Despacio
Remedios Zafra
Caballo de Troya, 2012
ISBN: 978-84-15451-10-5
190 páginas
13,90 €
Carolina León

Noticias
Las tres balas de Boris Bardin
Mi gran novela sobre
Fernando San Basilio
Editorial Caballo de Troya, 2010.
ISBN: 9788496594456
134 páginas
12,90 euros
Daniel Ruiz García
Cuando uno adquiere cierta experiencia como lector, es fácil reconocer el brillo apenas lo tenga delante. Bastan dos páginas de arranque de un libro para saber más o menos si lo que tiene entre manos merece poco, mucho o muchísimo la pena. Leyendo el libro que nos ocupa, he tenido la insobornable sensación de que su autor, Fernando San Basilio, tiene unas dotes únicas para la escritura. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto con una novela.
Mi gran novela sobre
Decía que esta novela puede leerse como un tratado sobre el humor. Porque San Basilio nos da toda una lección sobre de qué manera hay que abordar el humor para que verdaderamente resulte inteligente, para que nos conduzca a la carcajada o al menos a la sonrisa permanente. También es una tesis sobre el humor como perspectiva frente al mundo. El humor, y esa es la conclusión que uno extrae después de su lectura, es la verdadera tabla de salvación frente a la existencia, y especialmente frente a la existencia del hombre moderno azuzado por las miserias cotidianas como buscar trabajo, encontrar novia o hacer verdaderamente algo productivo con la propia vida.
¿Pero de qué va esta novela? Va de un tipo común que intenta sobrevivir en la jungla urbana madrileña, a costa de trabajos a cuál más miserable, la mayoría de ellos no pagados, y que sueña con escribir una gran novela, una novela cosmos sobre ese icono de la cultura comercial en que se ha convertido el Centro Comercial
Ideal para el verano. Con una de éstas entre los dedos, hasta los chiringuitos de playa pueden resultar divertidos.
Mansos
El hijo del futbolistaCoradino Vega pertenece a la generación de los nacidos en los años 70, y cuya adolescencia transcurrió en los inicios de unos 90 marcados consecutivamente por el boom nacional derivado de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla en el 92 y por la crisis política y económica que aconteció poco después. Una generación influida por el discurso audiovisual y por la irrupción de los nuevos medios como ninguna hasta la fecha. Las primeras hornadas de ciudadanos nacidos en democracia, que sobre el papel han tendido sobre todo a propuestas literarias bien con un sentido marcadamente lúdico y escapista o bien con una fuerte vocación experimental, profundizando en la incorporación de los nuevos lenguajes y las nuevas realidades de eco postmoderno a la literatura. Tanto en uno como otro caso, se ha virado hacia una disolución del concepto de la literatura como instrumento revelador de realidades, como una herramienta de interpretación del mundo, algo que definitivamente parece haber caído en desprestigio entre los autores más jóvenes, debido probablemente a cierto empacho o a la consideración de que cualquier literatura de aire comprometido es una literatura menor.
En este sentido, Coradino Vega surge como una verdadera rara avis en la joven narrativa española. Cuando la mayoría anda embarcada en debates trasnochados sobre la verdadera etimología de la novela y sobre los límites de la ficción, o cuando otros muchos se afanan en revisitar géneros como el de la novela negra o la novela gótica o la ciencia ficción recurriendo sin prejuicios al pastiche envuelto en forma de homenaje, Coradino ha escrito un libro comprometido. Un libro que cuenta una historia humana, cercana, familiar, sobre un trasfondo marcadamente social. Un libro real, sobre personas de carne y hueso, donde hay un posicionamiento moral, una toma de partido, una asunción de responsabilidad.
La historia transcurre en un pueblo localizado en el corazón de las minas de Río Tinto, en Huelva. Un pueblo que soporta el lastre de un pasado colonial, en el que "los ingleses", a través de la compañía responsable de la explotación minera, hicieron y deshicieron hasta esquilmar todos los recursos, marcando para siempre la vida de muchas familias y favoreciendo una compleja red de relaciones en las que aún prevalece el resentimiento y cierta “conspiración de silencio” social, en la que los herederos de la antigua oligarquía impuesta aún gozan de visibilidad. En medio de este escenario, un joven estudiante, hijo de un futbolista que renunció definitivamente a la gloria balompédica en beneficio de su dedicación a la familia, afronta la preparación de los exámenes que poco más tarde le llevarán a elegir una carrera universitaria. Un momento de cambio, de previsible ruptura, en el que el personaje se ve abocado a avanzar en medio de la presión familiar, la presión de su entorno y sus propias relaciones con profesores, amigos y pareja.
Lo más estimable de esta novela está en lo que cuenta, pero yo me quedo más bien con cómo lo cuenta. Desdiciendo esa tendencia habitual a “decirlo todo” que caracteriza a cualquiera que se lanza a escribir una novela por primera vez, Coradino Vega utiliza con magisterio un estilo contenido, sobrio, preciso. Un estilo que convierte en invisible los hilos, las junturas, y que se lee con la limpieza con que se contempla un amanecer diáfano. Nada resulta forzado en el estilo de Coradino, todo está donde debe estar, y ni por asomo nos llevamos la impresión de que ese trabajo de aparente sencillez es fruto de un agotador esfuerzo de pulido. Pero debe haberlo habido, de eso no hay duda, porque al igual que en una canción en que todos los acordes funcionan con armonía para que la melodía resulte agradable, en este libro la cadencia, el ritmo, el fraseo resulta sospechosamente sencillo. Demasiado para que resulte fruto de la exclusiva inspiración, y no de un trabajo de esfuerzo artesano. De oficio.
Apelando a una buena historia bien contada, una historia humana y real, creo que Coradino ha conseguido algo que no se proponía. Convertirse en cierta manera en un outsider dentro de su generación, mucho más tendente al aspaviento, al griterío, al reclamo visual. Habrá que estar atentos a la próxima. Los mimbres, desde luego, son excelentes.