Mostrando entradas con la etiqueta Melusina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Melusina. Mostrar todas las entradas

18 julio 2012

'Hot'

José Martínez Ros
Crisis, rescates financieros, paro, caos... Es obvio que necesitamos un pequeño respiro, y el verano nos invita a ello. Las editoriales españoles así parecen haberlo entendido, y nos ofrecen una nueva generación de novelas eróticas. Aquí  me permito seleccionar tres de ellas, para que podáis elegir el destino literario y carnal que sea más de vuestro gusto: sociología sexual del XIX -Lolita secreta-, el archianunciado “porno para señoras” -Cincuenta sombras de Grey- o el erotismo intelectualoide de nuestros vecinos galos -El sistema Victoria-. Haz el amor y no la crisis.
El abuelito de Lolita

Lolita secreta
Anónimo
melusina [sic], 2012
ISBN: 978-84-1537-300-1
184 páginas
10 €
Traducción de Elisabeth Falomir Archambault




Este curioso libro -'Confesion Sexuelle d´un Ruse du Sud'- fue publicado anónimamente en París en la década de los años veinte del pasado siglo. Recogido mucho tiempo después en los apéndices de un monumental estudio de psicología sexual editado en el mundo anglosajón, fue redescubierto por el distinguido crítico y literato norteamericano Edmund Wilson, quien se la envió a uno de sus mejores amigos, un exiliado ruso llamado Vladimir Nabokov que, por aquel entonces, sobrevivía en los Estados Unidos dando clase en un instituto femenino. El texto presenta algunas curiosas similitudes con la mundialmente famosa novela que ese mismo exiliado ruso publicaría seis años más tarde y que convertiría el nombre de su precoz protagonista, Lolita, en un santo y seña del erotismo -y la tragedia contemporánea-. Pero más allá del hecho de que Nabokov lo utilizara como fuente o no, posee valor en sí mismo.
A través de esta Lolita secreta recuperado ahora por Melusina conoceremos la iniciación sexual -bastante patológica- de un joven ruso a finales del siglo XIX y, por lo tanto, entronca con una fértil corriente narrativa dedicada a revelar el transfondo oscuro de la sociedad burguesa de la época, con ejemplos como Pétalo Carmesí de Michael Faber o Falsa identidad de Sarah Waters. Nos muestra un mundo desconocido y casi asombroso en el que, bajo el ominoso régimen zarista, las pulsiones sexuales se desarrollaban con asombrosa libertad, aunque con un claro ingrediente de depredación de las clases favorecidas por la fortuna sobre criadas, campesinos y desheredados varios. Resulta especialmente interesante la relación que mantiene el anónimo protagonista con Nadia, la prometida de un joven desterrado en Siberia por formar parte de uno de los partidos revolucionarios que proliferaban en el país, así como sus obsesivas reflexiones, cargadas de fatalismo decimonónico “doctoievskiano”.
La obra adquiere tintes dramáticos en su último tramo, con el personaje perdido en los vastos lupanares del sur de Europa, realizando lo que ahora llamaríamos turismo sexual, indicándonos de paso que para un europeo de finales del XIX España o el sur de Italia representaban algo parecido a Tailandia o Senegal para el imaginario contemporáneo.
Sexual Personae

Cincuenta sombras de Grey
E. L. James
Grijalbo, 2012
ISBN: 978-84-2534-883-9
544 páginas
17 €
Traducción de Pilar de la Peña Minguell y Helena Trías



