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02 abril 2012

Las trastiendas de la literatura



De rastros y encantes

José Carlos Cataño

Universidad de Sevilla, 2011

ISBN: 978-84-472-1383-2

297 + XXXII páginas

15 €




Rafael Suárez Plácido

Es curioso, o no, quizás fuera lo obvio y por eso ocurre así pero, tras la primera lectura de este libro, uno tiene la sensación de que ha estado asistiendo a la lenta restitución, a veces incompleta, de toda una biblioteca desaparecida, la biblioteca que tenían nuestros padres en casa de pequeños o, en este caso, la biblioteca de la que José Carlos Cataño habla en las primeras páginas del libro, que le acompañó hasta los doce años y que era el cuarto prohibido y que, como todos los cuartos prohibidos, era su lugar favorito de visita o escondrijo. Y digo que es curioso porque lo primero que ha hecho el autor es decir que no es así, que él prefiere pensar en sus libros como un elemento que le va a acompañar en su vida lo que tenga que acompañarle, que él prefiere seguir lo que ha llamado “la senda del tártaro”, y sí, los libros pueden ser un lastre en ese intento de vida nómada.

José Carlos Cataño es, huelga decirlo, uno de los poetas canarios más importantes de estos últimos años. Nacido en La Laguna, pasó los primeros años en esa casa con una enorme biblioteca que aunque tenía prohibido visitar, pasó a convertirse en su rincón favorito. Y eso pese a que tantos libros le producían alergia o asma. Es curioso, porque va a pasar el resto de su vida en torno a libros, en bibliotecas, librerías de viejo y rastros y mercadillos varios y no se le reproducirá esa alergia que tanto le cohibió en su infancia. El libro que más nos ha interesado hasta el momento de entre los suyos es "Los que cruzan el mar. 1974-2004", la primera parte de sus Diarios, publicado en Pre-textos. Es cierto que este libro tiene también mucho de Diario. Él lo llama, de hecho, Diario de libros y contiene una serie de entradas de su blog del mismo nombre más o menos reelaboradas. Eso ahora es difícil de valorar, ya que esas entradas antiguas del blog han sido suprimidas. En definitiva, olvidemos el blog y pensemos en un libro que trata sobre él y los libros que va encontrando en mercados de libros de viejo, especialmente en Barcelona, ciudad en la que reside, aunque también visita otras ciudades españolas y del resto del mundo. A veces podemos pensar en los diarios de Trapiello, en las entradas que dedica al Rastro. También está presente la diarística que antes se nos viene a la cabeza: con García Martín y los domingos en el Rosal, o ambos y Juan Manuel Bonet cuando visitan alguna ciudad del mundo, en las que siempre aparecerá un rincón con una librería o algo parecido. Yo no he podido dejar de recordar el fantástico relato “El cazador de libros”, del último libro de José María Conget. Con todos ellos tiene sus semejanzas y sus diferencias.

Hay que señalar, y esto es novedoso, que el libro trata exclusivamente de un hombre que sale muchas mañanas a varios sitios en los que se pueden encontrar libros usados. No nos cuenta su vida, aunque todos los personajes de la vida van apareciendo. En ese sentido no es un Diario, sin dejar de serlo. Como Andrés Trapiello prefiere las librerías de viejo a las de “nuevo”. Pocas veces comenta algo bueno de alguna de estas. Pero se separa de este en que básicamente va buscando el libro para leer, o para vender o para regalar, pero no es propiamente un cazador de ediciones muy valiosas. Hay que decir que el libro está editado por la Universidad de Sevilla, pero en una colección que se edita con motivo de la Feria del Libro Antiguo. En él se tratan muchos temas relacionados con la Literatura. Hay, por ejemplo, mucho resentimiento hacia parte de la crítica. Lo admite: no soporta ver que su nombre no ha sido incluido en alguna antología y si esta es de autores canarios, con mucho más motivo. A pocos críticos nombra, aunque se intuyen todos los nombres cuando se refiere a ellos; a bastantes autores sí, para hablar bien de ellos o mal, la mayor parte de las veces mal. Tiene gracia cuando habla de la revista Qué leer y la confunde con el Qué me dices. Su especialidad son las trastiendas de la Literatura. Así, con el tiempo sabe en qué puesto se venden los libros que los autores o editores envían a los medios, o donde descarga tal o cual crítico o poeta, la cantidad de libros dedicados que recibe. No cabe duda que sería un magnífico guía para alguien que visita Barcelona o alguna de sus islas Canarias y está interesado en este mercado de los libros viejos. De la literatura canaria también se muestra buen conocedor y es posible encontrar a lo largo del libro los nombres, y referencias a las obras, de Domingo Pérez Mink, María Rosa Alonso, Víctor Ramírez o Manuel Verdugo, aunque no se conforma en la insularidad. Es de esas personas que aparecen un día aquí, otro allá. Y esto se comprueba al abrir el libro por cualquier página.

