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03 enero 2013

Chicas góticas


Siempre hemos vivido en el castillo

Shirley Jackson

Minúscula, 2012

ISBN: 978-84-95587-89-3

222 páginas

18,50 €

Traducción de Paula Kuffer

Posfacio de Joyce Carol Oates



La chaise-longue victoriana

Marghanita Laski

Automática, 2012

ISBN: 978-84-15509-07-3

144 páginas

16,50 €

Traducción de Laura Salas Rodríguez



José Martínez Ros

Tanto Siempre hemos vivido en el castillo como La chaise-longue victoriana son dos excelentes novelas no demasiado extensas que, además de su calidad, tienen otras cosas en común: ambas permanecían inéditas en español, sus autoras fueron dos brillantes escritoras probablemente no muy reconocidas y, bajo las diferencias de tono y argumento, es fácil detectar los rasgos que han caracterizado desde su origen, durante la eclosión del movimiento romántico del XIX, una auténtica novela gótica. Por supuesto, ya no encontramos vampiros balcánicos ni castillos neblinosos: ambas autoras pertenecen al siglo XX y, parte del encanto de sus libros, es detectar con qué astucia los viejos tópicos que usaron Polidori, Stocker, Poe y compañía y de los que abusaron tantos de sus seguidores -el escenario rodeado de misterio, los parajes abandonados, la maldición inexplicable y, por supuesto, el erotismo nunca abierto, nunca nombrado en términos explícitos, pero siempre presente- han sido trasladados a una época mucho más reciente, con un inequívoco toque femenino, cuando no feminista y reivindicativo.

Siempre hemos vivido en el castillo es quizás la obra maestra de Shirley Jackson, una autora cuya carrera literaria fue truncada por diversos trastornos psicosomáticos que, finalmente, la llevaron a la muerte con sólo cuarenta y ocho años. Admirada incondicionalmente por Stephen King, que ha afirmado que su House of Haunted Hill es uno de los mejores relatos de terror jamás escritos, pero también por Joyce Carol Oates -que firma el prólogo de la novela- o Jonathan Lethem, en esta obra nos conduce a una pequeña localidad rural perdida en el corazón de Estados Unidos a través de la firme voz de una adolescente, Mary Katherine Blackwood, que parece combinar en una imposible armonía el desenfado nihilista del Holden Caufield de Salinger y el fatalismo de los jóvenes protagonistas de Flannery O'Connor en Sangre Sabia o Los profetas.

Mary vive con lo que queda de su familia, su hermana mayor y su tío, después de que el resto fuera envenenada, y rodeada del temor y desprecio del resto de la comunidad local, pues no faltan quienes afirman que los Blackwood están malditos. Sólo añadiré que la narración de Mary Katherine ('Merricat') es un auténtico 'tour de force' narrativo y un magnífico (y a veces aterrador) ejemplo de lo que en los manuales literarios se denomina “narrador no fiable” (comparable al de otras novelas cortas magistrales, por ejemplo, 1080 almas u Otra vuelta de tuerca): contar mucho más del argumento de esta novela no merecería perdón. Jackson va sembrando una serie de claves usando el tono delicado, lírico e casi infantil (el aislamiento, las misteriosas prohibiciones, la “maldición” familiar, el ambiente opresivo que crea el odio -al principio, inexplicable- en la pequeña comunidad a la que pertenece) de la protagonista, sumergiéndonos en uno de los más aterradores cuentos de hadas que he tenido la suerte de leer.

La autora de La chaise-longue victoriana, Marghanita Laski, ya es un personaje que en sí mismo despierta interés: de una impresionante belleza en su juventud (a juzgar por las fotos que se conservan de la autora), esta escritora inglesa de origen polaco, fue periodista, una destacada intelectual feminista, crítica especializada en ciencia-ficción, lingüista, biógrafa de Jane Austen, ensayista sobre temas religiosos y unas cuantas cosas más, entre ellas varia incursiones en narrativa, de las que destaca esta breve y perfecta novela fantástica.

