12 abril 2013

Los 'playboys' también lloran


Cerveza en el club de snooker

Waguih Ghali

Sajalín, 2012

ISBN:
978-84-9390-767-9

216 páginas

18

Traducción de Güido Sender Montes



Ilya U. Topper

El 'snooker' es una especie de billar, muy popular en el Egipto de los años sesenta. Popular quizás no sea la palabra para una diversión de las clases adineradas, y de eso se trata, porque se juega por dinero. Hay dos ricos armenios, propietarios de la zapatería de abajo, y tras media hora, uno de ellos habrá perdido cuarenta libras, es decir el equivalente a cinco meses del salario del mozo que atiende en el negocio. El ganador es el joven copto Ram, sin más ingresos que los del juego, pero de buena familia. Por eso puede jugar, pero no puede trabajar: sería una desgracia.

La vida es un juego, nunca debe darse la impresión de que sea otra cosa. Ésta es la máxima del 'playboy' de verdad. Por eso, cuando el armenio hace trampa y mueve una bola, Ram no dice nada sino que mueve otra. Has hecho trampa, dice el armenio al notarlo. Sí. El árbitro -Font, el mejor amigo de Ram, que además atiende el bar- entrega el dinero apostado al armenio. Éste se encamina hacia la escalera. Y Ram no dice nada. En esto consiste ser jugador: arriesgar lo que para otros sería medio año de sueldo, por la simple gracia de fingir que a uno no le importa. El armenio se dará la vuelta.

A Ram nada le importa mientras bebe cerveza Bass -“la cerveza de los intelectuales”, que Font prepara con whisky y vodka-, discute de Somerset Maugham o del último análisis político en el New Statesman y dice sí a todo lo que diga su madre, aunque no le haga caso nunca. Tiene mala fama porque el otro día tiró a su primo, que es rico, a la piscina del club delante de lo más granado de la sociedad cairota, y nadie cree que haya sido un accidente. Las chicas lo quieren, sí, y le prestan el bañador cuando necesita seducir a alguna americana. El el club, los cairotas de buena familia hablan francés.

"- 'Tu trouves qu'elle est plus jolie que moi?'
- No me importa quién es más 'jolie'; ella no es virgen como tú.
- 'Salaud'."

Desde luego, Ram desprecia a su primo, su tía -quien paga sus facturas y le da sermones- y toda esta sociedad feudal que se pulverizará cuando triunfe la revolución. Ram es comunista, aunque no se le note mucho. Tal vez sea demasiado inteligente como para lanzarse a una revolución que debería acabar primero con él mismo. Tal vez piense que es más útil militar en una organización clandestina sin aparentarlo. O tal vez sea simplemente demasiado jugador como para tomarse en serio a sí mismo. Pero sí se toma en serio su amor por Edna. La chica que le ha pagado meses de estancia en Inglaterra, bajo la ficción de un viaje de estudios. La chica con la que se ha ido a manifestaciones en Trafalgar Square. Edna es comunista de verdad y milita de verdad. Es judía.

"-¿Por qué te afiliaste, Ram?
- Si alguien ha leído una enorme cantidad de literatura y tiene un sólido conocimiento de la historia contemporánea, y tiene imaginación y es inteligente y es justo y es honrado y es sincero, le pueden pasar dos cosas: que se afilie al Partido Comunista y lo deje, regodeándose en sus defectos, o que se vuelva loco. O, si es buen actor y no es consciente de ello, puede irse a vivir a cualquiera de las muchas ciudades progresistas de Europa y disfrutarlo. -Pero Ram es egipcio."

Hagamos un 'fast forward'. Esta novela transcurre en los años sesenta en Egipto, cuando la clase dominante aún era la misma que había sido colocada en el poder y aleccionada por los dueños colonialistas (que la heredaron, por su parte, de la época otomana). Cuarenta años más tarde sigue siendo la misma. En Egipto, en Túnez, en Marruecos. Y el dilema para un joven inteligente y lector y justo y honrado es el mismo que entonces: no puede hacer la revolución, porque es su propia familia la que explota al pueblo. Y el pueblo no lee, no toma cerveza con los intelectuales, ni puede pagarla. El pueblo, cada vez más desesperado, y cada vez con menos comunistas en el país (algunos se habrán ido a disfrutar de las sociedades progresistas de Europa, otras habrán acabado torturados, encarcelados, muertos), acabará siguiendo a quienes se proclaman emisarios de Dios y prometen derrocar la tiranía no en nombre de la justicia humana sino en nombre de los libros santos. Serán mayoría y se apropiarán de todo cuando por fin, veinte, treinta años tarde, arde Tahrir.

