07 noviembre 2012

Breves reseñas comiqueras

José Martínez Ros

Historias cortas

Satoshi Kon

Planeta DeAgostini, 2012

ISBN: 978-84-15480-07-5

424 páginas

25 €

Traducción de Marc Bernabé




Es probable que, para buena parte del público, el nombre del reciente y prematuramente fallecido Satoshi Kon no les diga nada, lo cual constituye, sin duda, una importante injusticia. Kon inició su carrera en los ochenta como 'mangakay discípulo del ya célebre Otomo, autor del monumental Akira (quizás ha sido la película de animación japonesa que ha causado un mayor impacto en Occidente) para pasarse, luego, como su maestro, al anime, dirigiendo unas cuantas cintas extraordinarias, tanto por la belleza de su diseño como por la desbordante creatividad de sus historias. Siempre a la caza de ideas ajenas, Hollywood no tardó en fijarse en sus obras hasta el punto de rozar el plagio: sólo tienen que comprobar las múltiples similitudes que existen, por ejemplo, entre dos animes de Kon, Perfect Blue y Paprika, y dos películas tan alabadas -por su supuesta originalidad- y premiadas como Cisne negro y Origen.

Planeta DeAgostini ha tenido el acierto de traernos una amplia antología de su obra inicial dentro del mundo del manga, en la que se perciben ya muchas constantes de su estilo aplicado, en este caso, a un buen número de argumentos distintos: personajes desvalidos y desorientados, en muchos casos jóvenes, situaciones enigmáticas y, en ocasiones, irresolubles y -ante todo- una extraordinaria imaginación. Así nos encontramos con fábulas infantiles (El pequeño beisbolista) e idilios adolescentes (Verano de nervios), una sombría -y tremendamente hermosa a nivel visual- parábola sobre la violencia y el honor ambientada en el Japón feudal (Waira), una imaginativa y muy melancólica y divertida variación acerca de la clásica historia de “casa encantada” (Los visitantes) y, por último, dos impresionantes historias de ciencia-ficción. Por un lado, la breve y magnífica Carve, que parece destilar en unas pocas páginas las miles que su maestro, Otomo, dedicó a su genial epopeya postapocalíptica; y, por otro, Cautivos, el relato más extenso, y que tiene una especial importancia, ya que fue su primer manga publicado y el que le abrió las puertas de la industria del cómic japonés y en el que ya nos encontramos una narración 'made in' Kon con un protagonista perdido en un universo artificial similar, pero muy anterior cronológicamente, al descrito en Matrix.

King City

Brandon Graham

Debols!llo, 2012. Colección "Best Seller"

ISBN: 978-84-99896-588

192 páginas

9,95 €

Traducción de Manuel Viciano Delibano



Del cómic independiente americano, nos llega King City (Debolsillo), de Brandon Graham, un joven autor que se está consagrando actualmente en Estados Unidos con una de las series más interesantes que ha producido el 'mainstream' comiquero en los últimos tiempos y que -no deja de resultar curioso- no es sino un 'remake' de un olvidado título de acción de los ochenta: Prophet, una de tantas historias de la época acerca de mercenarios cargados con pistolones gigantescos, que el talento de Graham ha convertido en una exploración cósmica con ecos de la magistral Solaris de Stanislaw Lem y que también esperamos ver en España muy pronto.

En King City, una de sus primeras obras, nos presenta de nuevo un mundo propio, una ciudad futurista plagada de tentadoras sirenas, individuos misteriosos con aún más misteriosos injertos genéticos, bandas de ninjas, ejecutivos caníbales y veteranos de guerras zombi en la que Joe, un ladronzuelo, “amo de gatos” y contrabandista de información, se ve envuelto en una conspiración que no deja de crecer en complejidad y surrealismo. Graham recrea este ámbito lleno de toques 'pulp' y humor con un dibujo con trazos aparentemente sencillo y, al tiempo, muy detallista (uno de los muchos atractivos de este cómic es detenerse viñeta a viñeta para apreciar la enorme cantidad de objetos y personajes extraños y desconcertantes que ha desparramado por todas partes su inventivo autor) en la que se percibe la influencia de uno de los más grandes maestros del noveno arte: Moebius. Por momentos, esta King City nos parece trasladar a los fantásticos (y añorados) universos de Arzak el vigilante, El Incal y El garaje hermético. No se me ocurre un mayor elogio.