Cincuenta sombras de Grey, ¡el libro del que habla todo el mundo! Bueno, a lo mejor no-todo, pero casi: el primer gran éxito global de la Era del e-book comenzó, paradójicamente, como un modesto homenaje a la saga Crepúsculo para, al final, independizarlo sus orígenes de fanfic, adquirir su propia categoría de fenómeno superventas y, quizás, inicio de una nueva tendencia "best-sellera".
Por un lado tenemos a Amanda, una estudiante de una universidad de élite norteamericana, virginal (se nota que no estudio en la misma facultad que la protagonista de Yo soy Charlotte Simmons de Tom Wolfe) y notablemente ingenua; por el otro, Christian, un multimillonario de gustos refinados -¡incluso toca el piano!-. Ella se enamora (por supuesto) de él, pero hay un problema: él. Su alma llena de demonios, producto de toda una serie de traumas infantiles, le lleva a que sólo esté dispuesto a iniciar una relación con ella con sus propias condiciones, que incluirán generosas dosis (bueno, a decir verdad, no tanto) de sumisión y sadismo.
Cincuenta sombras sobre Grey ha sido machacado por buena parte de la crítica feminista anglosajona, aunque no estoy muy seguro de que tengan razón: su, a ratos simpática, a ratos tontorrona, protagonista, no sólo procede de Historia de O, 9 semanas y media y otros clásicos del subgénero, sino también de un linaje literario mucho más honroso. A su manera, es una lejana, remota, vástaga de las grandiosas heroínas de Clarissa, La letra escarlata, Retrato de una dama o Jane Eyre. ¿Por qué? Porque, como ella, son mujeres indomables, animadas por una fe en sí mismas capaz de transcender cualquier circunstancia adversa y transformar al más satánico de los amantes en un santo varón, aunque sea en el lecho de muerte. E.L. James está lejísimos, por supuesto, de esos referentes -la novela oscila entre una prosa telegráfica y un estilo pseudo-gótico a lo Anne Rice bastante risible-, pero si es el inicio de una nueva moda me parece más respetable y simpática que los vampiros metrosexuales, cementerios de libros, códigos lo-que-sea, catedrales marinas y demás bazofia que ha copado las listas de ventas en los últimos años.
Ella lleva los pantalones

El sistema Victoria
Éric Reinhardt
Alfaguara, 2012
ISBN: 978-84-2041-141-5
432 páginas
19,50 €
Traducción de Manuel Serrat Crespo




El sistema Victoria es una novela muy francesa: hay mucho sexo, pero también mucha política, a ratos resulta brillante, en ocasiones excesivamente farragosa y un pelín plúmbea; y de fondo, sentimos constantemente la sombra del novelista francés de más éxito de los últimos años, el gran Michel Houellebecq.
El autor nos sitúa en un París distinto al que conocemos por tantas novelas y películas -nada que ver con Amelie o Los amantes de Point Neuf-: estamos en La Defense, el distrito financiero, uno de los centros nerviosos del capitalismo global, y los protagonistas se conocen en un centro comercial, lo que ya es sintomático de todo lo que vendrá a continuación: David es un arquitecto casado, con niños, un izquierdista sentimental que vive en su pequeña burbuja familiar; Victoria es una superejecutiva de una multinacional, una mujer sin raíces que se encuentra a sus anchas en un universo de salas VIP, hoteles de lujo, limusinas y viajes constantes. Rodeada de escenarios en fuga, por supuesto, su relación tendrá consecuencias catastróficas. La novela está bien escrita: Éric Reinhardt es un narrador meticuloso y elegante, aunque sus diálogos son algo plomizos. Pero la sombra de Houellebecq es demasiado alargada: a la hora de describir la “economía sexual” de nuestra época El sistema Victoria no admite comparación con Plataforma o Ampliación del campo de batalla que, además, son mucho más divertidas, y a ratos lamentamos que lo mejor de la novela, la propia Victoria -una semidiosa del capitalismo, “facha”, orgiástica, neocom, ardiente, desprejuiciada y cruel- no apareciera en ninguna de esas novelas.

