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28 diciembre 2012

En mi familia no se dijo nunca "te quiero"

¿Eres mi madre?

Alison Bechdel
 
Reservoir Books, 2012

ISBN: 978-84-397-2605-0
 
304 páginas

19,90 €
 
Traducción de Rocío de la Maya
 



Rafael Suárez Plácido

Lo que más sorprende y atrapa es la sinceridad. Ya al principio del libro, la protagonista de la historia, que se supone que está en pleno proceso de escritura del propio libro, se dice desesperada: “No se puede vivir y escribir al mismo tiempo.” Y ahí se resume una buena parte de las dificultades del proceso de creación, y no sólo de creación sino de vida, del autor contemporáneo. “No se puede vivir y escribir al mismo tiempo”, porque uno ha de ser vivir con la losa de haber opinado o fijado una opinión o, simplemente, contado su versión de los hechos de una historia, y más si se trata de su historia. He tomado de José Luis Piquero, uno de los pocos poetas contemporáneos que conozco, el verso que he usado para titular esta reseña. También aclarar que he utilizado el adjetivo “contemporáneo” al usar la terminología de Agamben, que a su vez toma de Nietzsche, que dice que “sólo lo intempestivo es actual” (o contemporáneo). Efectivamente, para cualquier creador contemporáneo, la presencia en el mundo que va a reflejar en sus obras es más un problema a solucionar, que una facilidad. El caso es que la mayoría de los autores que publican sus libros actualmente no son, en ese sentido al menos, contemporáneos y se sitúan al margen de la historia. Ser un autor contemporáneo exige un precio muy alto. No todos los autores o artistas están dispuestos a asumirlo. Alison Bechdel sí que lo hace. Ya lo hizo en su aclamado libro anterior, Fun Home: una familia tragicómica (Reservoir Books, 2008) y vuelve a hacerlo de nuevo, aun más si cabe, con este ¿Eres mi madre?, que se acaba de publicar en esta misma casa editorial.

La apuesta editorial era arriesgada. El subgénero gay-lésbico aún no ha tenido demasiados éxitos en el cómic en nuestro país. No hay un personaje “normal” en nuestro universo cultural, que sea gay o, muchísimo menos, lesbiana. Obviando el nombre pionero de Robert Crumb y las “poco atractivas” aportaciones de algunos autores pornográficos, no hay demasiadas referencias en nuestro 'mainstream' cultural (series, películas, cómic, música, novelas cuyos protagonistas o autores sean gays o lesbianas que militen como tales: artistas o personajes con esa tendencia sí los hay, claro), lo que en Estados Unidos es muy diferente. Pero es que lo más interesante de estas dos obras que nos han llegado hasta el momento de Alison Bechdel es que la inclinación sexual de sus personajes no es más que un elemento anecdótico, un rasgo más de unas biografías poco ortodoxas que, a veces, toma cierto protagonismo, aunque nunca es lo esencial. Lo cierto es que Fun Home lleva ya publicadas varias ediciones en nuestro país y ha obtenido un considerable éxito crítico que ha transcendido del universo del cómic, para entrar en ese otro mundo a veces tan impermeable que es el literario. Y también es cierto que la expectación que ha generado este ¿Eres mi madre?, no se conocía, excepto quizás en las obras de Art Spiegelman.

La novela gráfica está viviendo un periodo de casi esplendor en nuestro país. Los nombres pioneros quizás sean Will Eisner, Osamu Tezuka, Guido Crepax, y Art Spiegelman. A partir de ahí cada año aparecen autores nuevos (Craig Thompson, Daniel Clowes, Frederick Peeters, David Lapham, Jiro Taniguchi, Joe Sacco) cuyos libros logran una cierta repercusión. Alison Bechdel viene a unirse a este grupo con estos dos libros. Si Fun Home, era el retrato de una familia y, especialmente, de la figura del peculiar padre de la autora, aquí el foco va centrándose en la relación entre ella misma y su madre. Algunos de los recursos que destacaban en el primer libro (dibujos muy cuidados a dos tintas, con máxima atención a los detalles, textos interpolados de autores clásicos que leían el padre y la niña, constante presencia de la voz en 'off' en primera persona de la narradora, alternancia pasado-presente en la historia, exposición explícita de todos los detalles necesarios y más rasgos que conseguían que el lector se sintiera como un habitante más de esa clase media, con gusto artístico y cultural, de una Norte América casi actual) se repiten en este segundo, con una importante presencia onírica, cada capítulo se inicia con un sueño, en homenaje a esa importante disciplina del Psicoanálisis que es la interpretación de los sueños.
 
