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26 septiembre 2012

Una falsificación


Tú y yo
Niccolò Ammaniti
Anagrama, 2012. Colección "Panorama de Narrativas"
ISBN: 978-84-339-3371-3
136 páginas
14,90 €
Traducción de Juan Manuel Salmerón



José Martínez Ros
Mi experiencia previa como lector de Niccolò Ammaniti, sin duda el escritor italiano de la última década de mayor proyección internacional, se reduce a una sola novela: No tengo miedo -que también fue adaptada al cine con éxito-, y que presentaba los que podríamos considerar como principales rasgos de su obra: una prosa minimalista, un protagonista infantil o adolescente desde cuya perspectiva se narra la historia, un escenario claustrofóbico, en aquel caso un pueblo del sur de Italia en el que había más de un -aterrador- secreto que revelar.
Ahora nos llega Tú y yo, una delgada novela -en realidad, teniendo en cuenta la generosa tipografía elegida por Anagrama, podríamos hablar incluso de un relato alargado- precedida de un enorme éxito internacional, coronado en esta ocasión con una nueva adaptación al cine, dirigida nada más y nada menos que por Bernardo Bertolucci, que permanecía alejado de las cámaras desde la sensual y esteticista Soñadores. De nuevo, nos encontramos con un narrador preadolescente, en este caso de una familia pija, ferozmente introvertido, que -incapaz de confesarle a sus padres una mentirijilla: se ha inventado que unos (inexistentes) amigos del instituto lo han invitado a pasar con ellos unos días- se recluye durante unos días, y a escondidas, en el sótano, en compañía de videojuegos, novelas de Stephen King y comida enlatada. De repente, para pasmo de este pequeño discípulo del Holden Caulfield de Salinger, aparece casi por abracadabra una medio hermana, Olivia. Y todo se lía.
Olivia es un personaje cuya existencia se ve amenaza desde un primer momento por un vendaval de tópicos sentimentales y neorrománticos: atormentada (por supuesto) y vitalista, pero con un lado oscuro -se droga, incluso se sugiere que se prostituye-, y bella como un ángel leonardesco. Obviamente, a través de su presencia, el joven Lorenzo se iniciará en algunos misterios vitales (aunque no esperen nada muy atrevido o incestuoso, es una novela para todos los públicos) y, más obviamente aún, tendrá mucho que ver con el lacrimógeno y/o trágico final que, al parecer, ha conmocionado corazones de medio mundo.
Ammaniti es un escritor astuto, pero eso no lo convierte de forma necesario en el gran escritor que nos presentan muchas reseñas extasiadas que califican de “relato perfecto” esta novelilla. Si lo comparamos, por ejemplo, con un libro que tal vez tenga algunos puntos en común (aunque los personajes sean algo mayores, adentrándose en la adultez en lugar de en la primera juventud), entre ellos un fenomenal éxito, Tokio Blues (Norwegian Wood) de Haruki Murakami lo apreciamos con mayor claridad. En ambas novelas, hay una escena importante que transcurre en un hospital, con el protagonista haciendo compañía a un moribundo: no tardamos en advertir la diferencia entre la auténtica sensibilidad y contención del japonés y el desparrame sentimentaloide del italiano.
Seguro que para muchos lectores Tú y yo será una experiencia literaria impactante y emotiva y quizás crean que mi juicio sea injusto. Pero, para ser totalmente sinceros, a mí me ha parecido muy floja y, peor aún, una falsificación: una obra que finge ser algo que nunca llegará a ser. No sé si Ammaniti leía a Stephen King, como su protagonista, en su adolescencia, pero, si hubiera sido el caso, podría haber aprendido unas cuantas cosas acerca de la narrativa del maestro del terror.

