Mostrando entradas con la etiqueta Luis Antonio de Villena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luis Antonio de Villena. Mostrar todas las entradas

19 marzo 2012

Elegía desde el crepúsculo


Proyecto para excavar una villa romana en el páramo

Luis Antonio de Villena

Visor, 2011. Colección "Visor de Poesía"

ISBN: 978-84-9895-802-7

137 páginas

10 €




Juan Carlos Sierra

Creo que fue cuando Paul Weller publicó su disco Heliocentric, después del inconmensurable Heavy soul. Entonces -corría el año 2000- algún crítico de una de las cabeceras punteras del periodismo patrio decía algo así como que el músico británico estaba empezando a repetirse. También recuerdo que por entonces Ramiro Domínguez, mod de primera hora y director ahora de Sílex Ediciones, y quien suscribe esta reseña llegábamos a la conclusión de que bendita repetición, de que preferíamos seguir disfrutando del Paul Weller que nos había emocionado y nos seguía -y nos sigue- poniendo lo pelos de punta. Es más, pensábamos, después de varias vueltas al disco, que algo sonaba diferente, aunque dentro de un esquema que adorábamos y que no queríamos perder.

Si cito estos recuerdos musicales es porque al nuevo libro de Luis Antonio de Villena algún crítico literario ahora puede achacarle el mismo "bendito" efecto -que no defecto- repetitivo. Sí, en Proyecto para excavar una villa romana en el páramo se dan cita todos los ingredientes que han hecho de la poesía de Luis Antonio de Villena lo que es: culturalismo -grecorromano fundamentalmente-, sensualidad, corporeidad, nocturnidad canalla, moral aristocrática, reivindicación de la ética del fracaso, personajes socialmente poco convencionales,… Solo por esto que apuntamos ya merece la pena volver a leer a de Villena, siempre y cuando se dé la condición de que al lector le interese el universo que el poeta madrileño ha ido componiendo desde Sublime Solarium (1971).

No obstante lo dicho, hay que advertir que Proyecto para excavar… contiene novedades nada desdeñables. La principal y la que vertebra el conjunto de los poemas recogidos en esta obra tiene que ver con su marcado tono elegíaco. Aunque en otros libros de Luis Antonio de Villena la elegía pueda estar más o menos presente, lo novedoso en su último poemario se halla en el sostenimiento de este acento a lo largo de la gran mayoría de los 71 poemas que lo componen y en la perspectiva elegida por el poeta para escribirlos: la última vuelta del camino de la vida -aunque su biografía y su edad contradigan esta postura-.

Desde quien se siente al final del trayecto se observa y se canta la vida, la memoria y el olvido, pero también la vejez presentida -fea, humillante y cruel- y la muerte futura -dulce y sin dolor, si puede ser-, se ajustan cuentas con la historia en primera persona y con aquellas historias de otros truncadas demasiado pronto -porque “jóvenes mueren quienes los dioses aman” nos decía el poeta en "Que la mala vida es maravillosa" (Como a lugar extraño, 1989)-, se recuerda amargamente la amistad -traicionera en la mayoría de los casos-, se vuelve a la infancia sobreprotegida de hijo, sobrino y nieto único y a una adolescencia inhóspita,…

Este echar la vista atrás desde la conciencia del deterioro y de la pérdida se carga -y aquí encontramos otra de las novedades del libro- de un fardo autobiográfico más pesado que el que se puede encontrar en otras obras de Luis Antonio de Villena. No sé si se puede concluir necesariamente que se trata de los poemas más sinceros que nunca haya escrito de Villena, pero lo que queda claro en Proyecto para excavar… es que la trama de lo ficcional queda aquí claramente adelgazada a favor del autobiografismo.

Para ir concluyendo, aunque la riqueza de la última entrega de Luis Antonio de Villena daría para un análisis mucho más extenso, habría que destacar por otro lado que lo elegíaco en Proyecto para excavar… no se detiene en el matiz de pérdida que parecen contener los asuntos hasta aquí tratados. A la manera clásica -otra vez la tradición grecolatina-, muchos poemas se encuentran cargados de excitación, de placer, de plenitud, de gozo, de vida vivida intensamente.

