Mostrando entradas con la etiqueta Debate. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Debate. Mostrar todas las entradas

20 mayo 2010

Ponte en su lugar

Escribir en la oscuridad

David Grossman

Debate, 2010

ISBN. 9788483068786

144 pág.

16,90 euros

Traducción de Roser Lluch




Alejandro Luque

En términos históricos, hablamos de las luces para referirnos a un periodo –por lo general delimitado por el siglo XVIII francés e inglés– en el que la razón se impuso a la ignorancia y la superstición, al oscurantismo. El título de esta colección de conferencias y ensayos breves de David Grossman (Jerusalén, 1954), Escribir en la oscuridad, alude al ejercicio de la escritura en tiempo de guerra, que es el de la razón derrotada; concretamente, en la guerra no declarada que desde hace décadas mantiene su país, Israel, con los países de su entorno y consigo mismo.

Grossman muestra cómo, del mismo modo en que los conflictos que reflejan las noticias se desarrollan en un plano territorial –construcción de nuevos asentamientos aquí o allá, desplazamientos de tropas, incursiones en tal o cual ciudad–, hay un territorio interior en el ser humano que padece análogas convulsiones. El autor de La vida entera y Tú serás mi cuchillo lo ilustra a la perfección con el ratón de Kafka, que acechado por el gato y atrapado por la trampa lamentaba que el mundo se le hiciera cada día más estrecho. Ningún centrifugado encoge tanto los tejidos del alma como el del miedo. Y merced a ese miedo, cada individuo permite ser confiscado por su propio Estado y convertido en “zona militar cerrada”.
No obstante, Grossman prefiere mirar hacia fuera que ensimismarse en sus propios traumas; frente al individuo absorto en su ombligo, embelesado en su mitología, asume el reto de comprender al otro (¡ah, los infernales outres de Sartre!), lo que no necesariamente supone un sacrificio, sino incluso una liberación. Porque a veces los otros también están dentro de cada uno de nosotros, y negarlos da mucho trabajo: “¿Quién sabe el esfuerzo constante que hacemos para salvaguardar esos rígidos marcos internos, los cercos en los que está atrapada –a veces atada– nuestra alma multifacética y llena de artimañas?”, se pregunta con extraordinaria claridad.
El autor tiene una providencial herramienta para abordar este empeño: la escritura. Y, para seguir con Sartre, un único tema: la libertad. El caso es que es imposible ser libre bajo el peso asfixiante del miedo, acosado por la presencia permanente y ubicua del enemigo, de ese enemigo que acaba siendo todo el prójimo, todo aquello que pueda englobarse en la hospitalaria categoría de la otredad.
"Identificarme con el punto de vista ajeno", escribe Antonio Tabucchi en La oca al paso, "quizá sea ése mi modo de comprometerme". El secreto consiste, simple y llanamente, en ponerse en el lugar del otro. Para ello hay que intentar, de entrada, reconocer su existencia. Y aceptar que tenga creencias distintas, otro color de piel, otras tradiciones, una ideología que acaso no compartamos. Y apartar los obstáculos de la convivencia pacífica. Asignaturas chupadas que los israelíes no se cansan de suspender con las peores notas.
Lo grandioso del caso es que, al tiempo que Grossman se pone en el lugar de los inveterados enemigos de su pueblo, los palestinos, consigue –acaso sin pretenderlo– que nosotros como espectadores nos pongamos en su lugar. Que dejemos de ver al israelí de a pie como el sionista sin escrúpulos, para entender el drama atroz de su día a día, atrapado entre la permanente sensación de asedio y una identidad hipersensible, entre una memoria colectiva abrumadora y un futuro enfermo de provisionalidad.

Avergonzado con las arbitrariedades de su país, decepcionado por el hecho de que los judíos, “que siempre hemos sido recelosos y cautelosos con el poder, en cuanto lo hemos ostentado se nos ha subido a la cabeza”, Grossman le habla a los suyos con una contundencia tan inusual como admirable. Pacientemente, desmonta una a una todas las coartadas de este pueblo al que durante casi dos mil años “se le ha denegado su humanidad mediante toda clase de medios sofisticados, desde la demonización a la idealización, que son las dos caras de la deshumanización”.

Resulta muy difícil no emocionarse ante las palabras lúcidas y valientes de Grossman, y más aún entender que el Gobierno de su país se permita el lujo de desoír a intelectuales de esa talla. Pero este libro no sólo habla de y para Israel. Ni siquiera se dirige únicamente a ambos lados de la frontera. Se trata de un manual válido para todos aquellos rincones donde el sentido común haya sufrido un apagón, donde la incapacidad para ponerse en el lugar del vecino imponga la oscuridad por decreto. Y nos devuelve la fe en que, incluso en medio de las tinieblas más compactas, haya siempre alguien dispuesto a hacer saltar una chispa que alumbre y dé calor.

[Publicado en MediterráneoSur]

03 marzo 2010

Recuerdos de una vida entre papeles

Obra periodística I. 1960 – 1973. La construcción del columnista.

Manuel Vázquez Montalbán

Debate, 2010

ISBN: 9788483068557

522 páginas

26,90 €

Prólogo, selección y notas de Francesc Salgado.


