25 marzo 2013

En las pupilas de la Virgen




Las miradas del Amor

Ramón Simón

Guadalturia, 2013

ISBN: 978-84-940821-5-3

100 páginas

20 €




Jesús Cotta


Es la primera vez que reseño un libro de este tipo, porque no entiendo de Semana Santa. Pero, para un libro como este, no hay que entender de cofradías ni de procesiones, sino tan solo estar abierto a la belleza, que brilla aquí y allá, donde a ella le da la gana.

Eso sí, me gusta que existan las procesiones de Semana Santa, no solo porque es un tesoro de sabiduría, religiosidad y arte acumulado durante siglos y transmitido de padres a hijos, sino porque he descubierto, desde que vivo en Sevilla y soy profesor, que, gracias a ella, se acaban interesando por el arte sacro, las bandas de música, la historia y la religión muchos jóvenes de esos que ves por la calle y te apartas de acera y que, si no fuera por la Semana Santa, habrían sido engullidos por la vulgaridad creciente y asfixiante de este país.

Reconozco que a mí me aburre y me da cierta alergia el preciosismo autocomplaciente de muchos capillitas capaces de ponerse a hablar durante horas de un palio o de si tal pregonero gesticuló bien o mal durante el pregón. Pero es que nada de eso hay en el libro de Ramón Simón.

Ramón Simón, además de poeta de la palabra, lo es también de la imagen. Se atreve tanto con las cosas como con las personas, que son más difíciles que las cosas. Un fotógrafo es poeta si rescata las cosas de la fragilidad, de la vulgaridad, de la normalidad, de la oscuridad y nos las presenta como posesoras de una belleza que es más real y visible incluso que ellas. En su pupila las cosas recuperan su belleza escondida, la sacan a la luz, y quedan así transfiguradas, que no es lo mismo que transformadas.

El libro de Las miradas del Amor es una transfiguración de instantes e imágenes de la Semana Santa de Sevilla contemplada con amor y por amor, sin autocomplacencia, sin capillismo, sin ranciedades, sin tópicos, sino con delicadeza, radicalidad, asombro y refinamiento, atenta al detalle que se escapa, a la humanidad íntima de los protagonistas anónimos, al perfil oculto de unos cristos y vírgenes únicos en el mundo.

El libro lo abre el prólogo estupendo del poeta Enrique Barrero; luego, junto con cada fotografía, un poema o un texto de poetas y escritores, algunos conocidos y otros poco conocidos, pero todos a la altura de lo mucho que pretenden decir. Y, como colofón, la partitura de una marcha procesional compuesta 'ex professo' por Óscar Paredes Grau, titulada como el libro y que tuve el honor de oír cuando el libro se presentó. El libro es, pues, también una antología poética en torno a un mismo asunto y del que hablan en versos de oro poetas como Fernando Ortiz, Aquilino Duque, Antonio Murciano, Jacobo Cortines, Juan Lamillar, Víctor Jiménez, María Sanz, Enrique Baltanás, Jesús Tortajada, Jesús Beades, el propio Ramón Simón y un largo etcétera, así como breves textos en prosa de otros autores como García Barbeito, Rivero Taravillo y muchos otros, entre los que se encuentran componentes de la tertulia de los Mercuriales.

El libro, tanto la letra como la imagen y la música, rezuma devoción, arte, ternura, delicadeza. La Semana Santa no parece el objetivo, sino el punto de partida para alcanzar todo eso. La belleza, la Belleza, se puede alcanzar desde muchos sitios. Uno es la Semana Santa de Sevilla. Amor y Belleza son otros nombres de Dios que Ramón Simón ha sabido encontrar en ella.

Pido disculpas sinceras, lector, porque yo he colaborado con unos tres renglones en ese libro. Hay que restarlos a lo que pudiera tener yo de buen reseñista, pero no me resisto a vocear aquí esta obra de imagen, palabra y música no solo porque lo merece, sino porque el autor ha tenido la generosidad de ceder los beneficios de derechos de autor al proyecto Esperanza y Vida, de la Fundación Virgen de la O, que ayuda psicológica, económica y laboralmente a mujeres embarazadas y marginadas para que puedan tener a su bebé y criarlo felizmente a pesar de la enorme presión social y familiar que considera que el nacimiento es un problema y no una alegría.

Por todo ello, gracias, Ramón.