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09 abril 2013

Dioses de papel


José Martínez Ros

Supergods. Héroes y mitos del cómic

Grant Morrison

Turner, 2013. Colección "Noema"

ISBN: 978-84-7506-786-5

510 páginas

29,90 €

Traducción de Miguel Ros



Si hay un autor legitimado para escribir este libro es, sin duda, el guionista escocés Grant Morrison, autor de varias obras maestras del cómic como All Star SupermanAnimal Man o Batman: Arkham Asylum. El contenido de este ensayo se resume a la perfección en el subtítulo de la edición norteamericana: “qué es lo que los vigilantes enmascarados, los mutantes milagrosos y el dios solar de Smallville pueden enseñarnos acerca del ser humano”. 

Supergods es una peculiar mezcla de:


a) Una historia del cómic superheróico articulada en cuatro grandes fases: La Edad de Oro -la época de los pioneros, antes de la Segunda Guerra Mundial, con la creación de sus personajes iniciáticos, Superman, Batman, Wonder Woman-; La Edad de Plata, centrada en la revolución en el medio provocada por una nueva editorial, Marvel, capitaneada por los legendarios Jack Kirby y Stan Lee; La Edad Oscura, en los ochenta y noventa, en la que los talentos combinados de un joven guionista y dibujante norteamericano llamado Frank Miller (Daredevil Born AgainEl regreso del Caballero OscuroRoninSin City) y un puñado de increíblemente brillantes autores británicos reclutados por una DC en proceso de renovación, como Alan Moore (Watchmen, From Hell), Peter Milligan (EnigmaBlanco humanoX-Force), Garth Ennis (PredicadorPunisher Max), Mark Millar (The UltimatesKick Ass), Warren Ellis (Planetary) o Neil Gaiman (The Sandman) llevaron el género a su plenitud artística y, por paradójico que resulte, casi a su extinción, a base de inyectarle dosis masivas de realismo, complejidad, deconstrucción, violencia y sexo descarnados; y por último, El Renacimiento (la fase en la que, según Morrison, nos encontramos): cuando tras los traumáticos acontecimientos del 11-S y la Guerra contra el terrorismo, deseamos volver a creer en héroes que representen lo mejor y más valioso de nuestra especie, lo que somos y a lo que debemos aspirar. Esta historia del cómic se completa con detallados análisis de algunos hitos como fueron el número 1 de Action Comic (el origen de Superman), tratando de explicar la extrañeza que debieron sentir sus primeros lectores, Watchmen (en la que se percibe su relación de amor/odio con la fastuosa y milimétrica obra de Moore) o The Authority de Warren Ellis, que de acuerdo a Morrison significó un nuevo comienzo del género adaptado a las condiciones del siglo XXI. 


Y b) una extravagante autobiografía en la que Morrison nos relata su infancia en la que los cómics eran su principal refugio de una realidad bastante hostil, sus esfuerzos por abrirse camino en el mundillo y su temprano triunfo, que le llevó a una larga y alucinógena etapa de viajes por todo el mundo -con una experiencia mística en Katmandú, incluida, y una enfermedad casi mortal- y, por último, a su madurez artística en la que, finalmente, encuentra su fe definitiva en el género superheróico: "Las historias de superhéroes se destilan en los niveles supuestamente más bajos de nuestra cultura, pero contienen en su interior todos los sueños y miedos de generaciones enteras, en forma de intensas miniaturas. Creadas por unos trabajadores que a lo largo del tiempo han sido marginados, ridiculizados, explotados y convertidos en cabeza de turco, siempre logran ofrecer una línea directa con el subconsciente cultural y sus convulsiones. Nos dicen dónde hemos estado, qué temimos y qué deseamos, y hoy en día son más populares y están más generalizadas que nunca, pues siguen hablándonos de lo que de verdad queremos ser”. 

En ambas líneas, Morrison nos conduce por donde quiere gracias a una prosa febril, llena de ritmo, sobrecargada de imágenes e ideas. Uno de los libros del año, en resumen. Imprescindible para cualquier amante del noveno arte.