Rafael Suárez Plácido

si acaso
en las cálidas tardes con principiante trompeta
como fondo melódico
tu mano de profesora culta
dividió mi mundo proletario
saber o no saber

Estos versos del poema “In memoriam”, que un jovencísimo Manuel Vázquez Montalbán (Barcelona, 1939) dedica “A una profesora de Historia” son la primera aproximación a las razones de su mundo que conozco: un mundo proletario que alguien, aceptemos la anécdota del poema como cierta, una profesora culta de Historia, divide en dos: saber o no saber. De ahí parte una biografía dedicada a saber más y también a luchar por lo que considera justo. De ahí y de unos padres del bando vencido que sufrieron todos los rigores de esa condición.

Efectivamente, escogió saber y escribir. Su obra es amplísima y abarca casi todos los géneros: novela, relato, ensayo, poesía, y el germen de todos ellos: el periodismo. La editorial Debate y Francesc Salgado entregan este volumen, primero de una serie, con un corpus representativo de su obra periodística. De los textos que aquí se presentan hay que destacar que ya existen varias ediciones de Crónica Sentimental de España (Lumen, 1971, la última en Debolsillo, 2003) y que en 2008 se hizo una edición, de Jack el Decorador, que recoge los artículos que publicó en las páginas de la revista Hogares Modernos, en 1969. Pero el resto de los textos no estaban disponibles hasta el momento. El libro se divide en cuatro partes:

La primera es “El debut en la prensa falangista (1960 – 1962)”, debut que ocurrió con veintiún años. Pero es que el segundo texto que tenemos (“Kennedy – Johnson por el Partido Demócrata”) nos da en pocas páginas una semblanza de un Kennedy (J. F.) que acaba de ser elegido candidato a la presidencia de los Estados Unidos por su partido. Nos ofrece las claves de su elección y posterior, y previsible, mandato, tanto en política interior como exterior, con una dignidad y un conocimiento que hoy día conozco en pocos periodistas. Y todo con tan sólo veintiún años.

Estos años escribió para dos órganos del movimiento (todos los periódicos lo eran entonces): El Español y Solidaridad Nacional. Como ya estaba afiliado en el PSUC, ya vinieron las primeras sospechas y problemas desde ambos lados.

Sus entrevistas a escritores o personajes de la cultura ya eran de lo mejor: Cela, Marsé (tras su primer libro), Lara (que luego iba a ser su editor, pero no se salva de su afilada ironía) y una jovencísima poetisa que destacaba entonces tras haber publicado dos libros: Natalia Figueroa.
La segunda parte es “Periodista y ex convicto (1963 – 1968)”. En 1963 sale de la cárcel por su participación en actos contra el régimen, y tiene más dificultades para publicar. Lo hace en Siglo 20, que codirige desde 1965, donde firma artículos de política internacional. O en la ya mencionada Hogares Modernos, donde prácticamente es redactor único y donde nace el seudónimo Jack el Decorador.

Quizá fue una época de transición, la menos interesante en su obra periodística. Pero no olvidemos que fue cuando publicó Informe sobre la información (1966) y sus primeros libros de poemas, que gestó en la cárcel.

El tercer período abarca el éxito con sus artículos en Triunfo: “La eclosión profesional (1969 – 1970)”. Y es curioso, porque ya en 1969 publicó un texto sobre el libro objeto que bien podría haberse escrito hoy. Esta tercera época está marcada por la “Crónica Sentimental de España”, uno de los mejores textos periodísticos que se han publicado en este país. Cinco capítulos en los que habla de España, desde un punto de vista muy personal y en los que, como ya había hecho en su poesía, iguala la tradición culta, con la de la más popular (como ya habían hecho Sontag y Eco, entre otros, pero aún no se había hecho en España). Es cierto que el neo-popularismo es algo semejante, pero hablamos de poesía. En España hay algún precedente, pero tendríamos que hablar, ni más ni menos, que de Rafael Cansinos. Borges y Cortázar ya lo hicieron en nuestra lengua, pero ni llegaron tan lejos, ni son españoles. La música popular, los anuncios, el cine, el fútbol… daban respuesta a los grandes interrogantes del español que veía cómo la situación no deseada se eternizaba, y no tenía demasiada pinta de ir a mejorar.

Un interesante artículo de esta época es “Jaime Gil de Biedma se jubila a sí mismo”, que publica a raíz de la noticia que da el poeta de su retirada de la poesía. Allí leemos:

“A la poesía sincera le ocurre lo que a la ideológica, sólo es buena si no parece sincera.” No sé qué pensarán de esto algunos amigos. Pero continúa: “De todas las trampas que comete Jaime Gil de Biedma en Poemas Póstumos, la más fresca es la de su falsa muerte: Yo me salvé escribiendo / después de la muerte de Jaime Gil de Biedma.”

