26 febrero 2010

La culpa de todo la tiene Yoko Ono



Aire Nuestro

Manuel Vilas

Alfaguara, 2009

ISBN: 978-84-204-2199-5

272 páginas

18 €



Daniel Ruiz García

Vamos a ponernos un poco frívolos. Nos situamos en que el hecho nocillero es el resultado de la eclosión creativa de un grupo de artistas con unas sensibilidades éticas y estéticas compartidas. Un poner: como la gente de Der Blaue Reiter en Munich, allá por 1910, o, más cercano y literario, como la Generación española del 27. Un grupo rompedor, con bastante espíritu iconoclasta (ejem), dispuesto a trastocar nociones creativas y conceptuales que ellos consideran absolutamente trilladas y desfasadas (ejem otra vez), y que nos han conducido a una situación de cansancio estético donde ya no cabe la novedad.



Esa generación tiene todos los aliños necesarios para operar como cualquier generación que se precie. Se reúnen en mesas redondas a las que se invitan a ellos mismos, lanzan proclamas incendiarias que por supuesto defienden invariablemente la muerte del padre, tienen su correspondiente ideólogo (Eloy Fernández Porta), su crítico de altos vuelos (Vicente Luis Mora), su obra cumbre aglutinante (Nocilla Dream, Agustín Fernández Mallo). Después llega el momento que le llega a toda generación: el instante de apearse, la repetición cansina, el tópico, demasiadas obras para una bolsa con tan poco fondo. El mainstream editorial que hinca el tenedor, buscando negocio donde hay ruido (Quosque tandem abutere Alfaguara patientia nostra?). Y claro, inevitablemente, la obra manierista, la que marca el punto definitivo de inflexión, de desinflamiento, de emborronamiento de las formas, de epitafio. La obra extraña, esa que suele cerrar todas las generaciones, y que en este caso recae sobre el libro que nos ocupa. Aire Nuestro, Manuel Vilas.

Pongámonos un poco serios ahora. La historia más extendida sobre el modo en que John Lennon y Yoko Ono se conocieron, y la más alimentada por la maledicencia de los numerosos biógrafos de este tándem, apunta a una implacable seducción por parte de la asiática. Aprovechando la visita del músico a una exposición montada por Ono, la japonesa jugó al desconcierto con Lennon. En cuanto lo vio aparecer por la sala, y sin conocerlo de nada, a Ono se le ocurrió depositarle como quien no quiere la cosa una notita en la mano. La nota sólo decía: “Respira”. A partir de ese momento, Ono empezó a camelarse a Lennon a base de notitas desconcertantes durante toda la velada. Así, cada cuarto de hora la artista le dejaba caer una nueva nota, a cuál más desconcertante. “Piensa”. “Sueña”. “Mira la luz”. Cosas así. Ya sabemos cómo terminó esa historia. Give Pace a Chance, encamamientos infinitos en el Dakota y todo lo que se cuenta y mucho más que no se puede contar.


Lennon, que seguía conservando su rudo espíritu de teddy boy, nunca fue demasiado lumbreras. Hacía poco tiempo que había proclamado sentirse más famoso que Jesucristo, y poco después se dedicó a cagarse en su padre a base de primal screams. Es por eso que el rollo de las postalitas de Yoko Ono le pareció lo más sofisticado del mundo, la cosa más sugerente con la que se había topado. Se sintió obnubilado por el brillo del momento. Se deslumbró porque probablemente no sabía que Ono era más bien una artista mediocre, desde luego nada innovadora, ya que todos esos happenings y performances y environments y demás ferralla postmoderna tenían ya, sólo que de otra forma y con otro estilo, más de medio siglo.

El libro de Manuel Vilas, Aire Nuestro, me ha recordado a aquel célebre cerco de Ono a John Lennon. Porque es indudable que estamos ante un libro seductor. No hay más que ver el ruido mediático que ha generado, la cantidad de adhesiones que circulan por la red, los respaldos tan altisonantes y ruidosos que ha concitado por todos los sitios. Y no me cabe duda de que es un libro distinto. Pero sorprendentemente, para mi propia desazón, después de terminar el libro (¿novela?, ¿cuentos?, ¿poemas en prosa?), me quedo con una extraña sensación. Una sensación antipática. Definitivamente, pienso, no he entendido el chiste.