Saga. Capítulo Uno

Brian K. Vaughan y Fiona Staples

Planeta DeAgostini, 2012

ISBN: 978-84-684-7887-6

168 páginas

16,95 €

Traducción de Diego de los Santos



Saga se ha convertido en el nuevo gran éxito de Image, la editorial adalid del cómic independiente norteamericano, sobre todo desde que Robert Kirtman consiguiera un descomunal éxito con The Walking Dead. El guionista Brian K. Vaughan -curtido en obras de culto como Y, el último hombre y en series de televisión como Lost- y la magnífica dibujante Fiona Staples nos presentan una versión galáctica del inmortal mito shakesperiano de Romeo y Julieta, reconvertidos en Alana y Marko, representantes de dos razas alienígenas enfrentadas en una guerra que se desarrolla a lo largo y ancho del universo, y que además acaban de ser padres.

En este Capítulo Uno que recoge los primeros seis números publicados en Estados Unidos, conocemos a otro puñado de muy carismáticos personajes, la mayoría de ellos empeñados en frustrar la huida de la pareja en compañía de su retoño, pero que en ningún caso se pueden reducir a simples “villanos” arquetípicos. Todos ellos, incluyendo los protagonistas, están plenamente diferenciados y resultan seres imperfectos, llenos de aristas y claroscuros, ya sean una cazadora de fugitivos arácnida, un miembro de una casta nobiliaria con una televisión por cabeza o el fantasma de una niña destripada; y es casi imposible, al cerrar el tomo, no sentir el urgente deseo de saber más de sus andanzas. 


Entre las múltiples virtudes de este cómic hay que citar un muy inteligente uso del narrador, que le da un curioso aire de fábula intemporal, el ya citado, pero no por ello menos maravilloso trabajo gráfico de Staples y unos estupendos diálogos, tan naturalistas como empáticos, que terminan de encariñarnos con las creaciones de este par de grandes artistas. Si quieren disfrutar del siguiente gran hito del cómic independiente norteamericano, tras los muertos vivientes de Kirtman, aquí lo tienen.

07 noviembre 2012

Breves reseñas comiqueras

José Martínez Ros

Historias cortas

Satoshi Kon

Planeta DeAgostini, 2012

ISBN: 978-84-15480-07-5

424 páginas

25 €

Traducción de Marc Bernabé




Es probable que, para buena parte del público, el nombre del reciente y prematuramente fallecido Satoshi Kon no les diga nada, lo cual constituye, sin duda, una importante injusticia. Kon inició su carrera en los ochenta como 'mangakay discípulo del ya célebre Otomo, autor del monumental Akira (quizás ha sido la película de animación japonesa que ha causado un mayor impacto en Occidente) para pasarse, luego, como su maestro, al anime, dirigiendo unas cuantas cintas extraordinarias, tanto por la belleza de su diseño como por la desbordante creatividad de sus historias. Siempre a la caza de ideas ajenas, Hollywood no tardó en fijarse en sus obras hasta el punto de rozar el plagio: sólo tienen que comprobar las múltiples similitudes que existen, por ejemplo, entre dos animes de Kon, Perfect Blue y Paprika, y dos películas tan alabadas -por su supuesta originalidad- y premiadas como Cisne negro y Origen.

