23 febrero 2010

Escribir el desamor

Itziar Mínguez Arnáiz

Cara o cruz

Editorial Huacanamo, 2009

ISBN: 978-84-9360-934-4

52 páginas

10 euros


Juan Carlos Sierra


Creo que es Alejandro Luque a quien le he escuchado alguna vez que cuando se encuentra en estado de dicha no ‘pierde el tiempo’ en escribir, sino que intenta disfrutarlo, vivirlo. Y algo de cierto tiene que haber en esta afirmación, porque, como en muchas canciones, se suele cantar más lo que se pierde que lo que se gana, las derrotas que los triunfos, quizá por una especie de rémora de nuestra educación y tradición judeocristiana en la que pesa como una losa el sentimiento de culpa y, por consiguiente, quien manifiesta sus instantes felices cae en el mayor de los pecados, la inmodestia.
O puede suceder que no sea esta la razón de fondo de la mayoría de los versos tristes que nos cruzamos en los poemas que leemos, sino más bien la capacidad que tiene la literatura –y la escritura en general- para ordenar el caos de la vida, cuando se tiene conciencia de él; y, puestos a lanzar hipótesis, quizá en ningún otro momento se siente más el desorden del mundo que cuando se desintegran los vínculos creados por el amor. Por el contrario, cuando el espíritu respira sin dificultades, todo encaja armónicamente como un puzzle sideral.
Digo todo esto porque Cara o cruz, el último libro de Itziar Mínguez Arnáiz, parece corroborar –especialmente en la segunda y tercera parte del poemario- esta tesis, puesto que su leit motiv no es otro que lo que viene después de la ruptura, del desamor, es decir, el desmoronamiento del ser amante para volver a reconstruirse. La primera, titulada ‘Cara’, aunque relata en un largo poema narrativo llamado ‘Rutinas’ los instantes en que las cosas iban bien para la pareja protagonista, tampoco se puede afirmar que se interese especialmente por los estados más dichosos –orgásmicos, eufóricos, plenos,…- de la relación que se acaba en las páginas siguientes.
En este sentido, el libro parece apoyar la tesis que planteaba Juan Bonilla en unos versos afortunados de su libro El belvedere: “Tarde o temprano a la rutina se le cae la t/ y los días se llenan de escombros de deseo/…”. La rutina no es sinónimo de aburrimiento acomodaticio, sino más bien de construcción sólida del amor. Cuando se le cae la t, lo que viene después son materiales de derribo que hay que tratar poéticamente para explicar, reordenar y reedificar a los amantes rotos.
Esto es en concreto lo que sucede en los apartados de la tristeza –‘Cruz’ y ‘Cara o cruz’-. En ellos se observa además una estructuración consciente por parte de la autora que lleva al lector de lo concreto a lo abstracto, del reparto de lo material –‘TV’, ‘CDs’, ‘libros’, ‘ropa’, ‘fotos’- a la división con decimales de lo inmaterial –‘balance’, ‘inventario de derrotas’, ‘buenas intenciones’, ‘planta baja’-.
Y todo esto lo traza Itziar Mínguez con un lenguaje poético limpio, directo, versolibrista, prosaico –en el mejor sentido lírico de la palabra-, que atrapa al lector para no soltarlo hasta el verso final.

1 comentario:

Anonimous dijo...

A día de hoy, cautivo y desarmado, si el libro cumple lo que la crónica advierte, me lo inyectaré en vena...palabra por palabra.