11 abril 2012

Palabras de un maestro



El libro de las horas contadas

José María Merino

Alfaguara, 2011

ISBN: 978-84-204-0784-5

203 páginas

17,50 €




Rafael Suárez Plácido

Ante todo, es bueno saber de qué estamos hablando. Es bueno y muy fácil: hablamos del mejor libro de relatos que ha publicado algún autor, en nuestro idioma, en 2011. Esa es mi opinión y, claro, sé que no he tenido la experiencia de leer todos los libros que cumplen esa condición, pero no creo que sea una sorpresa ni un disparate para casi nadie. Y sí, también soy consciente de que cuando se lee una reseña como esta, uno espera algo más novedoso. ¿Qué le vamos a hacer? A veces sólo hay que decir lo que hay que es obvio.

“Es que no es un libro de relatos, es una novela.” Primera objeción posible, sí. Es cierto que los relatos, digamos, “mayores” se articulan en torno a una pareja: él, escritor; ella, su mujer, y a una segunda pareja de amigos de estos. Es cierto, también, que el escritor está pendiente de una intervención quirúrgica que no parece que vaya a resultar demasiado grave, pero sí les pone a todos en una situación de nervios y tensiones bastante peculiar. Sí, ya lo sabemos. Pero muchas colecciones de relatos responden, desde tiempos inmemoriales, a estas estructuras. Además, es cierto que tampoco es una estructura demasiado fuerte ni rígida, tanto en lo temporal, con frecuentes saltos y evidentes agujeros negros, como en los personajes de muchos de los relatos que, simplemente, ni aparecen más, ni tienen ninguna trascendencia mayor sobre el resto del libro.

Es curioso, porque en estos tiempos en los que tantos autores y editores ingenian artefactos, a veces incluso tramas, para convencer de que su libro es una novela, tanto José María Merino, como la editorial (aunque todos tenemos en mente algún ejemplo de autor de esta misma editorial que publica libros de relatos a los que llama novelas: ¡qué más dará!), hacen hincapié en que esto es un libro de relatos. No es extraño, por otra parte, porque Merino está más que reconocido como uno de los grandes de este género por los mayores, por los de su edad y por los más jóvenes que admiten, sin demasiados reparos, su magisterio.

“Es que son dos libros diferentes: una novela y un libro de microrrelatos.” Es cierto que el personaje principal del libro, el escritor menciona constantemente sus propios relatos. Y que entre estos hay una serie, diferenciados además topográficamente, que son microrrelatos, la mayoría de un género tan poco usual en España como es la ciencia ficción. Es literatura dentro de la literatura: en los relatos que ya he llamado “mayores” el personaje principal, de un modo u otro, nos cuenta cómo y por qué escribe los relatos breves (ya digo: microrrelatos) del segundo nivel. Es tremendo porque en ese primer nivel de redacción los otros personajes le preguntan por los motivos que le llevan a escribir, incluso se enfadan y mucho por lo que escribe. Lo realmente curioso es que cuando trata de dar respuestas, o de darse uno mismo las respuestas que siempre parece más sincero, se da cuenta de que estas no existen.

La tentación es pensar que el autor se manifiesta, de alguna manera, en el escritor-narrador. Tendríamos así una poética particular de José María Merino que enriquece el valor de la obra. Aunque no sea necesaria. Podemos habitar sin mayores contradicciones en el reino de la ficción. Ahí está su riqueza, sea cual sea la interpretación que le demos. El libro de las horas contadas funcionaría con una cosmogonía propia, en sí misma, a la manera de algunos territorios míticos, como la Celama que ya creó el mismo autor. Lo que ocurre es que aquí no se trata de un espacio geográfico, sino de una realidad ficticio-temporal. Nada ocurre fuera de ella y la respuesta a todas las cuestiones que nos puedan surgir es la propia Literatura. El narrador-escritor es Dios.

Escribe Merino en la serie de dedicatorias: “El meteorito”, embrión de todo el libro, fue escrito en homenaje a Ricardo Senabre. Lo que me interesa es el paréntesis: embrión de todo el libro. “El meteorito” es el primer cuento, aparentemente simple y muy hermoso, que puede dar pie a muchas interpretaciones y ser cada una de ellas válida, un cuento de los que no se acaba nunca de leer, apenas cinco o seis páginas en las que el personaje principal cuenta a su mujer y a un amigo un recuerdo que tiene de cuando eran novios. Y sí, de él nace todo el libro. Para mí, aunque eso ya es más discutible, es el mejor de este conjunto de cuentos, aunque hay otros muy buenos, como “Las noventa y nueve palabras” o “La tristeza del árbol”. De todas formas, aquí sí que no tienen que hacerme demasiado caso, ya que les podrá encantar cualquier cuento, porque el nivel medio del libro es excelente. Como lo ha sido, prácticamente, a lo largo de toda su carrera: un autor alejado de los grandes premios pero muy valorado por la mejor crítica y su círculo de lectores: el que forman los verdaderos amantes de la Literatura y este es un buen momento para unirse a él.