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28 marzo 2013

El poder del verbo



La transmigración de los cuerpos

Yuri Herrera

Periférica, 2013

ISBN: 978-84-92865-69-7

134 páginas

16 €




Sara Mesa

No había leído nada de Yuri Herrera hasta ahora, a pesar de que me lo habían recomendado encarecidamente amigos de cuyo criterio me fío. Intuía que sí, que me iba a gustar, pero he de decir que las expectativas se han superado con creces. Leí primero este, La transmigración de los cuerpos, y después, fascinada, sus dos anteriores, Trabajos del reino y Señales que precederán al fin del mundo, todos ellos editados en Periférica. Puf, increíble. Me tiene noqueada la escritura de este tipo. Decir que es bueno es decir muy poco. Decir que es sensacional puede sonar exagerado -y más en mí, que tiendo al entusiasmo cuando algo me gusta-, pero creo no estar pasándome en este caso: Yuri Herrera tiene una fuerza narrativa y un dominio del lenguaje inusuales. Sus libros son para quitarse el cráneo, y sin embargo, a pesar de su grandeza, son libros que podemos sentir como nuestros, que nos miran de frente, que no nos imponen, sino que entran en nosotros con la sencillez de lo verdaderamente valioso, sin subterfugios ni trampas, para quedarse.

En La transmigración de los cuerpos nos encontramos con una ciudad asolada por una epidemia en la que El Alfaqueque, un personaje dotado del poder del verbo ("y de la verga", dirá él de sí mismo más adelante), acomete una misión, una más, de mediador entre turbios conflictos familiares. El poder de la atmósfera -irracional, pesadillesca-, la creación del ambiente de una ciudad en estado de alerta, el dibujo de un paisaje de decadencia moral, el simbolismo de los personajes y su caracterización brevísima y certera, son elementos que sobrecogen desde el primer momento, y que nos conquistarían hubiese o no detrás una buena historia. Pero es que aquí, además, hay una buena historia, una historia con una dimensión mítica, clásica en estado puro, de regreso a las raíces básicas del relato. Al igual que en Señales... el protagonista emprende una misión, vence obstáculos, tiene oponentes y ayudantes, y hay una lectura moral -que no moralista- de los hechos. El Alfaqueque, situado al borde del relato, es al mismo tiempo el afortunado que consigue seducir a la, en apariencia, inaccesible Tres Veces Rubia. La trama así se desdobla en dos hilos: el exterior –esa ciudad llena de charcos sanguinolentos, inseguridad y caos- y el interior –las sombras de los cuartos, el bloque de vecinos, la imperiosa necesidad de los cuerpos-. Impresiona comprobar cómo en poco más de cien páginas -ese formato de la novela corta tan difícil de acometer- nada sobra, nada falta. Belleza y dureza se dan la mano: la historia es sórdida, es cruel, hay violencia y hay desesperanza, pero los personajes se mueven por pulsiones arraigadas, humanas, de extremada pureza. Las escenas sexuales entre El Alfaqueque y La Tres Veces Rubia son de una sugestión turbadora, raramente perfectas, poseen la hondura y el arrebato necesarios que solo en extrañas circunstancias nos regala la vida pero que aquí podemos sentir gracias al poder alquímico de la palabra.

Entre las muchas virtudes de la escritura de Yuri Herrera una de las más destacables es su talento –que se percibe natural, nada forzado- para aunar dureza y delicadeza en la narración, muy en la onda faulkneriana. El lenguaje posee una cualidad poética sorprendente, en el sentido más filológico de desplazamiento del lenguaje habitual. Y esto lo consigue, además, sin perder ni un momento el sentido de la oralidad. No es un lenguaje en absoluto enrevesado, y sin embargo está dotado de una plasticidad y una riqueza de matices que consigue dar peso a cada una de las frases, cada una de las palabras. Nada que ver con el preciosismo, tan odioso, sino al revés: un respeto reverencial a la palabra, a la esencia de cada palabra, que se explora, se retuerce, se exprime en todas sus capacidades sonoras, morfológicas, semánticas. Frases cortas, contudentes, con giros inesperados. Diálogos llenos de veracidad, de fuerza expresiva, de neologismos bellísimos. Ritmos endiabladamente cautivadores. De verdad, leer a Yuri Herrera -y leerlo despacio, demorándose, paladeándolo- es un gustazo. "El verbo es ergonómico", dice El Alfaqueque, "sólo hay que saber calzarlo con cada persona". Y cómo lo calza Herrera. El poder del verbo -presente en sus tres novelas, pero más explícitamente en sus dos últimas- se destaca desde el planteamiento mismo de las historias. El poder del verbo, incapaz de alterar el destino -terribles equívocos y casualidades nefastas en la historia de estas dos familias que intercambian cadáveres-, incapaz quizá de darle sentido a las bromas macabras de la vida, pero capaz, eso sí, de dar dignidad -y qué dignidad- a los seres humanos que pueblan los mundos desolados a los que nos transporta el autor, y de elevar los personajes humildes y cotidianos a la categoría de dioses y de héroes.