El libro es muy sentido, pero tiene momentos muy divertidos: las erratas, esenciales en la tasación del libro viejo, y ese pequeño otro gran género que son las dedicatorias entre autores conocidos o estos y sus lectores, o simplemente entre alguien que compra el libro y a quien se lo regala. Pensemos que estos mercados están especializados en librerías que venden los familiares de alguien que ha fallecido, normalmente sin expurgarlas demasiado, con prisas. Ya digo: seguro que es toda una experiencia pasar unos años visitando a menudo estos puestos donde se airea toda la verdad del fallecido o todas las mentiras que han ido jalonando su vida. Si no podemos y la mayoría es obvio que no podemos hacerlo, tenemos aquí para su lectura De rastros y encantes, y nos podemos imaginar qué haríamos, incluso, a veces, podemos oler los libros de los que escribe siempre contando algo interesante, José Carlos Cataño.

15 noviembre 2011

Un escritor brillante, una prosa poderosa y una objeción


Cúpulas y capiteles. [Entradas del blog La columna toscana]

José María Jurado

La Isla de Siltolá, 2011. Colección "Álogos"

ISBN: 978-84-15039-59-4

103 páginas

12 €



Juan Carlos Sierra

Si no en años, sí en número -el 18-, se puede afirmar que la Colección "Álogos" de la Isla de Siltolá se ha hecho mayor de edad con el libro de José María Jurado Cúpulas y capiteles. Pero no solo por cuestiones cuantitativas, sino esencialmente por la calidad que manifiesta esta entrega.

Confeccionar una sólida colección de libros a partir de ese material heterogéneo e irregular desde el prisma de lo literario que es el blog resulta una misión extremadamente complicada. Unas veces se acierta y otras no tanto. Sin embargo, con la selección de entradas de José María Jurado el tiro ha dado exactamente en la diana de la exigencia literaria.

Independientemente de otras consideraciones, se puede afirmar que Cúpulas y capiteles nos sitúa ante un escritor brillante. No es tanto el sustrato cultural –del cine a la música pasando por la historia y los viajes- del que hace gala José María Jurado ni el aprovechamiento exhaustivo de sus lecturas; no se trata solamente de sus juegos literarios ni de sus quiebros oportunamente divertidos; no es por su manejo, aunque sea a pequeña escala, de diversos géneros literarios en esta miscelánea digital; ni siquiera por la ternura a años luz de sus peligros cursilones de algunas de las entradas de estas Cúpulas y capiteles. No es solo por todo esto, aunque también.

Lo que demuestra en principio Cúpulas y capiteles es que estamos ante un escritor versátil que ensaya en el laboratorio de su blog La columna toscana diferentes fórmulas creativas y que, por consiguiente, se pone a prueba constantemente. Nos dejamos seducir por un autor de registros variados que va aprendiendo en cada experimento el oficio de juntar palabras que sacudan al lector -en lo emocional y en lo estético-.

Pero además de esto, fundamentalmente leemos y experimentamos en la selección que ha entregado José María Jurado a la Isla de Siltolá el placer de una prosa poderosa, compacta, orgánica, rica, sugerente, viva,… Si en un buen poema cualquier palabra es exactamente la necesaria e imprescindible, si los vocablos han de ajustarse y ceñirse como añillo al dedo del verso, podemos decir que en Cúpulas y capiteles estas condiciones líricas se cumplen en un tanto por ciento muy elevado pero para la prosa; otro asunto, sin embargo, sería el análisis de los poemas incluidos como entradas en el blog, que, salvo el titulado "Calendario perpetuo" -que recuerda al Ángel González preocupado por el paso del tiempo, los días de la semana y su hastío-, se hallan más próximos a la humorada -brillante en todos los casos, eso sí-.

Cúpulas y capiteles está organizado en cuatro partes más un prólogo del propio José María Jurado, que funciona como una suerte de ‘captatio benevolentiae’ y ‘sermo humilis’ juntos. Citando al propio autor en su blog, diremos que la primera parte "Divagaciones" son artículos y humoradas, la segunda "Dramatis personae" monólogos dramáticos e históricos, la tercera "Las Mil y Una Noches" cuentos y la cuarta "Música de Capilla" textos de Cuaresma y Semana Santa.