Vale. Comprendo todo eso de profundizar en el propio sentido de la metáfora. La idea de que la metáfora se construye sobre imágenes convencionalmente asumidas y reconocibles por todos, y de que es posible cambiar la estructura de la metáfora sustituyendo los modelos de referencia por nuevos modelos absolutamente distintos, y provocando así extrañeza, conceptos distintos, novedad. Pero no creo que esto sea nuevo. Porque es un principio que ya estaba en Breton y en los surrealistas. En cuanto a la idea de redefinir la biografía de los iconos, poniendo, no sé, a Elvis ejerciendo de terrorista fantasma, o a Luis Cernuda reencarnado, en fin, son detalles de un chiste a los que no encuentro la gracia. Como tampoco se la veo a poner a circular a personajes del papel couché como Paulina Rubio o Carla Bruni, o al Príncipe Felipe, o a Aznar y González, o al propio autor multiplicado con otros nombres, o cambiado de sexo y llamándose Manuela Vilas. Tampoco le veo el sentido a meter fotos que no dicen nada al texto, y resultan absolutamente gratuitas. Por encima de todo, hay algo que me incomoda bastante: el soporte de toda la estructura de tramas, esa especie de televisión del futuro donde la programación funciona a la manera de capítulos.

Reconozco que la primera notita, un primer capítulo en el que Johnny Cash viaja por España acompañado por Mariscal, me resultó bastante interesante, incluso vibrante, muy rítmico. De ahí me quedo con un aspecto que es a mi juicio lo más salvable del libro. La capacidad de Vilas para construir, en determinados momentos, imágenes y situaciones de gran potencia poética. No he leído su poesía, pero estoy convencido de que debe ser un fabuloso poeta (un inciso: creo que es algo que le ocurre también a otros nocilleros: funcionan mejor como poetas que como prosistas). También le reconozco un estilo bastante ágil, una forma de narrar muy americana, que no se detiene en lo accesorio y favorece una lectura rápida. Lástima que, una vez superada la sorpresa de la primera nota, el resto resulta, por lo general, bastante tedioso. Construir un texto tan libre tiene esas servidumbres: acaba siendo tan libre que se libera hasta del propio lector. No existe pacto entre lector y texto, porque el texto va por otro lado. Acaba resultando tan libre que igual podría incorporar, qué se yo, un prospecto de un paliativo de lombrices, o la tabla periódica, o el inventario del suministro doméstico mensual de Carrefour.

Como lector, Aire Nuestro es un libro que me incomoda, y que incluso me enfurece. Los mimbres de partida, si perdonamos la extravagancia del planteamiento general, me parecen buenos. Los referentes más serios de Vilas me resultan muy estimulantes. Johnny Cash, Elvis, Sergio Leone, Superman, podrían haber dado mucho juego. Sin embargo el resultado me parece absolutamente deforme, estéril, sin pie ni cabeza. Pura casquería icónica, un desguace en el que no logro encontrar ninguna pieza de utilidad.

Yoko Ono embelesó a Lennon. Con eso de las notas se lo llevó al huerto, cuando lo cierto es que Lennon tuvo ocasión de bailar con las más macizas y pudo haberse quedado con la Reina de la Fiesta. Si bien es verdad que después acabó pidiéndole a la japonesa un tiempo de reflexión y de distancia, que aprovechó muy oportunamente con su asistente personal, May Pang (por cierto: qué obsesión por lo asiático). Probablemente, Lennon llegó a sentirse asfixiado por tanta intensidad. A lo mejor es que, después de todo, detrás de aquellos papelitos y todo el tinglado de pirotecnia conceptual que propugnaba Ono no había mucho más.

Por último, un ruego para Vilas. Por favor, en la próxima, mete una foto de éste. Así por lo menos, aunque no me entere del chiste, seguro que me río.

6 comentarios:

Fran G. Matute dijo...

Por fin! Esperaba este texto como agua de mayo y no me ha defraudado... Estoy totalmente de acuerdo, como se puede comprobar aquí:

http://mypoorrheumaticback.blogspot.com/2009/12/aire-vuestro.html

Rafael Suárez Plácido dijo...

Daniel, te comento algunas cosas:
1. Vilas es uno de los mejores poetas de la generación: "Cielo", "Resurrección" y "Calor" son poemarios muy buenos. Calor es brutalmente bueno.
2. "España", la novela anterior es la otra cara de "Calor": innovadora, agresiva y poética. Ya jugaba con algunos de estos elementos de "Aire nuestro". Y lo hacía bien. Era un torrente pero bien dirigido y todo tenía sentido.
3. Llega "Aire nuestro". El capítulo, yo lo llamaría más bien relato, sobre Johny Cash me hacía esperar lo mejor del libro. Pero inexplicablemente el torrente se desbordó. "Carta al hijo" es también buenísimo. Hay algunos textos más que están muy bien. Pero, lo siento mucho, el resto del libro a mí también me ha decepcionado. Algunas risas, eso sí. Pero nada más.
4. Me encanta el éxito de Vilas. Lo merece. Son muchos años haciendo de lo mejor que he leído. Pero "Aire nuestro" no.
5. No he leído ninguna crítica que ponga en duda el libro. Pero no me fío de los que las han hecho.
6. Espero que vuelva a ser Vilas y se aleje de los llamados "nocilleros". Sé lo que vale. Y también sé lo que ellos valen: nada.
7. Creo que tu crítica es la primera real que le han hecho. No sé cómo lo tomarán. Pero deberían valorarlo.
Un saludo, Daniel.