Y ya que estamos hablando de tradiciones elegíacas, da la sensación de que de Villena en este libro recoge también un legado mucho más cercano en el tiempo y en el espacio. No sé si deliberadamente, pero el conjunto de los poemas de Proyecto para excavar… recuerdan al Gil de Biedma de Poemas póstumos, más concretamente al poeta que escribió dentro de esta obra "Arte de ser maduro" e "Himno a la juventud", cara y cruz de lo elegíaco, haz y envés del discurso mantenido por Luis Antonio de Villena en Proyecto para excavar…

Así, pues, parece que ni Proyecto para excavar… es tan repetitivo como cabría concluir de una quizá apresurada primera lectura, aunque tampoco desmejoraría el conjunto. Ni tampoco lo era probablemente el Heliocentric de Paul Weller.

16 septiembre 2010

Bautismo de la Generación del 2000

La inteligencia y el hacha
(Un panorama de la Generación poética de 2000)

Luis Antonio de Villena

Editorial Visor, 2010

ISBN:978-84-9895-747-1

518 páginas

20 euros




Juan Carlos Sierra


De un tiempo a esta parte, es decir, desde la década de los noventa del pasado siglo, se viene observando un giro llamativo en la poesía española más joven. Si uno revisa el recorrido de algunos de los poetas actuales que empezaron a publicar en aquellos años, detectará evidentes diferencias entre sus primeros libros y los escritos ya en lo que llevamos de siglo XXI.

A bote pronto, se me vienen a la cabeza algunos nombres y algunos títulos; y también algunas preguntas. ¿Qué tiene que ver El invernadero, el primer poemario de Carlos Pardo, con su último título Echado a perder? ¿Qué une y qué separa a Septiembre o Manzanas amarillas, libros primerizos de Luis Muñoz en los años 90, con Querido silencio de 2006? ¿Qué distancia poética ha recorrido Juan Carlos Abril en diez años -entre 1997, año de publicación de Un intruso nos somete, y 2007 con Crisis?

Estos ejemplos, que podrían extenderse mucho más, sirven de botón de muestra de la tesis que pretende demostrar Luis Antonio de Villena en su reciente antología La inteligencia y el hacha (Un panorama de la Generación poética del 2000). Tesis que, en resumidas cuentas, sostiene que hasta ahora nadie –ni él mismo en anteriores aproximaciones a la poesía más joven- había dado carta de naturaleza a un nuevo tajo en la historia de la lírica española protagonizado por los nombres antes mencionados y por el resto de los incluidos en La inteligencia y el hacha. El corte del hacha en principio no es traumático ni conflictivo –rareza en las hasta ahora traumáticas y conflictivas relaciones poéticas entre generaciones colindantes- y se basa de forma preeminente en la sustitución de la emoción por la inteligencia en el artefacto poético. Esto es, del ‘realismo meditativo’ de la Generación del 80 –Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes, Carlos Marzal, Vicente Gallego,…- al ‘poeta pensador’ de la Generación del 2000.
En este sentido, parece incurrir Luis Antonio de Villena en una contradicción al incluir en su antología a poetas como Isabel Pérez Montalbán, Pablo García Casado o Balbina Prior, que se encuentran a varios kilómetros de distancia poética de esa figura del ‘poeta filósofo’ que, según de Villena, representa a la nueva Generación del 2000. O puede que los tres últimos poetas supongan otro tipo de ruptura con respecto a la generación anterior que no cuadraría tanto con el título de la antología: existe el hacha, pero no la inteligencia –y con esto no queremos decir que no se trate de una poesía inteligente, sólo que del tajo emana sangre menos intelectual, menos hermética-. Podríamos afirmar que estamos ante una nueva introspección en la realidad, más comprometida, más directamente -¿ingenuamente?- combativa, más desnuda,… Una vuelta de tuerca, quizás, dentro del realismo meditativo de la Generación del 80.

Evidentemente, dentro de los ejes dominantes –básicamente los dos antes mencionados- cada poeta de los antologados posee la suficiente personalidad poética para singularizarse a día de hoy del resto y, como es lógico, para esperar en el futuro un buen número de figuras destacadas que al final acabarán estudiándose en los manuales de historia de la literatura de, pongamos por caso, el año 2040. Como uno no sabe si llegará a esas fechas, no me queda más remedio que hacer mi apuesta hoy: Luis Muñoz, Juan Antonio González Iglesias, Carlos Pardo, Elena Medel,

Y como “Toda antología constituye un error”, según afirma Francisco Ribes en su antología de 1963 Poesía última, admito los fallos de mi pronóstico y quizá a la antología de Luis Antonio de Villena habría que reprocharle amistosamente algunas ausencias y alguna que otra presencia. ¿Ubi sunt, por ejemplo, Abraham Gragera o Martín López Vega?

