17 abril 2012

Bloom dicta sus últimas lecciones


Novelas y novelistas. El canon de la novela

Harold Bloom

Páginas de Espuma, 2012

ISBN: 978-84-839-3091-5

872 páginas

29 €

Traducción de Eduardo Berti


José Martínez Ros

Harold Bloom, el célebre,anciano y gruñón autor de El Canon Occidental, un ensayo tan “problemático” -por usar uno de sus adjetivos favoritos- como tal vez necesario regresa a nuestras librerías con esteinteresantísimo y desigual Novelas y novelistas, aunque habría quedado mucho mejor sin el subtítulo de El canon de la novela -con toda seguridad, impuesto por sus editores- que resulta falso e innecesario. Sin ninguna pretensión exhaustiva, lo que aquí nos ofrece Bloom es una recopilación de breves estudios sobre unos cincuenta grandes novelistas, casi todos ellos anglosajones del siglo XVIII al XX, con alguna que otra incursión en tradiciones paralelas, como la francesa o la rusa.

Así nos lleva desde los muy cervantinos Daniel Defoe y Swift a Pynchon, el último gran narrador norteamericano que Bloom parece conocer en profundidad. Que los dos últimos ensayitos correspondan a dos autores tan menores y prescindibles como Amy Tam y Paul Auster y no a escritores coetáneos infinitamente superiores como Coetzee, Naipaul, Atwood, Lessing o Ishiguro nos confirma que el gran crítico de nuestro tiempo ya no siente un excesivo interés por la literatura más contemporánea, ni siquiera la escrita en su idioma. Pero dentro de esos límites temporales y geográficos, Novelas y novelistas resulta un estudio tan instructivo y recomendable como discutible (y entretenido) sobre el siempre complejo arte de la literatura.

Pero lo mejor del libro es, sin lugar a dudas, el propio autor.

Canon tras canon, ensayo tras ensayo, nos hemos acostumbrado a su a veces estrafalaria, áspera e injusta, pero siempre interesante y valiosa sapiencia de este orondo sabio judío que alberga en su memoria, y supongo que inherente ya casi en los (sus) genes, buena parte de la herencia cultural de Occidente. Sus obsesiones freudianas -todos los autores relevantes, todos los artistas de valía, ya sean hombres, mujeres, cristianos, ateos, socialistas, judíos o budistas, están obsesionados con superar a sus predecesores y anular a sus contemporáneos, algo con lo que cualquier persona que haya asistido a un congreso de literatura estará básicamente de acuerdo-; su feroz odio a lo políticamente correcto; su rechazo hacia las feministas y marxistas dogmáticos que desean reducir el arte a un conjunto de “factores sociales” o “conflictos de género”; su antipatía por deconstruccionistas y estructuralistas y demás ralea; y su inquebrantable esteticismo -la belleza por encima de todo- son, para sus lectores habituales, parte del encanto de este último gran dinosaurio de la erudición literaria.

(Por fortuna, también nos queda su también formidable -y aún más divertida- discípula Camille Paglia, la autora de Sexual Personae).

Llevo mucho tiempo leyendo a Harold Bloom. Con todas sus manías y fobias, que son muchas, y estoy seguro de que, cuando nos falte le echaremos muchísimo de menos.

1 comentario:

fritanga dijo...

Me sigue pareciendo esclarecedor en estos casos del canon literario el ensayo La República mundial de las letras de Pascale Casanova.