La última parte en que se divide el libro es la más amplia, aunque recoge de textos de sólo tres años: “La eclosión del columnista (1971 – 1973)”. Y se abre con un texto en el que se niega la existencia de la “gauche divine”. La ironía es siempre en Vázquez Montalbán su ingrediente principal. Aquí también lo es. No abandona ni Hogares Modernos, ni Triunfo, donde publica una columna, “La capilla sixtina”, que firma como Sixto Cámara. Este sí es ya el columnista que voy a leer durante años, todos los lunes, en El País. El columnista que más me ha interesado siempre, junto a Haro Tecglen y unos pocos más. Pero recuerdo, cuando era pequeño, los ejemplares de Triunfo y Hermano Lobo (donde escribía Manuel Vázquez Montalbán) en la mesa de mi padre, y me pierdo entre ellos…

05 agosto 2009

Voces desde el tintero

El hombre mojado no teme la lluvia

Olga Rodríguez

Debate, 2009

ISBN 978-84-8306-826-7

345 pág.

22 euros


Ilya U. Topper


La lectura de este libro produce una sensación similar a la que podría sentirse cuando a uno le golpean en la cabeza con la colección completa de los ejemplares de El País de los últimos cinco años, dominicales incluidos. El trauma, por supuesto, es más duradero.
“Voces de Oriente Medio” es el subtítulo que Olga Rodríguez (León, 1975) ha elegido para este libro, y resume muy bien el contenido. Un miembro de la resistencia iraquí, un guerrillero palestino, una actriz siria, un cantautor ultraortodoxo judío, un comerciante libanés, una islamista egipcia, un pacifista israelí... son algunos de los personajes que pueblan este libro, cuentan su visión del mundo, de los conflictos que revuelven Oriente Próximo, todos interconectados, todos difíciles de desentrañar.
Olga Rodríguez desentraña estos conflictos, y ahí reside uno de los méritos del libro. Las voces de los personajes se acompañan de explicaciones concisas del contexto, fechas históricas, procesos políticos.

Quien sobrevive a las 345 páginas, emerge con una imagen completa, exhaustiva y nítida de los conflictos sociales, religiosos y diplomáticos que convierten hoy en avispero el paisaje entre El Cairo, Beirut y Bagdad (el capítulo dedicado a Afganistán, por supuesto interesante, no da espacio a trazar las coordenadas del conflicto con el mismo detalle que los demás, mucho más relacionados entre sí). Cabe resaltar la buena letra de la autora: quien firma esta reseña es famoso por subrayar con grueso rotulador rojo el mínimo error, la menor desviación de los hechos, la simple omision de un dato importante. Y conste que el libro en mi mesilla sigue sin una raya. Es raro encontrar una obra periodística cuidada hasta este punto (para que ustedes vean cómo de tiquismiquis me puedo poner, ahí va el único error que encontré: Inbal Perlson, quien murió en una riada cerca del Mar Muerto, junto al militante palestino Elías y al religioso judío Yohanan, no fue redactor sino redactora del AIC; vestía minifaldas, dicen. Coincidirán conmigo en que no vale la pena desencapuchar el rotulador). En resumen: este libro debería ser lectura obligada para cualquier cooperante, corresponsal o viajero con intereses políticos que se quiera acercar por primera vez a la tan castigada parte oriental del Mediterráneo.
Para lo que el libro no sirve es para regalo de cumpleaños o lectura de playa. No es un libro de aventuras. Qué duda cabe que Olga Rodríguez se ha visto en mil peripecias durante sus recorridos por conflictos civiles e inciviles. Pero quien espera encontrarse alguna anécdota, va equivocado. La autora es fiel al libro de estilo de El País: “Si las dificultades encontradas a la hora de realizar un reportaje contribuyen a hacer entender éste, se cuentan. Si no, se omiten”. Olga Rodríguez los omite: juzga que poco hay que pueda hacer entender mejor los conflictos que la propia voz de sus protagonistas. Intenta darles vida contando los detalles cotidianos, el día a día que ella intuye en sus historias, el ambiente (tan humano, tan poco distinto a nuestras propias vidas). Pero lo hace sin literatura: no es fácil casar el reportaje de buena hechura con un estilo de novelista (pero no es imposible, como demostró Miguel-Anxo Murado con su Fin de siglo en Palestina). El hombre mojado no teme a la lluvia es, en fin, un único largo reportaje. Son las mil historias que la periodista se dejó en el tintero trabajando para radio y televisión (una vida no cabe en una noticia de 20 segundos; en un libro sí).
Y no llega más allá, aunque no se puede decir que no lo intente: aquella conversación en la que sale a relucir la vida sexual (inexistente) de los jóvenes activistas palestinos (“ninguna chica querría acostarse conmigo y yo tampoco iba a dejar que ella se despojara de su honor de esta manera”) hace intuir que hay otra vida que contar tras las circunstancias políticas, que no todo el conflicto de Oriente Medio son tanques y piedras y policías, que falta por escribir un reportaje igual de largo sobre la represión de la propia sociedad y quienes se rebelan contra ella (que no siempre son los mismos que se rebelan contra los tanques y las policías). La jornada ajetreada de una enviada especial en los conflictos probablemente no haya dado para más.... de momento. Quizás, la materia para ese libro, igual de necesario, se acumule ya en el tintero de la autora.