05 junio 2012

De sombreros de rabos de conejo y novios lectores



El judío errante ya ha llegado

Albert Londres

melusina [sic], 2012

ISBN:
978-84-9661-492-5

270 páginas

10

Traducción de Jorge Cabezas



Ilya U. Topper

Si usted quiere ver una extraña Europa del siglo pasado, quiero decir del XIX, una de esas que nos recuerda que Europa no siempre fue Europa, quiero decir: no siempre fue eso que hoy damos por hecho, una sociedad rica, racional y escamondada, con un disimulado suspiro de ¡qué suerte de haber nacido aquí!, en fin, si quiere usted ver cómo Europa era hasta hace no tanto, se puede dar una vuelta por los barrios judíos de Amsterdam, Jerusalén o Nueva York, para contemplar a señores en gabán y con sombrero de fieltro negro, como salidos de una película antigua. Sentirá entonces una extraña desazón: la falta de racionalidad, a la que usted está tan acostumbrada, la sensación de que la vida entera está sujeta a extraños mandatos divinos, tal que usted se encontrase en una tribu con chamanes y tabúes, pese a que todos llevan el traje clásico de la Europa burguesa que inventó la Ilustración. Sólo sobran los rizos de las sienes.

Pero estos barrios siguen siendo ricos y escamondados. Si usted quiere toda la película, tendrá que leer El judío errante ya ha llegado, extenso y detallado reportaje de Albert Londres, escrito en 1929 y recuperado ahora por Melusina. De estos reportajes que se convierten en  libro, pero se leen de un tirón: en el fondo es una 'road movie' del reportero. Desde luego, treinta años antes de que Tom Wolfe descubriera de repente que “es posible escribir una texto de reportaje preciso con técnicas que normalmente se asocian a la novela y el relato corto” y lo llamara Nuevo Periodismo (aunque eso era lo que los grandes, desde Londres a Egon Erwin Kisch y más tarde Joseph Kessel habían hecho toda la vida, lo que era el periodismo antes de que Europa copiara el estilo de despachos de agencia norteamericana).

Londres parte de Londres, una ciudad que en 1929 era rica, racional y más o menos escamondada. Había un inmenso barrio judío, sí, donde las gentes de bien no iban demasiado, pero los judíos allí parecían ingleses y comer kosher no era nada 'in'. Es decir, más o menos como en Francia, donde los judíos parecían (eran) franceses. El verdadero mundo judío empezaba allí atrás, en Checoslovaquia, Rumanía, Ucrania, Polonia. Donde había judíos, al margen de checos, rumanos, ucranianos y polacos, gentes con los que no tenían nada en común. Ahí, “a 45 horas de París” (aún se viajaba en tren), y dándose cuenta de que “a 36º C bajo cero hay que afeitarse el bigote, si no, se vuelve demasiado pesado de llevar”, Londres descubre otro mundo, se asoma a un abismo de algo insospechado, desconocido. Frío. Pobreza. Extrema pobreza. Miseria absoluta. Las imágenes que conjura el periodista son mucho más gráficas que las que nos puede ofrecer hoy un reportaje televisivo sobre Somalia o Haití: porque añaden el olor y porque en el Tercer Mundo de hoy día nunca hace frío, nunca hace treinta bajo cero. Aquello era Europa, entonces. Pasen y vean.

Londres toma partido por los judíos, denuncia su marginación legal (ningún país del Este, excepto Checoslovaquia, los considera ciudadanos completos, parte de la nación), el acoso que sufren, los sangrientos pogromos (y no ahorra en nitidez). Pero también anota la sumisión de los judíos a su propio mundo imaginario, el de la religión de Moisés y el mesías, su negativa a dejar sus ropajes, el caftán, los sombreros con trece colas de conejo, la barba y los papillotes, que los identifican y les impiden asumir un trabajo “normal” en una ciudad “normal”. No quieren ser normales: quieren ser judíos con todas las de la ley (talmúdica); y “asimilado” es el mayor insulto que se le puede echar a alguien en la cara en estas regiones. Los ricos financian centros educativos para jóvenes pobres, sí: para que aprendan el talmud del derecho y del revés, se conviertan en expertos sobresalientes en su lectura y recitación, y puedan hacerse rabinos o, con algo de suerte, sean captados por ricos emigrantes judíos en busca de yernos con prestigio.

Esta es la parte que quizás más nos choque: la conciencia de que Europa, aparte de no ser siempre tan escamondada como es hoy, sino de albergar pobreza y tragedias, alimentaba también una inmensa población talibán, y utilizo el término aquí sin la connotación violenta que ha adquirido sino en su sentido original: estudiante (de las letras sagradas). Importaba leer, no comer. Y éste es nuestro pasado reciente, parte de nuestra herencia, borrada durante la II Guerra Mundial.

