18 abril 2012

'Sitcom' en viñetas

Memorias de un hombre en pijama

Paco Roca

Astiberri, 2011

ISBN: 978-84-15163-31-2

140 páginas

16 €


Joaquín Blanes

Existen tantos nombres para la historieta o el cómic que es difícil saber a cuál de ellos aferrarse para describir determinadas obras de este género. Si narrativa gráfica, como proponía Will Eisner, por ser un arte secuencial; si viñeta por dibujarse en este tipo de marcos; si tira cómica, por su gracia; si TBO, si la madre que parió al cordero. En cualquier caso, lo que importa es el contenido de la obra y no su definición exacta, que es más cosa de semióticos e ínclitos entusiastas de catalogarlo todo, como hace mi madre con los 'tuppers' que guarda en el congelador.

A la espera de que el próximo 20 de abril publique su última obra con Astiberri: El juego lúgubre, hacemos un repaso al último libro publicado hasta la fecha por Paco Roca: Memorias de un hombre en pijama.

Esta historieta o cómic está diseñado al estilo de las tiras cómicas que solían publicarse en los periódicos anglosajones. Un ofrecimiento del periódico Las Provincias y que después Astiberri recopiló para transformarlo en libro. No hay nexo entre una historia y otra, no existe una continuidad narrativa, son situaciones cotidianas, autobiográficas, en la vida de un dibujante de cómics que celebra la ofrenda del día laboral en pijama. De hecho, en la presentación del libro, Paco Roca acudió con esta prenda de vestir que tanto le gusta.

Existen, eso sí, un sinfín de estereotipos propios de un hombre madurito, entrado en los 40, cuyas situaciones cotidianas las refleja con una imaginación y un humor que simpatizan con el lector y hace que, los que andamos en esa ominosa etapa de madurez, nos veamos reflejados con facilidad, sonriendo con agrado ante ciertas situaciones de nuestra vida que, por alguna cuestión, todos hemos vivido. Porque todos tenemos un amigo Aries que pasa las noches de soltero acodado a una barra buscando presa fácil, todos nos hemos reunido alrededor de una mesa con viejos amigos para descubrir que la alopecia es una dolencia común entre los hombres, que los que tienen hijos tienen toque de queda, que el ardor de estómago después de una comilona y dos copas de más es un paradigma incuestionable y que, como decía Ambrose Bierce, embriagarse, no es más que "celebrar con ceremonia apropiada el nacimiento de un noble dolor de cabeza".

Y esto es sólo el principio, porque luego están ellas, las mujeres, también con sus estereotipos reconocibles. Porque cuando hacemos oídos sordos a los que nos aconsejan nuestra señora, aunque parezca más bien un mandamiento, después recibimos la consabida sentencia de: "¿Ves como te lo dije?".

Podemos tomar como ejemplo las 'sitcoms' americanas, desde Friends hasta Reglas de compromiso, elaborar un listado de idiosincrasias de cada uno de los personajes y nos daremos cuenta de que si algo así sigue funcionando, es porque los estereotipos son tan ilustrativos como necesarios para tomarse la vida con un poco de sentido del humor y aligerar el peso de los años.

Este libro es un excelente muestrario de esas situaciones habituales y comunes en todos nosotros y si no en nosotros mismos, siempre podremos identificar a Piscis, Aries, Virgo o Acuario con alguno de nuestros conocidos.

Las virtudes de Paco Roca no son puntuales, nada más lejos de la flauta y el asno. Con Arrugas obtuvo el Premio Nacional de Cómic en 2008, porque esa obra, ahora adaptada al cine, posee la dignidad de mostrar una enfermedad como el Alzheimer con un delicado sentido del humor que hace de la obra una joya indispensable para todo aquel que guste de este mundillo de carboncillo y tinta china. Aunque también es cierto que es una historia a la que muchos no han podido acercarse por el miedo a recordar lo que con frecuencia rodea a nuestros abuelos.

Con El invierno del dibujante, realizó una obra bastante digna y con estas Memorias de un hombre en pijama, por poner un par de ejemplos, Paco Roca demuestra que nada es gratuito, que detrás de sus obras hay un trabajo de observación y dedicación muy envidiable. No existe en él un acierto aislado, porque tiene la sensibilidad, el humor y el ingenio de actualizar los roles para potenciar las situaciones cotidianas en los que las cuestiones más elementales de convivencia y trato entre pareja y amistades son tan reales que uno se ve reflejado en ellas sin acritud, asintiendo mientras sonríe al verse en el espejo de las relaciones humanas. Arrugas fue un éxito merecido, El invierno del dibujante debería haber tenido más repercusión de la que tuvo, Memorias de un hombre en pijama parece haber funcionado bien, y a la atenta espera de El juego lúgubre, deseamos que el trabajo de este valenciano no decrezca en calidad y su reconocimiento siga creciendo y no caiga en el olvido, que es lo que suele pasar tiempo después de recibir un honroso Premio Nacional.

No existe la suerte, existe el esfuerzo, el devanarse los sesos continuamente por sacarle punta al lápiz (permítanme esta metáfora tan pueril tratándose de un cómic) y establecer un diálogo continuado con el lector de estas viñetas que puedo asegurar resultan como ese amigo gracioso que todos tenemos que cuente lo que cuente, sólo por el modo en que lo narra, ya nos produce una risa llena de camaradería.