16 noviembre 2009

Del amor y sus matices

Del amor, del olvido

Darío Jaramillo Agudelo

Pre-textos. 2009.
ISBN: 978-84-8191-972-1

96 páginas.
10 euros.


Juan Carlos Sierra

Si se hiciera una encuesta al común de los mortales, de los que, por cierto, dicen las encuestas que apenas un diez por ciento lee poesía, una amplísima mayoría concluiría que los versos suelen poner sobre el papel las disquisiciones del amor, sus penas y glorias, pero especialmente las primeras, y en primera persona. Es decir, en el imaginario colectivo aún funciona, aunque casi nadie pueda corroborarlo por experiencia propia, el sustrato ideológico romántico acerca de la identificación de la poesía con la expresión de los sentimientos del poeta–especialmente amorosos- en una especie de arrebato místico atribuido a la visita de las musas.
Y hay quien incluso, recordando probablemente sus días de estudiante, esgrime a Gustavo Adolfo Bécquer –toda una autoridad y todo un clásico- como garante de esta idea. Evidentemente, la realidad del género ahora y siempre dista mucho de esta percepción, casi prejuicio –y olvidan asimismo que Bécquer dijo cosas como que “cuando siento no escribo”-. Sin embargo, esto no quiere decir que no sea y haya sido el amor una de las preocupaciones líricas más productivas, fecundas y socorridas para los poetas –buenos, malos y regulares-.
Como muestra de esto último fijaremos nuestra atención sobre el libro Del amor, del olvido del colombiano Darío Jaramillo Agudelo –un buen poeta-. Pero, lejos del frenesí amoroso romántico y sus excesos, esta antología de la poesía amorosa de Jaramillo trata al amor desde perspectivas muy actuales y, lo más interesante, desde una óptica variada, caleidoscópica, que intenta alejar a este tópico literario de los peligrosos tópicos que lo han encorsetado desde la tradición romántica.
En este sentido, la primera parte del libro, titulada sencillamente ‘Poemas de amor’, no es precisamente la más novedosa, salvo por algún que otro poema como ‘Primero está la soledad…’, que más allá de considerarse un poema amoroso al uso trata de explicar al lector un hecho básico de la condición humana, que viene claramente contenido en el título. Es a partir de la segunda sección de la antología de Darío Jaramillo Agudelo -‘Amores imposibles’-, cuando los poemas saltan del papel para agarrar el corazón del lector alumbrando zonas de sombra de las que pocas veces se nos ha hablado con tanta claridad y acierto.
En estos ‘Amores imposibles’ el poeta colombiano acierta a proponer y desarrollar una teoría sobre ellos que paradójicamente los convierte en los más auténticos, en los más puros, en los más ‘románticos’. Y, como en el poema antes citado, la lectura desemboca en parajes más o menos alejados del amor y muy cercanos a otras inquietudes más existenciales. Así cierra Jaramillo esta sección: “Los amores imposibles/ -es tan evidente que siempre lo olvido-/ son partes de ese mundo imposible/ que es mi mundo verdadero”.
El desamor también tiene su hueco en los versos de Darío Jaramillo Agudelo en forma de olvido. Pero no se trata de un olvido punzante, sino más bien higiénico, radical, liberador. Un auténtico destierro de la memoria del amor, “como si nunca fuese”. Esa memoria se reserva en el siguiente apartado del libro -‘Apariciones’- para los momentos dichosos de un amor que ya no es ni está, pero también para el recuerdo de las amistades antiguas. Este es el antídoto, parece afirmar Jaramillo, para hacer más respirable el presente.
Finalmente, las dos últimas partes de Del amor, del olvido cierran este círculo sinuoso en el tiempo con el presente y el futuro. En ‘Encuentros’, salvo los dos primeros poemas que tratan de la ausencia y su nostalgia, el resto gravita alrededor de la pasión, de lo carnal, de lo más real y físico del amor conjugado en presente continuo. Y los dos poemas o versiones de la sección que cierra esta antología ‘Some present moments of the future’ abordan uno de los matices más originales por poco frecuentes cuando los poetas se ponen a escribir sobre el amor: la espera hasta el encuentro, el presente ansioso e interminable del futuro perfecto, es decir, del encuentro con la persona amada.
En definitiva, un recorrido de ida y vuelta por los rincones del amor que dejará satisfechos a amantes, a lectores y a lectores amantes de poesía.

5 comentarios:

Marieta dijo...

He de reconocer que no pertenezco al diez por ciento que lee poesía, pero gracias a tus críticas, cada día somos más los que nos animamos a buscar algunos de los libros que reseñas.Gracias.

Alejandro Luque dijo...

Anotada la recomendación. Jaramillo es, además, un prosista digno de ser tenido en cuenta, con un humor muy fino. Habrá que probarlo como poeta, ¿no?

Juan Carlos Sierra dijo...

Gran prosista, sí. En Pre-textos le he leído también en par de novelas que son muy recomendables.
Otra cosa, Alejandro, y ya que estamos por Colombia. ¡Pedazo de libro el de Juan Manuel Roca! ¿Era este el poeta del me hablaste? Si no, échale un ojo porque a mí me está dejando perplejo. Me lo pido.
Un abrazo.

Alejandro Luque dijo...

Sí, es el tipo del que te hablé: un poetazo. Y si de Colombia quieres dar el salto a México, el último de José Emilio Pacheco está de madres. ¡Qué buena cosecha poética este año!

Antonio dijo...

Y para mí, qué fructífero diálogo el vuestro.