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31 enero 2012

El paisaje literario de los bloques



Paseos con mi madre

Javier Pérez Andújar

Tusquets, 2011. Colección "Andanzas"

ISBN: 978-84-8383-398-8

184 páginas

15 €




Daniel Ruiz García

En Paseos con mi madre, Javier Pérez Andújar retoma la senda iniciada en su deslumbrante novela de debú, Los príncipes valientes, con una recuperación de la memoria personal sobre la cual teje su propio ideario ético y estético. En cierto modo, cabe leer esta tercera novela de Andújar como una continuación de la primera, ya que, como ésta, recurre a la misma peculiar voz narrativa y al tono autobiográfico e intimista, reforzando muchas de las tesis ya expuestas en Los príncipes valientes y ampliando el arco de consideraciones hacia otras realidades, especialmente hacia su condición de sujeto perteneciente, sentimental y culturalmente, al extrarradio (“la internacional de los bloques”, como él lo denomina). Paseos con mi madre es un gran homenaje a las periferias urbanas, pero también es una rendición de cuentas con la memoria y con sus orígenes familiares obreros y humildes. La voz que encontrábamos en Los príncipes valientes afronta en Paseos con mi madre su fase de madurez, con el paso por el periplo estudiantil, por la incorporación laboral, hasta llegar a la época actual. Un recorrido que, en todo caso, no se aborda de forma diacrónica, sino a través de capítulos que operan como una suerte de flujos de conciencia donde, más que leer, pareciera que flotáramos hacia una deriva suave y muy musical cuajada de estímulos.

La familiaridad de Pérez Andújar con la cultura popular le permite manejar abundantes referentes pop con absoluto desparpajo. Esos referentes que en otras literaturas pueden resultar algo forzados o incluso chirriantes, en el caso de Pérez Andújar resultan enormemente naturales, casi inherentes al estilo. Esta solvencia en el manejo de los referentes de la cultura popular le otorga a su escritura una frescura que sin embargo no está reñida con la elegancia. Porque si algo sobra en la literatura de Pérez Andújar es precisamente la elegancia en su forma de contar, con un esteticismo que nunca resulta amanerado sino más bien vibrante y plástico, gracias a su competencia en la construcción de imágenes de fuerte potencia poética. El mismo Pérez Andújar define su forma de pensamiento como metafórica, analógica (“La analogía es la tecnología con que funcionan los sueños, la maquinaria profunda del inconsciente”, página 48), algo que queda muy patente en el texto, con metáforas de enorme altura (“Barcelona es el cromo de una tableta de chocolate”) y una tendencia al símil que desemboca en asociaciones asombrosas (“el lenguaje es la clase obrera de la realidad, es la mano de obra que la construye. A cada realidad que se dice o que se escribe, la realidad le debe una cuota de plusvalía”). Y si bien es cierto que no se trata de un hallazgo, ya que esto ya estaba presente en su primera novela, sigue sorprendiéndonos, por su audacia y su efectividad, el uso que Pérez Andújar hace de las formas verbales futuras para narrar hechos del pasado. Porque, como ocurría en Los príncipes valientes, Paseos por mi madre habla del pasado y de la memoria recurriendo al empleo de la forma futura. En esta audacia reside buena parte de la apariencia algo hipnótica del texto, y su flujo musical que nos conduce, como en volandas, hacia el final de cada capítulo.

La literatura de Pérez Andújar asume un posicionamiento ideológico claro, el de hijo y nieto de obreros que se siente excluido de una Barcelona donde todavía se impone el pedigrí y los grandes apellidos (“de Barcelona sólo se es por familia y por dinero, en riguroso orden”), pero su izquierdismo tiene más bien una orientación estética y casi diría atávica, poblada de símbolos sentimentales, como por ejemplo la cazadora de cuero negro que el narrador lleva luciendo desde hace 25 años y que recibió como herencia de su padre. “Se pertenece antes a una chaqueta que a una patria o a una clase”, llega a afirmar al respecto, reconociendo con ello el valor sentimental y memorial que esconden los objetos en los que se representa la huella familiar, que es una huella de lucha obrera y de resistencia frente a la invasión de los iconos de un nuevo tiempo. Iconos como el Pryca, y su condición de locomotora económica para Sant Adriá del Besós pero en realidad más bien apisonadora de sueños e instrumento para el embrutecimiento laboral colectivo.

