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20 junio 2013

Cómo viajar sin leer


En la Barrera

Gabi Martínez

Altaïr, 2012

ISBN: 978-84-9392-747-9

336 páginas

19 €




Alejandro Luque

Gabi Martínez podría pasar por nieto de grandes autores españoles de libros de viajes, como Manu Leguineche o Javier Reverte. No obstante, mientras éstos tenían el aliento del periodismo y del relato clásico a lo Conrad y Stevenson, esta nueva generación viene inspirada por otros muchos referentes, no sólo literarios. Un buen ejemplo es el último libro del barcelonés, En la Barrera, un recorrido por la Gran Barrera de coral australiana, ese amenazado santuario de la Naturaleza cargado de resonancias aventureras.

Refractario a cualquier linealidad, en el relato de Martínez cabe todo: el reportaje tipo National Geographic y el microrrelato, la paleta expresionista y el rigor del ensayo científico, alguna confesión íntima y alguna concesión al lector 'afterpop'. Se trata de una narrativa que renuncia a proyectar una única mirada personal, como sucedía con los autores citados, y otros más jóvenes como Jordi Esteva, para abrir una mirada poliédrica a través de múltiples ventanas. En la era de internet el viaje no parece tener principio ni final, y como dice Magris citando a Kapuscinski, los vertiginosos cambios del mundo “impiden captar el mundo en su totalidad y ofrecer una síntesis de él, permitiendo capturar, como el reportero en el fragor de la batalla, sólo algunos fragmentos”.

Esto hace, también, que infinidad de citas –de Bruce Chatwin a John Berger, de Jared Diamond a Jorge Carrión, pasando por Darwin, Cormac McCarthy o Fukuyama– se interfieran en el relato, con la misma espontaneidad (y en ocasiones la misma impertinencia) que asoman los amigos en el 'chat' de facebook. Lo importante es que la muralla de referencias textuales no impide ver el paisaje, el geográfico y el humano, que es lo que más interesa. Nadie cerrará este libro sin conocer bastantes cosas de ese hervidero de vida –900 islas, 400 tipos de corales, 1.500 de peces, 2.900 arrecifes…–, y del grave peligro que corre todo el ecosistema debido al calentamiento global, así como curiosidades acerca de la fauna de dos patas que vive allí. Martínez se asoma, y nosotros de su mano, al mundo de los tahúres, de los últimos aborígenes, de vecinos tan pacíficos como aislados o de los locos Haldanes, amantes de la vida al límite que tan pronto se bañan entre cocodrilos como se dejan morder por criaturas selváticas para probar vacunas en su propia piel.

Es entonces, cuando el autor prefiere contarnos lo que ha visto que lo que ha leído, que sin duda es mucho, cuando En la Barrera cobra su corpulencia y sabor idóneos. Es ahí donde su prosa transmite mejor la vida que palpita a su alrededor, su salvaje exuberancia y también su extrema vulnerabilidad. Y donde sentimos que tal vez estemos ante un mundo condenado a extinguirse, pero que aún puede salvarse por obra y gracia de la buena literatura.

[Publicado en Mercurio]

24 abril 2013

A la vuelta de la esquina


El fin del mundo equivocado

Mauro Corona

Altäir, 2013. Colección "Clásicos Heterodoxos"

ISBN: 978-84-939274-9-3

176 páginas

19 €

Traducción de María Alida Ares Ares


Alejandro Luque

La irrupción en el mercado español, hace un par de años, del escritor Mauro Corona, supuso una de esas buenas noticias que no se prodigan demasiado. Su libro Fantasmasde piedra daba a conocer a uno de esos escasos autores que conjugan una prosa más que brillante, rica, enjundiosa, con una personalidad magnética: escalador, escultor, escritor descubierto, como contamos en su día, nada menos que por Claudio Magris. Un hombre como de otra época, de ese tiempo en que vivíamos en comunión con la Madre Naturaleza, poseedor de secretos ancestrales vedados al urbanita del siglo XXI.

El segundo libro de Corona publicado en nuestro país es muy distinto de aquel fascinante rescate del pasado. Ahora, el escritor de los Dolomitas mira hacia el futuro. Y lo que ve, claro, resulta francamente desasosegante. El libro plantea una sencilla hipótesis, nada descabellada: el mundo, exprimido hasta el límite por la ambición humana, se queda sin carburantes: petróleo, carbón y energía eléctrico. ¿Qué se puede hacer? El invierno de “la muerte blanca y negra” acecha y toda la opulencia acumulada con avaricia por el llamado mundo desarrollado se revela perfectamente inútil. Será necesario recuperar el trabajo manual, casi olvidado, y los modos de vida sencillos y naturales para que la raza sobreviva.
    
El mensaje, de evidente aliento ecológico aunque no ahorra algún mandoble para animalistas extremos, es muy fácil de compartir. La mayor parte de los lectores de esta reseña es consciente de que nos hemos vuelto masa improductiva, peor aún consumidores compulsivos incapaces de arrancarle un tubérculo a la tierra, pescar una lisa mojonera o desplumar un pollo. Hasta los críticos literarios se llevan su merecido en esta visión distópica: “Hasta pocos días atrás, no perdonaban ni una, y si algún autor les caía mal por cualquier motivo, ¡adiós muy buenas!, el crítico declaraba que el libro de Fulanito de Tal era una porquería…”. Sí, para los ricos y los pobres, Corona tiene estopa para todos.