Planeta DeAgostini ha tenido el acierto de traernos una amplia antología de su obra inicial dentro del mundo del manga, en la que se perciben ya muchas constantes de su estilo aplicado, en este caso, a un buen número de argumentos distintos: personajes desvalidos y desorientados, en muchos casos jóvenes, situaciones enigmáticas y, en ocasiones, irresolubles y -ante todo- una extraordinaria imaginación. Así nos encontramos con fábulas infantiles (El pequeño beisbolista) e idilios adolescentes (Verano de nervios), una sombría -y tremendamente hermosa a nivel visual- parábola sobre la violencia y el honor ambientada en el Japón feudal (Waira), una imaginativa y muy melancólica y divertida variación acerca de la clásica historia de “casa encantada” (Los visitantes) y, por último, dos impresionantes historias de ciencia-ficción. Por un lado, la breve y magnífica Carve, que parece destilar en unas pocas páginas las miles que su maestro, Otomo, dedicó a su genial epopeya postapocalíptica; y, por otro, Cautivos, el relato más extenso, y que tiene una especial importancia, ya que fue su primer manga publicado y el que le abrió las puertas de la industria del cómic japonés y en el que ya nos encontramos una narración 'made in' Kon con un protagonista perdido en un universo artificial similar, pero muy anterior cronológicamente, al descrito en Matrix.

King City

Brandon Graham

Debols!llo, 2012. Colección "Best Seller"

ISBN: 978-84-99896-588

192 páginas

9,95 €

Traducción de Manuel Viciano Delibano



Del cómic independiente americano, nos llega King City (Debolsillo), de Brandon Graham, un joven autor que se está consagrando actualmente en Estados Unidos con una de las series más interesantes que ha producido el 'mainstream' comiquero en los últimos tiempos y que -no deja de resultar curioso- no es sino un 'remake' de un olvidado título de acción de los ochenta: Prophet, una de tantas historias de la época acerca de mercenarios cargados con pistolones gigantescos, que el talento de Graham ha convertido en una exploración cósmica con ecos de la magistral Solaris de Stanislaw Lem y que también esperamos ver en España muy pronto.

En King City, una de sus primeras obras, nos presenta de nuevo un mundo propio, una ciudad futurista plagada de tentadoras sirenas, individuos misteriosos con aún más misteriosos injertos genéticos, bandas de ninjas, ejecutivos caníbales y veteranos de guerras zombi en la que Joe, un ladronzuelo, “amo de gatos” y contrabandista de información, se ve envuelto en una conspiración que no deja de crecer en complejidad y surrealismo. Graham recrea este ámbito lleno de toques 'pulp' y humor con un dibujo con trazos aparentemente sencillo y, al tiempo, muy detallista (uno de los muchos atractivos de este cómic es detenerse viñeta a viñeta para apreciar la enorme cantidad de objetos y personajes extraños y desconcertantes que ha desparramado por todas partes su inventivo autor) en la que se percibe la influencia de uno de los más grandes maestros del noveno arte: Moebius. Por momentos, esta King City nos parece trasladar a los fantásticos (y añorados) universos de Arzak el vigilante, El Incal y El garaje hermético. No se me ocurre un mayor elogio.

29 diciembre 2011

Que toda la vida es sueño y los sueños, ¿sueños son?

The Sandman

Neil Gaiman y varios dibujantes

Planeta DeAgostini, 2010. Volúmenes 1 a 7

ISBN: 978-84-674-9133-3 /9134-0/ 9135-1/ 9136-4/ 9137-1/ 9138-8 y 9139-5, respectivamente.

496, 496, 344, 416, 400, 528 y 504 páginas, respectivamente.

210 € (30 € cada volumen)

Traducción de Diego de los Santos


Fran G. Matute

Una deidad encerrada en una urna de cristal. Un ser superior apartado de su reino y despojado de su dignidad por un hombre común que juega a ser Dios. Y mientras tanto, toda la humanidad sufre en pesadillas. Así comienza The Sandman (1989-1996), una de las obras capitales del llamado octavo arte, calificada por el New York Times como una de las lecturas esenciales del siglo XX. Resulta difícil escribir ahora sobre semejante pináculo cultural cuando todo ha sido dicho ya. Pero la flamante reedición de lujo perpetrada por Planeta DeAgostini -en siete volúmenes elegantemente facturados en cartoné- nos invita a seguir aplaudiendo uno de los cómics más influyentes de nuestra era. Uno de los cánticos a la imaginación más contundentes que se han creado nunca.

