27 mayo 2011

Sigo las huellas de una ciudad perdida



Versos clandestinos

María Dolores Almeyda

Nuño, 2011

71 páginas

10 €

Prólogo de Carolina León




Manolo Haro

La propensión al juvenilismo que se ha instalado en el mundo editorial contemporáneo ha dañado especialmente al género lírico. Pienso que los poetas que me interesan son los que rezuman madurez –con esto no me refiero a que el poeta tenga que ser necesariamente una persona madura en lo que a la edad se refiere, sino que su poesía venga a mostrarse como una obra fraguada con madurez–. Me interesan los autores que ahuyentan el humo y la niebla, que destejen la enmarañada trama del olvido y rescatan para sí, y para los que alcanzamos a leerlos, las luces y las sombras del pasado restituido de forma poética. El mercado, si no andamos atentos a los tréboles tetrafoliados, nos condenará a deglutir vagos versos de muchachas neumáticas o de jovenes con el síndrome "rimbaud-bunburyano".

Pero, y si hubieran voces que sólo cantaran una vez, como si fuera un viaje hecho a un lugar recóndito al que, si remotamente lográramos llegar, nunca volveríamos a visitar. En ese viaje extraño y azaroso me he topado con los Versos Clandestinos de María Dolores Almeyda (Sotiel Coronada-Huelva, 1948), un libro que cumple con la condición indispensable que lo autoriza a ocupar una balda de la estantería sin fecha de caducidad: te deja balanceándote en el filo de la duda, te anda rondando hasta que se extingue engañosamente su eco, para luego resurgir en la noche. Mi admiradísimo Cyril Connolly afirmaba lo siguiente: “Los poetas viven bajo la compulsión de escribir poesía, pero nadie está obligado a leerla. Una conspiración une al autor del volumen con su lector: ambos se lo pueden permitir”. Pues eso mismo.

Versos clandestinos recoge los textos repartidos en tres bloques. En esta división observo que existe un vínculo que me lleva a reflexionar desde primer momento en cómo y por qué la autora ha dispuesto de tal manera unos poemas que posiblemente fueron naciendo al correr de los días. En “Huida”, “Estancia” y “Retorno”, las partes constitutivas, descansa una concepción de la vida donde el amor y el tiempo son los pilares esenciales: la vida que "huye" hacia adelante, alcanza su plenitud en su estancia en la tierra cuando el amor la recorre –se oye el deje de Neruda– y "retorna" plena, a pesar de las heridas, a la nada bañada en tiempo sin fin.

En ese primera columna llamada "
Huida" se graban con un buril las reflexiones en torno a la memoria de la juventud, la fe en la vuelta a la niñez desde el recuerdo –doloroso a veces–, la conciencia de sí, la vida como viaje y la meditación sobre la muerte, dirigiéndole a esta misma muerte un poema de clara estirpe manriqueña. El siguiente estípite que sustenta el libro es "Estancia", un bloque que acomete con brillantez el escurridizo tema del amor desde cotas de diferentes alturas: la búsqueda de la felicidad, la ausencia del amor, el amor incondicional, el silencio como manifestación del estado amoroso, el retrato fugaz de la vida en pareja, el amor como dolor compartido, etc. Y de nuevo, para asentar este sillar y dándole entrada al último bloque, la mención a la muerte que cierra la segunda parte y abre "Retorno". Aquí resulta especialmente emotivo leer el compromiso de ser tras la muerte, el recuerdo apagado del paso del tiempo y el tema de la inocencia y la identidad.

"Te convierto en el vértigo que intuye una amenaza", dice Mª Dolores Almeyda en uno de sus versos. Ese vértigo que me sobrevino leyéndola, una noche, cansado de la prosa de los días, me deja con el ufano deseo de que no sean estos los últimos brindis que haga a la creación poética. Permítanme acabar con mi ya citado Connolly: "Uno de los efectos de mi amor por la poesía es que, desde que recuerdo, he sido poseído por versos sueltos, los he albergado como gusanos en el cerebro, los escribo repetidamente en pedazos de papel, los marco a fuego en los puentes, los canto en el baño". Búsquenla entre la niebla o en el baño. De la primera les rescatará; en el segundo les regalará jugosísima espuma.

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