15 diciembre 2009

El lector futuro de Maiakovski

Una bofetada al gusto del público

Vladimir Maiakovski

Mono Azul Editora, 2009.
ISBN: 978-84-934967-7-7

106 páginas.
14 euros.

Traducción de Ismael Filgueira Bunes y prólogo de Jabo H. Pizarroso.

Juan Carlos Sierra

Recuperar a los grandes de la literatura de todos los tiempos es siempre necesario y supone un trabajo digno de los mayores elogios, pero hacerlo de sus textos más extraños y, por lo tanto, menos comerciales es un riesgo que algunos editores asumen con valentía, porque se juegan no sólo su dinero, sino también su prestigio. Es por ello que hay que felicitar doblemente a Mono Azul por sacar Una bofetada al gusto del público ahora y hace unos meses Cómo hacer versos del poeta ruso Vladimir Maiakovski.
Una bofetada al gusto del público contiene dos conferencias: ‘Los obreros y los campesinos no os entienden’ y ’20 años de trabajo’, ésta última pronunciada solo unos días antes de que su autor pusiera fin a su vida de un balazo en el corazón el 14 de abril de 1930.
De entre la variedad de temáticas que cruzan ambos artículos, destaca sobre todo el juego malabar que lleva a cabo Maiakovski para justificar su poesía –y por consiguiente su vida- ante la Revolución. Frente a las afirmaciones de muchos compañeros de viaje literario y de los órganos culturales de la Rusia soviética de que Maiakovski podría estar desviándose de la vía revolucionaria ortodoxa, éste saca su arsenal argumentativo en la dos conferencias recogidas en este volumen para demostrar que su vida y su poesía, especialmente ésta última, no se han apartado ni un ápice de los postulados de la Revolución. Es más, el lector atento comprobará que se trata más bien de lo contrario.
La tesis de Maiakovski se puede resumir de la siguiente manera: si en mis días de futurista me rebelé contra el orden estético, social, político,… burgués, una vez subvertido este sistema gracias a la acción revolucionaria, el encaje de mi literatura –y de mi vida- será perfecto; sin embargo, me encuentro que los mismos errores que me hicieron rechazar la belleza burguesa se están reproduciendo en el sistema antagónico a éste. Conclusión: a pesar de mis esfuerzos auténticamente revolucionarios, aún no está la sociedad soviética suficientemente madura para la poesía que le ha de ser propia, puesto que arrastra los tics y prejuicios estéticos del orden contra el que se ha levantado. Toda una paradoja que, unida a otras de orden vital, lo atrajo hacia la muerte voluntaria en una calle de Moscú.
Independientemente de lecturas más o menos políticas y sociales, la tragedia estética de Maiakovski consiste en que su continua lucha por hablarle a un lector futuro desde sus años vanguardistas se ve frustrada justo cuando para él deberían coincidir presente y futuro.
Si esta tesis, a mi juicio central en Una bofetada al gusto del público, le parece algo trasnochada al lector de este casi recién estrenado siglo XXI que celebra este año el veinte aniversario de la caída del Muro de Berlín, piense este mismo lector que quizá muchos de los escritores que en su tiempo no encontraron un público receptivo son los mismos que veneramos en los manuales de historia de la literatura contemporáneos, como le sucede a Maiakovski.
Por otra parte, a pesar de las fechas y las circunstancias históricas en que se redactaron los artículos de Una bofetada al gusto del público, la actualidad de muchas de las opiniones vertidas por Maiakovski en el libro no dejan lugar a la susceptibilidad ideológica. Aún hoy nos planteamos la importancia de los clásicos, la utilidad de la poesía, el papel social del escritor, la estrategia más adecuada para que el no lector se acerque a la literatura –¿por obligación o por seducción?-,… Y todos estos son algunos de los asuntos que plantea Maiakovski en sus charlas de las primeras décadas del siglo pasado. Y aún no hemos desvelado las soluciones a estas preguntas.
Así, pues, un libro necesario, si no para encontrar las respuestas a algunos de los planteamientos más conflictivos de la literatura, sí para seguir buscándolas, pero a la luz de uno de los poetas más lúcidos de todos los tiempos.