"Sueño", "Deseo", "Delirio", "Destrucción", "Desesperación", "Destino" y "Muerte", son los títulos de cada uno de los volúmenes que conforman esta nueva edición de The Sandman, pero también son los miembros de la familia de los Eternos, verdaderos protagonistas de la saga creada por Neil Gaiman junto a Mike Dringenberg y Sam Kieth. Pero junto a los Eternos encontraremos a Lucien, el bibliotecario del Reino de los Sueños; Mervin, el espantapájaros; el hada Nuala; Matthew, el cuervo; Cain y Abel; el Corintio; los demonios Choronzon y Azazel; Unity Kinkaid y su nieta Rose Walker; al señor Nimrod... todos ellos forman parte del complejo y extraño universo de The Sandman, del mismo modo que William Shakespeare, Calíope y Orfeo o César Augusto. Fantasía, mitología, historia y cultura. Son los pilares básicos sobre los que se construyó este monumento a la imaginación, en el que tienen cabida por igual personajes históricos y mitos, dioses y demonios, animales y objetos vivientes, ciudades del mundo y reinos del más allá. Hablar de "cosmogonía" es quedarse corto cuando nos referimos al imaginario ideado por Gaiman.

¿Y qué hace posible la perfecta conjunción de todos estos elementos? El hecho de que el Sandman de Neil Gaiman sea, en realidad, el Príncipe de los Sueños y su Reino el lugar en el que todo tiene cabida; pasado y presente, realidad y ficción. El mundo de los sueños es ese lienzo en blanco sobre el que pintar y construir lo que a uno se le antoje. Todos soñamos y no existen límites en la ensoñación. No existen límites en la mente de Neil Gaiman. Pueden soñar los gatos, pueden soñar los grandes artistas, pueden soñar los emperadores y reyes, pero también los ciudadanos de a pie, los mendigos... Y si bien es cierto que el protagonismo de la saga recae, evidentemente, en Sueño -probablemente el personaje más complejo y mejor perfilado por Gaiman de entre todas sus criaturas, el más frágil de todos ellos, el taciturno, el equánime, el insobornable...- no es siempre el protagonista verdadero de todas las historias de The Sandman, pues Gaiman sabe poner el acento en las miserias humanas y da más relevancia a lo mundano que a lo celestial, motivo por el cual el texto de esta obra es tan rico en matices y profundidades filosóficas, superando con creces las expectativas que el formato viñeta solía ofrecer históricamente.

Así, The Sandman entra en la categoría de obra magna del cómic, a la altura de Watchmen (1986-1987) o El regreso del caballero oscuro (1986), con la pequeña diferencia de que la obra de Gaiman se expande a lo largo de 75 números, por lo que supera en envergadura y complejidad a cualquiera de las grandes referencias oficiales de la novela gráfica contemporánea. Pero es que ha sido gracias a esta primorosa edición de la obra completa de The Sandman que hemos comprendido, de verdad, el origen de tanta excelencia, de la mano de los profusos textos e ilustraciones complementarias incluidas a lo largo de los distintos volúmenes. No sólo hemos aprendido la forma de trabajar de Gaiman gracias a los bosquejos de sus guiones, sino que a través de numerosas entrevistas hemos podido comprobar el enciclopédico conocimiento de este genio británico, que reconoce como primera fuente de inspiración tanto la ciencia-ficción de autores como Roger Zelazny o Samuel R. Delany como el estudio de múltiples leyendas mitológicas e históricas, que Gaiman gusta de desarrollar de forma intrínseca en sus historietas.

Evidentemente, siendo ésta una edición de las obras completas de The Sandman, junto a los ya clásicos números como "24 horas" (que siempre he pensado que haría las delicias de Quentin Tarantino), "Las mil y una noches" (el único cómic que ha ganado el prestigioso World Fantasy Award), "Ramadán" (con su preciosa ruptura de los cánones gráficos), la "Historia de dos ciudades" o la serie titulada "Las benévolas" (con la que se pone fin a la historia de Sueño, que en nuestra opinión es otro de los activos de esta saga: tiene un final claro y conciso), se nos aporta material adicional casi igual de inabarcable que la propia obra: sentidas introducciones de admiración por parte de artistas importantes como Stephen King o Harlan Ellison, memorabilias varias, y todos los textos y dibujos imaginables asociados al mito de Sandman, incluyendo las subyugantes portadas creadas por Dave Mckean.

