05 octubre 2012

La poética del perdedor


Inma la estrecha no quiere mi amor

Diego Vaya

La Isla de Siltolá, 2011. Colección "Levante"

ISBN: 978-84-15039-85-3

117 páginas

10 €




José M. López 

Quiero hablar hoy de una novela epistolar protagonizada por un joven que se encuentra en una situación deshonrosa, y que para justificar dicho estado escribe una serie de misivas en las que relata la multitud de agravios, sinsabores y sucesos bochornosos -a la vez que cómicos- que ha tenido que sufrir hasta llegar a casarse con la mujer que deseaba. El resultado: un matrimonio que, por fin, le ha proporcionado una cómoda posición social, a la vez que una aireada cornamenta. No, amigos, no estamos hablando de la enésima edición de El Lazarillo de Tormes, sino de la primera incursión en el mundo de la ficción narrativa del joven poeta Diego Vaya.

En claro homenaje a la insuperable obra renacentista, el autor  nos ofrece en esta novela corta un divertido retrato de un muchacho apocado que, a través de correos electrónicos, nos va deshuesando cada uno de los altercados, ruindades y humillaciones que ha tenido que sufrir hasta lograr casarse con la joven Inma, chica de una extraña frigidez, ya que dicha virtud tan solo parece mostrarse cuando ella se relaciona con el propio protagonista. Las aventuras de este perdedor descomunal, que podría protagonizar la última de Woody Allen, sirven al novelista para dibujar una ácida y divertida caricatura de la sociedad en que vivimos en sus diversas caras: la búsqueda desesperada de la sexualidad, el extremismo católico, la corrupción, el capitalismo deshumanizado… Al final, y tras el velo humorístico, el lector se queda con un pesimista y desesperanzado cuadro de nuestro día a día.

¿Qué pega podemos ponerle al libro? Pues que el autor no se haya esforzado, a mi parecer, en profundizar algo más en lo que los griegos denominaban la psique de los personajes. Desde el apocado protagonista, pasando por el padre militar o la madre "ultracatólica", y terminando por el psicólogo sudamericano, estamos ante meros estereotipos poco convincentes y que evitan que la trama adquiera credibilidad y sea, por tanto, más divertida aún. Sí, es cierto que estamos ante una novela humorística de tono pretendidamente ligero y entretenido, pero creo que no hubiera estado de más dedicar algunas páginas a dibujar en profundidad a estos personajes con los que se va topando el joven protagonista, de manera que, como ya he dicho, la implicación emocional del lector hacia ellos se hiciera más intensa, y la crítica social implícita, más universal.

Por otro lado, pienso que es de agradecer la naturalidad y falta de alardes de la novela, cuya mayor virtud reside precisamente en su sencillez y en su carencia de pretensiones "pseudo-filosóficas". Creo que Diego Vaya intenta presentarnos una obra para nada pretenciosa, un ligero divertimento con altas dosis de ironía, sarcasmo, y cargada de un humor chocarrero, mordaz y muy negro, negrísimo. Novela, en definitiva, ideal para desconectar un poco, pasar una tarde divertida y reírse un rato, hasta de uno mismo. Como con la última de Woody Allen.