29 abril 2013

Panfleto socialdemócrata



Indecentes. Crónica de un atraco perfecto

Ernesto Ekaizer

Espasa, 2012

ISBN: 978-84-6700-744-2

192 páginas

15,90 €




Jabo H. Pizarroso


En el año 2007 cuando nadie sabía aún que los precios de las viviendas, las casas, los inmuebles, o los chalets, gran tabú, iban a bajar  seis o siete trimestres más tarde, Ernesto Ekaizer recibe un 'christmas' en su bandeja de entrada, en el que alguien le linquea a la grabación de un  programa de la BBC. En ella, dos afamados humoristas ingleses versan, conversan y diversan acerca de las hipotecas 'subprime'. Todos recordamos que son aquellas en las que según algunos anida la causa de la estafa económica actual (sobre esto habría que decir mucho ya que la causa de esta estafacrisis está en aquellas prácticas financieras que le buscaron valor y rentabilidad de mil y una maneras a éstas hipotecas sin garantía de cobro; Otra fórmula más de apropiación indebida por parte de los poderosos hacia las clases populares). Estos dos humoristas evidencian una certeza, “todo esto se sabía”, pero si es así, ¿quiénes son los que lo sabían?, Los indecentes, o más bien Los hijueputas, como le habría titulado yo.

Pero no es mi interés cambiarle el título a Ekaizer.  Por ahora. Dejémoslo en Indecentes. Son indecentes porque lo sabían. Si hubieran hecho algo, su decencia les habría obligado a decir todo aquello que sabían que estaba ocurriendo y todo aquello que intuían que iba a ocurrir tras analizar y ver como nadie lo que estaba ocurriendo. Sobre todo los "amigos de la cosa pública". Ekaizer llena de ejemplos varios y variados estas evidencias y nombra a cada uno de los ciegos que vieron, o  dicen que vieron. Los otros y los demás, estaban y estábamos ciegos. Y los gobernantes sobre todo, instalados en  una ceguera consciente efectuaron su trabajo desde la indecencia, un trabajo que puede que les haya convertido en timoratos para algunos, indecentes para otros o  terroristas para mí. 

La inmensa minoría del 1% sabía todo. La gran mayoría no tenía ni puta idea y seguía firmando hipotecas en medio del fin de la historia fukuyámico. Antes de ese anticlímax, (el clímax es lo que estamos viviendo ahora), algunos intuyeron determinadas cosas, (los asesores decentes del 1% indecente), pero los que tenían que haber parado, los políticos, pesebreros y pancistas, no dijeron nada. No se atrevieron a ejercer su voluntad, voluntad política por supuesto. No colocaron palos entre los radios de las ruedas del desarrollo desbocado del capitalismo occidental espoleado por una burbuja económica ladrillera inconmensurable y una crisis financiera que le seguía como el rastro de sangre al cuerpo baleado y herido que huye.

En el estado español Miguel Ángel Fernández Ordóñez, los analistas del Banco de España, algún ministro de Industria, léase Miguel Sebastián, algún que otro director de cajas de ahorros y varios economistas de perilla-felpudo, hablar quedo, frugal hacienda, rostro enjuto y voz de pito olieron a butano y avisaron: ¡Esto estalla! Pero la mayor parte de los que detentaban el poder decidieron seguir la fiesta. Estábamos todos embobados con los 40 años de hipoteca-esclava, (¡Ya no 25 años de paz, señores, sino 40 añazos de paz, ¡qué chuli!), y con el hecho cierto de que el precio pagado se había revalorizado un 10% más, una vez firmadas las escrituras ¡Qué caras de bobos después de haber dejado de ser libertos!, ¡qué temprano en el sol lo que os decía!, ¡qué cara de alegría cuando decíamos al día siguiente de la firma que si vendíamos el piso ahora nos daban un millón más! Lo triste es que había mucha gente que tenía información privilegiada y veía las entrañas de la fiera, pero si dijeron algo, (ahora salen muchos que sí,  a toro pasado afirman que ellos ya decían lo que iba a ocurrir), nadie les hizo caso.

Es de libro y de este libro, la conversación o más bien las palabras que Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno del estado español desde 2004 hasta 2011, le lanzó a David Taguas, uno de sus más estrechos colaboradores en esa época, asunto al que Ekaizer dedica un capítulo del libro, y en concreto una cita que para Ekaizer es a Zapatero lo que el "padre, ¿por qué me has abandonado?", es a la teodicea occidental: "David, me gustaría ver lo que tú ves y lo que nadie más que tú ve". Algo, por otro lado, que nos sorprende a todos tanto como a Ernesto, debido a la sorpresa que supone ese requerimiento hacia un asesor por parte de aquel presidente, y no han pasado tantos años, que miraba a su pueblo como miran las vacas al tren.

¡Economía, ¿por qué nos abandonaste?!, podría ser un nuevo título para este libro. Y digo esto porque siento que el intratratexto que hay en este panfletillo baila y descansa sobre un keynesianismo superado e inútil hoy. La crítica justa que hace de las actitudes indecentes de todos aquellos que vieron y no consiguieron que los demás vieran, o porque no tenían ganas, o porque eran unos sinvergüenzas o porque les iba mucho dinero en que el común de los mortales no viera lo que estaba ocurriendo, tiene un regusto de nostalgia progresista de chaqueta de paño, corbata gorda, segunda vivienda y plasma. En esa nostalgia anida el "sin esos indecentes ahora seguiríamos la mar de bien". Algo que no casa a mi entender con un horizonte que abre este libro pero que el autor no explora hasta llegar a un análisis radical y profundo de las causas íntimas de destrucción del sistema que afloran como síntomas en esta crisis cíclica y ordinaria de un tipo de  capitalismo que está muriendo. 

No me queda otra cosa que acabar con una nueva propuesta. Se trata de un título supratextual para el otro libro al que llegaría este libro que se ha quedado en la orilla, el otro libro que duerme atontado dentro de éste y que seguro sería más afilado que el lamento socialdemócrata con tintes de Indignado 15M que bucea bajo estas páginas. Y para eso me sirvo de aquel que contaba a los niños como parían las burras en su pueblo y así, juanramonianamente hablando o también, por qué no,  tranquilamente hablando como diría mi amado Gabriel, el título sería el siguiente: ¡Ekonomía, dame el nombre exacto de las cosas! Estudio de una sistema muerto desde una crítica radical de la teoría del valor.