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15 mayo 2013

El lector pasivo


Lo que no está escrito

Rafael Reig

Tusquets Editores, 2012. Colección “Andanzas”

ISBN: 978-84-8383-428-2

287 páginas

18 €




José M. López

Hoy vengo aquí a reivindicar la figura del lector pasivo. Gente que entiende de esto me había dicho que toda literatura de calidad requiere un lector activo, activísimo; y ya con las últimas olas posmodernas, algunos de cuyos prohibidos frutos, he de reconocerlo, he disfrutado, el receptor debía convertirse en un lector siempre dispuesto al esfuerzo, “vigoréxico” casi; un lector, en definitiva, explotado, obligado a realizar una serie de trabajos forzosos para desentrañar una trama compleja y apenas atisbada, para reconocer a unos personajes presentados a casi inexistentes pinceladas, para descubrir, finalmente, la grandeza simbólica de un libro donde nada es lo que parece. En esta literatura de calidad, el libro obliga al lector a trabajar por él, a hacer la tarea que él no se ha dignado, por obvia, a realizar, de modo que la novela en cuestión es más feliz cuanto más incómodo se siente el destinatario.

Yo estoy dentro de ese grupo de lectores masocas, pero qué pereza da a veces. En ocasiones, se agradece, tras una larga temporada realizando, a pico y pala, lecturas forzadas, convertirse en lector pasivo. No me refiero al lector dormido, que es otra cosa. El lector pasivo es aquel que, apoltronado en su sofá, disfruta de una trama que se muestra con claridad, pero también recibe, de manera placentera y descansada, una gran cantidad de jugosos conocimientos o agudas reflexiones que un autor inteligente decide aportarle. De una forma casi mágica, y  una vez acabada la distendida lectura, este lector pasivo  almacena en su mente toda una serie de insólitos puntos de vista  que le permite interpretar la realidad que le rodea de una manera totalmente novedosa. Y todo esto sin esfuerzo, en pijama, y dejando que el autor vaya colocando en su mente, sin que apenas lo note, todas estas ideas de una forma natural y descansada. Pues Rafael Reig es uno de eso autores a los que acudo si busco un libro que me aporte nuevos enfoques, personajes reales, y tramas bien diseñadas, con un estilo cuidado pero humilde, como si el autor no pretendiera  amargarme la vida.

 Debo decir que yo admiraba a Rafael Reig incluso antes de haber leído alguno de sus libros. Y esto se debe a que durante un año estuve visitando casi a diario su blog, que recomiendo desde aquí. En estas entradas aparece el día a día de un hombre inteligente y enormemente culto, pero sencillo, bebedor y campechano. Uno de esos tipos simpáticos que salen siempre sonriendo en las fotos, y abrazando fuertemente a la chica que posa con él. Así son, en mi opinión, sus libros: ingeniosos, eruditos y muy trabajados, pero amables y considerados con el lector.

El formato de novela negra es una de esas pastillitas que utiliza el señor Reig para aligerarnos la digestión del libro. El autor es un verdadero maestro a la hora de construir tramas, y sobre todo, a la hora de diseñar su estructura. En Todo está perdonado, su última novela, se entrelazan dos historias: una es un “thriller” psicológico, protagonizado por Carlos, un padre divorciado que recoge a su hijo Jorge para pasar un fin de semana en la sierra. Por un descuido aparente, Carlos deja a su ex mujer, Carmen, una novela negra que acaba de escribir. Carmen no puede comunicarse con ellos en todo el fin de semana, debido a que no hay cobertura, por lo que empieza a leer la novela, y a interpretar la realidad a través de esa ficción que su ex le ha dejado, no sabemos si intencionadamente o no. Obsesionada, termina creyendo que el libro está lleno de mensajes ocultos y malintencionados que su ex marido intenta comunicarle, y que aportan ciertas pistas a cerca de las, según ella, oscuras intenciones del padre. ¿Están verdaderamente en el libro esas maléficas intenciones del autor, o es la imaginación de Carmen, la que lee entre líneas lo que no está escrito, y de ahí su angustia? Así, como se afirma en la novela, “(…) este es el problema de la lectura, proyecta sobre el texto la sombra de tus deseos o de tus temores, tu propia sombra que oscurece la página hasta que sólo lees lo que esperabas leer, y todo trata de ti (…)”

