
Alison Bechdel
Reservoir Books, 2012
ISBN: 978-84-397-2605-0
304 páginas
19,90 €
Traducción de Rocío de la Maya
Rafael Suárez Plácido
Lo que más sorprende y atrapa es la sinceridad. Ya al principio del libro, la protagonista de la historia, que se supone que está en pleno proceso de escritura del propio libro, se dice desesperada: “No se puede vivir y escribir al mismo tiempo.” Y ahí se resume una buena parte de las dificultades del proceso de creación, y no sólo de creación sino de vida, del autor contemporáneo. “No se puede vivir y escribir al mismo tiempo”, porque uno ha de ser vivir con la losa de haber opinado o fijado una opinión o, simplemente, contado su versión de los hechos de una historia, y más si se trata de su historia. He tomado de José Luis Piquero, uno de los pocos poetas contemporáneos que conozco, el verso que he usado para titular esta reseña. También aclarar que he utilizado el adjetivo “contemporáneo” al usar la terminología de Agamben, que a su vez toma de Nietzsche, que dice que “sólo lo intempestivo es actual” (o contemporáneo). Efectivamente, para cualquier creador contemporáneo, la presencia en el mundo que va a reflejar en sus obras es más un problema a solucionar, que una facilidad. El caso es que la mayoría de los autores que publican sus libros actualmente no son, en ese sentido al menos, contemporáneos y se sitúan al margen de la historia. Ser un autor contemporáneo exige un precio muy alto. No todos los autores o artistas están dispuestos a asumirlo. Alison Bechdel sí que lo hace. Ya lo hizo en su aclamado libro anterior, Fun Home: una familia tragicómica (Reservoir Books, 2008) y vuelve a hacerlo de nuevo, aun más si cabe, con este ¿Eres mi madre?, que se acaba de publicar en esta misma casa editorial.
Lo que más sorprende y atrapa es la sinceridad. Ya al principio del libro, la protagonista de la historia, que se supone que está en pleno proceso de escritura del propio libro, se dice desesperada: “No se puede vivir y escribir al mismo tiempo.” Y ahí se resume una buena parte de las dificultades del proceso de creación, y no sólo de creación sino de vida, del autor contemporáneo. “No se puede vivir y escribir al mismo tiempo”, porque uno ha de ser vivir con la losa de haber opinado o fijado una opinión o, simplemente, contado su versión de los hechos de una historia, y más si se trata de su historia. He tomado de José Luis Piquero, uno de los pocos poetas contemporáneos que conozco, el verso que he usado para titular esta reseña. También aclarar que he utilizado el adjetivo “contemporáneo” al usar la terminología de Agamben, que a su vez toma de Nietzsche, que dice que “sólo lo intempestivo es actual” (o contemporáneo). Efectivamente, para cualquier creador contemporáneo, la presencia en el mundo que va a reflejar en sus obras es más un problema a solucionar, que una facilidad. El caso es que la mayoría de los autores que publican sus libros actualmente no son, en ese sentido al menos, contemporáneos y se sitúan al margen de la historia. Ser un autor contemporáneo exige un precio muy alto. No todos los autores o artistas están dispuestos a asumirlo. Alison Bechdel sí que lo hace. Ya lo hizo en su aclamado libro anterior, Fun Home: una familia tragicómica (Reservoir Books, 2008) y vuelve a hacerlo de nuevo, aun más si cabe, con este ¿Eres mi madre?, que se acaba de publicar en esta misma casa editorial.
La apuesta editorial era
arriesgada. El subgénero gay-lésbico aún no ha tenido demasiados éxitos en el
cómic en nuestro país. No hay un personaje “normal” en nuestro universo
cultural, que sea gay o, muchísimo menos, lesbiana. Obviando el nombre pionero
de Robert Crumb y las “poco atractivas” aportaciones de algunos autores
pornográficos, no hay demasiadas referencias en nuestro 'mainstream' cultural (series,
películas, cómic, música, novelas cuyos protagonistas o autores sean gays o
lesbianas que militen como tales: artistas o personajes con esa tendencia sí
los hay, claro), lo que en Estados Unidos es muy diferente. Pero es que lo más
interesante de estas dos obras que nos han llegado hasta el momento de Alison
Bechdel es que la inclinación sexual de sus personajes no es más que un
elemento anecdótico, un rasgo más de unas biografías poco ortodoxas que, a
veces, toma cierto protagonismo, aunque nunca es lo esencial. Lo cierto es que Fun Home lleva ya publicadas
varias ediciones en nuestro país y ha obtenido un considerable éxito crítico
que ha transcendido del universo del cómic, para entrar en ese otro mundo a
veces tan impermeable que es el literario. Y también es cierto que la
expectación que ha generado este ¿Eres
mi madre?, no se conocía, excepto quizás en las obras de Art
Spiegelman.
