13 enero 2011

De lo fantástico natural

Tan cerca del aire

Gustavo Martín Garzo

Plaza y Janés, 2010

ISBN: 9788401339028

304 páginas

18,90 euros

IX Premio Ciudad de Torrevieja





Alejandro Luque

Hay escritores de literatura ‘adulta’ tan aficionados a rebajar sus exigencias que parecen escribir para niños, dicho sea sin ánimo de ofender a los niños. Otros, en cambio, cultivan una narrativa aparentemente infantil, pero muy capaz de atraer y conquistar al lector adulto. Gustavo Martín Garzo (Valladolid, 1948) no sólo pertenece a este segundo grupo, sino que es uno de sus más serios y perseverantes artífices.

Tal vez por eso, cuando se anunció su nombre como ganador del Premio Ciudad de Torrevieja de este año, cundió la unánime impresión de que el errático certamen acertaba estaba vez de pleno. Esta opinión no cambia al abordar la lectura de Tan cerca del aire, que es la historia de Jonás, un chaval huérfano que se gana la vida como cartero del pueblo, y que va a conocer, a través del testimonio de una vecina, la extraordinaria historia de sus padres y el secreto de su propia naturaleza, no menos increíble.

Aunque quizá tarde un poco en arrancar –casi un centenar de páginas se van en demorar una revelación bastante previsible–, la prosa de Martín Garzo se aplica a fondo para construir una cautivadora novela de amor: el que siente el protagonista por sus mayores y por Sara, la chica de la taberna, y sobre todo de amor a la Naturaleza. Tan cerca del aire reivindica en cierto modo esa escuela donde se abrazan la memoria y la ecología, que está en el maestro Delibes como en nombres actuales como Julio Llamazares o Alejandro López Andrada.

Podemos hablar, asimismo, de una narración fantástica, donde lo prodigioso y lo onírico invaden la realidad y se confunden con ella, y no siempre para mostrar el lado más dulce de las cosas. Así, Martín Garzo bebe de la tradición oral y el cuento de hadas clásico tanto como de Jonathan Swift o Ana María Matute, y en las metamorfosis que describe conviven Ovidio y Kafka en estrecha vecindad. Lo mismo sucede con su ambiciosa estructura, un sello del autor desde mediados de los 90, cuando publicó la excelente La princesa manca: el desarrollo de la historia se encadena a la manera que enseñó Sherezade, o adopta la forma de caja china que ya está en el Quijote.

Valga toda esta retahíla de influencias más o menos evidentes –a las que cabría añadir otros guiños explícitos–, para subrayar el carácter marcadamente literario de la novela, de su ambición de nacer de la mejor literatura para quedarse en ella; sin ánimo de usurpar la vida ni emularla, sino de actuar como puro reflejo.

Tal vez por eso, Tan cerca del aire podrá prestarse a variadas lecturas, y se extraerán de ellas mensajes muy diferentes. Nos limitaremos a proponer uno: la reflexión sobre la humana necesidad de buscar la belleza y lo imposible; el asombro al que rendir culto, como una demanda fundamental del espíritu. Lo cual, por cierto, también se encuentra en Cervantes en un grado prodigioso.

No debe llegar el punto final a esta reseña sin poner de relieve uno de los elementos más sobresalientes de la escritura de Martín Garzo, que es ese cuidado lenguaje que se ha ido haciendo más y más esencial con cada uno de sus libros, pero que también ha ido ganando en aliento poético. Oteando esa inclinación, una vez le pregunté al autor en una cafetería de Valladolid si no se planteaba escribir versos. Me respondió que de momento no se veía capacitado, pero que siempre le consolaba el ejemplo de Thomas Hardy, que se reveló como poeta a los 55 años. Han pasado casi diez de aquella conversación, y Gustavo Martín Garzo está cada día más cerca: ya tiene 62...


[Publicado en la revista Mercurio]

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