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21 enero 2013

El perro de Pron


La vida interior de las plantas de interior

Patricio Pron

Mondadori, 2013

ISBN: 978-84-3972654-8

144 páginas

15,90 €




José Martínez Ros

La vida interior de las plantas de interior es el cuarto libro publicado en España del escritor argentino Patricio Pron y una nueva confirmación, si hacía falta una más, de que es uno los pocos autores que han debutado en estos últimos años a los que de verdad vale la pena leer. A Pron lo conocimos por una novela extraña y sorprendente, El comienzo de la primavera, una inmersión en los abismos intelectuales e ideológicos del siglo XX europeo que funcionaba con la precisión de un mecanismo de relojería; a continuación, llegó un muy notable volumen de relatos, El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan; y después, una segunda novela, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia, que constituyó -al menos, para este lector- una pequeña decepción: una crónica familiar y política, una investigación entre periodística y detectivesca con los delirios revolucionarios y los crímenes masivos de la historia reciente argentina como telón de fondo que servía más como ajuste de cuentas personal que como obra autónoma de ficción. Ahora, nos llega un nuevo libro de cuentos y, por fortuna, Pron renueva en él su compromiso con la (buena) literatura.

Mientras que los relatos de El mundo sin… eran, casi unánimemente, descensos a las tinieblas de la condición humana, los primeros de este libro -“El cerco”, “Un jodido día perfecto sobre la Tierra”, “Cincuenta y cuatro veces”, y otros de más adelantes como “Trofeos de amantes que han partido” y “Algunas palabras sobre el ciclo vital de las ranas”- nos revelan un tono burlón y una ligereza hasta ahora inédita en la obra que conocemos de Pron: son cuentos veloces y luminosos, cuyos protagonistas son a menudo escritores, o aprendices de escritores, o escritores fracasados -incluso participantes de ese fenómeno tan actual que es la crítica anónima, virulenta y “malherida” por Internet-, oscilando siempre entre la compasión hacia sus dramas minúsculos y la abierta sátira. Son excelentes relatos, fábulas henryjamesianas acerca de la guerra interminable entre el arte y la vida que recuerdan fácilmente a cuentos similares de Roberto Bolaño, pero el que, de verdad, nos convence de que estamos ante un libro mayor es el que encontramos en cuarto lugar, “Como una cabeza enloquecida vaciada de su contenido”: una danza macabra que nos lleva, en unas pocas páginas, de un montón de desechos flotando en las aguas del Atlántico a una yonqui de Ámsterdam. Pero también podríamos destacar el perfecto -y estremecedor- “La explicación” o el tierno relato amoroso “En tránsito”, quizás el texto más bello del libro. En sus mejores cuentos, Pron suele presentarnos una imagen, situación o escena poderosa, visual -un accidente, una huida, un encontronazo con un azar más o menos devastador-, y a partir de ella, huyendo de la típica estructura lineal, explorar el antes y el después, las consecuencias y los precedentes.

Repetimos: si había alguna duda de que Patricio Pron es y será uno de los mejores cronistas de nuestro inestable presente, uno de los mejores escritores de esta época, este (magnífico) conjunto de relatos la despeja.

Por cierto, en uno de los cuentos, un perro afirma que los mejores pintores del siglo XX son Pablo PicassoLucien Freud y Egon Schiele. Creo que es una opinión bastante razonable.

29 junio 2011

Una pesadilla argentina


El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia

Patricio Pron

Mondadori, 2011

ISBN: 978-84-397-2363-9

208 páginas

16,90 €



José Martínez Ros

Esperábamos con interés la nueva novela del argentino Patricio Pron, de tan extraño y bello título: El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. No faltaban los motivos para ello: había publicado en España un excelente libro de relatos, El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan y una novela imperfecta, pero muy interesante en la que se percibía la (bien asimilada) influencia de Roberto Bolaño, El comienzo de la primavera, donde una búsqueda de un viejo filósofo alemán, una aventura intelectual, se convertía en un descenso circular a los abismos de la historia europea. Me gustaría afirmar que su nueva obra ha confirmado nuestras esperanzas, pero no es (del todo) así.

El espíritu de mis padres… es, en primer lugar, una novela política, incluso militante, lo que no deja de ser una pequeña sorpresa y un rasgo de valor: se agradece que, de vez cuando, al enfrentarse a un tema tan complejo como, en este caso, la laberíntica historia argentina, se tome partido por algo más concreto que la declaración universal de los derechos humanos o los diez mandamientos. Personalmente, no creo que le reste calidad literaria, excepto a ojos de aquellos que no saben leer sin unos anteojos ideológicos. También es una novela sobre la identidad personal: sobre el modo en que la identidad personal se funda en la memoria de los que ya no están, pero han creado el mundo en que (de una manera u otra) vives.