Todo es más fácil o mejor, más gratificante, para el lector que coincida en su gusto o lecturas con los autores que se citan en este libro: Virginia Woolf, la que más, sin duda una pista a seguir a la hora de tratar de entender la estructura del libro, por su narrativa y sus diarios. Todo el libro se estructura en torno a la bipolarización que se da entre la propia autora y su madre, que prácticamente no coinciden en nada, más que en el cariño -amor sería más exacto- que se tienen. La hija es lectora de Virginia Wolf y la madre de Silvia Plath, por ejemplo. La hija es lesbiana; la madre se ha casado –con hombres- varias veces. La hija dibuja una tira cómica con protagonistas lesbianas; la madre es, además de madre, profesora, reseñista de libros y actriz. La hija lleva una vida sexual promiscua, aunque casi siempre tiene pareja y esa promiscuidad no está permitida ni por ella misma ni por su pareja; la madre es siempre fiel a su pareja del momento. La hija lleva más de veinte años tratándose con psicoanalistas; la madre hace cada día el crucigrama del New York Times de papel, y así podríamos seguir la interminable lista de matices que las separan. Pero me quedo con que esas psicoanalistas que trataban a la hija han sido algunas de las pocas personas que la han entendido de veras en su vida (es imposible no adorar a Jocelyn, la figura de la madre que nunca ha tenido). Y esta necesidad creada le ha llevado a estudiar con interés a algunos de los principales autores de este tipo de pensamiento, para llegar a comprenderse así mejor a sí misma y a su madre: y, claro, junto a Freud, aparece el nombre a través del cual discurre toda la obra: Donald Winnicott.
 
Winnicott es un psiconalista inglés, el creador de la teoría de los objetos transicionales. Fue un personaje bastante excéntrico que también tuvo cierta relación con el grupo de Woolf, aunque estos no se llegaran a conocer personalmente. Estas casualidades o pequeñas e inexplicables coincidencias son muy del gusto de la autora para explicar por qué trae un personaje a escena. No lo hace, como pudiera parecer, por falta de cohesión o necesidad de estructurar el libro. No sería necesario. Más bien tiene que ver con una cierta teoría de los vasos comunicantes, según la cual todo lo que se nos viene a la cabeza o lo que nos ocurre tiene una explicación y algún motivo. Cuando no lo encontramos es porque, simplemente, no lo hemos buscado lo suficiente. Las obras de Alison Bechdel tienen una estructura aparentemente caótica pero, realmente, muy cerrada que atrapa al lector. Hay muchos modos de llegar a cualquiera de sus libros, pero lo que es más difícil es salir de ese universo misterioso que nos atrapa: el de las relaciones con nuestro entorno más próximo. Dice Bechdel que este libro le ha costado más que el primero. Lo dice porque la otra figura retratada es su madre, la persona más importante de su vida, que aún está viva y a la que admira, aunque no recuerda que en su familia se dijera nunca “te quiero”. También la presión de haber alcanzado con Fun Home tanto éxito le mantuvo paralizada durante un tiempo. Deseaba hacer otra obra que mantuviese la altura de la primera. Acérquense a cualquiera de las dos. Es, como toda la buena literatura, una manera impagable de conocer más a los que nos rodean, de conocernos más a nosotros mismos.

29 noviembre 2012

Periodismo "a Sacco"


Reportajes

Joe Sacco

Reservoir Books, 2012

ISBN: 978-84-3972-511-4

168 páginas

20,90 €

Traducción de Marc Viaplana



Alejandro Luque

Responda a esta sencilla pregunta: ¿Estaría ud. dispuesto a leer un cómic como si fuera un periódico o una revista? Es decir, ¿aceptaría un periodismo servido en viñetas? Tengo la sospecha de que la inmensa mayoría de los participantes en esta encuesta responderían que no. Y la razón principal, sospecho también, sería la suma de un prejuicio –los tebeos como género menor, cuando no como divertimento de niños– y de una convicción muy extendida, según la cual la fotografía o la prosa periodística merecen toda nuestra credibilidad, mientras que el dibujo es un medio potencialmente mentiroso.