Y aquí precisamente, en esta cuarta parte, se encuentra la única objeción al libro. Este habría quedado redondo sin esta última sección que huele demasiado a incienso y, lo más grave, rompe el tono del conjunto, porque de la universalidad se pasa sin transición al localismo y de la literatura en mayúsculas al cartel turístico aderezado con la retórica sentimental del pregonero de Semana Santa. Lástima.

08 abril 2011

La vida de papel


Las respuestas retóricas [Entradas del blog Mercado de espejismos]

Felipe Benítez Reyes

La Isla de Siltolá, 2011. Colección "Álogos"

ISBN: 978-84-15039-13-6

175 páginas

14 €

Prólogo de Carlos Marzal


Juan Carlos Sierra


Por lo que voy comprobando al observar el nivel de la balanza que pesa la literatura en formato digital y la –digamos- tradicional, me temo que se le está poniendo difícil la cosa a los apocalípticos que preparaban los funerales del papel. Es más, me da la sensación de que, al contrario de lo que ocurre con otras manifestaciones de la cultura de masas, el formato libro le sigue ganando por goleada a la red o, dicho de otro modo, lo que al final no pasa por la imprenta no existe.

Hablando de blogs o bitácoras, entiendo que hay mucha y muy buena literatura en este universo inabarcable, como también hay páginas muy prescindibles, igual que sucede con la edición de libros en formato tradicional. Independientemente de la calidad de la infinidad de blogs que existen, creo que se puede afirmar que muchos de ellos constituyen en sí un nuevo género literario que, paradójicamente, no ha alcanzado un prestigio cultural lo suficientemente elevado como para subsistir por sí mismos, a pesar del número de lectores que en potencia atesoran.

Si me he permitido esta digresión es para buscarle una explicación a un fenómeno novedoso: la transformación del blog en libro, el paso del formato digital a la galaxia Gutenberg; y, más concretamente, para referirme a la aparición de una colección como "Álogos", de La Isla de Siltolá, entre otras iniciativas anteriores de la misma naturaleza.

Dentro del irregular catálogo publicado hasta el momento por esta colección, su responsable Javier Sánchez Menéndez ha acertado de pleno transformando en libro algunas de las entradas del blog Mercado de espejismos del gaditano de Rota Felipe Benítez Reyes.

El volumen aparece bajo el título de Las respuestas retóricas, un encabezamiento también muy acertado de acuerdo con los asuntos que circulan por este volumen: respuestas que no necesitan preguntas, como sus hermanas en el espejo "viceverso", respuestas que no responden a preguntas concretas, sino a las grandes cuestiones que siempre han inquietado e importunado al ser humano, pero vestidas con ropajes aparentemente intrascendentes; respuestas a la gran pregunta que planteaba Benítez Reyes en su poema "Estampa matinal", del libro Escaparate de venenos (1996-1999): “¿Y qué es/ la realidad?”.

La vida y sus contradicciones circulan por las venas de tinta de este libro –y antes por los píxeles de la pantalla del ordenador- en toda su crueldad, en toda su estupidez, en toda su fantasmagoría, en toda su carga azarosa, en todo su absurdo. Y es precisamente en este punto donde Benítez Reyes da su do de pecho literario, donde exhibe la prosa poderosa, saltimbanqui, abracadabresca, irónica, tiernamente cínica,… a la que tiene acostumbrados a sus lectores, especialmente desde que se topó con el inefable Walter Arias de su novela de 1998 El novio del mundo.

Pocos blogs acaban mereciendo realmente la pena, como ocurre con sus hermanos mayores, los libros de papel. Las respuestas retóricas, sin embargo, es un buen libro que invita a seguir una buena bitácora. Pásense de vez en cuando, si les apetece, por el Mercado de espejismos de Benítez Reyes en la red si quieren asistir al espectáculo de la literatura de calidad en dosis digeribles para curarse de la enfermedad de ir viviendo.

04 junio 2010

Una novela vivita y coleando


Andábata

Olga Bernad

Paréntesis, 2010

ISBN: 978-84-9919-9073-0

228 páginas

13 euros (9'10 en ebook)






Jesús Cotta


Lo que más me gusta de esta novela es la frescura y la sinceridad con que se explican las cosas, lo breves y sutiles que son las pinceladas con que retrata a ciertas personas, el humor con que la narradora protagonista se trata a sí misma y esa estupenda manera de convertir lo cotidiano en excelente materia literaria. Yo, que me siento incapaz de hacer literatura con mi propia vida, siempre he admirado a los que novelan lo radicalmente cotidiano y, encima, lo hacen con gancho. La clave está en la humanísima, sincerísima y fresquísima protagonista, que no se calla nada, ni miedos, ni frustraciones, ni pecadillos, ni complejos, ni virtudes ni defectos, y todo ello sin pizca de autocomplacencia ni de sarcasmo ni de hipérbole, que sería lo fácil, sino con mucha gracia y talento literario.