Lalo dijo...

No he leído aún este libro, por lo que no puedo opinar. Eso sí, se agradece que la crítica sea tal, quiero decir, desentrañe o exprese la opinión del crítico con argumentos, pq, no sé por qué, últimamente, y siempre para --digamos-- este grupo de autores, las críticas están trufadas de un "amiguismo" desmoralizador, que hablan de lo divino y lo humano, pero dejan el análisis huérfano.

Como apuntaban más arriba, Vilas es un grandísimo poeta. Calor y Resurreción, como cimas de su obra.

España me gustó mucho. Aparte de original, encontré a un escritor con pulso, dinamismo y frescura. De hecho, creo que de este grupo de escritores, es el mejor(o el que más me gusta)

Habrá que esperar a que el libro quede libre en la Biblio para hincarle el diente

En otro orden de cosas, Vicente Luis Mora, en una entrada en su blog, declaraba que "rompía" con el grupo nocillero o mutante; precisamente, si no recuerdo mal, por lo mismo q se le tilda aquí: ser el crítico "oficial" del grupo

Saludos

RW dijo...

Hola, no soy amiga de Vilas, pero me reconozco lectora incondicional del autor. Mi crítica es humilde porque así es como hago las lecturas. Leí primero sus poemarios, detecté en ellos y pese a todas las críticas leídas, un denominador común:la tristeza y ciertos esbozos de realidad dentro de esa aparente locura.Cada uno de sus libros, bien de poemas, bien de prosa poética, bien de narración pospoética, me remitían necesariamente al anterior, de modo que entre todos formaban un círculo, en el centro, el autor, siempre el autor, contando mucho, contando todo, descargando gigas de memoria, vaciando un espacio para llenar otro(esto no se va a entender), y al séptimo día descansó y decidió empezar a vivir, qué bien, muy bien, mejor así porque ahora será capaz de escribir cualquier cosa o no, pero de una cosa estoy segura, pese a lo que dice, juraría que tiene más paz.Finalmente me deshice de su obra, lo regalé todo a unos desconocidos, incluso Aire Nuestro que además iba firmada por el propio Vilas, hasta aquí llegaba mi admiración.Te puedo regalar Zeta, total y una vez puestos, mejor más ligera que ya pesaba demasiado.El viernes, si puedo que creo que sí, iré a escucharle a la biblioteca Jaume Fuster, es fascinante recorrer la trayectoria de un poeta como él, porque estoy convencida de que Vilas, en el fondo es una gran hombre, el mejor de los hombres.Repito, no soy amiga de él ni le conozco absolutamente de nada.

Anonimous dijo...

Al menos el libro en cuestión ha servido para leer una buena crítica, bien certera puesto que golpea en el centro del asunto.

A mi con esta generación de nocilleros, me ocurre lo mismo que con la propia nocilla: que mancha el cuerpo por dentro cuando la consumes pero no alimenta como un bistec.

Cuanto infame suelto.

Adolfo Poncela dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con lo que se dice en esta nota. Con la crítica al libro, y con la iluminadora introducción.
La lástima es que tan poca gente se atreva a decir las cosas con esta valentía. Aquí y allá, tan sólo se encuentran textos elogiosos, hasta el sonrojo, de amigos y de miembros del mismo círculo. Lo increíble es que a ellos los elogios parecen valerles como si de verdad se los dijeran críticos y lectores neutrales. Se lo creen igual.
Aparte de ésta, en la red sólo me he encontrado con otra breve reseña, del escritor Juan Sebastián Cárdenas, que se atreve a decir lo que todos pensamos:

http://www.comunidadinconfesable.com/2010/03/juan-francisco-ferre-providence/

Pone en su sitio la novela de Ferré, Providence, y dice la única gran verdad que hay de fondo: está mal escrita.
No saben escribir, y le falta fuerza e interés a lo que ven, a como miran, y a lo que son capaces de transmitir.