26 abril 2013

Huellas de la ausencia



Falsa pimienta

Amalia Bautista

Renacimiento, 2013. Colección "Calle del Aire"

ISBN: 978-84-8472-772-9

88 páginas

12 €




Antonio Rivero Taravillo

Desde 1988 hasta hoy, Amalia Bautista (Madrid, 1962) ha publicado Cárcel de amor, La mujer de Lot y otros poemas (1995), Cuéntamelo otra vez (1999), Hilos de seda (2003), Estoy ausente (2004) y Pecados (2005), libros que han sido recogidos en Tres deseos. Poesía reunida (2006) y en las antologías La casa de la niebla (2002) y Luz del Mediodía (2007). En 2008 apareció Roto Madrid, con fotografías de José del Río Mons y prólogo de Andrés Trapiello, donde ya figuraban aunque en otra ordenación poco menos de la mitad (28 frente a 63) de los poemas que la poeta ha reunido un lustro después en esta Falsa pimienta.

Hay versos que resultan familiares y suenan a ya leídos, lo que sin duda es atribuible a su presentación anterior en Roto Madrid, pero también al ritmo preponderante en la autora de endecasílabos blancos (aunque no sea el único) y, pese a las vicisitudes de la vida -con alguna mudanza importante sobre la que la autora pasa de puntillas-, por su conexión con el mundo intimista, hondamente femenino y tantas veces dolido de sus anteriores libros.

Sin embargo, hay páginas aquí muy frescas que no solo se manifiestan nuevas por su condición de inéditas, y que cultivan una línea de la poesía de Bautista que particularmente se agradece: la del humor y la ironía, nunca sarcástica, más el juego, el jugueteo, lo lúdico. Muestras de esto son “Tríptico de la espantapájaros” y “Z”. También “Compañeros de viaje”, con la sorpresa que encierra, muy efectiva gracias a una calculada ejecución.

No pasa de ser una fruslería “Adivina adivinanza”, y hallamos contorsiones para evitar el sentimentalismo como en “Noche de San Juan” (donde sin embargo lo huella, y hasta se quema), pero hay aquí excelentes poemas de tema amoroso, que no eluden la mutilación de la separación temida o la acumulada en un tiempo que discurre lejos de la persona amada, como en “Circo” (con el horror a ser abandonados tan propio de la infancia, la edad de ir al circo por excelencia) o “La torre”, cuya segunda estrofa matiza los primeros versos que comienzan con ese imperativo del plural tan catuliano: “Hagamos una torre de minutos, / apilemos los ratos que hemos podido vernos”. El poema que los precede también es magnífico, con su eco explícito a Borges y el latente (latente de pulsaciones de angustia) a Robert Frost y su tantas veces citado pero poco leído “The Road Not Taken”.

Amalia Bautista es una de nuestras más sólidas poetas. Anclada en lo cotidiano, sin elevar la voz (esa operación de riesgo que en tantos produce notas desafinadas), consigue emocionar desde la sencillez sentida y con un puñado de imágenes como la de “Otra puerta giratoria”, donde tras declarar que “Resulta que la vida no era sólo empujar” explica: “Había que encontrar el punto justo /donde azar y destino son lo mismo, / el exacto momento en que la puerta / giratoria te ofrece una salida.” Existen  encabalgamientos, más que permisibles, necesarios, y este es uno de ellos, con su giro de un verso al otro, justo en ese momento en que el poema acaba, su salida. En cuanto al correlato objetivo (aquí en la identificación vida y puerta), Amalia Bautista es una maestra. Pero mejor que catalogar ejemplos, que el lector los busque y los disfrute. 

2 comentarios:

Enrique García-Máiquez dijo...

También me gustó mucho la imagen de la puerta giratoria y me salté ese magistral encabalgamiento. Gracias, Antonio, por señalarlo. Y por la reseña.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchas gracias a ti, querido Enrique.