Quienes así piensan se olvidan de que, muchos antes de la difusión de la fotografía, los periódicos y revistas se nutrían esencialmente de dibujantes. Hasta hace apenas una década, quizás menos, el propio ABC seguía ilustrando muchas noticias con dibujos, casi siempre retratos de personalidades. Quienes así piensan se olvidan de que también una imagen fotográfica puede mentir, y de que un texto es, por naturaleza, una elaboración literaria más o menos fiel a los hechos. Quienes así piensan, en fin, no han leído a Joe Sacco.

Estos Reportajes, aparecidos en medios diversos y felizmente reunidos por Reservoir Books de Mondadori en una impecable edición, pueden ser una inmejorable puerta para adentrarse en la obra del autor estadounidense nacido en Malta. El volumen empieza, la verdad sea dicha, con poca fuerza, con trabajos menores como Crímenes de guerra –cobertura del proceso contra el genocidio de los Balcanes– o Una mirada a Hebrón y La guerra subterránea en Gaza, dedicados a una zona que Sacco ha abordado ampliamente en proyectos magistrales como Palestina o Notas al pie de Gaza.

Sin embargo, apenas comienza el capítulo dedicado al Cáucaso, los ecos del gran periodismo empiezan a retumbar por las cuatro esquinas del papel. Una mirada a un tiempo atenta a los detalles y preparada para abrir el foco en cualquier momento, capaz de atender al contexto histórico como al drama personal, es de entrada un atributo envidiable para cualquier profesional de la información. Tomarse el tiempo y el esfuerzo para contrastar fuentes, para consultar las versiones oficiales y patearse luego los escenarios y ver con los propios ojos, resulta casi una excentricidad en la era de la información "light", hecha de comunicados y las ruedas de prensa sin preguntas. Si a eso le añadimos una mano excelente para el dibujo, tanto de arquitecturas como de personas, dotada especialmente para expresar emociones, se entenderá por qué los fans de Joe Sacco empezamos a ser legión.

También parece encomiable el interés del autor por asomarse a la realidad de los grandes perdedores, de las víctimas de todas las guerras, de aquellos que rápidamente pierden sus nombres y sus rostros para pasar a ser un número, una estadística. La invasión de Irak (genial el relato sobre la instrucción de irakíes por parte de los marines), la muerte de los emigrantes africanos en el Mediterráneo o la miseria de la India son algunos de los asuntos que Sacco aborda con una dedicación extraordinaria, como si temiera –y no faltan razones para temerlo–que en el momento en que el periodismo se olvide de algunos pueblos, nadie se molestará en ocuparse de ellos.

Luego hay otros puntos que pueden ser discutibles. Por ejemplo, Sacco gusta de retratarse dentro de la noticia, algo que no todos los periodistas defienden. En su caso, sin asomo de narcisismo, es un modo de subrayar un hecho central: estuvo allí, habló cara a cara con los personajes –es decir, las personas– de su relato, pasó calor y frío, se sentó en jergones inmundos, percibió el olor del moho en un refugio checheno, del azufre en las escaleras del campamento estadounidense o el de los cigarrillos de dos entrevistados en un hotel de Times Square.

Otra cuestión controvertida es la objetividad. Cada vez que concluimos la lectura de uno de sus trabajos, creemos saber si Sacco toma partido por uno u otro bando. Él mismo lo reconoce: "Si un bando dice una cosa y el otro bando dice otra, ¿acaso la verdad radica necesariamente en “algún lugar entre los dos”? El periodista que dice “He conseguido cabrear a los dos bandos, así que debo de ir por el buen camino”, probablemente se engaña. La ecuanimidad no debería ser usada para encubrir la desidia", afirma. Y concluye: "El periodismo tiene tanto que ver con “lo que dijeron que vieron” como con “lo que yo mismo vi”. El periodista debe empeñarse en descubrir qué pasa y contarlo, no castrar la verdad en nombre de la neutralidad".

Hago hincapié en este hecho porque, en tiempos de profunda crisis de los medios, el propio público debería hacer una seria reflexión crítica sobre la información que consume y los canales que se la proporcionan. También para eso sirven los cómics de Joe Sacco. 

13 diciembre 2010

La más madura dispensación de solipsismo disponible

Catálogo de Novedades Acme

Chris Ware

Reservoir Books, 2009.