Esta es la tragedia de Egipto del siglo XX y limítrofes, y está contenida en las 216 páginas de la novela de Waguih Ghali, la única que escribió este estudiante de Cairo, comunista con primos ricos y exiliado en Londres, antes de morirse a los 39 años. Egipcio como él solo -“habríamos muerto hace tiempo de no ser por nuestro sentido de humor”-, Ghali ha escrito una novela para divertir, con personajes dibujados a carboncillo, con diálogos hilarantes y magistrales (apúntenle una tanda de bolas de 'snooker' al traductor: ha clavado todas) con una ligereza que hace flotar la risa en el aire, con una sonrisa de tahúr propia del jugador que nada se toma en serio. O eso pretende. Porque cuando nadie mira, cuando Edna se ha ido, cuando saben que no les queda nada por hacer por este país que tanto quisieran que fuera suyo, pero en el que siempre serán una clase aparte, unos parias escupidos hacia arriba, cuando sólo les queda de confidente Didi, rica y sin embargo amiga, cuando se resignan a convertirse en actores para los restos, en vivir sin más remedio la vida que llevan tiempo fingiendo, cuando piden matrimonio, entonces los 'playboys' también lloran.  Hagan juego, señores. 'Rien ne va plus'.

11 abril 2013

La ciudad es tuya


Bagheria

Dacia Maraini

minúscula, 2013

ISBN: 978-84-9558-793-0

170 páginas

14 €

Traducción de Juan Carlos de Miguel y Canuto



Alejandro Luque

Si ustedes viajan a la costa norte de Sicilia, podría recomendarles que visiten los frescos de la catedral de Monreale y el Palacio de los Normandos en Palermo, que paseen por Cefalú y hasta que se den un chapuzón en Mondello. Pero sólo si tuvieran mucho, mucho tiempo, podría recomendarles ir a Bagheria. Esta pequeña ciudad a 20 kilómetros de la capital siciliana es hoy sin duda una de las más feas y ruidosas de la isla, por no hablar de su conocida población mafiosa. Y, sin embargo, sorprende indagar en su esplendor pasado, sus tesoros escondidos son asombrosos, e imponente la lista de personajes ilustres nacidos en la villa, desde el pintor Renato Guttuso al cineasta Giuseppe Tornatore o el fotógrafo Ferdinando Scianna –que inmortalizó a sus vecinos en un libro bellísimo, Quelli di Bagheria–, sin olvidar a Fernando II de Borbón, el cruel rey Bomba.

Pero las ciudades a menudo cambian cuando se contemplan con los ojos de la memoria. Hace algunos años, nuestro compañero Ilya U. Topper hubo de afrontar una fugaz polémica por haber declarado en prensa su amor por una ciudad objetivamente fea como Algeciras. Los lectores algecireños podían aceptar la crítica, pero no la devoción, que es en sí misma un estatuto de apropiación, un modo de hacer nuestras las ciudades. Algo parecido hace Dacia Maraini (Fiesole, 1936) en este doble viaje, a la Bagheria que ya sólo existe en su memoria y a la actual, la de las reliquias asediadas por el tráfico y los adefesios urbanísticos.

Internada con su familia en un campo de concentración japonés hasta los diez años, Maraini pasó el resto de su infancia en Sicilia. Allí, recuerda, su madre llamaba la atención por vestir pantalones, cuando todavía era frecuente el luto perpetuo, y era inmoral que las niñas fueran al cine, incluso acompañadas. En la villa Valguarnera, habitada por la abuela Sonia, a la que Caruso piropeó en un autógrafo, y el abuelo Enrico, amante de la antroposofía y la teosofía, escritora vivió un proceso de aprendizaje que relata con genuina y cruda óptica femenina: el cura que le estampó un beso en la boca sin más, el amigo de la familia que también abusó de ella, reflejan un tiempo, acaso no tan pasado, en que ser niña –incluso niña rica– era un oficio muy difícil.

