morrison. Talking with Gods), y su equipo de dibujantes, encabezado por un genial y desatado Chris Weston. Una de las mayores influencias de Morrison es, sin duda, Burroughs (además de Thomas Pynchon, Philip K. Dick, Cronenberg o Alan Moore, con el que mantiene desde hace años una conflictiva relación de mutua admiración-odio), que se habría sentido encantado con esta obra, que tanto debe a su novela Nova Express.

Su bizarrísima trama nos presenta a un pobre desgraciado, adicto a la pornografía, pero fiel amante de los gatos, Greg Feely, quien descubre -tras una intensa sesión de sexo- que todo lo que sabe de sí mismo no es más que una parapersonalidad, un conjunto de datos falsos, y que en realidad pertenece a una organización policiaca interdimensional denominada La Mano ("Que tiene jurisdicción sobre todas las agencias terrenales. La Mano da y quita. La Mano golpea. La Mano emite. La Mano acaricia. La Mano invoca. Protegemos Status Q"), encargada de eliminar todas las amenazas que ponen en peligro la realidad. O como dice uno de los personajes: “nuestro trabajo es limpiar el culo del mundo”.

Entre los miembros de su sumamente desquiciado equipo destaca con luz propia Dimitri, el Camarada 9, un chimpancé comunista, empedernido fumador de marihuana y mejor asesino del mundo ("Soy el chimpancé que mató al primate alfa Kennedy"), el almirante Nixonnoxin, con su equipo de delfines malhablados o la oficial superior Suciedad Madre y tendrán que enfrentarse a diversas amenazas que incluyen un revolucionario que secuestra al presidente de Estados Unidos y le implanta pechos de silicona o un magnate del porno decidido a fecundar a todas las mujeres del planeta y otros variopintos personajes empeñados en acabar con el “Status Q”.

Señores y señoras, desconozco qué efectos tendrá en su psique la imaginación desenfrenada de Morrison y su policía surrealista. Si trastoca algún valor moral que creen fundamental o afecta a su noción de lo que es real o no, no me pidan explicaciones. En todo caso, la elección es suya: “Vamos, toma partido. Tú escoges. ¿En qué mundo quieres vivir? Pero recuerda… La Mano jamás olvida, La Mano jamás te suelta.”