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14 octubre 2009

Un novelista en pijama

El umbral de mi blog.

María José Hermida Castro

Séneca, 2009

ISBN. 978-84-936204-6

211 páginas

16 euros



Javier Mije

Lo fragmentario, el discurso corto y cambiante, sin otro nexo que el entramado de experiencias entrecruzadas al modo en que la favorecen nuevos formatos como el blog, ha sido postulado como la forma con que la novela se adaptará a la era tecnológica. Para confirmar dicha tesis este libro no reproduce el formato de un blog –no es una novela en forma de electrónico cuaderno de bitácora-: es un blog, o más exactamente, una excerpta de los comentarios que se sucedieron en el blog que su autora creó en diciembre de 2005. ¿Qué justifica entonces su trasvase a la imprenta y su difusión en forma de libro? Un hecho insólito que, si nos encontráramos frente a una obra de ficción, hubiera requerido de Hermida Castro (Lugo, 1978) una pericia estratosférica para hacerlo pasar por verosímil: el descenso a ese foro de aficionados de un Dios de la literatura.

Para no tomar esta afirmación por una estafa no hay mejor medicina que, parodiando el dicho popular, “leer para creer”. Lo que escribió Francisco Umbral –porque, como delata el título, de él se trata- en el blog de esta joven gallega es de una calidad literaria incontrovertible. Sus intervenciones relatan experiencias relativas a su trayectoria como escritor y columnista, describen –con una franca mala leche que hará salivar de fruición a los más morbosos- el panorama político y sociológico español, y entre otras perlas (que las hay para infinitas cuentas), desgranan en un par de textos de asombrosa intensidad las ideas literarias –eso que suele llamarse poética- de uno de los autores cenitales de nuestra lengua. Pero hay aún otra circunstancia que hace de la publicación de estos documentos un acontecimiento notable: el hecho de que, mientras duró su intervención en el blog, Umbral jamás llegó a desvelar –como parece que sí hizo a Hermida Castro por otros medios- su verdadera identidad, y sobre todo, el corolario que de ello se desprende: la despiadada honestidad con que este anonimato –el pseudónimo de Ibis tras el que se oculta- le permite expresarse. No se muerde la lengua –ni elude mirarse valiente, dolorosamente al espejo el autor de Mortal y Rosa cuando siente que nadie le ve. Atención a los aficionados al voyeurismo y las biografías: he aquí el retrato de un autor sin los disfraces a los que su pública condición lo restringe.

[Publicado en la revista El libro andaluz, septiembre de 2009]