Podríamos llegar a discutir que el dibujo de The Sandman, o incluso su estética, haya podido quedar un tanto trasnochado. El baile de dibujantes que ha acompañado siempre a esta saga no creo que haya aportado mucho valor a la misma. Ese Sueño. Espigado, pálido y huesudo. Gótico. Como sacado de un cuadro de El Greco o una portada de The Cure, quedaba mejor bajo la pluma de Malcolm Jones III que la de Kevin Nowlan, por poner un ejemplo. Pero mucho me temo que no es por el lado artístico por el que The Sandman se ha convertido en la obra seminal que es. Todo el crédito debe darse a esa mente privilegiada que es Neil Gaiman, probablemente uno de los grandes literatos de nuestro tiempo. Así que si estabas todavía buscando un regalo para estas Navidades con el que sorprender a alguien, no te lo pienses más. Busca esta edición de lujo. Te dolerá adquirirla, pero el retorno, será mayúsculo. Nadie debería dormir el sueño de los justos sin haber leído The Sandman.

26 diciembre 2011

Nostalgia de la aventura


Joe el bárbaro

Grant Morrison y Sean Murphy

Planeta DeAgostini, 2011

ISBN: 978-84-684-7547-9

208 páginas

16,95 €

Traducción de Bittor García



José Martínez Ros

Hace poco se estrenó en cines Super 8, una película que jugaba abiertamente en el campo de la nostalgia ochentera y la nostalgia hacia las películas realizadas en esa época para un público juvenil, cuentos de hadas más o menos sombríos que en la mayor parte de los casos estaban inspirados en el imaginario de ese gran hacedor de relatos fantásticos contemporáneos que es Steven Spielberg, y que, sin duda, tuvieron su papel en la educación sentimental de una generación. Me refiero a cintas como Los Goonies, Una pandilla alucinante, Dentro del laberinto, Regreso al futuro, El secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes), y muchas otras que todos recordamos (y probablemente añoramos), aunque en su composición había bastante de fórmula.

Solían incluir, en primer lugar, una cinefilia intensa (si quieren descubrir el origen de la actual generación 'friki', repasen esos títulos y atérrense), un protagonista infantil o, mejor aún, adolescente confuso y solitario, una familia moderadamente desestructurada (un divorcio por aquí, una viudez por allá, tal vez un ligero alcoholismo o una subsanable falta de recursos económicos), un pequeño cuadro costumbrista de una comunidad suburbana y, por supuesto, no olvidemos lo más importante: el elemento fantástico y/o extraterrestre que impacta contra la vida cotidiana del protagonista/protagonistas y convierte su vida rutinaria en una aventura con generosas dosis de épica que (muy a menudo) incluye un amigo -digamos- sobrenatural. Todo esto viene a cuento porque el afamado guionista escocés Grant Morrison parece haber tenido muy en cuenta esas referencias en su última obra llegada a España, Joe el bárbaro.

Morrison es autor de algunos de los cómic más impactantes y vanguardistas de las últimas décadas -echen un vistazo a El asco, recientemente reeditado en España para comprobarlo- y miembro destacado de la llamada “invasión británica” que precisamente en los ochenta cambió la faz del cómic norteamericano gracias una importación masiva de cultos guionistas de las Islas Británicas -que, por su parte, huían de la gris Inglaterra tacherista- y que produjeron unas cuantas obras maestras del arte secuencial (nombremos, por ejemplo, a Sandman, The Authority, Watchmen, Los invisibles, Hellblazer o Predicador), así que, en un primer momento, uno supone que sus inquietudes personales van por otro lado y que Joe el bárbaro es un producto meramente alimenticio.

