22 abril 2013

El sueño Modiano


Un circo pasa

Patrick Modiano

Cabaret Voltaire, 2013

ISBN: 978-84-940353-3-3

174 páginas

17,95 €

Traducción de Adoración Elvira Rodríguez



Rafael Suárez Plácido


La vida está marcada por los detalles más insignificantes: el peso de la maleta en la que esa chica, Gisèle, ha reunido todo su equipaje; su gabardina gris, si la lleva abrochada o desabrochada; un perro que se llama Raymond, como Raymond Queneau, que había ayudado al jovencísimo Patrick Modiano a publicar su primera novela —El lugar de la estrella, publicada cuando sólo tenía veintitrés años y reeditada recientemente en castellano por Anagrama en su Trilogía de la Ocupación (2011)—. Yo siempre he pensado que a partir de sus tres primeros libros, de esta trilogía, toda la obra de Modiano es una obra única: búsqueda de otro tiempo para tratar de comprender el presente e intento de recomponer un pasado desdichado, hombres que no saben quienes son y que tratan de ser reconocidos por azar rememorando lugares por los que creían que ya habían pasado, preguntas y más preguntas sobre rostros enmarcados en una fotografía, vestigios de una época en la que ni saber el nombre de alguien era saber demasiado de él o ella. El origen de los personajes de Modiano está en la época de la ocupación nazi, en el comportamiento de los héroes que sobrevivieron o no, en los padres que no se preocuparon demasiado por sus hijos. Hay un libro especialmente estremecedor, Dora Bruder (Seix Barral, 2009). Un anuncio en la prensa de unos padres que buscan a su hija, poniendo sobre aviso a las autoridades de que esta (y ellos, claro) era judía. Sabiendo, o entonces previendo, que ese anuncio podía significar la muerte para su hija que, apenas nueve meses después, aparece en una lista de prisioneros transportados a Auschwitz. Pero mis libros favoritos hasta el momento de Modiano son Calle de las tiendas oscuras (Anagrama, 2011), en el que un hombre busca veinte años después de aquella época reconocer quién es, quién era entonces, y va encontrándose poco a poco y de qué manera, y En el café de la juventud perdida, en el que un joven casi estudiante, cuyo único pasatiempo era visitar librerías y escribir, alto y muy atractivo como el propio Modiano, evoca su efímero contacto con la hermosa Louki de la que sólo sabía lo que iba viendo por sí mismo: que huía de algo y de todo, que estaba cansada y casada con alguien a quien temía encontrarse en cualquier sitio y que iba a menudo a algún café donde tenía amigos de los que tampoco sabía ni sabíamos demasiado.

Un circo pasa es la segunda de las novelas que publica la editorial Cabaret Voltaire, tras Barrio perdido, ambas traducidas por Adoración Elvira Rodríguez que tan bien sabe mantener esa atmósfera  por momentos asfixiante de las mejores narraciones de Modiano. En este caso, el personaje protagonista podría ser ese mismo joven de En el café de la juventud perdida, aunque aquí no hace ninguna referencia ni a su aspecto ni a su estatura, pero sí a sus aficiones: recorrer librerías mirando libros y fijar en su memoria momentos del pasado que quedarán marcados y le vendrán a la memoria en cualquier momento. Y los nombres: nombres de las personas, de los que por experiencia sabe que no tiene que fiarse demasiado; nombres de las calles y plazas, cierta afición a repasar los planos de ciudades y mapas de regiones y guías telefónicas. Una madre que marchó hace tiempo y un padre que lo hizo más recientemente, dejándolo un poco a la deriva. Recuerdos de las salas de cine y los cafés, de las películas que ha visto —algunas con Gisèle, otras solo—, recuerdos también de un picadero donde se criaban caballos que a veces le asustaban. Y un circo en el que trabajaba el marido de Gisêle, al que esta siempre temía encontrarse. Esa es la dinámica de estos días: conocer a sus amigos haciéndose pasar por su hermano, con la firme convicción de que nadie se lo cree, pero aun así siguiendo haciéndolo. Y siempre con la impresión de que ella no va a volver, o de que ambos pueden ser detenidos por la policía. ¿Qué habían hecho? En principio nada, pero eso, como casi todo, va a ir también cambiando.

Un París decadentista, en el que los límites entre lo que estaba bien y lo que estaba mal aparecen muy difusos. Uno se entusiasma con este París de postales en blanco y negro, como el fotograma del corto de Eric Rohmer del que han sacado la ilustración de la portada. Una mujer a medias entre Jean Seberg y Ana Karina, algunos pensarán en Audrey Hepburn o en la nebulosa que deja en el recuerdo la Louki de la otra novela ya citada. No importan los nombres: podría ser uno u otro, pero sí importa la incertidumbre ante cada cita: ¿esta vez vendrá o no vendrá? El final se anticipa un par de veces a lo largo de la novela. Más que el final, lo que se anticipa es el carácter del final. En realidad, este sorprende y mucho. Las historias de Modiano tienen eso: son o parecen sueños de los que uno puede despertarse, o no, en cualquier momento. Y es un poco fastidioso tener que despertar de algo que te tiene tan atrapado.