16 noviembre 2012

El cocodrilo sueco


Ingmar Bergman

Jörn Donner

Libros del Innombrable, 2012

ISBN: 978-84-92759-49-1

222 páginas

18 €           

Traducción de Francisco J. Uriz
     
             

Sara Mesa

Este libro no es una biografía sobre Bergman. Lo dice expresamente su autor, Jörn Donner, desde el principio: se trata más bien de un conjunto de reflexiones y recuerdos algo inconexos de su relación con el gran cineasta y dramaturgo sueco. Esta naturaleza mixta, entre el ensayo y las memorias, es lo que presta su particularidad a la obra. Un libro fallido, desde mi punto de vista, inconsistente, aunque también curioso y, en cierto modo, enigmático. Porque, ¿quién es Jörn Donner? Escritor, crítico cinematográfico y director de cine finlandés nacido en 1933, tentado por la política y la diplomacia, Donner presume de haber colaborado estrechamente con Bergman a lo largo de varios decenios, aunque lo cierto es que Bergman ni siquiera lo nombra en sus memorias, Linterna mágica, publicadas por Tusquets. En realidad, en la mayoría de los casos se trató de proyectos fracasados y colaboraciones abortadas, salvo el papel como productor que Donner consiguió para su película Fanny y Alexander.

Con un cocodrilo compara Donner a Bergman, describiendo así su carácter iracundo (“era cuestión, pues, de quitar la mano antes de que se la llevase de un mordisco”), pero también con un camaleón por su oportunismo (“su entorno se veía obligado a cambiar de color bajo la influencia de sus caprichos”) y con una sanguijuela por su capacidad de vampirizar a sus colaboradores (“como una sanguijuela, durante años ha conseguido chupar de J detalles íntimos y semiverdades psicológicas (…) también con actores que estaban en su círculo o que han tenido relación sexual con él”). El retrato de Bergman que resulta de este libro es de todo menos amable, tanto que a veces el autor parece sentirse culpable, como si se hubiese pasado derrochando hiel, y entonces desliza elogios sobre el talento bergmaniano o su increíble minuciosidad y capacidad de trabajo –en realidad, lo único que no se atreve a poner en duda-. Por todo lo demás, nos dibuja a un personaje egocéntrico, megalomaníaco, cruel, sospechosamente apolítico y hasta avaricioso (“Bergman solía rechazar las manifestaciones honoríficas excepto cuando iban acompañadas de dinero”, llega a decir). También aprovecha para recordar anécdotas que retratan este carácter huraño y despótico, como cuando, supuestamente, echó al propio Donner de su casa porque temía que le contagiase su resfriado.

No nos pilla de sorpresa la caracterización de Bergman como la de un genio difícil e intratable. En Linterna mágica el propio Bergman se encargó de difundir esta imagen sobre sí mismo, sin concesiones ni justificaciones (es notable el fragmento en el que se define como un tirano que no es capaz de disfrutar del poder). Lo que resulta desconcertante es la forma en que Donner lo hace. En principio, pareciera que el libro es un homenaje póstumo al gran cineasta sueco. De hecho, Donner hizo una serie de televisión sobre él en este sentido y publicó muchos artículos favorables sobre su vida y obra. Sin embargo, lo que se trasluce de fondo es una suerte de rencor, de frustración latente muy curiosa. La aspiración de Donner es llegar a ser como Bergman. Con él establece una especie de relación de admiración y reproche -sería demasiado tópico hablar de amor y odio-, mientras que del maestro solo recibe indiferencia. Donner se configura de este modo como un personaje relegado a un segundo plano, siempre acechando tras la sombra del propio Bergman, incluso hasta en sus peripecias amorosas -tuvo una relación con Harriet Andersson, actriz de Un verano con Mónica o de Como en un espejo, entre otras, después de que ella hubiese roto con Bergman-.

Es sintomática, en este sentido, la forma de componer el libro: Donner “novela” su escritura y se convierte a sí mismo en un personaje, que nombra con la inicial J. Suele establecer paralelismos entre la vida de uno y otro, situándose desde fuera: mientras Bergman gozaba de una cómoda existencia en Suecia, con una familia burguesa que lo amparaba -aunque olvida explicar el clima de opresión religiosa y de miedo que marcó su infancia-, J. vivía una dura existencia en Finlandia, con sus guerras y posguerras; mientras Bergman conseguía fácilmente financiación para sus proyectos, J. tenía que sortear numerosas penurias económicas; mientras el talento de Bergman era reconocido por doquier, J. duda constantemente de su validez artística.

El libro queda lastrado de este modo con prescindibles reflexiones de J. sobre su vida, en especial el capítulo referente al cáncer de pulmón que padeció -con todos sus innecesarios detalles médicos, de escaso interés-. También sobran los análisis, a mi modo de ver superficiales, sobre la compleja obra de Bergman, y ni siquiera de la increíble Como en un espejo, según él su preferida, se atreve a esbozar más que una interpretación epidérmica y biempensante. ¿Dónde radica entonces el valor de este libro? Sin duda, en su rareza, en la inquietante sensación que queda tras leerlo de no saber quién es realmente Donner y qué pretendía con este libro, en la mezcla de materiales confusos por donde asoma la personalidad de un anciano expansivo y desubicado. Siendo sinceros, solo los amantes de Bergman disfrutarán con esta peculiar obra. Dicho de otra forma más franca: únicamente es para los frikis del cocodrilo sueco… entre los que me cuento.