El libro de Carlos se convierte, por tanto, en una amenaza, en una  novela viva, creadora del  mundo que rodea a Carmen, y que ansía ser leída, lo exige, para después jugar con la mujer, manipularla y desvirtuar así la forma en la que esta interpreta los hechos. De esta forma, Lo que no está escrito se convierte en una novela sobre la lectura, actividad no siempre saludable, pero, al igual que la escritura, también creativa, debido a la voluntad e inventiva del lector.

El libro gira en torno a estos tres personajes: a Carlos lo conocemos a la perfección. Es el padre severo, a la antigua usanza,  que ama a su hijo, pero del que a la vez se avergüenza, debido a que no soporta su debilidad. Carmen es la ex mujer bondadosa pero resentida, que se convierte en el espejo del lector, al que la novela, la de Carlos, o la de Reig, va a tomar como víctima.

Lo que no está escrito es una brillante novela de suspense que no te deja respirar hasta la última página. Y al terminarla, notas que el  autor ha jugado contigo, que has sido zarandeado, sacudido de un lado a otro como un pelele. Y has disfrutado como un niño; eso sí, tranquilamente, sin mucho esfuerzo. 

04 abril 2011

... y un impresentable


Sangre a borbotones

Rafael Reig

Lengua de Trapo, 2011. Colección "Quinceporquince"

ISBN: 978-84-663-1107-6

220 páginas

15 €




Fran G. Matute

Poco más puede uno añadir sobre la literatura de Rafael Reig tras lo expuesto tan brillantemente por nuestro compañero estadista Dani Ruiz en su reseña de Todo está perdonado (2011). Pero sí que podemos aprovechar la pertinente reedición de Sangre a borbotones (2002), la novela que puso a Reig en el mapa literario, y que comparte protagonista -el taciturno detective Carlos Clot- y escenario -ese Madrid fluvial- con el último Premio Tusquets, para reflexionar sobre el panorama literario español de hace 15 años y contextualizar en su justa medida la importancia de Lengua de Trapo en aquél momento, efemérides que se pretende celebrar con una colección de quince títulos destacados del catálogo de la editorial, siendo uno de ellos la novela aquí seleccionada.

Decir que la publicación de Sangre a borbotones supuso en su día un soplo de aire fresco para las letras hispánicas no me parece exagerar demasiado, pues realmente coincidió en las estanterias con varios títulos meritorios con los que compartía la misma 'weltanschauung'. Baste recordar los Alacranes en su tinta (2002) de Juan Bas o Lo mejor que le puede pasar a un cruasán (2001) de Pablo Tusset, por poner algunos ejemplos. Se trataba de novelas con un fuerte arraigo en el 'noir' ibérico (que ya cultivara Eduardo Mendoza o PGarcía, verdaderos pioneros del género no reconocidos por la Historia) salpimentadas con un sentido del humor que ayudaba a digerir la poca vergüenza con la que estaban escritas. Ofrecían pues una literatura de evasión, bañada en mala leche y con enormes dósis de cachondeo y cafrerío. De alguna forma se recuperaba la picaresca y la hidalguía de nuestro Siglo de Oro pero de forma bastarda, adaptada al hastío del incipiente Siglo XXI caracterizado por la corrupción y la escasez de brillantez de nuestra clase política.

Y en medio de esta coyuntura surge Rafael Reig y nos brinda una novela inclasificable como Sangre a borbotones, que mezcla el folletín detectivesco con las historias de vaqueros y la ciencia ficción, y todo contado con el mayor desprecio posible a la seriedad, a la alta literatura y a lo políticamente correcto. De hecho sorprende, leída hoy con la perspectiva del paso del tiempo, que una obra así tuviera éxito. ¿A quién estaba dirigida esta novela? ¿Existía ya un público en 2002 para Rafael Reig? ¿Un público dispuesto a infantilizarse, a tragarse semejante esperpento 'pulp'? ¿A tomarse en serio una historia tan rocambolesca?