14 diciembre 2009

El fútbol, esa poesía muerta

A ras de “yerba”
Montero Glez
Debolsillo, 2009.
ISBN: 978-84-8450-264-7
192 páginas
8,95 €

Daniel Ruiz García

La relación entre la literatura y el balompié es antigua, aunque no es hasta hace un par de décadas cuando esta relación empieza a cobrar cuerpo más o menos teórico y académico, convirtiéndose en un maridaje serio avalado por numerosas antologías, artículos especializados y análisis en los suplementos literarios. Como toda disciplina, la literatura-que-habla-de-fútbol también tiene sus paradigmas, y el paradigma de la literatura balompédica apela a una época mítica habitada por jugadores con vocación de gladiadores con un punto bárbaro, balones fabricados a mano con cuero curtido y terrenos de juego que eran auténticos barrizales sobre los que se perpetraban verdaderas luchas encarnizadas. El aliento bélico está muy presente en ese pasado mítico, asperjado de grandes encuentros que se han elevado a la categoría de hazañas, gestas heroicas que han convertido a los futbolistas en soldados valerosos a los que es obligado guardar memoria. Frente a este tótem, hay que situar el reflejo degradado del fútbol actual, dominado por la mediocridad impuesta por los ritmos mercantiles y mercadotécnicos. La era de las Sociedades Anónimas del fútbol, donde nada, ni siquiera el Real Madrid, es ya lo que era.

De este paradigma parten todos los artículos que el escritor Montero Glez ha recopilado en su libro A ras de “yerba”. Apuntes futboleros. Se trata de una reunión de más de 50 artículos periodísticos que el autor de novelas como Cuando la noche obliga o Manteca Colorá ha publicado desde 2005 en ABC y, sobre todo, en la revista Mediapunta. Que Montero Glez es un escritor con una gran fuerza expresiva ya lo sabíamos, merced al tono que impregna todas sus novelas, una suerte de puchero altamente nutritivo y estimulante cocinado a base de Valle-Inclán, Paco Umbral, Céline o Hemingway, por nombrar sólo algunos de sus ingredientes reconocibles. Con sus artículos balompédicos descubro además que es un articulista de fuste, que sabe construir piezas con fuerte músculo, con gran vitalidad expresiva y donde juegan un papel fundamental, como en toda su obra, las metáforas chocantes y plásticas, siempre tendentes a lo deforme o lo excesivo. Un estilo que, desde luego, parece especialmente adecuado para hablar de una cosa tan peculiar como el fútbol, mucho más que una práctica deportiva, más bien un escaparate antropológico de dimensiones descomunales.

Leyendo todos los artículos, uno logra hacerse con una idea general sobre los gustos de Montero Glez en materia futbolística, y también en muchos otros ámbitos. Sabemos que es Raulista; que le costaría poco hacerse de la religión maradoniana; sabemos que para él hay tanta o mucha más poesía en el juego de Zidane que, por ejemplo, en un poema de Keats; sabemos que el fútbol que a él le ha tocado vivir no es, en todo caso, más que un reflejo desvaído del fútbol que se practicaba en otro tiempo, en aquella época mítica que ahora es un florido panteón. Pelé, Di Stéfano, Cruiff, Maradona, todos esos son los santos que hoy constituyen el paradigma de sus artículos balompédicos, y frente a los que toda comparación resulta al cabo odiosa. Cualquier tiempo pasado fue mejor, vienen a decir los artículos, la poesía del fútbol está muerta, pero en todo caso hay que seguir atentos. En cualquier momento puede volver la magia, alguien puede desenterrar la poesía.

11 diciembre 2009

Nada sobrenatural

Los que rugen

Care Santos

Páginas de espuma, 2009

ISBN: 978-84-8393-042-7

168 páginas

15 euros





Carolina León


De esta mujer, que no es ni mucho menos recién llegada, se pueden esperar de entrada sensaciones de intensidad literaria. Si se trata del relato breve, género en el que se estrenó y atesora varios volúmenes, incluso podemos empezar a salivar antes de probar bocado, imaginando lo que a continuación va a venir.