El abandono familiar del padre coincide en el tiempo con el inicio de ese proceso de sistemática destrucción que a partir de los años 50 demolió o arrinconó a buena parte de las magníficas villas dieciochescas de Bagheria. Maraini, que ya se había acercado a Sicilia desde la novela histórica en La larga vida de Marianna Ucrìa, confiesa haber sufrido como escritora cierto bloqueo, “evitando como la peste la isla de los jazmines y del pescado podrido, de los corazones sublimes y de las hojas cortantes”, explica. “Hablar de Sicilia significa abrir una puerta que había permanecido atrancada, una puerta que yo había camuflado muy bien, con enredaderas y marañas de hojas, hasta el punto de olvidar que alguna vez hubiera existido”.

Híbrido de reportaje y de anotación íntima deliberadamente divagatoria, Bagheria es ese exorcismo que ha permitido a Dacia Maraini reconciliarse con aquella etapa. Y, de paso, proclamar su amor por la ciudad fea, es decir, ponerle por delante el posesivo y gritarlo a los cuatro vientos.

[Publicado en M'Sur]

10 abril 2013

Artefactos Alquímicos Inc.

La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías

Colectivo Juan de Madre

Aristas Martínez, 2013. Colección "Pulpas"

ISBN: 978-84-940773-1-9

336 páginas

20 €

Ilustrado por Javier Jubera García


Fran G. Matute

La mejor forma de definir La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías de Colectivo juan de madre es utilizando la palabra “artefacto”. Sí, soy consciente de que este vocablo está siendo demasiado utilizado dentro del mundo de las letras (pienso en el sucedáneo de Elige tu propia aventura que se inventó hace poco Miqui Otero, por ejemplo). Pero este que nos traemos entre manos es un artefacto literario válido. Tiene uno la sensación constante de que el formato tradicional del libro en papel se le ha quedado pequeño a Daniel Miñano (el escritor que se esconde tras el “colectivo”, aunque sigamos refiriéndonos a él por su pseudónimo editorial). De hecho, no resulta difícil imaginar que la lectura de una versión digital de esta obra -una que permitiera el enlace de contenidos, vídeos e imágenes a un golpe de ‘click’-, terminaría siendo no sólo más interactiva sino reveladora. Pero no es tanto el formato o la estructura del texto -que, para qué nos vamos a engañar, tampoco es tan novedoso- lo que otorga a la obra la categoría de "artefacto", sino el juego metaliterario y caleidoscópico que propone con su contenido.

A nuestro juicio, La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías bebe de dos obras fundamentales del siglo XX. De un lado, From Hell (1993-1997) de Alan Moore. De otro, Rastros de carmín  (1989) de Greil Marcus. Ambas obras son citadas expresamente por Colectivo juan de madre. La primera, como fuente evidente de inspiración global de la intrahistoria de este relato; la segunda, de forma indirecta, como modelo ensayístico formativo sobre el que se monta la parte de no-ficción que se ofrece en torno a la figura de Ricardo Zacarías y su entorno.

Llegados a este punto, se hace necesario exponer, aunque sea brevemente, de qué va La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías y cómo está planteada al lector esta rocambolesca historia. En el interior de sus páginas se intenta ofrecer una explicación plausible, soportada además por una extensa investigación -podríamos incluso decir que periodística-, a un extraño asesinato que ocurrió en el mítico Hotel Chelsea de Nueva York en 1921. Sobre este particular ya se escribió aparentemente una crónica, El insoluble misterio del cuarto cerrado, a cargo de Gaston Leroux, pero Colectivo juan de madre parece empeñado en continuar con la investigación y llevarla hasta sus últimas consecuencias.

Así, retomando parcialmente el formato que ya utilizara en su espléndido El libro de los vivos (Sloper, 2011), Colectivo juan de madre construye este nuevo artefacto combinando dos líneas de pensamiento, paralelas y equidistantes, en las que la ficción y la realidad, sin embargo, se entremezclan sin piedad. Y como si de una especie de científico loco se tratara, Colectivo juan de madre da vida a una suerte de rizoma literario -el supuesto diario del científico barcelonés Ricardo Zacarías- construido sobre eslabones de ficción pero cuya factibilidad el autor se empeña en demostrar  científicamente interpretando los escasos datos objetivos que se tienen del personaje y posando sobre los mismos las más variopintas miradas artístico-científicas, en un cóctel de referencias que abarcan desde el Dadaísmo o el ‘punk’, pasando por Duchamp, Dante o Enriqueta Martí (conocida como la “Vampira” de Barcelona), para terminar filosofando sobre la alquimia, la cuarta dimensión o cuestionando la fisicidad de las masas subatómicas. Todo ello, adecuadamente ordenado y diseccionado, para poner de manifiesto que la solución que propone Colectivo juan de madre respecto de los hechos acaecidos en el Hotel Chelsea de Nueva York en 1921 puede, perfectamente, llegar a ser tal y como se plasma en La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías.