Nos presenta a un joven postrada por la enfermedad -es tuberculosa- y por un reciente parto, Melanie (que desde el primer momento aparece como una chica caprichosa y, en general, bastante insoportable) que se tiende a reposar en una vieja 'chaise-longue', un sillón victoriano adquirido en una tienda de antigüedades. Y en él se adormece para despertar en pleno siglo XIX, cien años atrás. Ella, por supuesto, no conoce a los extraños que la desprecian y humillan, pero ellos si la identifican: es Milly, una pobre criada enferma de tisis. De algún modo su mente ha retrocedido en el tiempo y se ha aposentado en el cuerpo equivocado…

Laski nos lleva a la conciencia de una muchacha dominada por el pánico, en una época equivocada y llena de amenazas: en efecto, para casi cualquier mujer de nuestro tiempo retroceder cien años equivaldría a una experiencia infernal. La edad victoriana, endulzada por las visiones románticas, aparece como una pesadilla de machismo, maltrato y tormentos sexuales. La novela de Laski empieza con un pausado retrato psicológico al estilo Henry James y acaba como un cuento fantástico que no habría desdeñado Julio Cortázar. Una pequeña joya.

30 julio 2012

'Lost' en La India

Delhi no está lejos

Ruskin Bond

Automática, 2012

ISBN: 978-84-1550-903-5

142 páginas

16,50 €

Traducción y prólogo de María López González


José Martínez Ros

Delhi no está lejos es una magnífica novela corta en la que, superficialmente, no ocurren demasiadas cosas, aunque en realidad sí pasa una, y muy importante, la vida. Ruskin Bond (1934), un escritor de singular destino (de padres ingleses, pero nacido y educado en la India, donde ha transcurrido prácticamente toda su vida, hasta el punto de haberse convertido en uno de los patriarcas de la literatura del subcontinente), nos describe certeramente a tres personajes, tres supervivientes que se refugian en sus sueños y su amistad, atrapados en un pequeño, asfixiante, ámbito que capta con exactitud y emoción: una pequeña ciudad de provincias en el norte de la India donde nada parece haber cambiado demasiado con el paso del régimen colonial a la independencia.
Creo que odio a las familias”, nos dice Arun, el narrador, un aspirante a escritor que malvive plagiando noveluchas de misterio a autores ingleses. “El sentimiento de seguridad, de interdependencia que transmiten me enfurece. Para todas las familias soy un intruso porque yo no tengo una. Un hombre sin familia es un descastado social”. Por esa razón, debido a su aislamiento y soledad en un ambiente limitado, los tres protagonistas acabarán construyendo su propia familia, un pequeño mundo privado, unidos por la fantasía de escapar hacia la gran ciudad más cercana, Delhi. Junto a Arunestá Suraj, un estudiante huérfano y enfermo que intenta prepararse para los exámenes oficiales sin morirse de hambre en el camino y Kamla, una joven y bondadosa prostituta vendida por sus propios padres.
El cuarto protagonista y, sin duda, el más importante, es esa diminuta ciudad que los aprisiona, mediocre, gris, con sus terratenientes, sus mendigos, sus habladurías y su sopor. En ciertos momentos, nos parece encontrarnos en una de esas películas neorrealistas del primer Visconti, De Sica o Juan Antonio Bardem -o en las primeras novelas de Ana María Matute o Alberto Moravia- en las que se expresaba el doloroso choque entre la resignación y el tedio diario y el deseo de huir tras un destino propio, pero al párrafo siguiente volvemos al corazón de la India eterna, con sus -desde nuestra óptica- extrañas ceremonias religiosas, donde todo se rige por el ritmo de los monzones.
Esa mezcla de universalidad y tradición es sólo uno de los encantos de esta novela, que además nos descubre a un gran narrador bastante desconocido lejos de su país. A destacar, igualmente, el excelente prólogo de María López González.