Pero, por fortuna, nada más lejos de la realidad. Morrison nos relata con su convicción habitual la epopeya doméstica de Joe, un chico cuyo padre ha muerto en Irak, que padece diabetes y sufre cuando se encuentra en casa -con la única compañía de su mascota, un ratón, Jack- un ataque de hipoglucemia y su mente viaja a un universo paralelo donde sus miedos adolescentes y los traumas causados por la situación de su familia tomarán cuerpo para que se enfrente a ellos de una vez por todas. El cómic, a pesar de cumplir con todos los tópicos del género anteriormente citados, es excelente, y nos quedamos prendados de la ensoñadora experiencia de Joe, que también evoca al clásico de Michael Ende, La historia interminable, en más de un aspecto. Por último, hay que destacar el tremendo dibujo de Sean Murphy: Joe el bárbaro es uno de los cómics más bellos visualmente con los que me topado en mucho, muchísimo tiempo. Una pequeña joya.

14 octubre 2011

Joder el Status Q.


El asco

Grant Morrison y Chris Weston

Planeta de Agostini, 2011

ISBN: 978-84-684-0247-5

320 páginas

28,50 €

Traducción de Bittor García



José Martínez Ros

“¿PARA QUÉ SE USA EL ASCO? Este cómic se utiliza para tratar todo tipo de desórdenes, incluida la adicción a la pornografía por Internet, el insomnio, la pena, la crisis de los 40, la esquizofrenia, la ignorancia del samsara y la tristeza del siglo XXI, especialmente en pacientes cuya ansiedad milenaria y paranoia generalizada aún no ha respondido a los tratamientos normales…”


Precisamente el atrevimiento que echamos en falta en Pekar y compañía en The Beats lo tienen de sobra los autores de El asco (The Filth, en el original) el guionista escocés Grant Morrison, famoso precisamente por su tendencia a la narrativa no lineal, la hipertextualidad compulsiva, la metaficción y su interés por temas que no suelen aparecer en cómic corrientes, como son las drogas -absolutamente todas las drogas-, la reencarnación , las diversas teorías de la conspiración, las formas no convencionales de religiosidad, etc, etc (para más información el excelente documental Grant Morrison. Talking with Gods), y su equipo de dibujantes, encabezado por un genial y desatado Chris Weston. Una de las mayores influencias de Morrison es, sin duda, Burroughs (además de Thomas Pynchon, Philip K. Dick, Cronenberg o Alan Moore, con el que mantiene desde hace años una conflictiva relación de mutua admiración-odio), que se habría sentido encantado con esta obra, que tanto debe a su novela Nova Express.

Su bizarrísima trama nos presenta a un pobre desgraciado, adicto a la pornografía, pero fiel amante de los gatos, Greg Feely, quien descubre -tras una intensa sesión de sexo- que todo lo que sabe de sí mismo no es más que una parapersonalidad, un conjunto de datos falsos, y que en realidad pertenece a una organización policiaca interdimensional denominada La Mano ("Que tiene jurisdicción sobre todas las agencias terrenales. La Mano da y quita. La Mano golpea. La Mano emite. La Mano acaricia. La Mano invoca. Protegemos Status Q"), encargada de eliminar todas las amenazas que ponen en peligro la realidad. O como dice uno de los personajes: “nuestro trabajo es limpiar el culo del mundo”.

Entre los miembros de su sumamente desquiciado equipo destaca con luz propia Dimitri, el Camarada 9, un chimpancé comunista, empedernido fumador de marihuana y mejor asesino del mundo ("Soy el chimpancé que mató al primate alfa Kennedy"), el almirante Nixonnoxin, con su equipo de delfines malhablados o la oficial superior Suciedad Madre y tendrán que enfrentarse a diversas amenazas que incluyen un revolucionario que secuestra al presidente de Estados Unidos y le implanta pechos de silicona o un magnate del porno decidido a fecundar a todas las mujeres del planeta y otros variopintos personajes empeñados en acabar con el “Status Q”.