Lo más curioso de todo, si se me permite divagar sobre la historia no contada del verdadero Ricardo Zacarías -un personaje que nos ha parecido terriblemente interesante, por otro lado-, es que Colectivo juan de madre “monta” este artefacto encontrando mensajes ocultos en los lugares más insospechados (en la obra de Miya Masaoka, en los tratados del obispo George Berkeley, en la Historia general de las drogas de Antonio Escohotado, en las pinturas de William Blake o en las tiras cómicas de Silvio Cuello…) y a un servidor, sin embargo, a medida que iba interiorizando la odisea científica del tal Zacarías, se le iban solidificando en la mente otro tipo de referentes -extraídos casi todos de esta nueva conciencia televisiva en la que vivimos-, relacionados con la imaginería que utiliza Colectivo juan de madre a la hora de construir el diario del científico catalán, pieza que forma el núcleo duro literario de este relato. Porque, ¿acaso no encuentran paralelismos más que evidentes entre los saltos entre universos paralelos motivados por el consumo de sustancias estupefacientes que se mostraban en un serial tan original como Fringe (2008-2013) y los viajes realizados por R. Zacarías entre Barcelona y Nueva York? ¿No es posible establecer similitudes entre ese artilugio acristalado que el científico debe incrustar en su columna y los “yugos” que se muestran en Falling Skies (2011-¿?)? Por no hablar de ese referente cinematográfico tan directo que parece ser El truco final (Christopher Nolan, 2006), con su máquina multiplicadora de sujetos de carne y hueso… ¿Es que acaso no es Colectivo juan de madre una especie de Nikola Tesla literario?

Javier Calvo erigió a este joven autor barcelonés como uno de los adalides de la nueva literatura extraña de este país. Y desde luego que son “extraños” sus textos, pero no lo es, para nada, su lectura. Colectivo juan de madre posee una prosa límpida y hermosa que rememora las más sentidas historias clásicas narradas por el mismísimo H. P. Lovecraft y es capaz de extraer de esa pose cuasidecimonónica con la que escribe pasajes de verdadera belleza (nos acordamos ahora, por ejemplo, de esa imagen tan bella en la que los nueve Ricardo Zacarías deambulan por la habitación del hotel como gatos sobre un lienzo de botellas de cristal). Y es que si somos capaces de admitir que una de las principales voluntades de la literatura debe ser la de entretener, no nos cuesta mucho afirmar que  La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías es uno de los textos más entretenidos que hemos leído en lo que va de año. Crean en la alquimia, y disfruten con este artefacto ingeniado por esa mente maravillosa y retorcida que responde al nombre de Colectivo juan de madre.

09 abril 2013

Dioses de papel


José Martínez Ros

Supergods. Héroes y mitos del cómic

Grant Morrison

Turner, 2013. Colección "Noema"

ISBN: 978-84-7506-786-5

510 páginas

29,90 €

Traducción de Miguel Ros



Si hay un autor legitimado para escribir este libro es, sin duda, el guionista escocés Grant Morrison, autor de varias obras maestras del cómic como All Star SupermanAnimal Man o Batman: Arkham Asylum. El contenido de este ensayo se resume a la perfección en el subtítulo de la edición norteamericana: “qué es lo que los vigilantes enmascarados, los mutantes milagrosos y el dios solar de Smallville pueden enseñarnos acerca del ser humano”. 

