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05 noviembre 2012

Quevedo en La Vaguada

El joven vendedor y el estilo de vida fluido

Fernando San Basilio

Impedimenta, 2012

ISBN: 978-84-15578-04-8

168 páginas

16,95 €
 
Introducción de Mercedes Cebrián
 


Daniel Ruiz García

Igual que Auster no sería nada sin Nueva York, o Murakami sin Tokio, la literatura de Fernando San Basilio, salvando las distancias, carecería de sentido sin La Vaguada. Por esa capacidad de homogeneización y esa ausencia de carácter tan propia de los centros comerciales, podríamos decir que la literatura de San Basilio tiene como eje el macrocomplejo comercial, así, sin nombre ni apellidos, como gran recipiente de todas las miserias laborales, sociales y sentimentales de los seres humanos que lo usan y casi lo habitan. El autor posa la mirada sobre el centro comercial pero en verdad esa mirada esconde una visión propia del mundo caracterizada por una extraña mezcla de ingenuidad, cinismo y perspicacia.
 
En el joven vendedor y el estilo de vida fluido, San Basilio ha recurrido a la recreación estructural del Ulises de Joyce para mostrarnos un día en la vida de Israel, un chico que trabaja en un corner de La Vaguada y que soporta con serenidad y placidez las miserias de un trabajo basura donde se impone la depredación y un concepto de la vocación de servicio cercano al esclavismo. Esa placidez se la proporciona un libro de autoayuda encontrado casi por casualidad, que le ofrece indicaciones y sugerencias de comportamiento y conducta para alcanzar “un estilo de vida fluido”. Así va avanzando en su día, descubriendo paulatinamente cómo la espiritualidad del camino mostrado por su biblia del coaching se va derritiendo frente a una realidad burda y mundana a la que no le queda más remedio que resignarse.
 
Lo mejor de San Basilio, sin duda, es su mirada. Es lo que permite que una novela como ésta, que en realidad no cuenta casi nada, se lea no sólo con agrado, sino con excitación. La mirada de San Basilio encuentra además su perfecta materialización estilística en una prosa aparentemente naïf, pero punzante como pocas, con un dominio del fraseo más que notable y una facilidad pasmosa para mantener al lector al constante límite de la carcajada.
 
Toda la literatura de San Basilio tiene el mismo tono. Su personalidad estilística es muy pronunciada, tiene carácter, y ese carácter va de la mano de una mirada del mundo bastante cínica y yo diría deprimente. Sin embargo, su punto de mira narrativo permite que sus novelas sean leídas no con desazón sino con gran divertimento, y que logremos cerrar cada nuevo libro suyo con una sonrisa. En ese sentido, San Basilio está muy en la tradición de la literatura satírica y humorística española, a la manera quevediana, por lo que no cuesta reconocerle el pedigrí. San Basilio no es nada moderno, pero ni falta que le hace: le basta con ser un gran escritor, y el primero, que yo sepa, que ha consagrado su literatura a cantarle a un centro comercial.

23 junio 2010

Tratado sobre el humor

Mi gran novela sobre La Vaguada


Fernando San Basilio


Editorial Caballo de Troya, 2010.


ISBN: 9788496594456


134 páginas


12,90 euros


Daniel Ruiz García

Cuando uno adquiere cierta experiencia como lector, es fácil reconocer el brillo apenas lo tenga delante. Bastan dos páginas de arranque de un libro para saber más o menos si lo que tiene entre manos merece poco, mucho o muchísimo la pena. Leyendo el libro que nos ocupa, he tenido la insobornable sensación de que su autor, Fernando San Basilio, tiene unas dotes únicas para la escritura. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto con una novela.

Mi gran novela sobre La Vaguada es un libro que habla sobre muchas cosas. Pero sobre todo es una novela sobre el humor. Un tratado sobre la adopción del humor como estrategia y cimiento de la construcción literaria. Lo que sorprende desde la primera página es la naturalidad con que está escrita. Es un desparpajo que a mí particularmente me ha resultado insólito. Una forma de decir las cosas con una aparente ingenuidad que a la postre no hace sino añadir profundidad a lo que se cuenta. No hay ínfulas intelectuales, no hay ansia de trascendencia, no está esa babosa pretensión de intentar elevar relamidamente el tono literario plagando el texto de metaliteratura y de referencias, de homenajes zafios a clásicos y de guiños de supuesta perspicacia literaria, que no hacen sino afear el texto y ahogar el sabor de origen bajo una indigesta capa de especias.

Decía que esta novela puede leerse como un tratado sobre el humor. Porque San Basilio nos da toda una lección sobre de qué manera hay que abordar el humor para que verdaderamente resulte inteligente, para que nos conduzca a la carcajada o al menos a la sonrisa permanente. También es una tesis sobre el humor como perspectiva frente al mundo. El humor, y esa es la conclusión que uno extrae después de su lectura, es la verdadera tabla de salvación frente a la existencia, y especialmente frente a la existencia del hombre moderno azuzado por las miserias cotidianas como buscar trabajo, encontrar novia o hacer verdaderamente algo productivo con la propia vida.

¿Pero de qué va esta novela? Va de un tipo común que intenta sobrevivir en la jungla urbana madrileña, a costa de trabajos a cuál más miserable, la mayoría de ellos no pagados, y que sueña con escribir una gran novela, una novela cosmos sobre ese icono de la cultura comercial en que se ha convertido el Centro Comercial La Vaguada. La novela se conduce por esa obsesión única, escribir una gran obra aglutinante de una sensibilidad, de una forma de mirar el mundo, que sirva al protagonista para abandonar de una vez su vida de ciudadano gris y adocenado. Con esa obsesión comienza y con esa obsesión termina, sin que el protagonista llegue finalmente a escribir su obra. O más bien sí: porque en la pretensión de escribir esa gran novela está la propia novela, que es a la vez una burla de la propia pretensión. Fernando San Basilio se ríe del propio protagonista, pero en realidad se ríe de absolutamente todo. Y lo hace de la forma más inteligente y más difícil que se me ocurre: despojado de toda pretensión, de todo artificio estilístico que no sea el humor.

Ideal para el verano. Con una de éstas entre los dedos, hasta los chiringuitos de playa pueden resultar divertidos.