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26 junio 2013

Fraude

El adversario

Emmanuel Carrère

Anagrama, 2013. Colección "Compactos"

ISBN: 978-84-339-7715-1

176 páginas

7,90 €

Traducción de Jaime Zulaika



Dedicado al Pera

Sara Mesa

Coincidiendo con la traducción de la excelente novela-biografía Limónov, Anagrama saca ahora en formato de libro de bolsillo otro de los títulos más brutales de Emmanuel Carrère, El adversario, narración que ha sido comparada con acierto con el A sangre fría de Truman Capote por el acercamiento literario a una realidad criminal con los procedimientos de la ‘non-fiction’. La historia que se cuenta en El adversario posee por sí misma ingredientes de sobra para resultar atractiva, pero con el material con el que cualquier escritor mediocre podría haber construido un subproducto comercial, Carrère factura una novela impecable, de gran valor literario y humano. El caso sonó mucho en su época, 1993, por lo inusitado y absurdo de su crueldad, y su extraña mezcla de exceso, delirio y quizá pura arbitrariedad. El responsable, Jean-Claude Romand, mató a toda su familia -padres, mujer e hijos- justo en el momento en que empezaba a desenmascararse la cadena de mentiras que le había llevado durante casi 20 años a fingir ser un reputado médico e investigador en la Organización Mundial de la Salud. Pero había más que eso: Romand construyó para sí, durante toda su vida, una existencia completamente falsa no solo en lo referente a su profesión, sino en otras muchas facetas, engañando y estafando a sus amigos y familiares sin que ninguno de ellos sospechase jamás de su fachada de buen ciudadano, esposo y padre. ¿Un farsante, un mentiroso compulsivo, un frustrado patológico, un egoísta? ¿Ante qué tipo de monstruo nos encontramos, se pregunta Carrère?

Lo que seduce a Carrère de esta historia no es en sí el crimen, sino el grado de impostura que conduce hasta él, la personalidad que se oculta tras este Romand incomprensible que paseaba por los bosques del Jura o dormitaba en su coche durante horas mientras se suponía que estaba en la OMS. Asusta pensar que una simple llamada a sus oficinas hubiese bastado para poner al descubierto toda la farsa, pero su habilidad para el engaño, y también el azar -que tiene gran importancia en esta historia- hicieron que durante años Romand pudiese ir sorteando la verdad. Carrère no coloca el acento en los hechos en sí, que desde el primer momento conocemos, sino que quiere meterse en el cerebro del protagonista, aun sabiendo que el empeño es inútil. Como sucede en Limónov, este libro contiene también la historia de la escritura del propio libro.

El relato se articula como una crónica judicial, aunque en su estructura tienen cabida otros materiales, como cartas del propio asesino, narraciones focalizadas en personajes secundarios y reflexiones sobre las dificultades y dilemas morales a los que se enfrenta un escritor cuando intenta abordar el retrato completo, con todos sus perfiles, de un criminal real, cuestión esta que es central en la obra de Carrère (y que él mismo expone con gran lucidez aquí) ¿No puede ser al fin y al cabo esta novela, se pregunta Carrère, una manera de alimentar el ego enfermizo de Romand? ¿Es justo desentrañar la historia desde la perspectiva del asesino, dejando fuera la de sus víctimas? ¿Al hablar sobre la infancia, los traumas, los problemas de Romand, se están justificando de algún modo sus espantosos crímenes? ¿Puede un escritor trabajar sobre el material de la realidad más atroz y salir impune, sin escorarse hacia la compasión o el morbo? ¿Existe el peligro del enamoramiento hacia el criminal, al modo de Capote con Dick Hickock? Lo cierto es que El adversario sortea admirablemente todos estos riesgos sin dejar de enfrentarse a ellos, conduciendo al lector hacia los mismos dilemas y dudas, dejando las preguntas latiendo en el aire después de cerrar el libro. Se ha dicho que esta historia es un viaje al horror, y sin duda es así, pero también es un viaje al desconcierto, a la terrible sensación de desconocimiento de la escurridiza y ambigua naturaleza humana.

Con su prosa elegante, bien medida y sobria, marca de la casa del magnífico escritor que es Carrère, El adversario resulta una novela inquietante no solo por la historia de este crimen sorprendente, sino por el buceo en las profundidades del mal, un mal gratuito e innecesario. Carrère confiesa finalmente su fracaso: no hay enfoque acertado, no es posible comprender, ni siquiera conocer, a ese "adversario" maligno que se encarna en los ojos de Romand, ese mismo que quizá también está en los nuestros cuando lo estamos mirando con fascinación y miedo. Pero por si acaso, más allá de la confusión final, algo nos queda claro: es mejor no fiarse del 'curriculum vitae' de nadie. Ni siquiera del nuestro.

25 febrero 2013

Existe y yo lo conozco...