Pues, aficionados al cuento en general y a los cuentos de delicada composición y filigrana, atención al regreso de Care Santos a la narrativa breve. En “Los que rugen”, hay ficciones de sólida formación, recorridas por seres fantasmales, espectros, personas que fueron o personas que ya no van a ser, y también algunos vivos. Unos llegan para perturbar a los otros, los otros se pliegan a las olas de sus ausencias, y los que narran bien pueden estar en uno u otro lado, pero siempre rezumando una sensibilidad extraña hacia los "fenómenos". Sin embargo... si algunas de estas piezas entrara a formar parte de una antología de literatura fantástica, no sería ni exacto ni justo.

La forma en que Santos inserta un mundo con otro hace que se diluyan las fronteras y una cosa deje de estar separada de la otra. No hay muertos ni vivos, hay seres dolidos por la pérdida y obligados al olvido, expuestos a la soledad y al extrañamiento del mundo. A ratos, los fantasmas de estos cuentos son muy corpóreos y, por momentos, los personajes “de carne y hueso” se desvanecen y se comportan como sombras.

El resultado, al haber recorrido todas las historias, es una agradable sensación de coherencia, de ausencia de tópicos, de naturalidad viva y fresca que hace de la fantasía lo más real posible en este universo literario. Porque nada habría más inexacto y desastroso, en 2009, que rellenar páginas con historias de “fantasmas” como si nada hubiese cambiado desde el siglo XIX: ahí está Care Santos con una actualización bien urdida y la pose, nada fingida, de que esta realidad sin ese otro lado, sin las zonas no comprensibles o aprehensibles por el intelecto, no sería esta realidad.

Hay fantasmas que no se reconocen como tales (“Por las noches aullamos”), la presencia inquietante de la más fría soledad (“Círculo Polar Ártico”), los problemas que nos crean aquellos a los que ignoramos o despreciamos (“Orden alfabético”), el lastre de la más sencilla falta de decisión (“Seis botellas, o tres, de Gran Reserva”), lo desconocido que se instala en lo familiar (“Promoción de otoño”) o ajustes de cuentas que se guardan con mucho celo (“Marcar un gol”). Para estos fantasmas y sus sufrientes manifestaciones, hay “comienzos que pueden parecer extraños”, están “preocupados por la dificultad del final” o, inadvertidos, entienden que “no se podía estar más equivocado”.

Ser fantasma y escribir ficción son cosas muy parecidas, parece querer decirnos la autora. Al cabo, requiere de entender y descifrar millones de diminutas encrucijadas en cada nueva frase, en cada sintagma.

Estos cuentos de apariencia sencilla y tema “sobrenatural” no lo son en absoluto (ni lo uno ni lo otro). Y, al cabo, la autora nos está contando más secretos sobre el propio acto de metamorfosear la realidad en historias que sobre los fantasmas de quienes, para ser honestos, poco sabemos nosotros.

10 diciembre 2009

Buen tiro

Breve biografía apócrifa de Walt Disney

José María Cumbreño

Algaida, 2009
ISBN: 978-84-9877-283-8
40 páginas
7,69 €

Daniel Ruiz García

El libro que traemos a esta reseña, XIII Premio de Poesía “Alegría” y editado por Algaida, podría servir perfectamente como punto de partida para un ensayo sobre la Postpoesía o la Afterpoesía o la Poesía Mutante o cualquiera de esas modernas denominaciones que en estos tiempos le andan colgando a las creaciones de la joven novelística, la joven narrativa y la joven poesía española, y que básicamente tiene como aspecto supuestamente diferencial la supuesta ruptura con los cánones clásicos a través de una voluntad de amalgama, de un deseo de hibridación y de mezcla y absorción de lenguajes que no son propios de la literatura. En su libro premiado, que en realidad un poema extenso, José María Cumbreño esparce todos los elementos que permiten reconocer e identificar lo que es una obra postpoética, pero va un paso más allá –y aquí es donde podría plantearse la tesis de un ensayo-, logrando una creación que es un ejemplo perfecto de que la postpoética, o la poesía mutante, o el afterpop, cuando se asume como un medio y no como un fin en sí mismo, puede dar como resultado no sólo producciones logradas sino incluso –tal es el caso- brillantes.

