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08 junio 2011

El mundo de otra manera


Breve teoría del viaje y el desierto

Cristian Crusat

Pre-textos, 2011

ISBN: 978-84-15297-13-0

112 páginas

10 €

Premio Internacional de Relato Manuel Llano, 2011


José Martínez Ros

Se pueden escribir relatos de otra manera. Se puede contemplar el mundo de otra manera. La mayoría de los libros de relatos que se publican por autores de lengua española se adscriben a uno de estos dos modelos -en algunos casos de curiosa amplitud de miras, a los ambos-: a) la escuela realista-chejoviana, que ha más presente en España, país refractario donde los haya a todo lo relacionado con la imaginación, cuyos seguidores suelen copiar, en las últimas décadas, no tanto a Chéjov como a sus principales prosélitos actuales, casi todos norteamericanos (Carver, Richard Ford, John Cheever, Peter Stamm, Lorrie Moore y Tobias Wolff, por sólo citar a algunos) y que, en su actual versión degenerada que hace furor en los talleres literarios, se caracteriza –resumiendo- por estar escritos con el vocabulario de un graduado de primaria, con personajes que beben y fuman demasiado y están muy deprimidos; y b) la escuela del fantástico, con una legión de saqueadores de los tres grandes argentinos, Borges, Bioy Casares y Cortázar, que carecen del aliento metafísico del primero, la elegancia irónica del segundo y de la incesante capacidad para la invención y el juego del tercero y que, en la mayor parte de los casos, se reduce a fuegos artificiales: algo de magia, una pizca de mitología, algún pequeño juego formal y, al final, nada de nada, puro vacío. También están los microrrelatistas, pero a esos mejor ni nombrarles.

Por fortuna, libros como Breve teoría del viaje y el desierto de Cristian Crusat, Premio internacional de relato Manuel Llano, nos convencen de que aún hay esperanza para el cuento y evitan, en el último momento, que nos nacionalicemos suizos. Los relatos de Cristian Crusat rechazan orgullosamente ambos modelos, en lo que supone todo un desafío a la mayoría de las convenciones acerca del arte del relato. Por un lado, evita cuidadosamente las poses fatalistas y el neocostumbrismo de los pseudochejovianos actuales: sus personajes, extraídos de un mundo global, y que pueden vivir en una caravana en el desierto norteamericano, recorrer una carretera de Almería o hablarnos desde las páginas de un cuento ajeno son presentados desde una cotidianeidad que no tarda en iluminarse con el resplandor pentescostal de la epifanía y sufrir una revelación que, en la mayoría de los casos, los obliga a enfrentarse al auténtico rostro de su soledad o a unos sentimientos difíciles de asumir, como ocurre con los jóvenes enamorados del relato que da título al libro.

Por otro, Crusat construye sus historias –excepto la protagonizada por la encantadora Lena que, sin duda, está narrada desde un ensueño centroeuropeo- a partir de una realidad reconocible y espesa que todos conocemos, aunque no siempre nos detengamos a observarla: la de las urbanizaciones turísticas, los enormes aparcamientos y los hoteles abarrotados. Como todo autor realmente original, no duda en inventar su propia tradición, en la que conviven presencias tan singulares como las del cuentista peruano –uno de los más grandes y más ignorados- Julio Ramón Rirbeyro, el extravagante Salinger o Milorad Pavic, el genial autor del Diccionario Jázaro. Del primero, sin duda, toma la perspectiva irónica y el interés por los personajes en quiebra, del segundo su hipersensibilidad urbana y del tercero las piruetas metanarrativas.

Breve teoría del viaje y el desierto es un libro especialmente recomendable para aquellos que deseen saber por dónde irá el relato del siglo XXI: no cabe duda de que Cristian Crusat es uno de sus más intrépidos pioneros.

05 octubre 2010

En este mundo


Tranquilos en tiempo de guerra

Cristian Crusat

Pre-Textos, 2010

ISBN: 9788492913091

124 páginas

10 €




José Martínez Ros


Hay algo que no termina de funcionar en la narrativa española; sólo por esa razón se explica que autores de genio como Enrique Vila-Matas sufrieran una larga travesía del desierto antes de ser apreciados en lo que valen, mientras que autores de best-sellers pseudohistóricos y pseudofeministas plagados de tópicos –Almudena Grandes- y de torpes aventurillas de capa y espada –Pérez-Reverte- reciban sospechosas aclamaciones críticas; y ejemplos de pensamiento débil con una prosa de suplemento dominical de viajes se conviertan en el paradigma de la innovación. En ese panorama, un libro como Tranquilos en tiempo de guerra resulta tranquilizador. Este es el segundo libro de relatos de Cristian Crusat (San Antoni, Ibiza, 1983) y representa un cambio sustancial y un gran avance tras Estatuas, también publicado en Pre-Textos, conservando sus virtudes, en especial una prosa tensa y dúctil que debería avergonzar a muchos neobarrocos que confunden el abigarramiento con la elegancia o la intensidad. Mientras que en su anterior título nos encontrábamos con un repaso entre tierno e irónico por los misterios del comportamiento humano, donde el joven autor ensayaba diversos tonos más o menos desenfadados para describir a sus criaturas, en Tranquilos en tiempo de guerra nos encontramos con una extraña gravedad cuya clave nos da una de las citas previas.

En ella David Foster Wallace, tótem y mártir de la literatura contemporánea, afirmaba: la ironía nos tiraniza, aludiendo al modo en que la narrativa “ligera” del cine y, sobre todo, la televisión han colonizado de todas las demás artes, impidiendo que aquellas dudas y perplejidades que han llenado el corazón y la mente de los seres humanos desde el comienzo de los tiempos puedan ser tratadas con la misma profundidad por los nuevos narradores (a pesar del carácter profundamente irónico y postmoderno de la mayor parte de la narrativa de Foster Wallace, incluyendo su magnus opus La broma infinita, no dejó de señalar el callejón sin salida que representa un arte incapaz de contemplar directamente la realidad sin continuos filtros previos). O como dice una chica en uno de estos relatos: “No puedo dejar que me la metas ni una vez más, si no dejas de pensar que eres otro” (toda una poética en una frase). Y es que el pequeño gran libro Cristian Crusat se centra en dos temas perfectamente serios y que merecen atención: el amor y la soledad.
Entre los protagonista de estos relatos abundan los personajes como Charly –un adicto al porno en proceso de rehabilitación- que tienen auténticos problemas para hacer frente a sus sentimientos e impulsos y, sobre todo, a comunicarlos, a pesar de que, probablemente, no habría nada que desearan más. Por eso, tal vez, muchos de ellos son jóvenes y adolescentes, para los que, en muchas ocasiones, la distancia entre sus emociones y la realidad es más que insoportable, o se encuentran una circunstancias difíciles, incontrolables, que lo hacen conscientes de la fragilidad de sus sentimientos, como el astronauta que narra “Un balcón azul de titanio” o los fantasmales hermanos de “Cuadros colgados en la pared”.

Un ejemplo perfecto sería el relato que da título al libro: una sigilosa, perfecta, historia de amor narrada de un modo tan despojado y distante que tardamos unos párrafos o unas páginas en comprender que apunta directamente hacia nuestro corazón. No duden en acercarse a Tranquilos en tiempos de guerra: es un libro que marca muchas de las tendencias que seguirá (o que debería seguir) la mejor literatura de este tiempo, la que aún está por escribirse.