24 junio 2011

El bunga-bunga salvaje


Que empiece la fiesta

Niccolò Ammaniti

Anagrama, 2011. Colección "Panorama de narrativas"

ISBN: 978-84-339-7561-4

336 páginas

19,50 €

Traducción de Juan Manuel Salmerón



Alejandro Luque

Estamos en condiciones de afirmarlo: Rabelais está de moda. La desmesura y lo grotesco, la sátira salida de madre, todo eso que se ha dado en llamar literariamente la fiesta salvaje, no sólo ha cundido en España, donde escritores tan principales como Rafael Reig, Manuel Vilas o Antonio Orejudo han hecho de ella su bandera. A juzgar por lo último de Niccolò Ammaniti, también en Italia se lleva escribir en esa zona que podríamos definir como el beso de tornillo entre Valle-Inclán y Quentin Tarantino.

Quienes relacionamos a Ammaniti con su más célebre novela hasta la fecha, Yo no tengo miedo, una fábula sobre el descubrimiento del mal llevada al cine por Gabriele Salvatores, estamos por sorprendernos ante este giro rabelaisiano, de no ser porque el escritor romano ha demostrado ser de los que prefieren no pasar dos veces por el mismo sitio.

Tampoco era fácil presagiar que las dos líneas argumentales paralelas con las que arranca Que empiece la fiesta fueran a converger, hacia el ecuador de la novela, en el despiporre que resumiremos más adelante. De entrada tenemos Mantos, líder de una secta satánica de provincias muy venida a menos, que se debate entre consumirse o dar un golpe de efecto que inyecte algo de autoestima a sus acólitos. Y, por otro lado, a Fabrizio Ciba, escritor superventas, ni tan joven como para ser promesa ni tan viejo como para darse por consagrado, con gancho para las mujeres y una extraordinaria habilidad para seducir al público, pero con una coraza que, vista de cerca, deja entrever algunas fisuras.

Con ambos personajes, el lector cree estar adentrándose en una suerte de parábola acerca de las equívocas nociones de éxito y fracaso, así como del modo en que el individuo lucha por encontrar su espacio e incubar sus deseos en una sociedad asimilable al mercado, que desecha a toda prisa cuanto no cumple con las exigencias de productividad. Pero he aquí que irrumpe en la narración Sasà Chiatti, magnate del ladrillo que se dispone a pasar a la historia como anfitrión de la fiesta más extraordinaria que se recuerde en Roma desde tiempos del Imperio.

Para ello, ha organizado en su fastuosa villa Ada un programa lúdico que incluye un safari como los de Kenia, una cena pantagruélica y un concierto de la cantante de moda Larita. No obstante, la celebración devendrá en una especie de apocalipsis donde se mezclarán el amor con la muerte, la corrupción con el terrorismo, y de paso saldrá a la luz una estirpe descendiente de atletas rusos que aprovecharon su participación en las Olimpiadas de Roma para huir del comunismo, y desde entonces permanecían ocultos en sus catacumbas...

Promocionado como mordaz parábola de la Italia actual, existe el riesgo de identificar de un modo más bien facilón a Chiatti y su fiestón de Villa Ada con el famoso bunga-bunga de Berlusconi en Villa Certosa. Tanta ha sido la trascendencia de las bacanales del Cavaliere, que en el país de Bocaccio y de Ariosto la palabra 'festa' ya va unida indisolublemente a su muy operada figura. Pero este reseñista propone otra lectura de la novela, derivada del hecho de que todos los personajes que sobreviven al pandemonio se redimen de algún modo y se encuentran a sí mismos. Como si Ammaniti dijera: amigos, hemos vivido durante las últimas décadas en una gran fiesta, todo se ha venido abajo estrepitosamente, pero tratemos de ser mejores después del desplome.

Una vez afirmé, acaso injustamente, que Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo me parecía una de esas fiestas de las que uno quiere irse mientras le siguen llenando el vaso una y otra vez. La segunda mitad de la novela de Ammaniti es como si trasladáramos esa irrenunciable borrachera a una montaña rusa.