No encuentra uno en esta Andábata asuntos extraordinarios y tramas novelescas. Lo extraordinario y novelesco es lo que la narradora, como si tal cosa, nos cuenta; y uno está deseando sentarse con ella y una copa en una terraza para que nos lo siga contando todo, hasta el final y el último detalle, porque ella es divertida, terapéutica, inteligente, realísima, simpática y transmite unas tremendas ganas de vivir, de perdonarlo casi todo y de meterse aún más en ese día a día suyo de luchadora poeta trabajadora y amante feliz con riesgo constante de desliz.

Lean, si no, el final del segundo capítulo, que es de antología, o la desternillante historia de las amigas porretas o el justificadísimo cabreo del capítulo III. Y los diálogos del V demuestran que la vida en pareja puede ser lo más divertido y acertado que se puede hacer en la vida; y ese sueño de ser camionera y los seres imaginarios que pululan por el libro, como el obispo de Celibandia, y con los que la prota habla con un desparpajo libre y reflexivo. Y menudo pedazo de amiga que es Carmen. Y les doy mi palabra de que todos esos personajes, incluso el obispo de Celibandia, no tienen nada de pastiches literarios: están vivitos y coleando, como servidor.

La variedad de registros es otro de los alicientes del libro. Tan pronto echa mano del vocabulario artístico como del lenguaje callejero, pero todo dentro del estilo libre, luchador y suelto de la prota. Olga Bernad, además de novelista, es poeta, y en este libro sabe sacarle a la lírica partido narrativo. No le ocurre como a esos poetas que cuando escriben prosa parece que no pueden contar nada, sino tan sólo sentir mucho. Me gustan esos libros que son tan ágiles contando como elegantes escribiendo.

Es, en fin, la novela de quien lidia en la oscuridad con el mundo, sin alharacas y con dignidad, echando mano del amor que le dan, pero dando más amor del que ella se da cuenta. Es también una novela que, sin maquillar la realidad, transmite unas ganas tremendas de vivir y de comprender a la gente.

Quien quiera saber más de la autora y de su poesía, que pinche en su blog Caricias perplejas, donde disfrutará de textos redondos y sin pelos en la lengua, imprevisibles y libres.

14 octubre 2009

Un novelista en pijama

El umbral de mi blog.

María José Hermida Castro

Séneca, 2009

ISBN. 978-84-936204-6

211 páginas

16 euros



Javier Mije

Lo fragmentario, el discurso corto y cambiante, sin otro nexo que el entramado de experiencias entrecruzadas al modo en que la favorecen nuevos formatos como el blog, ha sido postulado como la forma con que la novela se adaptará a la era tecnológica. Para confirmar dicha tesis este libro no reproduce el formato de un blog –no es una novela en forma de electrónico cuaderno de bitácora-: es un blog, o más exactamente, una excerpta de los comentarios que se sucedieron en el blog que su autora creó en diciembre de 2005. ¿Qué justifica entonces su trasvase a la imprenta y su difusión en forma de libro? Un hecho insólito que, si nos encontráramos frente a una obra de ficción, hubiera requerido de Hermida Castro (Lugo, 1978) una pericia estratosférica para hacerlo pasar por verosímil: el descenso a ese foro de aficionados de un Dios de la literatura.

Para no tomar esta afirmación por una estafa no hay mejor medicina que, parodiando el dicho popular, “leer para creer”. Lo que escribió Francisco Umbral –porque, como delata el título, de él se trata- en el blog de esta joven gallega es de una calidad literaria incontrovertible. Sus intervenciones relatan experiencias relativas a su trayectoria como escritor y columnista, describen –con una franca mala leche que hará salivar de fruición a los más morbosos- el panorama político y sociológico español, y entre otras perlas (que las hay para infinitas cuentas), desgranan en un par de textos de asombrosa intensidad las ideas literarias –eso que suele llamarse poética- de uno de los autores cenitales de nuestra lengua. Pero hay aún otra circunstancia que hace de la publicación de estos documentos un acontecimiento notable: el hecho de que, mientras duró su intervención en el blog, Umbral jamás llegó a desvelar –como parece que sí hizo a Hermida Castro por otros medios- su verdadera identidad, y sobre todo, el corolario que de ello se desprende: la despiadada honestidad con que este anonimato –el pseudónimo de Ibis tras el que se oculta- le permite expresarse. No se muerde la lengua –ni elude mirarse valiente, dolorosamente al espejo el autor de Mortal y Rosa cuando siente que nadie le ve. Atención a los aficionados al voyeurismo y las biografías: he aquí el retrato de un autor sin los disfraces a los que su pública condición lo restringe.