Pues fue Lengua de Trapo la que creyó que existía un público para Sangre a borbotones. Fue Lengua de Trapo una de las principales editoriales en fomentar esta literatura de consumo, bien escrita y divertida, rompiendo con la naftalina académica y los relatos de la Guerra Civil. Trayectoria que inició con las Fabulosas narraciones por historias (1996) de Antonio Orejudo Utrilla hasta llegar al desternillante Gólgota (2005) de Román Piña, construyendo poco a poco un catálogo innovador, fresco y contemporáneo en el que la obra de Rafael Reig brilla con luz propia. Un autor impresentable, y precisamente por eso nos encanta.

01 abril 2011

Rafael Reig es un cochino...


Todo está perdonado

Rafael Reig

Tusquets, 2011. Colección "Andanzas"

ISBN: 978-84-8383-316-2

376 páginas

19 €

Premio Tusquets Editores de Novela 2011



Daniel Ruiz García

A los detractores de Rafael Reig, es probable que esta crítica les emocione.

Yo no soy Eloy Fdez. Porta ni Agustín Fernández Mallo. Pero sé quién es Derrida, conozco el deconstructivismo.

Además soy un hombre leído, o por lo menos lo aparento. Por eso sé lo que me hago cuando me llevo a Rafael Reig a una sala de despiece. Rafael Reig es un cochino. Algunos ya lo sabrían, pero yo no. Yo lo descubrí el otro día, en la cama, mientras leía Todo está perdonado.

Me dije: "Este tipo ha llenado una bolsa de viaje de cachivaches literarios. Este tipo es un chatarrero de primera, porque encima lo que vende, todos esos cachivaches, están nuevos, impecables, y todo de buenas marcas, nada de marca peleona".

Y de ahí a: "De esta novela se puede aprovechar todo. De Rafael Reig se aprovecha todo. Como del cochino. Rafael Reig es un cochino".

Decía antes: a los detractores de este tipo, el único escritor de izquierdas que se atreve a lucir bigote, es posible que esta crítica les emocione. Porque lo que hago es despiezar a Rafael Reig. Lo corto a pedazos, lo deconstruyo a cachitos, como un cochino.

Esto de arriba es Rafael Reig. Su literatura se compone de abundante carne. Es rica en proteínas, y sus grasas, como las del cochino, son altamente aprovechables. Con sus tripas se pueden realizar embutidos, absolutamente todo es cocinable, incluso el hocico.

Con Todo está perdonado, Rafael Reig ha escrito la que seguramente sea su mejor novela. La más completa, la más ambiciosa. Cuando se habla de ambiciosa siempre sale a flote su hermana gemela pero tullida, esa horrorosa niña que uno nunca muestra a las visitas: Doña Pretenciosa. Pero aquí, a esta novela, Doña Pretenciosa no ha venido, porque Todo está perdonado es una novela que no aspira a descubrir América, ni a romper los moldes de la novela, ni nada de eso. Es una novela modernísima, pero que asume sus deudas con la tradición. No mata al padre, porque Reig ya es demasiado mayor para eso y sabe que el padre es el que le permitió estar aquí, figurando ante el respetable, con una novela que suena como a fuegos artificiales.

Pero no me lío. ¿Qué contiene el cochino de Reig?

IDEOLOGÍA. En la literatura de Reig hay mucha ideología, siempre muy izquierdosa. En sus novelas no le suele salir la ideología, es algo que se concentra más bien en sus artículos de prensa y en su blog, pero aquí sí le ha salido. Es su novela más ideológica, y quiere la casualidad que sea a bordo de ese nuevo tren literario que acaba de hacer parada en la Estación de la Última Tendencia, la de la revisión de la Transición Española (la "Inmaculada Transición", como la llama Reig).

NERVIO NARRATIVO. La cabeza de lomo es una parte del cerdo muy preciada. Todo el que ha hecho barbacoas sabe que es la estrella de la parrilla. Rafael Reig sabe contar muy bien, tiene una carne narrativa sabrosa, que evidencia mucho oficio, especialmente en los diálogos, que Reig resuelve con maestría. Ha leído mucho, y eso acaba supurando. En algunos autores, para mal. Aquí, no cabe duda, para muy bien.