ISBN: 978-84-397-2169-7

112 páginas

24,90 €

Traducción de Rocío de Maya




Fran G. Matute

Si alguien te dice que ha leído entero este Catálogo de novedades Acme miente como un bellaco, pues como dicen en el L.A. Times Book Review, eso es "casi imposible". Pero no nos confundamos. No estamos ante una obra del tipo Finnegan's Wake (James Joyce, 1939) o En-Nadar-Dos-Pájaros (Flann O'Brien, 1939) en el que la complejidad se torna intelectualidad mal entendida. Aquí la imposibilidad de lectura deriva de una cuestión puramente física. Para disfrutar Catálogo de novedades Acme en todo su esplendor necesitaremos los siguientes elementos: un atril o facistol de dimensiones considerables (50x50 mínimo), una lupa-flexo bifocal (con pie, a ser posible) y dar gracias a Dios de no sufrir hipermetropía o presbicia. Os parecerá baladí este consejo, pero si alguien me lo hubiera dado antes de enfrentarme a semejante orgía de viñetas y letras microcóspicas se hubiese llevado un gran abrazo de mi parte. Lo que ocurre es que, como artefacto facsímil que es esta lujosa edición de Catálogo de novedades Acme, en su complejidad reside gran parte de su gracia (si no toda) y Chris Ware cuenta con la complicidad del lector (o mejor dicho, con su paciencia) para dejarse llevar por este universo único y contemporáneo que ha creado.

En sus páginas encontraremos, como reza la solapa, una "aglomeración cuidadosamente seleccionada de la pasada década de las mejores páginas de cómic en color, mal dibujadas, poco serias, cutres, infantiles y americanas a la antigua usanza" que la Compañía de Novedades Acme ha producido desde su fundación. Pero junto a las clásicas historietas de Rusty Brown, Rocket Sam, Big Tex, Quimby The Mouse o Cuentos del mañana, los editores han tenido a bien incorporar, entre otras muchas chorradas varias, "una guía general de la estructura del universo con una mapa fosforescente de los cielos", "una guía de campo para la identificación de coleccionistas", "una historia completa de la propia Compañía de Novedades Acme, decorada con fotografías inéditas, tempranas aventuras empresariales y un perfil en exclusiva de su Dibujante en Jefe y Presidente Ejecutivo (por no mencionar el ejemplo más auténtico de introducción al cómic que nunca antes se había presentado al gran público)"...

Así que este Catálogo de Novedades Acme oferta todo lo que promete. Es un muy particular resumen de uno de los cómics más incisivos de los últimos años (iniciado en Chicago en 1993), que juega con la tradición para posicionarse en plena era 2.0. El dibujo de Chris Ware está claramente influenciado por los maestros pioneros norteamericanos como Winsor McKay o Milton Caniff pero su temática es ciertamente contemporánea, alineándolo con autores como Daniel Clowes o incluso Harvey Pekar, a la hora de diseccionar el vacío existencial de personajes como su Rusty Brown (una suerte de Ignatius J. Reilly de nuestro tiempo).

Por otra parte debemos destacar esta primorosa edición limitada (de sólo 850.000 ejemplares) en tapa dura, a un precio más que módico, que dará lustre y prestancia a vuestra estantería. Una edición que, en su formato, encaja a la perfección con la particular idiosincrasia de Chris Ware, que ha sido el primer dibujante de cómic que ha expuesto en el prestigioso (y maravilloso) museo Whitney de Nueva York y es colaborador habitual de The New Yorker. Debemos recordar, a su vez, que su otra gran obra contemporánea es la novela gráfica Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo (que ya se publicó en España hace unos años), que ha sido denominada por muchos como el Ulises de los cómics. Con todo lo anterior, podríamos afirmar, sin ruborizarnos, que Chris Ware es al cómic lo que David Foster Wallace ha sido a la novela americana en esta primera década del siglo XXI que se nos acaba. Un catalizador de la tradición y la postmodernidad. Un lector de realidades con el conocimiento del pasado. Un reubicador de tendencias. Un disruptor cultural. Conocer la original obra de Chris Ware merece la pena aunque, en el caso de este Catálogo de novedades Acme, nos cueste un par de dioptrías por el camino.