Me explico. En Breve biografía apócrifa de Walt Disney, José María Cumbreño (autor joven pero bastante curtido en lides poéticas y creativas, con premios a sus espaldas tan sonoros como el de Narrativa Breve Generación del 27 o el Premio de Poesía Ciudad de Badajoz y con una docena de libros publicados) recurre a recursos de gran brillo y audacia con un inconfundible regusto postmoderno. Está, por ejemplo, el uso de las notas al pie como herramienta retórico-poética, sin más función que la de servir de añadido o de contrapunto del propio poema, ejerciendo por tanto como extensión del poema más allá de los límites de la propia página. Está el empleo de lenguajes técnicos o de ámbitos tan diversos como el científico, el periodístico, el coloquial o incluso el específico de las guías de cuidados para bebés. Hay una nota al pie que es (me atrevo a jurarlo) la simple trascripción literal de una hoja de reclamación aeroportuaria. Está la mentalidad de concebir el poema como una superposición de imágenes y de lenguajes, a modo de collage, con apariciones de la voz poética que no se imponen sobre otras apariciones, desde un planteamiento nada adoctrinador, sino más bien desde una visión humilde del poeta como mostrador de realidades. Pero por debajo de estos mimbres tan eclécticos subyace una clara voluntad poética que confiere al conjunto una linealidad, un tono marcadamente personal dominado por la ironía y por la ternura, que es lo que conduce a pensar que Cumbreño es un poeta hábil, uno de esos creadores inteligentes que saben encontrar el fondo por encima del deslumbramiento de las formas, para trasladarnos un mensaje, que en mi caso interpreto como el del valor de la paternidad, el amor a la esposa y a los hijos, por encima de las turbulencias y las agitaciones de la vida cotidiana y de los ritmos de la sociedad capitalista. Hay, entiendo, un viaje en avión, una visita a Eurodisney, el soniquete y las imágenes de cartón piedra de las películas y los personajes de Disney. Debajo de este escenario, que late transversalmente a lo largo de todo el poema, está el poeta que reinterpreta la realidad, desde una conciencia caótica y postmoderna, conduciéndonos hasta el cariño, hasta la ternura del padre que soporta estoicamente la invasión de los iconos del capitalismo impuesto –Disney Corporation, McDonalds, Starbucks...- y que disfruta del cariño de lo que más quiere en el mundo, sus hijos, su familia. Cumbreño es un poeta brillante en las composiciones sencillas. Y hay unas cuantas en este poema dedicadas a su hija: “Miro los ojos de Irene,/ que verán cuando los míos ya no vean/ y los suyos no puedan mirarme”. “Con una mano sostengo la suya/ (todavía no anda sola);/ con la otra cubro/ el pico de la mesa./ Ocupando la distancia/ entre el riesgo y la herida”. “La mano de Irene cabe en la mía./ Y los dos, juntos, dentro de este verso”. El logro es que estas composiciones sencillas, que son micropoemas insertos dentro del poema (poemas dentro de poemas, la dinámica de las matriuschkas, algo también muy postmoderno), es que no chirrían para nada dentro del tapiz general. En ello juega un importante papel, desde luego, la ironía, que también está muy presente a lo largo de toda la composición. Otro elemento personalísimo que distancia a Cumbreño de la tradición postpoética es la conciencia social, que se deja sentir a través de guiños hacia la población inmigrante trabajadora, hacia la guerrilla armada del Subcomandante Marcos o hacia las condiciones humanitarias de los prisioneros de Abu Grhaib. Todo mediante el recurso del collage, del corta y pega, que aquí se parece más bien a los samplers musicales que tanto peso tienen en artistas como Manu Chao, Beck o Dela Soul. Hay para mí dos momentos del poema que sintetizan de forma bastante gráfica su propio espíritu y su intencionalidad: “Ulises ya no pretende regresar a Ítaca:/ se conforma con encontrar a Nemo”, dice el primero. Una muestra de la perspectiva irónica desde la que Cumbreño asume su condición de poeta que pretende cantar al amor en medio de un contexto dominado por iconos abominables y altamente invasivos. La feliz derrota, la derrota distanciada e irónica es la única alternativa. Llegando al final del poema, Cumbreño sostiene, como su receta particular de felicidad: “Me encanta ver películas malas/contigo./Happy Meal”.

