15 enero 2013

Con estos cuentistas nunca se sabe



Todos los cuentos

Antonio Pereira

Siruela, 2012

ISBN: 978-84-9841-653-4

892 páginas

29,95 €

Prólogo de Antonio Gamoneda



Rafael Suárez Plácido

Con Antonio Pereira nunca se sabe. Uno va leyendo la narración que nos propone, recorriendo cada contorno de cada sílaba, como si fuera un poema, pensando que le están contando una historia que más o menos le suena, y en el último momento, en el último párrafo o en la última frase, aparece la frase –a veces la palabra- que lo cambia todo y que hace que la historia suene como nueva. Con Antonio Pereira nunca se sabe. No lo digo yo, lo dice él mismo en su “Cuento de los dos narradores”: “… que con estos cuentistas nunca se sabe.” Y tanto que no se sabe porque este cuento, por ejemplo, de los dos narradores, no es siquiera un cuento al uso, sino que fue el prólogo de la antología Cuentos del Medio Siglo. Eso es lo primero, esta Narrativa breve completa incluye toda su obra narrativa, excepto sus tres novelas: más de doscientas textos agrupados en doce libros.

Se trata de un acontecimiento editorial, por supuesto. Antonio Pereira falleció en 2009 y, aunque ya había publicado alguna antología de cuentos, nada ha sido comparable al esfuerzo editorial que le ha dedicado la editorial Siruela, con esta edición cuidadísima, marca de la casa que, además, lleva un texto prólogo, o a modo de prólogo, del poeta Antonio Gamoneda. ¿Un poeta prologando los cuentos de Pereira? Claro, el descubrimiento -para quien aún no lo haya realizado- del Pereira narrador no puede hacer olvidar que ahí hay también un Pereira poeta. No sólo cuando escribía versos, también en su narrativa. De hecho él siempre se consideró más poeta que otra cosa.

Su primer libro de poemas, El regreso (1964) aparece en la entonces más que prestigiosa colección Adonais, y está adscrito a la estética del círculo castellano-leonés formado en torno a la revista Espadaña. Quizás hubiera sido un buen comienzo para hablar de un buen poeta, pero sólo dos años después apareció su primer libro de cuentos: Una ventana a la carretera. Ya desde estos inicios nos encontramos a un autor maduro. Realmente lo era, pues nació en 1923: hablamos de primeros libros publicados con más de cuarenta años y el jovencito que iba publicando sus artículos y poemas, desde muy joven, en algunos periódicos de la zona, ya no era un principiante y tenía cierto nombre entre sus paisanos, y algunos de los más entendidos ya lo reconocían como un nombre muy a tener en cuenta.

En el citado “Cuento de los dos narradores” hace una brevísima semblanza de su biografía literaria. Esos "dos narradores" son él mismo y se refieren a los dos estilos, o "dos estéticas" que marcaron su obra. El primero, un narrador inocente, al que podían tachar “de localista y de costumbrista y provinciano” con cierta razón, porque sus historias se referían a “lo que él veía o imaginaba en sus comarcas del interior.” Pero “fue perdiendo la inocencia con los libros de teoría literaria y otras malas compañías (…) y prosperó en el oficio de contar y se convirtió en el narrador resabiado.” El cuento concluye diciendo que pese a esa evolución en lo estético “no se arrepiente de sus cuentos de aquel tiempo, ni a sus personajes los niega.” Es un tema sobre el que se puede escribir mucho y, sin duda, se ha escrito. El primer Antonio Pereira escribía cuentos provincianos y costumbristas, pero era plenamente consciente de que lo eran y buscaba con ellos una intención crítica. En estos cuentos, aparece reflejada la vida cotidiana durante la dictadura. Y, aunque es cierto que se publicaron ya en los segundos años sesenta, se mostraban maneras de vivir que no eran las habituales ni las consentidas por el sistema. En este sentido, ya en su segundo libro, El ingeniero Balboa y otras historias civiles, publicado en 1976, ese escritor resabiado aparece plenamente y esa intención crítica con la dictadura y sus costumbres es ya más que evidente. Hay un tópico cuando se escribe sobre un autor de cuentos, y es decir que tal cuento o tal otro es digno de aparecer en una antología de relatos del siglo. “El ingeniero Balboa” es digno de ser uno de los grandes relatos escritos en nuestra lengua. Ahí es donde se ve a ese Antonio Pereira que ha leído y asimilado Teoría de la Literatura y, sobre todo, que se ha juntado con malas compañías, y comienza a aparecer é mismo en sus relatos, con datos autobiográficos evidentes, mezclando realidad y ficción: ahí empieza a no saberse dónde acaba la realidad y dónde empieza la ficción. El personaje de Elena Balboa, Lena, es uno de esos personajes que siempre buscamos en nuestras lecturas y al que ponemos una u otra cara, según sea nuestro estado de ánimo, que sólo ha llegado a nosotros por unas cuantas frases y escenas intuidas más que leídas: uno de los grandes personajes de nuestra literatura esbozado en unas pocas páginas.

A partir de ahí, cada cuento que leemos, cada uno de los casi doscientos cuentos que le siguen, es una aventura por vivir, de la que sabemos un título, un nombre propio evocador, pero no mucho más. Lo único que vamos previendo es que hasta que no lleguemos a la última línea del cuento, no sabremos realmente qué estamos leyendo. Sus pasiones, sus amigos (Antonio Gamoneda, que le escribe un maravilloso y emocionado prólogo, el jovencísimo Juan Carlos Mestre o Juan Eduardo Zúñiga), sus autores favoritos (los ilustrados franceses, los simbolistas -Rimbaud-, y un listado de contemporáneos que sorprende por su heterogeneidad desacostumbrada en aquellos tiempos que le tocó vivir), el amor, el sexo, la amistad, el gusto por lo bueno y, muy especialmente, por la literatura, nos van acompañando en esta singladura que sorprenderá a los lectores que aún no lo conozcan. Una vez que lo empiecen a leer, ya no podrán soltarlo.