Escribir en la oscuridadDavid Grossman
Debate, 2010
ISBN. 9788483068786
144 pág.
16,90 euros
Traducción de Roser Lluch
En términos históricos, hablamos de las luces para referirnos a un periodo –por lo general delimitado por el siglo XVIII francés e inglés– en el que la razón se impuso a la ignorancia y la superstición, al oscurantismo. El título de esta colección de conferencias y ensayos breves de David Grossman (Jerusalén, 1954), Escribir en la oscuridad, alude al ejercicio de la escritura en tiempo de guerra, que es el de la razón derrotada; concretamente, en la guerra no declarada que desde hace décadas mantiene su país, Israel, con los países de su entorno y consigo mismo.
Grossman muestra cómo, del mismo modo en que los conflictos que reflejan las noticias se desarrollan en un plano territorial –construcción de nuevos asentamientos aquí o allá, desplazamientos de tropas, incursiones en tal o cual ciudad–, hay un territorio interior en el ser humano que padece análogas convulsiones. El autor de La vida entera y Tú serás mi cuchillo lo ilustra a la perfección con el ratón de Kafka, que acechado por el gato y atrapado por la trampa lamentaba que el mundo se le hiciera cada día más estrecho. Ningún centrifugado encoge tanto los tejidos del alma como el del miedo. Y merced a ese miedo, cada individuo permite ser confiscado por su propio Estado y convertido en “zona militar cerrada”.
Avergonzado con las arbitrariedades de su país, decepcionado por el hecho de que los judíos, “que siempre hemos sido recelosos y cautelosos con el poder, en cuanto lo hemos ostentado se nos ha subido a la cabeza”, Grossman le habla a los suyos con una contundencia tan inusual como admirable. Pacientemente, desmonta una a una todas las coartadas de este pueblo al que durante casi dos mil años “se le ha denegado su humanidad mediante toda clase de medios sofisticados, desde la demonización a la idealización, que son las dos caras de la deshumanización”.
Resulta muy difícil no emocionarse ante las palabras lúcidas y valientes de Grossman, y más aún entender que el Gobierno de su país se permita el lujo de desoír a intelectuales de esa talla. Pero este libro no sólo habla de y para Israel. Ni siquiera se dirige únicamente a ambos lados de la frontera. Se trata de un manual válido para todos aquellos rincones donde el sentido común haya sufrido un apagón, donde la incapacidad para ponerse en el lugar del vecino imponga la oscuridad por decreto. Y nos devuelve la fe en que, incluso en medio de las tinieblas más compactas, haya siempre alguien dispuesto a hacer saltar una chispa que alumbre y dé calor.