01 julio 2010

Gamberrismo ilustrado

England’s Dreaming

Jon Savage

Traducción de Marc Viaplana

Reservoir Books, 2009

ISBN: 978-84-397-2176-5

736 páginas

29,90 euros


Daniel Ruiz García

Durante muchos años, los amantes de la literatura musical en castellano hemos padecido los rigores de un incomprensible vacío bibliográfico en torno a la música que se enmarca dentro de ese generoso e impreciso espectro que damos en llamar pop/rock. Salvando la labor de editoriales como Edicomunicación o Cátedra (sí, la que edita las biografías con sus lomos de color chillón), y de una nómina de autores todoterreno que en muchos casos suplían la falta de densidad con oficio y un punto de entrega heróica (Jordi Serra I Fabra, Mariano Muniesa…), tradicionalmente la estantería que se ocupaba de la música en las librerías patrias ha sido siempre la que se mostraba más menuda e insípida.

De hace unos años acá, no obstante, la tendencia ha empezado a cambiar, merced a editoriales que abordan el género de la crítica, el ensayo y la biografía musical desde una perspectiva más seria y rigurosa, lo que implica -¡por fin!- la traducción al castellano y consiguientemente la importación de los grandes títulos relacionados con este subgénero. Ahí están editoriales como Global Rythm Press, Milenio o Ma Non Troppo (Robinbook), que están permitiendo por fin la penetración en el mercado nacional de títulos con los que muchos hemos soñado durante décadas.

Este retraso es lo que explica que hayamos tenido que esperar unos diez años para poder hincarle el diente al libro que hoy reseñamos. Se trata, como reza la contraportada, del libro “definitivo” sobre los Sex Pistols y el movimiento punk. Una obra a medio camino entre la biografía, el ensayo sociológico y la teoría musical que puede resultar algo dura para los no iniciados, pero que es de lo más interesante para todos aquellos que manejan los códigos básicos del movimiento punk y que aspiran a desenvolverse en el movimiento y sus implicaciones por encima de sus eslóganes e iconos.

El ensayo viene a corroborar, con gran profusión de detalles, cuestiones que ya sospechábamos. Como por ejemplo, que el origen del movimiento no estaba, como quisieron hacernos creer, en Gran Bretaña, sino en EE.UU, merced a grupos como los New York Dolls o los Ramones. O como que Malcom McLaren, el artífice del fenómeno Sex Pistols (fallecido, por cierto, hace un par de meses), no era más que un mercachifle obsesionado con la notoriedad y el dinero. O como, por ejemplo, que Sid Vicious era un tipo con escaso talento pero que daba el perfil. Probablemente el que sale mejor parado de todo el fresco es John Lydon, a quien hay que atribuir la mayor parte del genio del fugaz combo, si es que algo de eso hubo.

Me atrevería a decir que England’s Dreamin completa la pata que le restaba a la silla que componía Greil Marcus en su audaz Rastros de Carmín (Anagrama), un ensayo modélico sobre cómo abordar la interpretación histórica desde un planteamiento creativo y altamente estimulante. Si Rastros de Carmín era un ensayo en toda regla sobre la “historia oculta” que comunica los movimientos estéticos anarquizantes de comienzos de siglo XX con el punk de los años 70, England’s Dreaming es un ensayo en profundidad sobre estos años 70, con una perspectiva marcadamente sociológica pero sin descuidar en ningún momento los aspectos musicales.

En su pretensión de rigor, el volumen quizá resulte ligeramente árido en algunos momentos (tiene más de 700 páginas), pero en cambio es una obra completísima, hasta el punto que incorpora apéndices de gran valor que nos ayudan a tener un conocimiento sobre el movimiento bastante vasto.

En todo caso, al finalizar el libro, uno tiene una sensación extraña. Se siente muy almorzado de punk, pero vuelve a escuchar el Never Mind The Bollocks y el aroma de espontaneidad y brillo ya no parece el mismo. Es uno de esos libros que lo vuelven a uno un poco más resabiado, y que dejan la sensación de haber perdido algo en el camino. Vale, el punk fue todo eso, pero tampoco hay que echarle tanta cuenta al papel. Sabemos que detrás del punk había una actitud, que estaba el poso de la crisis y de la falta de oportunidades para la juventud británica, que también estaba Guy Debord y su Internacional Situacionista. Pero como los cadáveres exquisitos del surrealismo, que también acabaron sepultados por un exceso de teoría, el fuelle inicial, el resorte primigenio, no consistía en realidad más que en hacer el gamberro.