Supergods es una peculiar mezcla de:


a) Una historia del cómic superheróico articulada en cuatro grandes fases: La Edad de Oro -la época de los pioneros, antes de la Segunda Guerra Mundial, con la creación de sus personajes iniciáticos, Superman, Batman, Wonder Woman-; La Edad de Plata, centrada en la revolución en el medio provocada por una nueva editorial, Marvel, capitaneada por los legendarios Jack Kirby y Stan Lee; La Edad Oscura, en los ochenta y noventa, en la que los talentos combinados de un joven guionista y dibujante norteamericano llamado Frank Miller (Daredevil Born AgainEl regreso del Caballero OscuroRoninSin City) y un puñado de increíblemente brillantes autores británicos reclutados por una DC en proceso de renovación, como Alan Moore (Watchmen, From Hell), Peter Milligan (EnigmaBlanco humanoX-Force), Garth Ennis (PredicadorPunisher Max), Mark Millar (The UltimatesKick Ass), Warren Ellis (Planetary) o Neil Gaiman (The Sandman) llevaron el género a su plenitud artística y, por paradójico que resulte, casi a su extinción, a base de inyectarle dosis masivas de realismo, complejidad, deconstrucción, violencia y sexo descarnados; y por último, El Renacimiento (la fase en la que, según Morrison, nos encontramos): cuando tras los traumáticos acontecimientos del 11-S y la Guerra contra el terrorismo, deseamos volver a creer en héroes que representen lo mejor y más valioso de nuestra especie, lo que somos y a lo que debemos aspirar. Esta historia del cómic se completa con detallados análisis de algunos hitos como fueron el número 1 de Action Comic (el origen de Superman), tratando de explicar la extrañeza que debieron sentir sus primeros lectores, Watchmen (en la que se percibe su relación de amor/odio con la fastuosa y milimétrica obra de Moore) o The Authority de Warren Ellis, que de acuerdo a Morrison significó un nuevo comienzo del género adaptado a las condiciones del siglo XXI. 


Y b) una extravagante autobiografía en la que Morrison nos relata su infancia en la que los cómics eran su principal refugio de una realidad bastante hostil, sus esfuerzos por abrirse camino en el mundillo y su temprano triunfo, que le llevó a una larga y alucinógena etapa de viajes por todo el mundo -con una experiencia mística en Katmandú, incluida, y una enfermedad casi mortal- y, por último, a su madurez artística en la que, finalmente, encuentra su fe definitiva en el género superheróico: "Las historias de superhéroes se destilan en los niveles supuestamente más bajos de nuestra cultura, pero contienen en su interior todos los sueños y miedos de generaciones enteras, en forma de intensas miniaturas. Creadas por unos trabajadores que a lo largo del tiempo han sido marginados, ridiculizados, explotados y convertidos en cabeza de turco, siempre logran ofrecer una línea directa con el subconsciente cultural y sus convulsiones. Nos dicen dónde hemos estado, qué temimos y qué deseamos, y hoy en día son más populares y están más generalizadas que nunca, pues siguen hablándonos de lo que de verdad queremos ser”. 

En ambas líneas, Morrison nos conduce por donde quiere gracias a una prosa febril, llena de ritmo, sobrecargada de imágenes e ideas. Uno de los libros del año, en resumen. Imprescindible para cualquier amante del noveno arte.



Saga. Capítulo Uno

Brian K. Vaughan y Fiona Staples

Planeta DeAgostini, 2012

ISBN: 978-84-684-7887-6

168 páginas

16,95 €

Traducción de Diego de los Santos



Saga se ha convertido en el nuevo gran éxito de Image, la editorial adalid del cómic independiente norteamericano, sobre todo desde que Robert Kirtman consiguiera un descomunal éxito con The Walking Dead. El guionista Brian K. Vaughan -curtido en obras de culto como Y, el último hombre y en series de televisión como Lost- y la magnífica dibujante Fiona Staples nos presentan una versión galáctica del inmortal mito shakesperiano de Romeo y Julieta, reconvertidos en Alana y Marko, representantes de dos razas alienígenas enfrentadas en una guerra que se desarrolla a lo largo y ancho del universo, y que además acaban de ser padres.

En este Capítulo Uno que recoge los primeros seis números publicados en Estados Unidos, conocemos a otro puñado de muy carismáticos personajes, la mayoría de ellos empeñados en frustrar la huida de la pareja en compañía de su retoño, pero que en ningún caso se pueden reducir a simples “villanos” arquetípicos. Todos ellos, incluyendo los protagonistas, están plenamente diferenciados y resultan seres imperfectos, llenos de aristas y claroscuros, ya sean una cazadora de fugitivos arácnida, un miembro de una casta nobiliaria con una televisión por cabeza o el fantasma de una niña destripada; y es casi imposible, al cerrar el tomo, no sentir el urgente deseo de saber más de sus andanzas. 