Un libro-poema, en definitiva, muy recomendable, y muy interesante para saber por dónde van los tiros de la poesía actual, y por dónde, en medio de tantos fuegos artificiales y tanto petardo ensordecedor, sería deseable que continuaran transitando las balas.

09 diciembre 2009

El yo arrasado por las cosas

La presencia de las cosas

Pablo Sastre

Hiru Argitaletxea, 2008.

ISBN 9788496584204

... pàginas.

18 euros.

Trad. de Javier Rodríguez Hidalgo.

Jabo H Pizarroso

En medio de este puente de la Constitución reformable, donde faltan las luces navideñas, y los guantes popfrik en los árboles, ¡qué pena!, (los ayuntamientos se están apretando el cinturón), me he bebido literalmente el pequeño y fundamental libro de Pablo Sastre. El mundo tal y como lo conocíamos o al menos lo hemos vivido, está afrontando cambios drásticos y radicales. La Edad Moderna, la época de la Ilustración y el culto al progreso, y sobre todo el sistema capitalista acumulativo cuyo axioma principal ya no es tanto la santidad del mercado, como ese precepto innegociable de “crecer”, y “crecer” y sobre todo consumir/destruir, parece que llega a su fin o toca fondo, no sabemos si para salir reforzado o para abrir nuevos caminos en un bosque lleno de gnomos y elfos, perdón, golfos.

Pablo Sastre ha escrito un ensayo sobre las cosas pequeñas, sobre los objetos que nos han acompañado desde siempre y que han modelado nuestra relación con el mundo. La silla, una puerta, la casa, el pan, un arcón, son todos objetos que han convivido siempre con nosotros y han revelado el sentir de diferentes épocas y sobre todo el devenir de algunos tiempos. La presencia de las cosas es un ensayo de una humildad congénita. Parte de reflexiones absolutamente limpias que se preguntan cosas que poca gente se pregunta. ¿Por qué existe una silla?, ¿Cuando un químico crea un nuevo producto de limpieza es el ansia de conocimiento lo que le ha movido a esa fastuosa creación?, ¿Acaso la mayoría de nuestras máquinas y cosas no provienen de la guerra (o el robo)?, ¿Desde cuando utilizamos alfombras en Europa?, ¿Qué diferencia existe entre la época en la que los hombres y las mujeres convivían en un mundo igualitario y de marcadas singularidades entre ellos y ésta época de sexos que no de hombres y mujeres que comienza casi con la revolución industrial del XIX y somete a la mujer y la enclaustra en las tareas de casa, nada rentables y nada pagadas según el código de rentabilidad? ¿El ritmo y la velocidad del progreso tecnológico tienen algo que ver con nuestro ritmo humano y nuestro tempus de vida? ¿No va todo demasiado deprisa?

En 1990 en España nos hicimos con los primeros móviles, ahora no sabemos vivir sin ellos, comenzamos a familiarizarnos con los ordenadores personales, que nadie sabía para que servían, y nos encariñamos y conocimos el windows 95 cuando ya se vendía el Milenium y saltamos al XP, ¡qué maravilla!, instalados de nuevo en un software que controlábamos cuando llegó el Vista y lo despreciamos. Y ¿para que vale todo esto?, ¿En qué sentido humaniza todo esto a alguien? ¿Hasta que punto nos hemos convertidos en esclavos dependientes de máquinas complejas que no sabemos ni arreglar? ¿Cada cuento tiempo es necesario que esto se renueve para seguir bebiendo el brebaje del esclavo ilusionado con el aparatito nuevo?.,¿Qué utilidad, al fin y al cabo, tiene todo esto?