14 mayo 2012

Arrabal Vs. The World



La torre herida por el rayo

Fernando Arrabal

Automática, 2012

ISBN: 978-84-1550-901-1 

280 páginas

17 €

Premio Nadal 1982




 
José Martínez Ros

Fernando Arrabal es un ejemplo clásico de artista cuyos logros, en cierto modo, están opacados por su propia personalidad y su biografía, lo que no deja de ser manifiestamente injusto, ya que, sin duda, se trata de uno de los escritores españoles más relevantes a nivel mundial de la segunda mitad del siglo XX. Hijo de una oficial ejecutado por negarse a participar en el alzamiento contra la República (crimen que le ha obsesionado toda su vida); ganador a los nueve años de un concurso de “superdotados”; joven exiliado en París donde funda el Movimiento Pánico junto a Jodorowsky y Roland Topor; amigo de Raymond Queneau, Boris Vian, Joan Miró, Jean Genet, Darío Fo, Umberto Eco o Eugene Ionesco, con los que fundó la patafísica (la ciencia de las soluciones imaginarias, las formas inexactas, la incompetencia, las incongruencias y las excepciones) de la que continúa siendo uno de sus "sátrapas trascendentes”; condecorado con la Legión de Honor por Francia mientras el régimen franquista lo consideraba uno de los cinco exiliados más peligrosos cuyo regreso estaba terminantemente prohibido; y, por último, protagonista de uno de los momentos más excéntricos y descacharrantes de la historia de la televisión. Pintor, director de cine, grafómano (sus obras completas ocupan decenas y decenas de miles de páginas), autor del 'best-seller' mundial Carta a Franco (entre otras trece novelas), ensayista, poeta, compositor de óperas, lo que le dio la fama -y lo que está más vivo de su obra- es su teatro. Piezas como Carta de amor, El arquitecto y el emperador de Asiria, Fando y Lis y otras muchas que han sido llevadas una y otra vez a escenarios de todo el mundo.

Y, de repente, nos encontramos ante una de sus novelas, La torre herida por el rayo, publicada originalmente en 1982, ganadora del Premio Nadal, y reeditada ahora por Automática, una editorial joven y atrevida. ¿Qué podemos esperar? ¿Un texto surrealista, una confesión, una delirio barroco y prepotente al estilo de las incursiones en la narrativa de Dalí? Nada de eso: para nuestro asombro, simplemente se trata de una buena, y muy original, novela.

Arrabal, con una prosa tersa y perfecta, nos presenta a dos personajes, dos genios ajedrecistas enfrentados en el campeonato del mundo, el español Elías Tarsis y el francés Marc Amary. Ambos llevan a la espalda dos biografías tremebundas que evocan durante la partida decisiva. El dionisiaco y temperamental Tarsis ha sido, entre otras cosas, joyero, proxeneta y fraile; su oponente, el gélido Amary (que, además, tiene personalidad múltiple) nació en un retrete durante una recepción diplomática en la India, es un brillante científico y el líder de una célula estalinista que acaba de secuestrar a un miembro del Politburó soviético (lo que permite a Arrabal satirizar las ilusiones totalitarias de buena parte de la intelectualidad europea de la época). No esperen una lucha caballerosa.

Por supuesto, con semejante sinopsis llena de elementos góticos, folletinescos o puramente 'pulp' La torre herida por el rayo es sólo, en su superficie, realista y apenas oculta su condición de carnavalesca y brillante fantasmagoría, emparentada con la estética deformante del último Valle-Inclán o de Buñuel, quizás uno de sus referentes más obvios. Sus fabulosos personajes podrían haber sido sustituidos por Fu Manchú y el Doctor No, o por Magneto y el Joker o, incluso, los dos payasos asesinos de Balada triste de trompeta de Álex De la Iglesia. Como toda obra genuinamente innovadora, puede generar incomprensión, alarma, rechazo. Pero si el lector es capaz de entrar en su juego, La torre herida por el rayo resulta tan sorprendente como divertida.