[Publicado en la revista El libro andaluz, septiembre de 2009]

13 agosto 2009

El blog en papel

Lo que ha llovido

Enrique García-Máiquez

Númenor 2009
ISBN. 978-84-935855-2-5

175 pág.

6 euros



Jesús Cotta

Lo que ha llovido es el hermoso título de una selección en papel de dos años de entradas diarias en Rayos y truenos, el cuaderno de bitácora internáutico de Enrique García-Máiquez, que en esto del bitacoreo es uno de los grandes. Dado que el libro tradicional sigue conservando su prestigio frente a otros soportes, me alegro de que a un bloguero se le publique en papel lo que antes flotaba en la blogosfera. Obras como ésta confirman que el blog o cuaderno de bitácora es un género literario y no menor; y es de agradecer que caigan en la cuenta editoriales como Númenor, que tanto cuida sus ediciones. Para blogueros como yo, eso confirma que escribir a diario en un blog, tener ese contacto inmediato con el lector, someter a crítica pública o a silencio público lo que uno escribe, es una manera estupenda y arriesgada de escribir.

En su prólogo, el autor aclara que no es lo mismo escribir un diario que escribir a diario. Una bitácora, pues, no tiene por qué ser un diario, como mucha gente cree. En él cabe todo: artículos, relatos, reflexiones sesudas, exabruptos, novelas por entregas, confesiones, poesía... Pero, sin duda, lo que más le cuadra es el apunte, la pincelada, el bosquejo, la sugerencia, la anécdota, siempre con brevedad y con un toque personal.

El blog es además un estupendo taller literario y de lectura: el Nulla dies sine linea que decían los clásicos ha encontrado en el blog su lugar ideal, pues esas líneas llegan de inmediato al lector, sin intermediarios, y es el lector el que da su aprobación.

Con buen tino, el autor ha optado por no incluir en el libro los comentarios, muchas veces tan jugosos, de los lectores, porque habría sido difícil elegir qué comentarios se incluyen y cuáles no. Y esto contribuye a que Lo que ha llovido sea una obra distinta de Rayos y truenos.

Enrique García-Máiquez, articulista, traductor, antólogo y autor de varios libros de poesía (de los que destacaría Casa propia, en Renacimiento y léase aquí de paso un hermoso poema del libro que el autor publica en su blog), ha ido elaborando una obra deliciosa, que transmite luz y simpatía y que arroja sobre las personas y las cosas una mirada amable como el autor. Si uno está cansado de leer autores pesimistas que arremeten contra todo y que se dedican a criticar lo que no les gusta, que es casi todo, en vez de hablar de lo que les gusta, que es casi nada, en García-Máiquez encontrará justo lo contrario: un autor que incluso en lo que no le gusta encuentra algo que le gusta. Uno agradece libros como éste que no inviten al suicidio, sino al suivivio (y perdón por el palabro).

Lo que ha llovido está además impregnado de un amor muy grande por la poesía y la palabra, de simpatía hacia el otro, de una religiosidad natural y discreta, que ni hace alardes ni pide disculpas, de un exquisito gusto literario, de gestos humanos, de una fina ironía y, sobre todo, de la capacidad de no tomarse uno mismo en serio. Creo que esos son los autores más recomendables: los que saben reírse consigo mismos y de sí mismos. Los demás aburren un poco. Y creo también que muchos lectores acabarán compartiendo las miradas y experiencias y reflexiones del libro gracias al tono y a la forma con que el autor las presenta. Si la literatura tiene algún poder o algún deber, es ése de presentar lo bueno en su dimensión de belleza.

No se pierdan ustedes, por poner varios ejemplos escogidos al azar, la finura del 18 de abril, el tremendo 2 de junio, la poética del 19 de agosto y del 4 de octubre y del 10 de enero, la experiencia del 17 de julio, la propuesta del 20 de mayo y la del 14 de enero.

Con Lo que ha llovido uno se moja un poco, pero sale uno limpito, como cuando está recien duchado.