06 noviembre 2012

Entrevistas breves con hombres repulsivos

Pasos

Jerzy Kosinski

Debols!llo, 2011

ISBN: 978-84-9908-585-2

160 páginas

9,95 €

Traducción de Carlos Milla Soler

Premio National Book 1968



Fran G. Matute

Descubro casi por casualidad que la obra más significativa de Jerzy Kosinski ha estado siendo recuperada por la editorial Debols!llo. Kosinski ha sido siempre uno de mis autores favoritos y eso que nunca he considerado que sea un gran escritor. Lo que más me ha fascinado de este autor de origen polaco, pero afincado en los Estados Unidos, es su visión del mundo y cómo ésta ha quedado plasmada en su novelística. En sus tres obras fundamentales -a saber, El pájaro pintado (1964), Pasos (1968) y Desde el jardín (1971)- quedan reflejadas todas las fobias y filias de este exitoso autor que hoy día casi nadie recuerda: los horrores de la guerra, la vacuidad de la vida moderna, el aislamiento del ser humano, la estupidez de la clase política. Estos son, en esencia, los temas sobre los que gira la literatura de Kosinski y me parecen materias importantes, más si están escritas por un expatriado que ha vivido en sus carnes las grandes dicotomías del siglo XX.

Insistimos en que Kosinski nunca nos ha parecido un prosista extremadamente meritorio. Más bienintencionado que otra cosa, pero lo cierto es que su obra está repleta de escenas desasosegantes, pues es el material sobre el que escribe no puede dejar indiferente a nadie. Es tal la fuerza de sus textos que no necesita de abalorios lingüísticos para vendértela. Confieso, por ejemplo, que finalizar la lectura de El pájaro pintado me costó más de un intento por la dureza de algunos pasajes.

Y mucha de esa fiereza recorre estos Pasos, la que seguramente sea su obra más experimental en cuanto a estructura se refiere. Una novela construida a base de retazos, recuerdos, anécdotas, conversaciones de alcoba. Respuestas sin preguntas. Todo en primera persona, si bien nunca tenemos muy claro quién es el narrador. ¿Es el mismo  sujeto en todos los párrafos? ¿Es el propio Kosinski? Muchos datos autobiográficos se cuelan en el texto pero no termina de romperse con el cordón de la ficción. Casi todos los fragmentos hacen referencia a un pasado no muy lejano -para finales de los sesenta, claro- marcado por la experiencia de vivir en un país comunista o por la participación en la Segunda Guerra Mundial. Nos habla un hombre -que bien pueden ser varios- profundamente afectado por lo que allí vivió y presenció, y que ha visto mermada su capacidad para interactuar con el resto de seres humanos, para relacionarse en todos los ámbitos. Pero sobre todo, Kosinski nos habla de relaciones afectivas, sexuales, de aberraciones (zoofilia incluida), silencios y disfunciones. Es por esto que Pasos no deja de ser una novela tremendamente conectada al tiempo de su publicación pues debe ser uno de los primeros artefactos culturales que ponía en tela de juicio las bondades de la tan cacareada libertad sexual.

Kosinski reniega de su pasado y no tiene miedo en descubrir los pecados de su pueblo pero no por ello acepta que el modo de vida de su país de acogida, de la nación "salvadora", deba ser respetado en todos sus aspectos. Se convierte así Kosinski, basado en su experiencia personal, en el mejor azote posible al sistema capitalista. Solo que en Pasos, la voz de Kosinski parece un susurro, como extrañado o avergonzado de no saber encontrar su hueco en la sociedad norteamericana, de ahí esas confesiones de alcoba en las que el narrador se siente a salvo de mostrar su verdadero punto de vista. Es esta una máxima de su literatura y con independencia de que dicho sistema terminara por absorber al escritor polaco -Hollywood le hizo esa fatídica llamada que uno no puede rechazar-, podríamos paralelizar la importancia cultural de las primeras obras de Kosinski con las de, por ejemplo, Vladimir Nabokov.

Al margen de lo anterior, Pasos no deja de ser una ‘rara avis’ dentro de la producción narrativa norteamericana de la época debido, sobre todo, a la modernidad de su propuesta. De hecho, el mismísimo David Foster Wallace alababa esta novela -que, de alguna forma, presenta cierta similitud estética y temática con sus Entrevistas breves con hombres repulsivos- comparándola con lo mejor de Kafka por esa capacidad que tiene de plasmar la extrañeza de lo cotidiano. Pasos ha envejecido mejor de lo que se esperaba, pues sigue intrigando al lector con independencia de la generación a la que pertenezca. Una novela que sin duda merece ser rescatada -se hacía necesaria, igualmente, la nueva traducción pues recordamos con horror la anterior edición publicada por la extinta Arcos Vergara- no ya del olvido colectivo sino que, en nuestra humilde opinión, debería formar parte de los circuitos académicos universitarios pues estamos ante una pieza maestra tanto histórica como literariamente hablando.