Dividida en cuatro partes, la más interesante es la primera, donde se nos presenta a un joven escritor argentino amnésico y perdido (en todos los sentidos) en Alemania que sólo emprende el regreso a su país natal al recibir la noticia de la grave enfermedad de su padre. Es la mejor y la que más nos recuerda a El comienzo de la primavera, aunque muestra una tendencia a la frase larga y zigzagueante, en ocasiones, embarullada, que a veces complica la lectura de un texto, por lo demás, sencillo, lo que hace que se perciba como un rasgo de estilo impostado.

Los problemas empiezan cuando llegamos al centro de gravedad de la novela: el padre enfermo investiga la desaparición de un hombre, descrito como “un tonto faulkneriano” (sin que nos halla indicado la razón de tan despreciativa calificación), en una pequeña localidad argentina. El desaparecido es, a su vez, hermano de una de las víctimas de la sangrienta dictadura militar, y todo ha de funcionar como una especie de símbolo o metáfora, pero (a nuestro juicio) no es así… El joven escritor argentino sigue la investigación a través de los recortes de prensa que compiló su padre, y aquí es cuando El espíritu de mis padres… empieza a flaquear. En lugar de reconstruir narrativamente el caso para nosotros, metiéndonos en la piel de víctima y verdugos, al estilo de Norman Mailer o Capote, debemos conformarnos con el (deficiente) periodismo de sucesos. Alternado con las notas de prensa, hay unas cuantas (bien narradas) pesadillas y muchas afirmaciones sentimentales acerca de la historia argentina con las que podemos simpatizar como ciudadanos, pero que no nos conmueven como lectores porque no las hemos visto encarnadas en personajes creíbles, y sólo tenemos la visión unívoca de un joven amnésico del que no sabíamos mucho y cuyos recuerdos se recuperan demasiado bruscamente.

El espíritu de mis padres… no es una buena novela, pero sabemos (tenemos pruebas en sus primeras páginas y en libros anteriores) que su autor sí es un narrador digno de tener en cuenta. Sigamos esperando, pacientes, la gran obra que el Pron nos ha prometido, porque sabemos que es capaz de escribirla. Es una de nuestras prerrogativas como lectores.

16 febrero 2010

El principio de la discontinuidad

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan

Patricio Pron

Mondadori, 2010
ISBN. 9788439722182

219 páginas.

