28 diciembre 2009

Tardes vacías. Horas lentas

Villa Triste

Patrick Modiano

Anagrama, 2009
ISBN. 9788433975157

191 páginas

15 euros

Traducido por María Teresa Gallego Urrutia


Rafael Suárez Plácido

Estos días leo con placer y con curiosidad Sin tiempo que perder (Alberdania), última entrega de los diarios de Miguel Sánchez Ostiz. No tengo que esperar demasiado para encontrar la primera referencia a Modiano: “Repasando imágenes de Généalogies d’un crime, de Raoul Ruiz, en las que aparece Patrick Modiano haciendo de sí mismo,…” Al final de la entrada leo: “Y a propósito de esa estampa de Modiano. Morand decía que los jóvenes como Modiano tenían pinta de alelados.” No es la imagen que tengo yo del escritor francés, aunque sí podía ser la de algunos de sus personajes. Pienso inmediatamente en Victor Chmara, el narrador de Villa Triste, la última novela que ha sacado Anagrama en su maravillosa labor de recuperación de la obra de Modiano.
Nadie escribe tan bien sobre Modiano, ni lo introduce tanto en su propia vida, como Sánchez Ostiz. Recuerdo Correo de otra parte, donde ya habla de “los hoteles (…) cerrados en las novelas de Patrick Modiano” o de esos inviernos en algunas ciudades de veraneo donde “pueden adivinarse otras vidas, legendarias y novelescas, y sobre todo sombrías, y paseantes que caminan de ningún sitio a ninguna parte: el ambiente de ciertas novelas de Modiano (Villa Triste, sobre todo).”
Con apenas treinta años y tras cuatro novelas de éxito, aparece en 1979, en Francia, Villa Triste. Ya se ha escrito que la obra del francés transcurre entre el deseo de tratar de comprender el siglo XX y el deseo, no menos complicado, de tratar de explicarse a sí mismo. Aquí cuenta la historia de un joven de apenas veinte años, que anda algo perdido y que desea ser escritor: Victor Chmara reside temporalmente en una ciudad de la Alta Saboya, a donde llega huyendo del París policial de los primeros años sesenta: “Yo tenía miedo, todavía más miedo que ahora.” Eran los años de la guerra de Argelia, o “esa que se llamaba de Argelia”. Allí conoce a una chica, de la que inmediatamente se enamora e inician una relación, y a un amigo de ésta, hombre misterioso que también pasará a formar parte de su vida. Toda la novela es el intento de conocerlos, de comprenderlos, de saber más de ellos. Y todo esto a la peculiar manera de Modiano: datos, nombres (ya conocemos el interés de Modiano por los nombres), indagar hasta llegar a conocer el más mínimo detalle. Porque para Modiano a las personas se las conoce por los detalles. Todo es importante.

Desde el principio trata el narrador de reconstruir aquella historia, que ocurrió quince años antes. Y lo hace como si fuera un monólogo dirigido a otra persona: el lector, a quien a veces interpela, como buscando su complicidad o su aceptación.

La chica se llama Yvonne. Al principio el narrador no recuerda su apellido, aunque sí recuerda muchos otros de personajes muy secundarios, pero en la página 75 lo recuerda: “Doctor R. C. Meinthe y la señorita Yvonne Jacquet (acabo de acordarme de su apellido).” Se van a vivir juntos a uno de esos hoteles de lujo a los que hacía referencia Sánchez Ostiz. A partir de ahí comienzan esas “Horas vacías. Tardes lentas.” Pero ni siquiera así llegan a conocerse demasiado. Hay dos motivos: el silencio y el engaño. Victor le habla de sí mismo como del conde Chmara, para el que inventa una biografía que le impresione; ella calla y sonríe. “¿Quién le mentía a quién?”

Es curioso, porque leyendo a Modiano he podido reconocer rasgos suyos en algunos personajes masculinos, pero me resultan más nítidos en los personajes femeninos. Muchos de sus personajes femeninos son uno, y los datos se repiten más en estos: el tío Roland con un taller de automóviles, o ese cine, el Splendid, cercano a la casa de la madre, que aparecen en algunas novelas, también aquí. El padre de Yvonne, ya fallecido, se llamaba Albert, como el de Modiano. Y la propia Yvonne sueña con ser actriz, como la madre del escritor. Pienso que conoce a chicas e imagina sus biografías y las elabora a su medida. ¿Puede ser que Modiano entre en la vida de su madre, con el nombre de Yvonne? Es muy posible.
Villa Triste, que podría servir para nombrar el pueblo donde viven, es el nombre de la casa de René Meinthe, el amigo de Yvonne, el tercer protagonista de la novela. Las casas y los pisos de las novelas de Modiano dan siempre la sensación de ser viviendas de paso. A mí siempre me han parecido tristes: sin demasiados muebles; a veces con libros, pero normalmente sin ellos. Dice el narrador: “Sin embargo, de entrada me pareció que el adjetivo “triste” no le iba bien. Y, al final, acabé por entender que Meinthe había acertado si notamos en la forma en que suena la palabra “triste” un algo dulce y cristalino. Tras cruzar el umbral de la villa lo embargaba a uno una melancolía límpida. Entrabas en una zona de sosiego y de silencio.” Yo diría de sosiego, de silencio y de mentira. Pero son mentiras que nos atrapan, silencios que no nos incomodan. Al contrario: las novelas de Modiano se hacen imprescindibles.