"Las mercancías conservan en su interior una moral que no acepta quien no las compra. Todo me condiciona para que tenga un televisor. Todos lo tienen. Forma parte de nuestro tiempo. La moral de nuestro tiempo ordena que lo poseamos. ¿Por qué yo no? ¿Qué soy, un "listo", un cavernícola, uno que pasa de todo?...Sospechoso, cuando menos. Hay ciertas cosas a las que tenemos que adherirnos como sea, pues sin ellas ni siquiera seríamos: son los mínimos que nos unen a nuestro tiempo, y necesitamos, aunque no lo queramos, echar mano de ellas, si es que queremos nuestra de todos modos intranquila posición."

He creído siempre y mucho más en estos momentos, en la necesidad de libros, panfletos, momentos escriturales en los que el pensamiento se remanse y la reflexión venga de donde venga y nos aporte o nos de por lo menos muletas para afrontar la crisis salvaje y el cambio histórico tan descomunal en el que estamos metidos. De una manera silenciosa y a modo de inventario, Pablo Sastre nos sitúa en la trastienda de las cosas, en las causas principales que devienen en cosas, en la necesidad de no perder la funcionalidad de las cosas que nos rodean, y en la necesidad de aligerar de cosas el yo para que el yo viva y no se destruya.

Consumir es destruir, este es otro de los axiomas principales que estudia Pablo Sastre. Este libro nos regala fórmulas y sobre todo reflexión a la luz de los objetos y su devenir antropológico y social. Lo nuevo y lo viejo, esa dicotomía estruendosa se ha convertido en un paradigma, un filtro aplicado a todo. Los objetos se fabrican cada vez más para ser devorados rápidamente y volver a fabricar otros nuevos que desarrollen este concepto de huída hacia adelante, este consumir sin sentir, vivimos bajo el paradigma del crecimiento que si se detiene amenaza con destruir el mundo. Uno de los lemas principales de nuestra época y del “desarrollo” no es otro que el ideal Gillete. Un día, cuando viajaba de ciudad en ciudad vendiendo tapones de botella, Gillete conoció a su inventor William Painter. Mientras charlaban, Painter le refirió a Gillete que inventara algo que pudiera usarse, tirarse, y que hubiera que comprarlo otra vez, es decir, algo perfecto para un vendedor. El 1901 Gillete presentó su invento: La máquinilla de afeitar.

Pero puede que sea tan grande el miedo y pavor creado y generado.para ejemplo tenemos la fabricación del miedo en torno a la gripe A para vender fármacos, que nadie esté dispuesto a detener el tren de las cosas, o por lo menos a comprobar qué ocurre si ese tren se para en la vía y no avanza más. Lo que late tras el libro de Sastre es una reflexión aguda sobre el hombre frente, contra y bajo la máquina. Hastiados o aburridos de las cosas necesarias nos nutrimos de las cosas innecesarias para que el capitalismo/sociedad siga creciendo y "nosotros crezcamos con él", esa es la ilusión de fondo. Esa es la patraña principal de todo esto. Compra y tira porque es tan necesario comprar como tirar y destruir para volver a comprar. Con el ludismo,se perdió la batalla principal en los inicios de la revolución industrial. Hoy he leído en prensa que los dirigentes del mundo reunidos en Copenhage para frenar el cambio climático preparan otra nueva revolución industrial.

En este momento histórico hay que dejarse de zarandajas y leer en condiciones libros como el de Pablo Sastre. Si determinada prensa se llena de mentiras y miedos para incentivar el consumo porque asi lo mandan el capital y el ilusionismo decadente, los libros abren certezas, formulan preguntas vivientes y humanizadoras, y sobre todo dejan espacio a la reflexión de cada cual, que es lo que venimos necesitando como el agua. Estamos pasando con calma y aún con miedo, de los mundos de yupi al mundo real, de la novela histórica y el ensayo épicos, a la inmersión de la narración y los non fiction books en las aguas tranquilas de la realidad y sus causas, única fórmula para detener el imparable avance del yo hacia su avisada destrucción en forma de unos y ceros y cosas innecesarias.