Hablar de libros malos suele ser fácil: basta con desgranar los argumentos que nos causaron rechazo. Hablar de libros buenos tampoco es del todo difícil: es suficiente con enumerar los rasgos que nos atrajeron, aquello que nos enganchó. Hablar de libros como este, en cambio, es extremadamente complejo: hay en ellos un valor que siempre escapa al razonamiento. ¿Qué es, en el caso de la narrativa de Yuri Herrera? ¿El simbolismo de sus historias? ¿El perfecto dominio del formato corto, tan intenso? ¿El ritmo medido, la textura perfecta? ¿La mezcla de belleza y crueldad, de lo culto y lo popular? ¿El lenguaje? ¿La experiencia, la sabiduría que se atisban detrás? ¿Todo ello junto? Sí, quizá todo ello junto y algo más. Ese "algo" más que sacia, sobrecoge y hace pedir más y más y más. Ese "algo" que arranca el entusiasmo, la admiración y la sonrisa. Ese "algo" indefinible que nos lleva a cerrar el libro y agradecer profundamente que su autor haya nacido con el talento necesario para escribirlo. ¿Aún no les convenzo? Seguro que El Alfaqueque lo lograría con dos palabras…

23 septiembre 2009

México según Yuri Herrera


Señales que precederán al fin del mundo

Yuri Herrera

Periférica, 2009

ISBN: 978-84-936926-9-8

123 páginas

14 €




Juan Carlos Sierra

Tras Trabajos del reino, publicada en el año 2008, Periférica vuelve a la obra del mexicano de Actopan Yuri Herrera para seguir trazando las coordenadas en las que se mueve el México actual.

Señales que precederán al fin del mundo narra, entre otras cosas, una de las duras realidades que vive el país centroamericano, la emigración al hermano rico del norte, que tanto se parece a la inmigración que aquí nos llega del sur. Pero quien espere de Señales que precederán… una novela social que denuncia las injusticias internacionales en el reparto del pastel de los dólares o de los pesos solo se quedará en la superficie más epidérmica de la obra de Yuri Herrera. Puede, no obstante, que algo de eso haya, pero creo que la lectura de Señales que precederán…trasciende el tópico social abriendo una gama de colores interpretativos que desborda el esquema del rico malo y del buen pobre.

En cualquier caso, dentro de la perspectiva más o menos social que pueda proyectar la novela de Yuri Herrera, lo más interesante creo que se halla en la profundización íntima del fenómeno de la emigración que expresa el siguiente párrafo (página 105): “Ahí estaba. Era una historia increíble, pero ahí estaba su hermano, de uniforme guerreado, vivo y en una pieza. De súbito tenía dinero y un nombre nuevo, pero no tenía idea de qué hacer, hacia dónde ir, cuál se supone que era el rumbo de la persona con ese nombre”.

Como se puede apreciar, Señales que precederán… va más allá de un ramplón realismo social más o menos esquemático. Pero no sólo por lo que acabamos de señalar. La novela de Yuri Herrera además sobrepasa estos límites al adentrarse en el terreno de lo mitológico precolombino o en la tradición dantesca del viaje al infierno. Porque lo que cuenta el autor mexicano es precisamente eso, el viaje que emprende el personaje principal, Makina, en busca de un hermano que se fue a reclamar al país de los gauchos lo que se suponía que era suyo. En definitiva, se trata de un periplo hacia y hasta las fauces profundas del ‘amigo americano’, es decir, Señales que precederán…nos cuenta el recorrido desde el mismísimo infierno al puritito pinche infierno del norte.

Dejando de lado las conexiones con la tradición literaria universal o el halo entre fantástico, fantasmagórico o mitológico de paisajes, pasajes –especialmente el capítulo final- y personajes, como la Cora –la madre de Makina- o la empleada del restaurante que le a Makina descubre el paradero de su hermano, veo en Señales que precederán…otra cuestión más terrenal y, por ello, más inquietante, que, dicho sea de paso, también aparecía en Trabajos del reino. Me refiero a la degradación ¿moral? de quien se halla por debajo del límite de lo moralmente soportable para el ser humano, de quien se ve empujado por las circunstancias a perder su dignidad como persona, representada principalmente esta degradación en el personaje del hermano de Makina.

Las líneas de tensión de la realidad mexicana a día de hoy las va marcando Yuri Herrera desde sus novelas, que producen una sensación de verdad más poderosa que las imágenes televisivas de los asesinatos en Ciudad Juárez o de los cadáveres en el desierto de Sonora.