La II Guerra Mundial borró otro cosa más: la frescura con la que Albert Londres se pudo acercar al objeto de su investigación periodística. El reportero tiene simpatía por los judíos, no la oculta, pero no le impide observarlos con un ojo crítico y a ratos con humor. Tal vez el humor, la risa contenida, sea la única manera en la que un periodista racional, que escribe para un público racional y no quiere perder la ternura, pueda resumir las leyenda religiosa que los judíos consideran “la historia de su pueblo” empezando por el éxodo de Egipto, sus tabúes religiosos, su sumisión a los 'wunderrabbi', los rabinos milagrosos – todos peleados entre ellos - que tienen sometido a una sociedad en eterna espera del mesías. Hoy sólo un judío tendría permiso de escribir con esta frescura de los judios (no pude evitar verificar si Albert Londres era judío: no, no lo era; su apellido es gascón, no sefardí).

Y también pudo Londres, aún, tomar partido rotundamente por la colonización judía de Palestina (pese a haber comprobado que el sionismo, laico como era, gozaba de muy escasa predicación entre las masas judías religiosas de Europa Oriental). Pudo aún condenar rotundamente las agresiones de milicias palestinas contra los inmigrantes y alegrarse de que los judíos supieran resistirlas con la cabeza alta: Palestina, donde estaba naciendo en ese momento una nueva nación, la israelí, era el único lugar donde los judíos no andaban con la cabeza gacha, postura impuesta por siglos de persecuciones cristianas (la historia del sufrimiento judío, lo que Londres resume como “vivir de masacre en masacre” es una historia enteramente europea, asquenazí, aunque el sionismo ha borrado también la conciencia de que en el mundo existían otras sociedades judías, distintas). En 1929, la Haganah, la milicia clandestina sionista, aún se reducía a pequeños grupos mal armados, aún faltaban dos años para que se fundaban grupos terroristas sionistas como el Irgún. Aún, Londres habla sólo de los palestinos (musulmanes y cristianos unidos) cuando concluye que “hace falta que se discuta sin el puñal en la mano”.

Sólo queda lamentar los descuidos en el acabado de la edición. Creía el traductor, Jorge Cabezas, que todo lector español sabría lo que es un “pequeño ruso” o es que él mismo no sabía cómo se decía “ucraniano” en francés? (A mis becarios yo les habría contado en este caso el legendario gazapo del que tradujo “chauve-souris” como “rata calva”, ninguneando al género de los murciélagos). También queda como una gracia involuntaria que Dios le dijera al fundador del jasidismo, en el siglo XVIII, que tomara un “automóvil” (“voiture” en el original). Y habría sido de recibo que en un libro así constara el título y fecha de publicación original (Le Juif errant est arrivé, 1930).  Pero lo que no perdono es que en todo el libro, al fundador del sionismo se le nombra (cientos de veces, todas las veces) como “Theodor Herlz” (excepto en la línea de título del capítulo dedicado a él: el maquetador tuvo mejor criterio). Entiendo que con la crisis, el viejo y venerable oficio del corrector de pruebas se ha extinguido, pero dan ganas de condenar a toda la plantilla de la editorial a escribir cien veces en la pizarra Herzl Herzl Herzl Herzl Herzl. Porque aún hay esperanza. A Bertol Bretch ya no hay quien lo salve, pero de eso tienen la culpa los serigrafiadores de camisetas.

18 noviembre 2010

Historia del mundo


Capitalismo Gore

Sayak Valencia

Melusina, 2010

ISBN: 978-84-96614-87-1

240 páginas

17,20 €




Carolina León

La historia del mundo es una historia violenta, nadie lo negará. Y es una historia escrita por hombres, por el sexo masculino. Quien desee contradecirme, que venga a decírmelo a la cara.