Sin embargo, su relato futurista, fascinante por momentos, muestra algunas fallas. La principal, la facilidad con la que da por abolida la economía a las primeras de cambio. No sólo hablamos del dinero, del valor del oro, que a lo largo de la Historia ha fluctuado de un modo notable según épocas y culturas. No es eso. Algo nos invita a pensar que las estructuras económicas, aunque convulsionadas por la coyuntura extrema que se nos plantea, mutarían sin sucumbir por completo al apocalipsis. Hay otra cuestión discutible, y es la fe de Corona en el efecto redentor de la debacle energética. La cultura judeocristiana, tan arraigada incluso en quienes no profesamos su credo, confía ciegamente en que el hambre, el frío, las privaciones, sacan a la luz lo mejor del ser humano. Pero la experiencia histórica y la intuición sugieren que no siempre es así, que con harta frecuencia la desesperación y el miedo despiertan en nosotros a un animal capaz de las peores bajezas. Es mejor no apostar al mundo feliz en un trance como el que nos propone este libro: carecemos de garantías.

No obstante, vale la pena asomarse a estas páginas y hacerse preguntas. Aunque el autor se vuelva un tanto reiterativo, aunque el estilo no tenga la grandeza de Fantasmas de piedra, se hace necesario mirar hacia el horizonte sin cinismo ni ingenuidad. La fantasía de El fin del mundo equivocado no especula con visitas extraterrestres ni delirios cibernéticos de un futuro remoto: habla de cosas que están a la vuelta de la esquina, y ante las cuales usted y yo, probablemente, nos desenvolveríamos como perfectos inútiles. Sólo por eso vale la pena leerlo. Dicho lo cual, si me lo permiten, les dejo y vuelvo a dedicarme a mis tomates, por si acaso.  

15 febrero 2012

A dónde van

Fantasmas de piedra. Cuando una aldea era el mundo

Mauro Corona

Altaïr, 2011. Colección "Clásicos Heterodoxos"

ISBN: 978-84-9375-558-4

296 páginas

22 €

Traducción de María Alida Ares Ares



Alejandro Luque

En los últimos años, España e Italia han coincidido en demostrar un renovado interés por la memoria. Escritores, cineastas, artistas del más diverso pelaje han participado de este movimiento, a veces fuertemente politizado, pero casi siempre impregnado de un angustioso sentimiento de pérdida. “Se canta lo que se pierde”, escribió don Antonio Machado. Pero no todo lo que se pierde es cantado, porque para eso hay que encontrar primero un cantor. En una canción preciosa, Silvio Rodríguez se preguntaba adónde iban las cosas cotidianas que el olvido barre; pero, nombrándolas una a una, el público sentía con un escalofrío la certeza de que estaban siendo rescatadas.

He recordado ambas cosas, el verso machadiano y la letra de Silvio, tras la lectura de este hermosísimo libro de Mauro Corona, vecino de los Dolomitas del Friul, en el norte alpino de Italia, escalador, escultor en madera y, desde que fuera descubierto nada menos que por Claudio Magris, escritor con 16 títulos en su haber. Tras darse a conocer en su país con libros como Aspro e dolce, L’ombra del bastone o Storia di neve, este hombre de montaña ha desembarcado en España con un testimonio de los que dejan huella en cualquier lector sensible.

El origen de esta historia se remonta al 9 de octubre de 1963, cuando el embalse de Vajont fue desbordado por una ola gigantesca y el valle completamente barrido, con un saldo de dos mil pérdidas humanas y el resto de la población desalojada a la fuerza. Erto, la villa natal de Mauro Corona, fue así durante décadas un pueblo fantasma. A él regresa el autor en estas páginas, recorre las calles en las que transcurrió su infancia, empuja la madera podrida de las casas, reconoce objetos que pertenecieron a parientes y vecinos, y poco a poco consigue que todo vuelva a revivir ante nuestros ojos.

Estructurado en cuatro partes correspondientes a las estaciones del año, Fantasmas de piedra es al mismo tiempo una autobiografía íntima, una elegía al mundo perdido de ayer (“Ha habido más cambios en los últimos treinta años que en los doscientos precedentes”, dice), un canto a la naturaleza y, desde el punto de vista estilístico, un relato magistral, con momentos que habrían merecido la aprobación de Rulfo, descripciones capaces de traernos a la nariz el olor de la resina y la tierra húmeda, y a los labios el sabor de la polenta y el áspero vino de las montañas.

Tal vez no sea casual el hecho de que Italia haya dado un caso como Corona, paralelo al que surgió en España, a la sombra del maestro Delibes, con nombres como Julio Llamazares o Alejandro López Andrada, todos ellos autores capaces de poner en pie un universo que ya no es, que nunca volverá a ser. La nostalgia, como se puede imaginar, está presente a todo lo largo y ancho del libro, y también son frecuentes los fragmentos que mueven al humor. Pero Corona es lo suficientemente inteligente como para no rellenar casi 300 páginas con escenarios arcádicos, coros de pájaros y ancianitas bondadosas. Hay que subrayarlo: Fantasmas de piedra no es Heidi. Por el contrario, se trata de un libro duro, que levanta acta, por ejemplo, de cómo los niños robaban los pollitos de los nidos y les quebraban el cráneo con una simple pinza de los dedos, cómo una chica violada volvía a casa amordazada por el miedo y la vergüenza, o como se dirimían en sucesos de sangre algunas controversias personales, al margen de las leyes codificadas.

Prolijo, moroso, muy bien hilvanado, pero sobre todo honesto, el testimonio de Corona nos recuerda que no hay que tener miedo al escozor de la memoria, porque a veces ésa es la señal de que las antiguas heridas se desinfectan. Y, dando una vuelta de tuerca al adagio machadiano, que sólo lo que se canta puede ser salvado.


[Publicado en La Tormenta en un Vaso]