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27 septiembre 2010

Voz del que clama en el desierto

La colina amarilla

Antonio Zamora

Hipálage, 2010

ISBN: 978-84-96919-31-0

260 páginas

15 euros





Jesús Cotta

Ya había reseñado yo aquí un libro suyo titulado La venganza de Evaristo Cubista, un libro breve que contaba una historia tan terrible y tan bien contada, que sólo le eché en cara la ausencia de un lenguaje más apasionado: con todo lo que le pasaba al prota, pegaba soltar al menos alguna palabrota, perder a veces los nervios, dar un puñetazo en la mesa.

Pero con esta segunda obra el autor se ha superado. El lenguaje de Arcadio Talavera, que es quien narra toda la historia, es el de un poeta in pectore, en lo oscuro, pero con muchos cojones, con mucho deseo de amor, confinado en las sombras de una guerra inútil, larga, que es toda desierto y sangre.

No recuerdo ahora mismo ninguna novela que trate nuestra triste guerra de Marruecos, que es un episodio que la gente olvida o que no interesa, pero donde se derramó mucha sangre joven que había nacido para sembrar campos y amar mujeres, y no para empapar la arena de unas tierras que nunca nos trajeron nada bueno.

Sin patrioterismo, pero sin antipatriotismo, sin pacifismo, pero sin belicismo, sin sentimentalismos, pero con el corazón, el protagonista nos muestra su universo desde dos planos: el de la guerra en tierra extraña y el de los recuerdos en tierra propia. En el primero encontramos un hombre, que había nacido para el amor, el hogar y la libertad de los hombres buenos y sencillos, pero que se ve arrojado a la matanza, la servidumbre y el odio de una guerra donde lo peor del hombre triunfa porque, si no, moriría el hombre entero y él lo sabe y se deja arrastrar, pero no le gusta. En el segundo encontramos al joven apasionado que no soporta la chulería del señorito, el servilismo de su padre, y que conoce el amor que lo puede rescatar de sí mismo, aunque su pasión y su orgullo lo malogren y le hagan expiar sus culpas.

Estos dos planos, que se alternan durante toda la novela, son igualmente interesantes, son dos espejos que reflejan a dos hombres distintos que son el mismo en diferentes circunstancias. En otras novelas donde los planos también se alternan, suele ocurrir que uno está más conseguido que otro, pero en esta novela la voz rotunda y sin componendas del protagonista les presta a ambos mucho interés. Y me parece que esta novela podría haber ganado perfectamente un premio. Desde luego, si yo fuera uno del jurado, se lo daría.

Nunca he visto tan claro como en esta novela que, cuanto más sórdido y cruel es lo que nos rodea, más patente y desesperada es nuestra vocación de amor y salvación.

Vale la pena oír la voz de un hombre desnuda en el desierto del Rif, que desgrana recuerdos para no convertirse en un monstruo ni olvidar que fue nuestro abuelo cuando era novio y soldado, lejos del amor y de la patria.

No sólo la Guerra Civil nos explica. También está esa guerra que nadie quiere recordar.

08 diciembre 2009

La marimorena, los campanilleros y las ovejas

El Arca de Belén (capricho navideño)

Mercedes Marcos Monfort
& José Miguel Desuárez

Hipálage, 2009

ISBN: 978-84-96919-23-5

74 pág.

8,40 €



Jesús Cotta

España es un país de una admirable, amplísima y variadísima tradición navideña, con un repertorio casi inigualable de villancicos y de recetas centenarias y originales. Es una navidad con sabor propio, adornada de alegría popular, de niños pidiendo el aguinaldo y de fiestas familiares. A la larga y curiosa tradición de montar el belén, que se remonta a san Francisco de Asís, se ha sumado la del árbol de navidad y otras. Papá Noel aún no ha desbancado del todo a los tres misteriosos y nocturnos Reyes Magos, porque estos, al ser tres, traen más regalos que uno solo y, además, son de tres razas distintas, lo cual es muy apropiado en estos tiempos multiculturalistas.
Sin embargo, por estos lares la navidad casi nunca da el salto de la expresión popular hacia la creación artística, a diferencia de lo que ocurre en el mundo anglosajón, donde cada navidad se estrena una película navideña o algún cantante de éxito compone un villancico.

