21 octubre 2011

Alta cetrería


Tablero de sueños

José María Jurado

La Isla de Siltolá, 2011. Colección "Inklings de Siltolá"

ISBN: 978-84-15039-52-5

112 páginas

12 €




Jesús Cotta

La editorial Siltolá, activa, elegante y osada, sigue abriendo caminos. Y ahora inaugura una nueva colección, "Inklings de Siltolá", en recuerdo de la tertulia formada en Oxford por escritores admirables como C.S. Lewis, J. R. R. Tolkien, Dyson, Bennett, etc. Y la colección se hace eco del amor de ese cenáculo por la literatura y por eso, después de la presentación pública de cada libro de la colección, se presenta en un círculo cerrado de invitados.

De todos los libros que ha publicado recientemente Siltolá el que más me ha gustado es precisamente el que inaugura esta colección, Tablero de sueños.

Se trata de un libro que es una poética y a la vez una antología de la obra del joven poeta José María Jurado.

Si no son un deliquio incomprensible de palabras bonitas, a mí las poéticas me gustan mucho, porque uno aprende mucho de la altísima labor de la poesía, sobre todo si el autor de la poética no se guarda ningún secreto, ninguna debilidad, y nos confiesa sus trucos, sus lecturas, sus caminos, sus noches negras del alma, sus exigencias, sus retos, sus proyectos, sus vacilaciones, su relación con la musa y el trabajo, los vericuetos que a través de la sensibilidad adoptan su fantasía y su razón para dar una salida verbal digna a todo el caudal de belleza que lleva removiendo por dentro durante días, semanas, meses y años sin estar casi nunca satisfecho, porque, como él dice, ella lo pide todo y no da nada.

Destaco de su poética hallazgos como estos: “La Poesía, si es verdadera, surge incluso a pesar de los postulados de quien la intenta escribir” (y por eso el ateo materialista y atomista Leucipo, en su De rerum natura, irrumpe con un himno a la diosa Venus después de decirnos que los dioses no existen); “Podemos refutar el gongorismo, pero no a Góngora (y por eso el gongorismo o el lorquismo es un defecto en otros poetas, pero no en Góngora ni en Lorca); el destino del poema es el de “propagador de la belleza”; “El buen poema en prosa no baja la cerviz ante la PMM (Policía Montada de la Métrica)”... Y otras muchas sutilezas con las que se aprende mucho del oficio y con algunas de las cuales discrepo: “con paciencia, con mucha paciencia, el poema, el mejor poema que estamos en disposición de hacer sobre un motivo programado, no inspirado, sale”. Yo, sin embargo, opino que sin el factor de la inspiración involuntaria que nos arrastra a escribir, sea esta lo que que sea, no merece la pena ponerse a escribir el mejor poema no inspirado que podamos escribir, porque no será por ese poema por el que el poeta será recordado.

En esta época posmoderna donde se suele considerar poesía cualquier cosa que se escriba en verso, el autor de esta poética nos eleva a las cumbres de los poetas más grandes para que desde ellas distingamos lo que es cumbre y lo que es sencillamente llano. Y desde esa cumbre él arroja al aire también sus versos, que viajan por todo el mundo y por todas las épocas, pero sin caer en el vicio de la posmodernidad, sino en su virtud. Sus poemas cumplen los preceptos de su poética: no rehúyen los moldes clásicos ni lo barroco ni la alta imaginería con la que nos sorprende, sino que son poemas de esplendor visual pero sin fuegos artificiales, y cargados muchas veces de una emoción vibrante.

Sus poemas en verso y sus poemas en prosa, donde se enmascara una discreta pero sonora tendencia al endecasílabo, me han impresionado por su belleza plástica, su originalidad y su rotundidad verbal arrolladora y la intensidad de su elegancia: “Cabalgo con mi señor don Quijote por la perspectiva Nevski”, “Quijada de Caín, bárbara España”, “En el viejo reloj, bajo la nieve,/ la Muerte da la hora en Babilonia/ y palpitan las órbitas de Kepler.

Son poemas, pues, que propagan la belleza. Le deseo a su propagador que se abandone a ella aún más, que ella irrumpa en las vetas de la roca y las rompa y salga por donde quiera ella, más libre y más viva aún.

Y a esta colección, en la que publicarán, entre otros, José Luis García Martín, Antonio Colinas y Luis Alberto de Cuenca, le deseo larga vida.

2 comentarios:

Paz dijo...

Una editorial que es garantía de calidad poética, es verdad. Yo la descubrí siguiendo el blog de Tomás Rodríguez Reyes. Un autor grandísimo que publica en Siltolá.
Seguiré el consejo de la entrada y probaré esta vez con José María Jurado.
Gracias por la recomendación.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Paz, como veo que te gusta la buena poesía, te gustará la de José María Jurado. Un saludo.