Mostrando entradas con la etiqueta Paulo Coelho. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paulo Coelho. Mostrar todas las entradas

01 julio 2013

Dos pecadillos de juventud

Comenzamos a airear públicamente nuestros pecados literarios con motivo del IV Aniversario de Estado CríticoNuestro estadista Jesús Cotta se decanta, como viene siendo habitual en él en estas series de reseñas especiales, no por uno sino por dos pecadillos de juventud, nada menos. Dos pesos pesados, además: Las edades de Lulú de Almudena Grandes y El alquimista de Paulo Coelho. ¿Qué llevó a Jesús a leerse estos títulos en su día? ¿Siguen siendo meritorios? ¿Los recomendaría? Jesús Cotta confiesa...


Jesús Cotta

EC refresca vuestro verano con la confesión de los pecados literarios de los estadistas, 'id est', de aquellas obras que, porque eran malas o por lo que sea, no deberían haberles gustado.

A cualquier lector y, más aún a un crítico, le cuesta horrores reconocer que la obra que le gustó es mala. Cuando a uno le gusta algo que es, según los buenos gustos, malo, hay dos posturas: la soberbia y la humilde. La soberbia consiste en negar que uno leyó esa obra alguna vez o bien en negar que sea mala, antes que dar nuestro brazo a torcer. Y la humilde consiste en reconocer que, aun siendo mala, nos gustó lo suyo. Yo opto por la segunda, porque ¡soy tan sumamente humilde!

Hala, aquí van mis pecados.

Yo confieso ante vosotros, lectores, que tenía yo aún pelo en la cabeza cuando cometí dos pecadillos  consistentes en leerme de cabo a rabo dos novelas que ahora no me leería ni muerto. La primera es Las edades de Lulú, de Almudena Grandes, y la otra El alquimista, de Paulo Coelho. Un pecado verde y otro blanco. Empezaré por el blanco.

Un buen día me regalaron El alquimista. Cuando la persona que te regala un libro es un gran amigo y le tienes un enorme aprecio, el libro tiende a gustarte más que si te lo mandan en el cole. Así que el libro me gustó. Me pareció sencillo, una novela de misión con un mensaje optimista, como a mí me gustan, con un héroe buscador con el que me identifiqué y que pierde algo en el camino, pero que encuentra algo más importante.

Acabé la novela con ganas de vivir y la regalé incluso a alguien que me parecía que podía necesitarla. Luego cayó en mis manos otro libro de Coelho y me di cuenta de que era más de lo mismo, pero sin sorpresa y sin gracia. Y perdí de vista al autor. De él solo sé lo que me han dicho: que sigue con la fórmula mágica de El alquimista.

No me avergüenzo de que me hubiera gustado en su momento, pero, desde luego, es el típico libro que ahora me haría bostezar por su buenrollismo, su buenismo, su autoayudismo, su espiritualidad descafeinada, etc.

El pecado verde me avergüenza más. Lo leí cuando era universitario. Me lo recomendó una estudiante de filosofía muy esnob, muy especial, muy al tanto de todo, muy 'in' y con los labios pintados de un carmín más rojo que la sangre. Con tal recomendadora, no supe decir que no.

Lo malo de estos libros es que, aunque literariamente sean mediocres, te atrapan por lo que tienen de extraliterario, en este caso, de rijoso. Y al final acaba uno leyendo un libro no porque merezca la pena, sino porque tiene hambre. El libro no le gustó a mi sentido literario, sino en todo caso a mi libido. Pero tampoco fue para tirar cohetes, porque del libro no recuerdo absolutamente nada (mala señal). Me acuerdo más bien de la película que hicieron después y que era, salvo alguna escenilla, tan mala como verde, en fin, una españolada con ínfulas. Lo mejor del libro es que ganó el premio de la Sonrisa Vertical. Lo demás le sobra.

Recuerdo que unos años después me regalaron Coños de Juan Manuel de Prada y hoy no puedo evitar compararlos. Los dos autores se hicieron famosos con un libro subido de tono, pero, mientras que en el de de Prada la literatura era la señora, en el de Grandes la literatura era la sierva. O al menos así es en mis recuerdos.

Años más tarde, una amiga mía filólologa me prestó el libro que ella quisiera haber escrito: Malena es un nombre de tango, también de Almudena Grandes. Me pareció un tocho previsible y facilón. Fui incapaz de llegar a la mitad. Mi problema era cómo decirle a mi amiga que me parecía infumable la novela que ella quisiera haber escrito. Después de darle muchas vueltas, le dije algo así como que la novela era estupenda, pero que yo estaba entrando en una etapa en que solo me apetecía leer ensayo y poesía.

Del resto de obras de Coelho y Grandes no sé nada más. Seguro que tienen cosas mejores que las que cayeron entonces en mis manos.