AUTOBURLA. Reig es un tipo que gusta de reírse de sí mismo. Lo hace continuamente en su blog, y aquí la diana de sus burlas es Carlos Clot, su 'alter ego', una variación paródica del 'Hard Boiled Man' de la novela negra americana, al que somete a vejaciones que deberían tener cárcel.

ESPERPENTO. Los famosos espejos cóncavos del Callejón del Gato de Valle-Inclán cristalizan en la literatura de Reig de forma permanente, generando situaciones que son pura distorsión. Muchos de los diálogos de Reig me recuerdan a Alfred Jarry, a los dadaístas, a Princesa Safo.

PARODIA. Y por supuesto, la parodia. En novelas anteriores como Sangre a Borbotones o en Manual de Literatura para caníbales el ejercicio paródico era constante. Aquí también. A veces, como ocurriera con Sangre a borbotones, esta novela parece un 'pulp' americano. Pero otras veces parece una novela decimonónica. Los guiños paródicos en los textos son constantes, lo que exige una lectura cómplice.

HOMENAJE. En el rabo, la parodia deriva en homenaje. La historia de Rosario, la chacha de los Gamazo, entronca directamente con la Jacinta de Pérez Galdós, con una voluntad de estilo que va más allá de lo paródico.

SICALIPSIS. El sexo también está muy presente, obligatoriamente en las gónadas o criadillas. En Todo está perdonado hay incluso alguna escena verdaderamente explícita de sexo, con el tono esperpéntico que ya hemos comentado, y con una clara intención desmitificadora. Es un sexo casi siempre sicalíptico, exuberante, pícaro y excesivo. Como en las películas de Fellini o de Ferreri.

MALA LECHE. De esto sobra en la literatura de Reig. La mala leche de Reig tiene la cosa de que nos sabe bien, aunque al comienzo puede resultar algo agria. Es como cuando uno, siendo crío, prueba por primera vez la cerveza. La primera sensación es algo desagradable, pero poco a poco sucumbimos, hasta el punto de que llega un momento –hablo por mí- de que ya no podemos pasar sin ella.

CASTICISMO COSMOPOLITA. Llegamos a la madre del cordero: el jamón y la paleta. El jamón ibérico de bellota es la estética, el campo semántico y conceptual en el que se desenvuelve la obra de Reig. Que yo definiría como una suerte de “casticismo cosmopolita”. Reig es un tipo muy “viajado”, no es un cateto que se enorgullezca de serlo al estilo de Pla, sino que está familiarizado con la literatura de otros países. Aun así, toda esta herencia desemboca en una forma muy peculiar de concebir la expresión literaria, muy cercana a lo tradicional, a lo castizo.

SENTIDO DEL HUMOR. Pero quien gusta de lo ibérico sabe que, en contra de la creencia generalizada, la paletilla ibérica es la joya de la corona. Es lo más sabroso sin duda, con matices organolépticos inigualables, que diría un erudito. Y eso en Reig es, qué duda cabe, el sentido del humor. Toda su obra no se puede entender sin ello. En esto, Reig comparte sensibilidad con otros autores de su generación, y además muy amiguetes, como Antonio Orejudo, José Ovejero u otros más jóvenes como Román Piña o Fernando San Basilio. Aunque en esto hay matices. Y yo, que gusto del sincretismo, me atrevo a decir, por ejemplo, que Orejudo sería más una película de Billy Wilder, mientras que Reig es más como una peli de los Hermanos Marx. En fin, que ya nos hemos cargado al cochino. Y veo que al final la reseña me ha salido demasiado larga. Además, no sé, como desenfadada, cortante, guay, muy en plan "lector-malherido". Así que, como diría Carlos Clot, “no digo más".


Postdata 'a la maniera' de Vicente Luis Mora: relación del crítico con el reseñado: somos amigos de Facebook. Algo que es poco menos que nada. De reciente cuño es el dicho: “Eres más falso que un amigo de Facebook”. Pues eso.