La novela gráfica está viviendo
un periodo de casi esplendor en nuestro país. Los nombres pioneros quizás sean
Will Eisner, Osamu Tezuka, Guido Crepax, y Art Spiegelman. A partir de ahí cada
año aparecen autores nuevos (Craig Thompson, Daniel Clowes, Frederick Peeters,
David Lapham, Jiro Taniguchi, Joe Sacco) cuyos libros logran una cierta
repercusión. Alison Bechdel viene a unirse a este grupo con estos dos libros.
Si Fun Home, era el
retrato de una familia y, especialmente, de la figura del peculiar padre de la
autora, aquí el foco va centrándose en la relación entre ella misma y su madre.
Algunos de los recursos que destacaban en el primer libro (dibujos muy cuidados
a dos tintas, con máxima atención a los detalles, textos interpolados de
autores clásicos que leían el padre y la niña, constante presencia de la voz en 'off' en primera persona de la narradora, alternancia pasado-presente en la
historia, exposición explícita de todos los detalles necesarios y más rasgos
que conseguían que el lector se sintiera como un habitante más de esa clase
media, con gusto artístico y cultural, de una Norte América casi actual) se
repiten en este segundo, con una importante presencia onírica, cada capítulo se
inicia con un sueño, en homenaje a esa importante disciplina del Psicoanálisis
que es la interpretación de los sueños.
Todo es más fácil o mejor, más
gratificante, para el lector que coincida en su gusto o lecturas con los
autores que se citan en este libro: Virginia Woolf, la que más, sin duda una
pista a seguir a la hora de tratar de entender la estructura del libro, por su
narrativa y sus diarios. Todo el libro se estructura en torno a la
bipolarización que se da entre la propia autora y su madre, que prácticamente
no coinciden en nada, más que en el cariño -amor sería más exacto- que se
tienen. La hija es lectora de Virginia Wolf y la madre de Silvia Plath, por
ejemplo. La hija es lesbiana; la madre se ha casado –con hombres- varias veces.
La hija dibuja una tira cómica con protagonistas lesbianas; la madre es, además
de madre, profesora, reseñista de libros y actriz. La hija lleva una vida
sexual promiscua, aunque casi siempre tiene pareja y esa promiscuidad no está
permitida ni por ella misma ni por su pareja; la madre es siempre fiel a su
pareja del momento. La hija lleva más de veinte años tratándose con
psicoanalistas; la madre hace cada día el crucigrama del New York Times de papel, y
así podríamos seguir la interminable lista de matices que las separan. Pero me
quedo con que esas psicoanalistas que trataban a la hija han sido algunas de
las pocas personas que la han entendido de veras en su vida (es imposible no
adorar a Jocelyn, la figura de la madre que nunca ha tenido). Y esta necesidad
creada le ha llevado a estudiar con interés a algunos de los principales
autores de este tipo de pensamiento, para llegar a comprenderse así mejor a sí
misma y a su madre: y, claro, junto a Freud, aparece el nombre a través del
cual discurre toda la obra: Donald Winnicott.
Winnicott es un psiconalista
inglés, el creador de la teoría de los objetos transicionales. Fue un personaje
bastante excéntrico que también tuvo cierta relación con el grupo de Woolf,
aunque estos no se llegaran a conocer personalmente. Estas casualidades o
pequeñas e inexplicables coincidencias son muy del gusto de la autora para
explicar por qué trae un personaje a escena. No lo hace, como pudiera parecer,
por falta de cohesión o necesidad de estructurar el libro. No sería necesario.
Más bien tiene que ver con una cierta teoría de los vasos comunicantes, según
la cual todo lo que se nos viene a la cabeza o lo que nos ocurre tiene una
explicación y algún motivo. Cuando no lo encontramos es porque, simplemente, no
lo hemos buscado lo suficiente. Las obras de Alison Bechdel tienen una
estructura aparentemente caótica pero, realmente, muy cerrada que atrapa al
lector. Hay muchos modos de llegar a cualquiera de sus libros, pero lo que es
más difícil es salir de ese universo misterioso que nos atrapa: el de las
relaciones con nuestro entorno más próximo. Dice Bechdel que este libro le ha
costado más que el primero. Lo dice porque la otra figura retratada es su
madre, la persona más importante de su vida, que aún está viva y a la que
admira, aunque no recuerda que en su familia se dijera nunca “te quiero”.
También la presión de haber alcanzado con Fun
Home tanto éxito le mantuvo paralizada durante un tiempo. Deseaba
hacer otra obra que mantuviese la altura de la primera. Acérquense a cualquiera
de las dos. Es, como toda la buena literatura, una manera impagable de conocer
más a los que nos rodean, de conocernos más a nosotros mismos.
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