Entre las múltiples virtudes de este cómic hay que citar un muy inteligente uso del narrador, que le da un curioso aire de fábula intemporal, el ya citado, pero no por ello menos maravilloso trabajo gráfico de Staples y unos estupendos diálogos, tan naturalistas como empáticos, que terminan de encariñarnos con las creaciones de este par de grandes artistas. Si quieren disfrutar del siguiente gran hito del cómic independiente norteamericano, tras los muertos vivientes de Kirtman, aquí lo tienen.

08 abril 2013

A ratos Conget se pone serio



La mujer que vigila los Vermeer

José María Conget

Pre-Textos, 2013

ISBN: 978-84-15576-38-9

147 páginas

17 €




Juan Carlos Sierra

Con la de decepciones que se suele llevar uno cuando se deja acariciar por los cantos de sirena de las promociones editoriales, es de agradecer que todavía haya autores como José María Conget, cuya literatura se sustente por ella misma, sin necesidad de campañas de prensa o de extenuantes ‘tours’ de presentaciones por toda la geografía española. La mujer que vigila los Vermeer, el último libro de cuentos del autor aragonés, viene a confirmar -otra vez- la solidez, fiabilidad y fidelidad de una literatura personal, de una prosa sin alambiques ni trampas; en definitiva, la coherencia de una carrera literaria que no necesita de voceros fulleros, sino que se contagia como los virus, en el boca a boca.

Salvo en lo que al humor se refiere, en esta nueva entrega de José María Conget volvemos a encontrar las constantes de su literatura en los últimos años. Por las páginas de La mujer que vigila los Vermeer desfila la sana obsesión de su autor por el cine y el cómic, el autobiografismo -incluso en los relatos menos autobiográficos-, cierto "pelelismo" masculino frente a mujeres de talla moral XXL y, por supuesto, la complejidad de las relaciones entre aquellos y estas. Si bien es cierto que, como se apunta más arriba y como advierte el autor en la dedicatoria, el humor no está tan presente en este libro como en otros recientes de Conget, no hay que olvidar que relatos como "Conspiración" o "¿Lo mío tiene remedio, doctor?" dibujan en el rostro del lector una sonrisa desde el inicio al final de ambos cuentos.

Llama, por tanto, la atención el tono contenido y grave del conjunto de la obra, que alcanza su punto más sombrío en el penúltimo relato titulado "Dos habitaciones", el texto más explícitamente biográfico y más triste, donde se rastrea la huella de la muerte en los espacios que han dejado de habitar dos personas recién fallecidas. También en el ensayo de cuento autobiográfico o de autobiografía de ficción que es "Mi vida en los cines", justo el anterior a "Dos habitaciones", aparecen los fantasmas de la Parca jugando con la memoria de los cines, es decir, de las películas y de la vida que estos han proyectado en la vida del narrador y protagonista.

En todo caso, los caminos que recorren los cuentos recogidos en La mujer que vigila los Vermeer no necesariamente concluyen con la muerte, pero sí en una especie de amargura, de fracaso, de soledad, de frustración,… En este sentido, hay que destacar aquellos que tienen que ver con lo "paraliterario" universitario. Me estoy refiriendo a otro par de cuentos, pero esta vez no consecutivos: "Suaves laderas" y -quizá el mejor del conjunto- "No calls, no letters, no messages". En ambos, sobre una explícita crítica al mundo de quienes se dedican profesionalmente a destripar el hecho literario -y, si se da el caso, a destripar a todo el que se les ponga a tiro-, se impone un relato crudo sobre la soledad y la bilis -no se sabe si fue antes la gallina o el huevo- de quienes como modernos mártires de las letras se crucifican voluntariamente en el madero de los estudios literarios e ignoran, consecuentemente, los códigos más elementales del mundo que se halla fuera de los libros.

Mientras que a estos eruditos ciegos parece que todo lo humano les es ajeno, José María Conget sabe plantear en cada uno de sus textos alguna de las grandes preguntas que inquietan desde siempre al ser humano, especialmente las que tienen que ver con sus relaciones más íntimas.