Con Paseos con mi madre confirmo lo que ya sabía desde que leí el primer capítulo de Los príncipes valientes, y lo que más tarde demostró con Todo lo que se llevó el diablo. Que estamos ante una de las voces más peculiares, personales y estimulantes de nuestras letras recientes. Y que seguro que nos va a proporcionar, si continúa paseando así de bien, muchas alegrías lectoras.

24 diciembre 2010

Actualidad bizarra para brutos mecánicos


Todo lo que se llevó el diablo

Javier Pérez Andújar

Tusquets, 2010

ISBN:978-84-8383-273-8

301 páginas

18 €




Fran G. Matute

Descubro a Javier Pérez Andújar a través de una de las revistas gratuitas más friquis que circulan por nuestro país. Me lo veo en una foto con un banjo, con cara de flipado y en el instante me cae bien. Leo las loas que la publicación le brinda y una interesante entrevista en la que el autor reconoce haberse visto influenciado por esa monumental obra que es Warlock (1958) de Oakley Hall a la hora de escribir su última novela, que lleva por título Todo lo que se llevó el diablo, y corro a comprarla a la librería.

Así funciona hoy día la tradición oral o lo que queda de ella. Teniendo en cuenta que el medio de comunicación más eficaz entre la juventud es el SMS, dentro de poco se nos olvidará hablar entre nosotros y la única forma efectiva de transmitir datos, al margen del P2P, serán los blogs como este, las páginas webs y, por qué no decirlo, las publicaciones gratuitas como en la que descubrí a Pérez Andújar. La tradición oral morirá o se transformará en algo con la coletilla "2.0" ó "3.0" y tendrá poco de oral pero el mismo grado de efimeridad. Traigo a colación esta reflexión porque Todo lo que se llevó el diablo lidia precisamente con el peso de la tradición oral en nuestro país. Tomando como punto de referencia los tiempos de la República, Pérez Andújar realiza todo un ejercicio de nostalgia folk alrededor de la cultura popular (cuentos, canciones, cómics, películas, sainetes...) de la época para enlazarlo (de forma un poco forzada, todo hay que reconocerlo) con nuestros días.

Como hilo conductor de esta historia, Pérez Andújar se apoya en las Misiones Pedagógicas que recorrieron los pueblos de la España profunda regalando cultura a los analfabetos habitantes de las zonas rurales más remotas. Rincones de España que pertenecen al gótico norteño y que comparten no pocas similitudes con pueblos como el de Amanece que no es poco (1988) de José Luis Cuerda. Junto a esos circos de la cultura ambulantes que fueron las Misiones Pedagógicas camina un lobero estepario, una representación de la pureza y nobleza del campo patrio, un joven inquietante en busca de un familiar perdido, que ira despertando de su inocencia a medida que recorre los pueblos de una España aislada y convulsa. Los pasajes que narran las peripecias del lobero son los que más arraigo en el "western" ofrecen. Puede uno vislumbrar en ellos, salvando las distancias estilísticas, influencias de Cormac McCarthy o del citado Oakley Hall en su acompañamiento al personaje, en esa constante sucesión de encuentros, en esa descripción de los polvorientos caminos secundarios que vertebraban la frágil República de Azaña. Y es por esos caminos perdidos de la mano de Dios en los que Pérez Andújar encuentra la inspiración para ofrecernos, con su virtuosa y precisa prosa, personajes de lo más variopintos (por citar uno, no podemos dejar de recordar al pedómano cuyo talento reside en interpretar el himno de Riego con sus ventosidades) que dan lugar a los encuentros más bizarros.

Contextualizando Todo lo que se llevó el diablo dentro del panorama literario actual, no resulta difícil situarla cerca de las recientes publicaciones de Eduardo Mendoza (ambientada prácticamente en el mismo momento histórico) o incluso de Rafael Reig (que amenaza con reinterpretar la historia reciente de este país). Pero esta novela se nos antoja que llega, por lo menos, unos diez años tarde, ya que funciona verdaderamente bien como el eslabón rural entre Las máscaras del héroe (1996) de Juan Manuel de Prada y las Fabulosas narraciones por historias (1997) de Antonio Orejudo Utrilla. Pérez Andújar nos habla en esta excelente novela, y así lo expresa a través de uno de sus personajes, del "hombre ultramoderno que se extasía ante la España vieja", una lectura que tiene el mismo valor en la Zamora de 1936 que en la Barcelona de 2011.