30 julio 2013

Retrato de familia

La liebre con ojos de ámbar. Una herencia oculta

Edmund de Waal

Acantilado, 2012

ISBN: 978-84-15277-71-2

366 páginas

26 €

Traducción de Marcelo Cohen


Rafael Suárez Plácido

En muy poco tiempo este es el segundo libro que me interesa mucho y que ha sido traducido por Marcelo Cohen. Es llamativo porque apenas conozco nada del autor argentino. Los dos libros, el anterior fue Ciudad abierta, de Teju Cole, han sido editados por Acantilado. Quizás haya que buscar ahí la razón de esta coincidencia. El anterior era una novela que a veces se podía entender como un ensayo sobre el cosmopolitismo o la interculturalidad; en este se nos cuenta un caso práctico del asentamiento de una familia de banqueros judíos, procedente de Odessa, en la Europa más elitista de finales del siglo XIX y principios del XX: se trata de una historia contada como si fuera una novela.

Todo comienza en los pasados noventa, cuando el joven Edmund de Waal recibe una beca del gobierno japonés para perfeccionar sus estudios, es artesano, en Tokio. Cualquier historia que comience en Tokio me interesa. Entonces empecé a leer con avidez. Allí conoce a su tío Ignace que le enseña la joya de su colección de arte: la colección familiar de doscientos sesenta y cuatro 'netsukes', que han ido heredando en la familia desde hace más de un siglo, y que posteriormente, cuando fallezca el tío Ignace, heredará el propio Edmund, dueño actual de la colección. ¿Qué es un 'netsuke'? Son esculturas pequeñas, del tamaño algo mayor que un botón occidental, realizadas en alguna madera noble o en marfil, con las que los japoneses se cerraban el obi o algunas bolsas que usaban a modo de carteras. Algunos 'netsukes' pueden ser valiosísimos. Desde luego estos de la colección De Waal lo son. Hay maestros escultores de 'netsukes'. Se usaron a partir del siglo XVII en Japón, y se pusieron de moda en Europa en el siglo XIX, cuando Japón se abrió al resto del mundo y los salones más refinados de París y Viena se llenaron de "japonerías".

Pero, claro, la familia de Edmund de Waal no era una familia normal. Se trata, ni más ni menos que de los Ephrussi, los fundadores y dueños de la banca Ephrussi, una de las tres o cuarto entidades financieras más importantes en la segunda mitad del siglo XIX y, hasta la llegada de Hitler al poder, durante la primera mitad del siglo XX. Sólo así se concibe que Charles Ephrussi reuniera esta fantástica colección de más de doscientas figuritas de diferentes maderas, patrimonio cultural de un país que se distingue, precisamente, porque sabe valorar sus tradiciones. Este Charles Ephrussi fue amigo y mecenas de algunos de los artistas más celebrados del París de su tiempo. En su colección personal tuvo cuadros de Renoir, a quien sin embargo disgustaban los judíos, de Monet, de Degas, de Moreau, de Watteau. Aparece, como un personaje habitual, en los libros de Proust —camuflado en los salones de Odette— o en los diarios de Edmond Goncourt; fue amigo de poetas.  En fin, todo un personaje en el París de su tiempo. De Waal se preocupa por mostrar que su importancia no era sólo por su capacidad económica. De hecho, el propio autor traza cuatro historias en este libro: una historia de la familia, en la que se interesa por casi todos los personajes, sus motivaciones y sus intereses; una historia del arte europeo, que está vinculada a la de la propia familia, que no sólo son lectores ávidos y coleccionistas, sino incluso escritores y participan de forma activa en la elaboración de catálogos y publicaciones; una historia, sin más, de Europa: París, Viena, intervalos en Odessa, Inglaterra, las dos guerras mundiales con el intervalo del periodo de entreguerras y, finalmente, la devastación que supuso el auge del nazismo. La cuarta historia que encontramos en este libro es la de esa colección de 'netsukes'. La liebre con ojos de ámbar del título se refiera a uno de ellos.

¿Es una novela? No, pero podría leerse como si lo fuera. Lo que ocurre es que todo lo que cuenta Edmund de Waal ha ocurrido, para bien o para mal. Es la constatación de que lo que está más alto puede caer, en cualquier momento, y de que de la nada se puede construir todo un imperio que controle la economía de países y, casi del mundo. Los personajes, prácticamente todos, son tratados con el cariño que muestra quien desciende de ellos. No sólo los familiares sino, muy especialmente, los criados y todo el personal de servicio. Edmund de Waal ha rastreado en la literatura y prensa de la época los rastros que podían llevarle a entender no sólo aspectos relevantes de la economía y política del momento, que le interesaban obviamente. Pero lo más interesante es el acercarse con los ojos bien abiertos y el cerebro bien amueblado a los autores que tuvieron alguna relación con su familia. Además de los ya citados, habría que mencionar a Musil y a Rilke. El principal orgullo que exhibe De Waal no es el poder que llegaron a alcanzar sus ancestros, sino el buen gusto a la hora de valorar todo la belleza del mundo. Yo antes ni sabía qué eran los 'netsukes'. Había leído la palabra en algunos libros de autores japoneses, pero no tenía idea de la trascendencia que podían tener esos objetos. Ahora veo 'netsukes' por todas partes. Igual que antes no sabía que existiera Edmund de Waal y ahora estoy pendiente de cualquier referencia nueva que aparezca sobre él.