06 noviembre 2012

Entrevistas breves con hombres repulsivos

Pasos

Jerzy Kosinski

Debols!llo, 2011

ISBN: 978-84-9908-585-2

160 páginas

9,95 €

Traducción de Carlos Milla Soler

Premio National Book 1968



Fran G. Matute

Descubro casi por casualidad que la obra más significativa de Jerzy Kosinski ha estado siendo recuperada por la editorial Debols!llo. Kosinski ha sido siempre uno de mis autores favoritos y eso que nunca he considerado que sea un gran escritor. Lo que más me ha fascinado de este autor de origen polaco, pero afincado en los Estados Unidos, es su visión del mundo y cómo ésta ha quedado plasmada en su novelística. En sus tres obras fundamentales -a saber, El pájaro pintado (1964), Pasos (1968) y Desde el jardín (1971)- quedan reflejadas todas las fobias y filias de este exitoso autor que hoy día casi nadie recuerda: los horrores de la guerra, la vacuidad de la vida moderna, el aislamiento del ser humano, la estupidez de la clase política. Estos son, en esencia, los temas sobre los que gira la literatura de Kosinski y me parecen materias importantes, más si están escritas por un expatriado que ha vivido en sus carnes las grandes dicotomías del siglo XX.

Insistimos en que Kosinski nunca nos ha parecido un prosista extremadamente meritorio. Más bienintencionado que otra cosa, pero lo cierto es que su obra está repleta de escenas desasosegantes, pues es el material sobre el que escribe no puede dejar indiferente a nadie. Es tal la fuerza de sus textos que no necesita de abalorios lingüísticos para vendértela. Confieso, por ejemplo, que finalizar la lectura de El pájaro pintado me costó más de un intento por la dureza de algunos pasajes.

Y mucha de esa fiereza recorre estos Pasos, la que seguramente sea su obra más experimental en cuanto a estructura se refiere. Una novela construida a base de retazos, recuerdos, anécdotas, conversaciones de alcoba. Respuestas sin preguntas. Todo en primera persona, si bien nunca tenemos muy claro quién es el narrador. ¿Es el mismo  sujeto en todos los párrafos? ¿Es el propio Kosinski? Muchos datos autobiográficos se cuelan en el texto pero no termina de romperse con el cordón de la ficción. Casi todos los fragmentos hacen referencia a un pasado no muy lejano -para finales de los sesenta, claro- marcado por la experiencia de vivir en un país comunista o por la participación en la Segunda Guerra Mundial. Nos habla un hombre -que bien pueden ser varios- profundamente afectado por lo que allí vivió y presenció, y que ha visto mermada su capacidad para interactuar con el resto de seres humanos, para relacionarse en todos los ámbitos. Pero sobre todo, Kosinski nos habla de relaciones afectivas, sexuales, de aberraciones (zoofilia incluida), silencios y disfunciones. Es por esto que Pasos no deja de ser una novela tremendamente conectada al tiempo de su publicación pues debe ser uno de los primeros artefactos culturales que ponía en tela de juicio las bondades de la tan cacareada libertad sexual.

Kosinski reniega de su pasado y no tiene miedo en descubrir los pecados de su pueblo pero no por ello acepta que el modo de vida de su país de acogida, de la nación "salvadora", deba ser respetado en todos sus aspectos. Se convierte así Kosinski, basado en su experiencia personal, en el mejor azote posible al sistema capitalista. Solo que en Pasos, la voz de Kosinski parece un susurro, como extrañado o avergonzado de no saber encontrar su hueco en la sociedad norteamericana, de ahí esas confesiones de alcoba en las que el narrador se siente a salvo de mostrar su verdadero punto de vista. Es esta una máxima de su literatura y con independencia de que dicho sistema terminara por absorber al escritor polaco -Hollywood le hizo esa fatídica llamada que uno no puede rechazar-, podríamos paralelizar la importancia cultural de las primeras obras de Kosinski con las de, por ejemplo, Vladimir Nabokov.