Señores y señoras, desconozco qué efectos tendrá en su psique la imaginación desenfrenada de Morrison y su policía surrealista. Si trastoca algún valor moral que creen fundamental o afecta a su noción de lo que es real o no, no me pidan explicaciones. En todo caso, la elección es suya: “Vamos, toma partido. Tú escoges. ¿En qué mundo quieres vivir? Pero recuerda… La Mano jamás olvida, La Mano jamás te suelta.”

05 mayo 2011

Superhéroes de barrio


Demo

Brian Wood y Becky Cloonan

Planeta DeAgostini, 2011

ISBN: 978-84-674-8723-7

352 páginas

18,95 €

Traducción de Bittor García



José Martínez Ros

La adolescencia es, sin duda, uno de los temas más complicados a los que cabe enfrentarse en las distintas formas narrativas del arte; todos tenemos un recuerdo generalmente incómodo de esa época de transición plagada de trampas, miedos, deseos e insatisfacción. En literatura, desde el Lazarillo de Tormes al viaje por el Mississippi de Huckleberry Finn hasta los fantásticos y geniales adolescentes de Salinger, es un tema que, con mayor o peor acierto, se ha tratado en múltiples ocasiones, no tanto en su joven hermano, el cómic. En este caso, el artista que se enfrenta a ese reto es el guionista, Brian Wood, conocido por su trabajos para Vertigo, la división de DC Comics enfocada a un público más adulto en la que han explotado algunos enormes talentos, como Alan Moore (V de Vendetta), Garth Ennis (Predicador) o Neil Gaiman (Sandman).

Wood ha alcanzado un éxito considerable entre los aficionados con títulos espectaculares, como Northlanders, ambientada en la salvaje era vikinga, o DMZ, que recrea una imaginaria guerra civil en Estados Unidos; en Demo intenta algo completamente distinto y, desde luego, mucho más intimista: doce historias independientes entre sí sobre jóvenes en distintos tipos de encrucijada vital de la que no siempre saldrán indemnes. Jóvenes, en ocasiones casi niños, frustrados, llenos de resentimiento o culpa, que crecen en una sociedad adormilada y desestructurada que no les ofrece demasiadas salidas. Unos de los elementos más atractivos de este cómic es que en muchos casos están dotados de poderes increíbles, superfuerza, telequinesis, inmortalidad… pero difícilmente saben cómo usarlos en su día a día. Lo que nos recuerda no tanto a la malograda serie de televisión Héroes, sino a su muy superior réplica británica, Misfits. La inclusión de esos superpoderes no afecta en absoluto a la tonalidad realista y trágica que Wood otorga a sus historias: pueden ser individuos extraordinarios, pero los vemos en situaciones extraídas del no demasiadas veces fantástico mundo en que vivimos todos nosotros.

No todas las historias están igual de logradas, pero varias de ellas, como la quinta, centrada en una chica con el don de adoptar la imagen más atractiva posible para el que la observe o la novena, acerca de la ruptura de una pareja y que recuerda en más de un detalle a Olvídate de mí, la genial creación de Charlie Kaufman y Michel Gondry, nos convencen con su mezcla de belleza –una belleza exasperada y vertiginosa- y emoción, a lo que también contribuye la dibujante Becky Cloonan. Cloonan había sido, por su parte, la responsable de otra serie de cómic de Vertigo, American Virgin, una curiosa exploración de la religiosidad norteamericana (que nos parece tan extravagante e incomprensible a nosotros, los europeos). En sus trazos enérgicos y sombríos, como en buena parte de los artistas de su generación, se aprecia una fuerte influencia del manga japonés.

¿Qué sería de los integrantes de los X-Men si nunca hubiera existido un Profesor Xavier, si nadie los guiara, si no tuvieran superenemigos o vivieran en un vecindario de clase baja? En el caso de que les parezca una pregunta interesante lean Demo.