01 junio 2010

Gamberrismo ilustrado

England’s Dreaming

Jon Savage

Traducción de Marc Viaplana

Reservoir Books

ISBN: 978-84-397-2176-5

736 páginas

29,90 €

Daniel Ruiz García

Durante muchos años, los amantes de la literatura musical en castellano hemos padecido los rigores de un incomprensible vacío bibliográfico en torno a la música que se enmarca dentro de ese generoso e impreciso espectro que damos en llamar pop/rock. Salvando la labor de editoriales como Edicomunicación o Cátedra (sí, la que edita las biografías musicales con esos característicos lomos de colores chillones), y de una nómina de autores todoterreno que en muchos casos suplían la falta de densidad con oficio y un punto de entrega heróica (Jordi Serra I Fabra, Mariano Muniesa…), tradicionalmente la estantería que se ocupaba de la música en las librerías patrias ha sido siempre la que se mostraba más menuda e insípida.

De hace unos años acá, no obstante, la tendencia ha empezado a cambiar, merced a editoriales que abordan el género de la crítica, el ensayo y la biografía musical desde una perspectiva más seria y rigurosa, lo que implica -¡por fin!- la traducción al castellano y consiguientemente la importación de los grandes títulos relacionados con este subgénero. Ahí están editoriales como Global Rythm Press, Milenio o Ma Non Troppo (Robinbook), que están permitiendo por fin la penetración en el mercado nacional de títulos con los que muchos hemos soñado durante décadas.

Este retraso es lo que explica que hayamos tenido que esperar unos diez años para poder hincarle el diente al libro que hoy reseñamos. Se trata, como reza la contraportada, del libro “definitivo” sobre los Sex Pistols y el movimiento punk. Una obra a medio camino entre la biografía, el ensayo sociológico y la teoría musical que puede resultar algo dura para los no iniciados, pero que es de lo más interesante para todos aquellos que manejan los códigos básicos del movimiento punk y que aspiran a desenvolverse en el movimiento y sus implicaciones por encima de sus eslóganes e iconos.

El ensayo viene a corroborar, con gran profusión de detalles, cuestiones que ya sospechábamos. Como por ejemplo, que el origen del movimiento no estaba, como quisieron hacernos creer, en Gran Bretaña, sino en EE.UU, merced a grupos como los New York Dolls o los Ramones. O como que Malcom McLaren, el artífice del fenómeno Sex Pistols (fallecido, por cierto, hace un par de meses), no era más que un mercachifle obsesionado con la notoriedad y el dinero. O como, por ejemplo, que Sid Vicious era un tipo con escaso talento pero que daba el tipo. Probablemente el que sale mejor parado de todo el fresco es John Lydon, a quien hay que atribuir la mayor parte del genio del fugaz combo, si es que algo de eso hubo.

Me atrevería a decir que England’s Dreamin completa la pata que le restaba a la silla que componía Greil Marcus en su audaz Rastros de Carmín (Anagrama), un ensayo modélico sobre cómo abordar la interpretación histórica desde un planteamiento creativo y altamente estimulante. Si Rastros de Carmín era un ensayo en toda regla sobre la “historia oculta” que comunica los movimientos estéticos anarquizantes de comienzos de siglo XX con el punk de los años 70, England’s Dreaming es un ensayo en profundidad sobre estos años 70, con una perspectiva marcadamente sociológica pero sin descuidar en ningún momento los aspectos musicales.

En su pretensión de rigor, el volumen quizá resulte ligeramente árido en algunos momentos (tiene más de 700 páginas), pero en cambio es una obra completísima, hasta el punto que incorpora apéndices de gran valor que nos ayudan a tener un conocimiento sobre el movimiento bastante completo.

En todo caso, al finalizar el libro, uno tiene una sensación extraña. Se siente muy almorzado de punk, pero vuelve a escuchar el Never Mind The Bollock y el aroma de espontaneidad y brillo ya no parece el mismo. Es uno de esos libros que lo vuelven a uno un poco más resabiado, y que dejan la sensación de haber perdido algo en el camino. Vale, el punk fue todo eso, pero tampoco hay que echarle tanta cuenta al papel. Sabe que detrás del punk había una actitud, que estaba el poso de la crisis y de la falta de oportunidades para la juventud británica, que también estaba Guy Debord y la influencia de su Internacional Situacionista. Pero como los cadáveres exquisitos del surrealismo, que también acabaron sepultados bajo capas y capas de teoría, el fuelle inicial, el resorte primigenio, no consistía en realidad más que en hacer mucho el gamberro.