Al margen de lo anterior, Pasos no deja de ser una ‘rara avis’ dentro de la producción narrativa norteamericana de la época debido, sobre todo, a la modernidad de su propuesta. De hecho, el mismísimo David Foster Wallace alababa esta novela -que, de alguna forma, presenta cierta similitud estética y temática con sus Entrevistas breves con hombres repulsivos- comparándola con lo mejor de Kafka por esa capacidad que tiene de plasmar la extrañeza de lo cotidiano. Pasos ha envejecido mejor de lo que se esperaba, pues sigue intrigando al lector con independencia de la generación a la que pertenezca. Una novela que sin duda merece ser rescatada -se hacía necesaria, igualmente, la nueva traducción pues recordamos con horror la anterior edición publicada por la extinta Arcos Vergara- no ya del olvido colectivo sino que, en nuestra humilde opinión, debería formar parte de los circuitos académicos universitarios pues estamos ante una pieza maestra tanto histórica como literariamente hablando.

05 noviembre 2012

Sara Mesa, finalista del Premio Herralde 2012

Nos llena de orgullo y satisfacción que nuestra estadista Sara Mesa haya sido finalista del Premio Herralde 2012 con su novela Cuatro por cuatro, que muy pronto verá la luz en la editorial Anagrama.


Desde Estado Crítico le damos la más cariñosa de las enhorabuenas y le deseamos la mejor de las suertes con su nueva novela.

Quevedo en La Vaguada

El joven vendedor y el estilo de vida fluido

Fernando San Basilio

Impedimenta, 2012

ISBN: 978-84-15578-04-8

168 páginas

16,95 €
 
Introducción de Mercedes Cebrián
 


Daniel Ruiz García

Igual que Auster no sería nada sin Nueva York, o Murakami sin Tokio, la literatura de Fernando San Basilio, salvando las distancias, carecería de sentido sin La Vaguada. Por esa capacidad de homogeneización y esa ausencia de carácter tan propia de los centros comerciales, podríamos decir que la literatura de San Basilio tiene como eje el macrocomplejo comercial, así, sin nombre ni apellidos, como gran recipiente de todas las miserias laborales, sociales y sentimentales de los seres humanos que lo usan y casi lo habitan. El autor posa la mirada sobre el centro comercial pero en verdad esa mirada esconde una visión propia del mundo caracterizada por una extraña mezcla de ingenuidad, cinismo y perspicacia.
 
En el joven vendedor y el estilo de vida fluido, San Basilio ha recurrido a la recreación estructural del Ulises de Joyce para mostrarnos un día en la vida de Israel, un chico que trabaja en un corner de La Vaguada y que soporta con serenidad y placidez las miserias de un trabajo basura donde se impone la depredación y un concepto de la vocación de servicio cercano al esclavismo. Esa placidez se la proporciona un libro de autoayuda encontrado casi por casualidad, que le ofrece indicaciones y sugerencias de comportamiento y conducta para alcanzar “un estilo de vida fluido”. Así va avanzando en su día, descubriendo paulatinamente cómo la espiritualidad del camino mostrado por su biblia del coaching se va derritiendo frente a una realidad burda y mundana a la que no le queda más remedio que resignarse.
 
Lo mejor de San Basilio, sin duda, es su mirada. Es lo que permite que una novela como ésta, que en realidad no cuenta casi nada, se lea no sólo con agrado, sino con excitación. La mirada de San Basilio encuentra además su perfecta materialización estilística en una prosa aparentemente naïf, pero punzante como pocas, con un dominio del fraseo más que notable y una facilidad pasmosa para mantener al lector al constante límite de la carcajada.
 