Reculo un poco, os cuento qué es el Capitalismo gore, según la autora de este libro, Sayak Valencia: se trata de su forma de analizar el estado actual del capitalismo desde la percepción fronteriza, las tensiones entre el llamado “Primer Mundo” y “Tercer Mundo” (éste cada día más insertado, diluido y difuso en el primero), por medio de la adscripción del mundo criminal a las lógicas capitalistas, y la asunción de aquel entramado paralelo del crimen como parte indisoluble del capitalismo. Lo cuento con otras palabras: donde el capitalismo “clásico” (nos) impone la generación de mercancías, el capitalismo gore es la destrucción de mercancia, en este caso vidas humanas, persiguiendo el mismo fin: amasar dinero.

La autora, nacida en Tijuana, filósofa doctorada en la Universidad Complutense de Madrid, se trae sus propias vivencias de la vida en la frontera, el pasmo y el estupor de un espacio en el que puedes encontrarte, al doblar una esquina, un torso descuartizado por la carretera (léase su "Warning -Advertencia-" al comienzo), y sabemos que no vamos a encontrar en este libro aquiescencias ni sumisiones. Con sus armas de ensayista -pero también con las de poeta-, realiza un repaso exhaustivo a la deriva histórica que nos ha traído hasta este punto, anclándose en multitud de pensadores contemporáneos y afirmando con el pensamiento y la palabra esta visión: que el capitalismo conlleva, en los países tercermundistas, una suerte de segunda ola de colonialismo por medio de la abducción del deseo; que ese deseo se impone como un hiperconsumo necesario para medrar en la sociedad; que la precariedad establecida (en todas partes, cada día más) nos empuja a condonar la ética en favor de otro instrumental (balas, hachas, técnicas de secuestro) que nos aseguren poder adquisitivo y respaldo social; que el proceso de entregarse a las prácticas gore es un empujón que llega desde el propio capitalismo: si no puedes consumir, no eres nadie.

Lean esto:

La perfecta confluencia entre las bombas y el consumo, entre el hambre y las imágenes, nos la proporciona una frase recogida por el escritor Roberto Saviano en la que un jovencísimo napolitano, encerrado en una cárcel de menores, asume consciente y alegremente la maldición de Edipo: "Todos los que conozco o están muertos o están en prisión. Yo quiero convertirme en un capo. Quiero tener supermercados, tiendas fábricas, quiero tener mujeres. Quiero tres coches, quiero que cuando entre en una tienda todos me respeten, quiero tener comercios en todo el mundo. Y después quiero morir. Pero como mueren los hombres de verdad, los que verdaderamente mandan. Quiero morir asesinado". Si la estructura es el capitalismo y el modelo es la Mafia, sin duda Freud tenía razón.

Si bien este muchacho napolitano sabe lo que quiere, los que mueren a diario en las ciudades del Norte de México no han sido preguntados. (La cita es del libro Leer con niños, de Santiago Alba Rico). Los mafiosos rusos, los cientos de pequeños traficantes de toda gran ciudad del primer mundo y los enormes entramados de los cárteles de la droga comparten esta lógica. Lo que no explica Saviano y sí analiza con fino ojo crítico Valencia es que esta lógica viene impuesta por el capitalismo macho y (hetero)patriarcal, que sus grandes y numerosísimas víctimas son todos, pero sobre todo mujeres, y que es de las mujeres y todos los otros exiliados del sistema de donde puede venir una alternativa de construcción de pensamiento. De los llamados "transfeminismos".

Porque resumir su ensayo (denso, pero no difícil) en estas pocas líneas es algo bastante complicado, me quedaré contenta diciendo que si usted no está conforme con que los chicos sigan prefiriendo grabar palizas con sus teléfonos móviles de última generación a pensar y actuar en pos de un cambio de rumbo, quizá éste sea su libro. Si usted, siquiera remotamente, se ha puesto a pensar alguna vez en que consumiendo su gramito de cocaína cuando llega la paga extra está financiando a docenas de extorsionadores, secuestradores, agentes diluidores en ácido (a decir de la autora, un hombre confesó haber disuelto más de trescientos cuerpos), descuartizadores y violadores, entonces seguro que sí: éste es su libro.