17.90 euros


Rafael Suárez Plácido

La primera noticia que tuve de Patricio Pron (Argentina, 1975) fue en el número 16, invierno de 2008, de la revista EÑE: “Mientras preparábamos este número, nos llegó la noticia de que Patricio Pron, un escritor argentino de 33 años aún inédito en España, había ganado el Premio Jaén de Novela 2008 con El comienzo de la primavera. (…) Daba la casualidad de que un cuento inédito suyo había sido seleccionado previamente para este número dedicado a los novísimos de América Latina.” El cuento se llamaba “La cosecha” y, junto al de Maximiliano Tomás, también primera referencia que tenía de él, fueron los que más me interesaron de la revista.
El resultado es que me hice con El comienzo de la primavera (Mondadori, 2008) que me pareció desde el inicio, una lectura deslumbrante. Cuenta la peripecia, vital e intelectual, de un joven profesor argentino, Martínez, en busca de un filósofo alemán, Hollenbach, discípulo y amigo de Heidegger. Mientras tanto, nos ofrece una visión de la Alemania del siglo XX, de cómo y por qué sucumbió a Hitler, y de que cuando se fueron dando cuenta del error, ya era demasiado tarde. No es fácil encontrar los libros anteriores de Pron en España, por eso mi expectación con esta colección de cuentos era enorme.
El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (Mondadori, 2009) es una colección de dieciocho relatos que el autor ha ido publicando en revistas o antologías, o ha presentado a certámenes de cuentos. Alguno de ellos, “Es el realismo”, ha ganado el prestigioso Premio Juan Rulfo en su edición de 2004.
El libro comienza con “Las ideas”, que hace las veces de poética del autor: “Mi hijo me contaba una película que decía haber visto: en ella, una mujer creía que su hijo había muerto; el espectador creía en lo que la mujer decía hasta comprobar que su marido pensaba que su mujer estaba loca y que nunca habían tenido hijos, la mujer escapaba de su marido y se encontraba con un hombre al que ella recordaba y que se acordaba de su hijo, entonces el espectador cambiaba por tercera vez de idea…” Esto son los relatos de Pron: una sucesión de ideas a las que les sigue casi siempre otra mejor. Continúa el narrador hablando de su hijo: “Él también es sólo una idea. Todos somos las ideas de nuestros padres, y nos esfumamos antes o después de ellos.” Las relaciones entre hijos y sus padres son uno de los temas del libro. En el relato “Tu madre bajo la nevada sin mirar atrás”, un hombre encuentra un álbum de fotografías entre las pertenencias de su madre, con la que tuvo una relación difícil, porque siempre sentía que no estaba a la altura. Las fotos y alguna carta que posteriormente encuentra le llevan a presentir algo que le sorprende mucho y decide viajar a Gotinga, la ciudad en la que ocurrieron los hechos. Todo esto enlaza con un narrador en segunda persona y lleva a un final sorprendente y amargo, donde fondo y forma o significante y significado van en una sola dirección. “Una de las últimas cosas que me dijo mi padre” cuenta un último intento por arreglar las cosas, hasta constatar que “…no puedes cambiarlas: están allí y duelen, pero son todo lo que tienes.”
También los viajes, el sentido de ciudadano del mundo, o de ciudadano de ningún sitio están presentes en el libro. Desde el entrañable herr Maak de “El viaje”, hasta los protagonistas de “El estatuto particular”, “Es el realismo” o “La visita al maestro”, hacen de los viajes una forma de vida y, dentro de los viajes, las visitas a los museos: “Los museos son la forma más perfecta del viaje; permiten conocer lugares distantes y maravillosos sin moverse de la ciudad. En cierto modo, son como la memoria de un viejo. Están poblados de acontecimientos y de cosas que ya no significan nada.”
Dentro del viaje hay que situar geográficamente los relatos: siempre en Alemania. A veces el espacio no determina, pero yo sí pienso que en la mayoría de los casos sí ocurre. Alemania está muy marcada por su espacio, por sus climas, por su cultura y por su historia. Como ocurría en El comienzo de la primavera, la adaptación de este argentino al medio alemán es absoluta. Incluso cuando sale de él (“El estatuto particular” o “Es el realismo”) sufre las consecuencias y termina transformándose en un personaje irreconocible. La ciudad por excelencia que visitan los sudamericanos es París. Pero ahí están Mutis y Amberes, o Bolaño y Alemania, para mostrar que las cosas están cambiando. Patricio Pron es doctor en filología románica por la universidad de Gotinga y pasó allí el mismo tiempo que la madre del narrador de “Tu madre bajo la nevada sin mirar atrás.”
Pero el tema que recorre todo el libro es la literatura. Las historias muestran a un protagonista con tres novelas y dos libros de relatos en Argentina, que decide irse a Alemania, donde está buscando su sitio como narrador. Así ocurre en “El estatuto particular”, donde el protagonista además elabora un decálogo sobre el que vierte todas sus frustraciones con críticos, jurados de premios y editores. Y aun más en “Es el realismo”, uno de los mejores cuentos del libro, donde visita París y se queda a un par de semanas del regreso sin apenas dinero para cenar algo y un café al día. Sería interesante saber qué opina ahora sobre el mismo tema, ahora que las críticas le sonríen, ha ganado algún premio importante y está publicando en una de las editoriales más prósperas.
¿Cuál es el género de “Contribución breve a un diccionario biográfico del Expresionismo? Lo que es cierto es que podría haber sido un librito delicioso por sí mismo. La conexión con El descubrimiento de la primavera es absoluta: la teoría principal de Hollenbach es el principio de la discontinuidad, el mismo título del libro de poemas del primer autor de este opúsculo, Balduin Bählamn. La forma casi ensayística, y a veces sin el casi, también nos evoca ese libro.
Muy interesante también “La visita al maestro”, en el que una joven viaja a la ciudad donde vive un autor al que considera su maestro, chileno, para respirar de cerca su ambiente y evocar los momentos en que se conocieron. “Escribí este libro sin tener en mente la forma de hacer literatura en mi país…” dice el maestro, y a mí me parece que bien lo podría haber dicho Roberto Bolaño, o el propio Pron, porque lo que está haciendo con su obra, con su aún escasa obra, es reinventar la narrativa en castellano, contar cosas que nunca se contaron antes en nuestra lengua.