En fin, el tiempo nos pondrá a todos en nuestro lugar.

08 septiembre 2010

¿Qué es importante?

Nuevas semblanzas y generaciones

Luis Antonio de Villena

Pre-textos, 2010

ISBN: 978-84-92913-41-1

327 páginas

20 euros.


Juan Carlos Sierra




Me imagino el revuelo en las estanterías de novedades que produciría un libro escrito, se me ocurre, por mi amigo Juan Ángel Duarte sobre sus experiencias en el mundo de la pintura ‘de brocha gorda’, teniendo en cuenta que aquí no sólo cabría el interés por las cuestiones más técnicas del oficio –texturas, rodillos, colores o disolventes-, sino por el, digamos, elemento humano tan variado con el que trata habitualmente –compañeros de trabajo, pero sobre todo clientela-, que –sigo imaginando- daría para un tratado bastante completo sobre el alma humana.

¿Quién se acercaría al libro? Pues, en principio, todo aquel involucrado en el arte del gotelé o del mortero monocapa, probablemente algún cliente, por si acaso ha salido retratado, y si su habilidad en el manejo de las palabras fuera tan sugerente como su capacidad para mezclar colores, muy remotamente algún amante del Titanlux y de la literatura.

Dicho esto, ¿qué interés tiene un libro como Nuevas semblanzas y generaciones de Luis Antonio de Villena? Pues depende a quién se le pregunte. Probablemente a mi amigo Juan Ángel le parezca particularmente intrascendente, porque su experiencia visitando como trabajador de la ‘brocha gorda’ a miles de familias le ha podido enseñar más tipos humanos y, en ocasiones, más excepcionales que los que aparecen en el libro de Luis Antonio de Villena, porque en todos los ámbitos laborales hay gente fascinante.

¿Por qué se dan, entonces, tanto los libros de escritores sobre ellos mismos o sus compañeros de profesión y no tanto en el gremio de los pintores? No sé. A lo mejor es que al final los escritores hacen lo que saben, es decir, escribir, aunque sea de otros escritores, y los pintores pintan. Espero que sea solo eso y no alguna idea peregrina como pensar, por ejemplo, que solo los del gremio de la escritura poseen rasgos de carácter exclusivos y superiores al resto.

Creo que lo que salva, no obstante, al libro de Luis Antonio de Villena de caer en esta lógica absurda es que desde el prólogo el autor nos avisa de que se trata de una obra escrita desde la amistad. De modo que lo que traspira en cada uno de los retratos es la ternura y la admiración por la vida y obra del amigo. Aunque también se dan casos de simples semblanzas escritas desde el conocimiento que parte de encuentros ocasionales –Andrés Trapiello, Alain Robbe-Grillet o Rubem Fonseca, por ejemplo-, o de desencuentros más o menos curados por una amistad de largo recorrido –Antonio Colinas, por poner un caso-.

Otra de las constantes de estas Nuevas semblanzas y generaciones es la presencia del elemento gay, por decirlo de alguna manera. No sé muy bien por qué la condición sexual de los amigos retratados en estos textos –dominantemente la homosexualidad- son tan constantes en este libro y, por consiguiente, supongo que tan importantes para Luis Antonio de Villena – incluso llega a sugerir que Carlos Pardo debería haber experimentado “un cierto coqueteo con lo gay, aunque fuera coqueteo tan sólo, para recalcar la modernidad y su movimiento”-. Se me escapa cuál es la intención –si es que existe alguna- de esta reiteración e insistencia en la condición sexual del escritor-amigo retratado. No sé si en el libro sobre el gremio de la brocha mi amigo Juan Ángel se habría interesado por los vecinos de sábanas de sus retratados.

A pesar de todo, Nuevas semblanzas y generaciones, merece un buen revolcón, homo o heterosexual, siempre y cuando uno se encuentre en el grupo de los letraheridos o de los mitómanos literarios. Para ellos sí que resultará un libro, si no fundamental, al menos ameno, sugerente, entretenido,… Y no descarto que a Juan Ángel, mi amigo pintor, también le interese.