Toda la literatura de San Basilio tiene el mismo tono. Su personalidad estilística es muy pronunciada, tiene carácter, y ese carácter va de la mano de una mirada del mundo bastante cínica y yo diría deprimente. Sin embargo, su punto de mira narrativo permite que sus novelas sean leídas no con desazón sino con gran divertimento, y que logremos cerrar cada nuevo libro suyo con una sonrisa. En ese sentido, San Basilio está muy en la tradición de la literatura satírica y humorística española, a la manera quevediana, por lo que no cuesta reconocerle el pedigrí. San Basilio no es nada moderno, pero ni falta que le hace: le basta con ser un gran escritor, y el primero, que yo sepa, que ha consagrado su literatura a cantarle a un centro comercial.

02 noviembre 2012

La nobleza del combatiente


Los juegos del hambre

Suzanne Collins

Molino, 2012

ISBN: 978-84-2720-212-2

400 páginas

18 €

Traducción de Pilar Ramírez Tello



Jesús Cotta

Me habló de esta novela un compañero de trabajo. El tema me gustó tanto, que me la compré.

En las buenas novelas el boca a boca funciona se les haga o no mucha promoción publicitaria.

Esta novela es una distopía. Yo soy un forofo de las distopías, ese género literario que plantea un futuro sombrío, pero posible si seguimos en el presente por el mal camino.

En una sociedad futura doce distritos malviven en torno al Capitolio, donde se vive a cuerpo de rey, cada año cada distrito debe enviar al Capitolio un tributo adolescente para participar en los Juegos del Hambre. Es el castigo por la antigua rebelión de los distritos contra la tiranía del Capitolio.

Se trata de una lucha a muerte en plena naturaleza y televisada. El que sobreviva es el vencedor. Es, en toda regla, un Gran Hermano a sangre y de diseño, la ley del más fuerte convertida en espectáculo, el circo romano en directo, pero presenciado desde casa.

Uno de los atractivos de la novela es que la autora no dedica párrafos a explicar cómo es la nueva sociedad. Tan solo se centra en la joven protagonista. Sin embargo, durante toda la novela, el otro gran protagonista de quien casi nunca se habla es esa sociedad horrible que goza observando los sufrimientos y matanzas de los tributos. Me parece una técnica literaria estupenda esa de decirlo todo de una sociedad o de un personaje sin decir absolutamente nada.

Dicen que las buenas ideas provienen de mezclar ideas que a nadie se le ocurren. La mezcla es lo bueno. En este caso, la combinación es la ciencia ficción con el mito del Laberinto de Minos, al cual los atenienses tenían que llevar siete muchachos y siete muchachas virginales como tributo al Minotauro, echados a suerte cada año entre los atenienses más jóvenes.

La autora le saca el máximo partido al episodio del sorteo de nombres del Distrito 12, al mundo interior de la protagonista, a su supervivencia en el bosque, a la búsqueda de agua y de comida, a la compleja red de sensaciones, emociones y voluntades que se establecen entre los tributos que tienen que aliarse a ratos para luego darse la puñalada trapera, a la necesidad de ayuda y amor y a la tremenda desconfianza que genera el saber que el objetivo último de uno es matar al otro, al sentimiento de dignidad agraviada por el hecho de que todo lo que hace el sufriente lo degluten con ojos morbosos millones de personas con el culo cómodamente hincado en su sofá, al horror de ser un espectáculo quien debería ser solo protagonista de su vida con el único espectador de su conciencia.

Aquí hay también un Teseo y un Minotauro, solo que Teseo es una chica y el Minotauro es el monstruo invisible en cuyas pupilas los protagonistas luchan y se desangran como a él le gusta, porque se alimenta de sangre. Lo que el Minotauro no sabe es que la protagonista tiene la última palabra. Su dignidad resplandece precisamente cuando sus espectadores creían habérsela arrebatado toda.

Es una novela juvenil y adulta, con persecución, amor, horror. Es intensa, interesante. Atrapa de principio a fin y da en la tecla de algo que olvidamos a menudo en Occidente: no es lo mismo avance técnico que progreso moral.

Los amigos de la aventura, el peligro, la amistad, la distopía y, a la vez, la evasión (¡qué buena mezcla!) harán bien leyendo esta novela.