Para colmo, está de moda criticar la navidad. Uno queda así muy intelectual. Que si las reuniones familiares son un rollo, que si hay demasiado consumismo, que si son en realidad unas fiestas tristes e hipócritas. Hay incluso quien prefiere llamarla Fiestas del Solsticio de Invierno para no herir no sé qué quisquillosas sensibilidades. Siempre me ha parecido que los que critican la navidad suelen ser unos aguafiestas que no tienen con quién celebrarla. Pero los que de niños guardamos un recuerdo feliz y brillante de esas fiestas, los que nos llevamos muy bien con nuestras familias y no nos avergonzamos de tocar la pandereta y la zambomba, los que, en fin, aún creemos en los Reyes Magos y tenemos hijos que, en esa noche mágica, ponen agua y hierba para los camellos y tres copitas de anís, queremos que los niños las sigan disfrutando y nos parece muy bien que, aunque sea a veces postizo y efímero, cunda en navidad ese aire de luces callejeras y solidaridad y amor universal.
Por eso doy la bienvenida a este librito con este cuento encantador, ingenuo pero inteligente, donde las figuras de un belén cobran vida hasta convertirse en un acontecimiento de consecuencias imprevistas y universales. Me gustan esas narraciones que arrancan con lo ordinario y acaban en lo extraordinario.
De vez en cuando conviene reseñar libros cuyo autor no sea un cenizo invitándonos al suicidio o reivindicando a Caín y su quijada de caballo, sino libros escritos por personas felices que no quieren que nadie tire la toalla. Capricho navideño es uno de ellos.
El libro combina la navidad con un toque ecológico y de ciencia ficción que a los niños les interesa por unos motivos y a los adultos por otros. Deja además buen sabor de boca y no nos castiga con moralinas ni con críticas ni denuncias. Su estilo es sencillo, con un toque osado, lírico y emotivo, escrito además a cuatro manos por una pareja de escritores que sabe mucho de la infancia y de adultos que veneran y cuidan esa edad.
Los que aún no hayan perdido al niño que llevan dentro ni su espíritu de aventura se lo pasarán bien con él. Los que lo hayan perdido lo encontrarán tal vez con la lectura de este libro.
Ojalá sea el primero de una colección simpática, campanillera y alegre como una pandereta.

19 noviembre 2009

La fealdad y el amor a la belleza

La venganza de Evaristo Cubista

Antonio Zamora

Hipálage, 2009

ISBN.13: 978-84-96919-21-1

135 páginas

13 euros



Jesús Cotta

Siempre me han gustado las novelas que de muy poco hacen mucho, que le sacan el máximo partido a dos o tres elementos muy sencillos, como La vida de Pi, de Yann Martel, una novela que narra los doscientos veintisiete días de supervivencia que un niño hindú pasa con un tigre y algunos otros animales salvajes en una pequeña embarcación.

Otras obras parecen empeñadas en complicar con muchos personajes y vericuetos una cosa sencilla, como esas novelas policíacas donde el crimen es de lo más normal y el autor nos presenta a mil sospechosos para despistarnos.

Sin embargo, La venganza de Evaristo Cubista es de las novelas que de muy poco hacen mucho, que arrancan con lo cotidiano y acaban en el paroxismo, sin saltar a la fantasía.

El autor nos presenta a un estudiante universitario, guapo, rico y remolón que, por una cuestión de orgullo personal, se empeña en robarle la novia al feo del grupo. Y de ese asunto sumamente simple nos lleva a una tragedia personal sin aspavientos ni sangre, sin recurrir al deus ex machina ni a las persecuciones ni al ensañamiento al que nos tienen acostumbrados ciertas películas. El protagonista, con naturalidad y sin eufemismos, nos explica su proceso interior de purificación a la par que los sucesos que lo conducen a ello, hasta que se acostumbra a vivir con el horror. Eso sí, el final es difícil de digerir y deja mal sabor de boca, pero tal vez sea para el protagonista la única salida posible si desea seguir vivo.

Antonio Zamora trata en esta novela asuntos como las aventuras eróticas, la enfermedad, la amistad y la venganza. Y todo con una verosimilitud que parece nacida de las propias experiencias del autor. Las chicas que aparecen en escena, aunque sus actuaciones son breves, parecen vivas en la voz del narrador. Pero lo que más me ha gustado es la contraposición entre la frivolidad amorosa del guapo y la intensidad con que el feo ama a una mujer.

Quasimodo, la Bestia o el fantasma de la ópera son feos insignes de la literatura con un elemento en común: su desaforada necesidad de amor y belleza, lo cual los hace grandes y a la vez peligrosos. En este caso, el feo, Evaristo Cubero, llamado Cubista por su rostro abstracto, no es un resentido contra el mundo ni oculta su fealdad, pero lo que lo hace peligroso es el deseo de vengar a una mujer que ha muerto de tristeza.

Aunque la sencillez, corrección y claridad del lenguaje es uno de los alicientes de este libro que se deja leer con una rapidez pasmosa, echo en falta un toque más literario en el lenguaje, alguna concesión ocasional a la poesía y al desgarramiento, una mayor osadía en las imágenes y en la expresión. La intensidad de lo narrado a veces lo exige. Eso no le habría robado agilidad al libro, sino que lo habría hecho más redondo. Pero, en realidad, el libro no defrauda. Cumple con lo prometido. Es de esos libros que empiezan bien y terminan mejor, porque rematan bien la faena.

Doy, pues, la bienvenida a esta novela y felicito al autor. Se nota que, tras todas esas líneas que él deja caer como una lluvia mansa, hay mucha vida, mucho trabajo y un gran mundo interior que, con esta novela, no ha hecho sino empezar.