31 diciembre 2009

Filosofía a la hora del té verde

Conversaciones en Tánger

Joaquín Mayordomo

Tres Culturas, 2009
Pág.: 232
Precio: 10 €
ISBN: 978-84-937041-1-7




Ilya U. Topper

El problema de algunos libros es que su portada promete demasiado. O tal vez el problema sea mío por imaginarme demasiado: reconozco que tengo una fantasía algo desbocada. Pero cuando veo un título como “Conversaciones en Tánger” no puedo evitar pensar que debo leer este libro porque tendrá que ver con Marruecos.
Y eso es sólo en parte cierto en el caso del libro de Joaquín Mayordomo. Aquí hay ocho entrevistas (la novena, la de Lourdes Ortiz, es un largo perfil pespunteado por algunas declaraciones de ella) que el periodista salmantino hizo a seis pensadores españoles ―Fernando Rodríguez Lafuente, Pedro Molina Temboury, Juan Goytisolo, José Luis Pardo, Ruth Toledano y Javier Sádaba― y dos marroquíes ―Mustafa Akalay Nasser y Nadia Naïr―. Se trata de la lista de conferenciantes invitados por el Foro Observación Tánger Tarifa (FOTT) en 2006 y 2007 a mesas de debate en el Instituto Cervantes y el colegio Severo Ochoa en Tánger.
Tanto Akalay como Naïr ofrecen una visión interesante de Marruecos de la que hay mucho que aprender: ambos pertenecen a esta vanguardia intelectual marroquí, urbana, liberal, laica y crítica, que lucha desde dentro a favor del progreso social y sobre todo mental de su país. A ellos se les une, desde su incuestionable experiencia, el escritor Juan Goytisolo, residente en Marrakech.
Pero ahí se acaba la cosa para quien busca contenido referido a Marruecos. En las otros cinco entrevistas, el periodista intenta conducir la conversación reiteradamente hacia el país magrebí, y especialmente hacia los derechos de la mujer y la polémica del velo, pero sus interlocutores tienen la franqueza de admitir que ignoran todo sobre esta sociedad y, aparte de reflexionar sobre los conceptos de inmigración e integración, se limitan a hablar de lo que saben: Kant, Wittgenstein, Michel Houellebecq, Euskadi, Argentina o los Legionarios de Cristo. Exceptuando a Ruth Toledano, que se marca un encendido alegato feminista sobre la universalidad de ciertos valores humanos, como la igualdad de mujeres y hombres, más allá de todo pretendido “respeto hacia otras culturas” (apunten un aplauso por parte de quien suscribe esta reseña), cercano a las opiniones que defiende en su reciente libro Amin Maalouf y cerrando filas con Fadela Amara.
En resumen: si usted quiere conocer la opinión de algunos de los más destacados filósofos españoles sobre la sociedad en la que vivimos, tiene seis entrevistas interesantes. Si quiere saber algo sobre Marruecos, tiene tres (la de Goytisolo, joya de la corona del libro, juega en ambas ligas). Pero no me puedo quitar la sensación de que el conjunto es algo irregular. Qué no habría dado por un libro que, junto a las de Akalay y Naïr, me ofreciera entrevistas con otros exponentes de la vanguardia marroquí: Soumaya Naamane-Guessous, Mohamed M’jid, Abdelatif Laâbi, Khadija Rouissi, Abraham Serfaty, Lotfi Akalay, Najat Ikhich, Amina Bouayache, Khadija Ryadi...
Me descubro criticando a Joaquín Mayordomo por un libro que no ha escrito, o por no escribir un determinado libro, y reconozco que ésto no es el cometido de una reseña. Máxime cuando la selección de los entrevistados no le ha correspondido a él sino al FOTT (cuyo objetivo era, a todas luces, dar a conocer en Marruecos a los pensadores españoles). Y esta selección sí tiene coherencia: todos los entrevistados (y el propio periodista) se mueven en un espacio cercano a los conceptos y posturas éticas que algunos políticos han bautizado con el desafortunado nombre de ‘Alianza de Civilizaciones’.
¿El estilo (porque también en las obras periodísticas hay estilo, no sólo contenido)? Mayordomo nos ofrece aparentemente las transcripciones originales de las entrevistas realizadas, recortadas, se entiende, pero preservando frases a medias, reiteraciones, divagaciones. Usted escuchará prácticamente hablar en directo al filósofo en cuestión. El espacio disponible en un libro lo permite, frente a las limitaciones de la prensa impresa, donde la tiranía de la maqueta obliga a recordar ese adagio periodístico según el que una entrevista es una obra literaria inspirada en una conversación.