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29 marzo 2011

Un cuento real


Celacanto

Jimina Sabadú

Lengua de Trapo, 2010

ISBN: 978-84-8381-088-0

256 páginas

18,60 €

XVI Premio Lengua de Trapo de Novela


Carolina León


Me van a perdonar los lectores más o menos habituales de este blog el estilo de esta reseña: aviso que no me voy a ceñir a la mera crítica y voy a utilizar este medio como plataforma para un excurso, así que ya pueden cambiar de canal.

Dicen que somos muy pocas mujeres haciendo crítica literaria, muy lejos de ser la mitad de los hombres; dicen que son muchos menos los libros escritos por mujeres los que reciben críticas en la prensa cultural (ya saben ustedes que esto no es prensa); y yo solita, basándome en mi observación, les digo que los libros escritos por mujeres, reseñados en los suplementos literarios, no sólo son pocos, sino que se diseccionan con los criterios equivocados; se habla de las autoras con condescendecia, a menudo reseñando lo guapas o feas que son, y mucho más a menudo sacando a colación términos como “escritura femenina”, “narrativa de mujeres” y otras lindezas. Llevo en esto el suficiente tiempo para poder decir: Basta.

Si una de nosotras (aunque seamos pocas) hacemos crítica de uno de vosotros, no señalamos las diferencias que pueden existir en vuestra escritura por el hecho de ser hombres (será porque sois la norma). Si una de nosotras (aunque seamos pocas) contamos vuestro ingreso en el mundo de las letras, lo haremos en términos literarios absolutos y no nos preocuparemos mayormente de si sabéis o no cuántas veces se os cuelan las programaciones de género en vuestros argumentos (esto es, por ejemplo, mujeres ceñidas a papeles de adorno en un alto tanto por ciento). Basta

Ahora me toca hablar del debut literario de Jimina Sabadú. Como hice, hace tantos meses, con el debut literario de Pola Oloxiarac y como seguiré haciendo, pues sólo en la juventud hay cualquier, aunque sea pequeño, atisbo de esperanza. Sabadú decide a sus veintitantos años que tiene una historia que narrar. Y le sale Celacanto. Un cuento real. Bueno, un cuento que podría ser real si las mentalidades dominantes no fuesen las del “gana cuanto puedas y pisa todos los cuellos a tu alcance”. Una historia de infancia, hipersensibilidad, seres extraídos del 'continuum' y hermanamientos múltiples, irracionales y contranatura.

Hay un monstruo del agua, un niño tremendamente imaginativo y sensible, muertos que regresan porque tienen cosas que decir, un campamento infantil donde los freaks no se reconocen como hermanos, locas teorías sobre las desapariciones de personas y los dobles que dicen que todos tenemos. Hay personas mayores que, en lugar de estar dando ejemplo, a los niños, son fuente de discordancias y enfermedad, inseguridad y quiebres. No es un libro de echar albricias. Hace muchos meses que no echo albricias con ningún libro, desde luego con ninguno de ficción, pero puedo decir con la boca grande que es uno de esos debuts literarios que no van a tener problemas de comparaciones con ninguno de los volúmenes que andan por ahí a cuenta de grandes editoriales, con segundas novelas de autores que ya se dicen consagrados ni con debuts de otros pares masculinos. En muchos casos, les gana. En Celacanto están ciertas historias de fragilidad, de seres anómalos, de comportamientos extravagantes y posicionamientos fuera-de-la-norma, suficientes para que nos guste a los que no comulgamos con la gran rueda productiva. Suficientemente bien dispuestos para que, dentro de la extravagancia feliz de ver nacer a una narradora, perdonemos algunas faltas (desarrollos de capítulos algo largos y poco, a priori, importantes para la trama), y nos alborocemos con la espontaneidad y solvencia general. Lo más interesante es que lo ha hecho sin preocuparse demasiado por lo que vamos a pensar lectores y críticos.

Celacanto, si consigues meterte en sus texturas, te dejará fangoso, pringado, manchado de la podredumbre del fondo del lago en que nace, respira, crece y se desarrolla la narración. A pesar de algunos tropezones, a mí esta novela me parece un libro magnífico (si sintonizas con algunos de sus temas: los miedos de la infancia, la incongruencia de ser diferente, la torpeza inherente a pertenecer a un mundo que no se deja reducir a lo meramente sensorial/material), y sobre todo un genuino retozar en la alegría de narrar, que Sabadú se toma muy en serio. Y eso, a pesar del material narrativo tan resbaladizo que elige (los miedos infantiles), demuestra saber manejarlo bien, y sólo es su debut.