Limónov

Emmanuel Carrère

Anagrama, 2012. Colección "Panorama de Narrativas"

ISBN: 978-84-339-7855-4

396 páginas

19,90 €

Traducción de Jaime Zulaika

Prix des Prix 2011, Premio Renaudot, Premio de la Lengua Francesa


Sara Mesa

¿Quién es Limónov? ¿Quién es ese hombre que nos mira con severidad desde la cubierta de este libro, con atuendo militar, la mano posada en una máquina de escribir, girado hacia la cámara en un rincón de su desangelado escritorio? Es un personaje real, se apresura a decirnos Emmanuel Carrère desde el primer momento, “existe y yo lo conozco...”, un personaje fascinante, complejo, contradictorio, excesivo, testarudo hasta la idiotez, inigualable en todo caso... La atracción que tal sujeto genera en el autor de De vidas ajenas o El adversario es tan honda que el lector se siente contagiado de inmediato. El resultado es cautivador: el libro se lee más como una novela que como una biografía, y diría más: como una novela de aventuras, una novela apasionante protagonizada por un hombre que, de no ser porque basta con "googlearpara verificar su existencia real, parece sacado de un ejercicio de imaginación extrema.

Biografía novelada o novela biográfica... los libros que cabalgan en la hibridación de géneros suelen mostrar perfiles muy interesantes... En este caso, el propio Carrère, aunque siempre de fondo, se nos presenta también como un personaje de la obra. Carrère, que a principio de los 80 se sintió profundamente atraído por Limónov -cuando el escritor ruso era “el niño mimado del mundo literario parisino (...) nuestro bárbaro, nuestro gamberro: le adorábamos”-, se reencuentra con él años después y decide escribir sobre su agitada vida. De modo que el libro se convierte también en una historia sobre la propia escritura, sobre el por qué de esa fascinación que reside en la personalidad completa de Limónov, con todas sus luces y sus no pocas sombras.

Contradicción pura. Asombro. Admiración, pero también repulsa. Sentiremos todo esto al leer el libro. Carrère y Limónov cara a cara, en un combate desigual en el que obviamente ganará el segundo, el audaz, el apasionado, frente al papel de bobo aburguesado que el francés se atribuye a sí mismo. Pero Carrère se retira pronto y deja todo el protagonismo al ruso, para contarnos su vida en varios capítulos que abarcan desde 1943 a 2003, y que se ubican en diversos escenarios: Ucrania, Moscú, Nueva York, París, Sarajevo... Y en este recorrido, aparecen todos los perfiles de Eduard Savenko, el nombre auténtico de nuestro Limónov: desde fundador del partido extremista nacional-bolchevique, a poeta de vanguardia en sus años de juventud; desde mendigo en las calles de Nueva York, viviendo entre la picaresca y una sexualidad sórdida y desenfrenada, a romántico empedernido capaz de amar intensamente a una mujer durante años; desde escritor de prestigio 'underground' con sus escandalosos libros autobiográficos, a preso en la Rusia poscomunista por tenencia ilegal de armas; desde mayordomo de un millonario, a francotirador ocasional en la guerra de los Balcanes en apoyo de la causa serbia. Violento y místico, ambicioso pero capaz de renunciar a todo si es preciso, siempre franco, directo y a veces, nos da la impresión, llevado más por el instinto que por la inteligencia: así es Limonóv, o así nos los presenta Carrère. Esplendor y miseria se dan la mano en su peculiar vida, “un tipo sexy, astuto, divertido, que tenía a la vez un aire de marino de juerga y de estrella del rock (...) no era raro que al final de una cena, cuando todo el mundo estaba ebrio menos él, que tenía un aguante prodigioso para el alcohol, hiciera el elogio de Stalin, lo que atribuían a su gusto por la provocación (...) Le gustaba la trifulca, tenía un éxito increíble con las chicas...”. La limpidez de la prosa de Carrère -que muestra una vez más su talento para una escritura pulcra, envolvente y plena de matices-, nos absorbe tanto como las peripecias de su personaje. 

A pesar de los muchos episodios cuestionables de su biografía, Carrère afirma que no juzgará a su personaje. Su libro no está para eso. Bucea en las contradicciones más esenciales del escritor maldito y, por extensión, en las nuestras. En este sentido, creo que la orientación del libro no apunta tanto hacia la comprobación de la veracidad de lo contado (en efecto, Carrère no contrasta las fuentes y el punto de vista predominante es el del propio Limónov), sino hacia el análisis, mucho más escurridizo y subjetivo, de la irremediable atracción que se siente hacia los personajes extremos. No está escribiendo Carrère un reportaje periodístico -aunque haya mucho de su técnica-, ni un ensayo -aunque se encuentren densas reflexiones en la obra-, ni una biografía al uso -aunque haya mucho de ella, en efecto-, sino literatura, pura literatura que no se ancla en más limitaciones que las que el propio autor desea imponerse.

Pero además, este magnífico libro es también un relato sobre la convulsa historia de Rusia de los últimos cincuenta años, una crítica soterrada al aburguesamiento de la clase intelectual y a la interpretación unilateral de la realidad, una indagación en la contradictoria naturaleza humana y un paso más en la sólida trayectoria de uno de los escritores franceses actuales más interesantes. Merece, y mucho, ser leído.